Diccionario Bíblico

Angelo Penna

BIBLIA

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El conjunto de los libros sagrados del Antiguo y del Nuevo Testamento. Tal es el significado que en las lenguas modernas se ha 78Btomado del vocablo Biblia, que no es más que la adaptación del término latino Biblia (simple transcripción del griego Biblia plural neutro de biblion = el libro, por excelencia), que en época más avanzada llegó a ser considerado como sustantivo femenino. El vocablo se lee ya en la misma Biblia (I Mac. 12, 9; II Mac. 8, 23), y corresponde al hebreo hassefarim (Dan. 9, 2; Sal. 40, 8). El Nuevo Testamento, para indicar los libros del Antiguo emplea la voz «escritura» (graphé) unas veces en singular (Jn. 10, 35; Rom. 4, 2), otras en plural (Mt. 21, 42; Lc. 24, 27; Jn. 5, 39, etc.) añadiendo con frecuencia el adjetivo «sagrada» (graphai hagiai: Rom. 1, 2). Hállase también la expresión «sagradas letras» (II Tim. 3, 15) o también el término «Ley» (o nomos: I Cor. 14, 21), con la que ordinariamente sólo se designa una sección de la colección. Esas denominaciones se leen igualmente en Filón y en Flavio Josefo, y, por tanto, también en los Padre s, quienes se complacen en cambiar a veces el adjetivo.

Tertuliano, con su mentalidad jurídica, prefiere el término «instrumentum» = documento, mientras que en Agustín, y luego en los Escolásticos, aparece el término análogo de «auctoritas - autoridad». Con la expresión Antiguo Testamento y Nuevo Testamento se indica una división clara y completa de los libros. Los dos adjetivos sirven para especificar si un libro determinado fué compuesto antes o después de Jesucristo. En cambio, el sustantivo es la traducción poco feliz del hebreo berith (gr. diathéké), que propiamente significa «Pacto» o « Alianza » (v.). Pero la traducción griega (diathéké en vez de synthéké) y la latina (testamentum en vez de foedus) sugieren una referencia a la muerte (Gál. 3, 15; Hebr. 9, 16), y tal idea está bien aplicada a los libros del Nuevo Testamento, que contienen la religión nueva sancionada con la muerte de Cristo. Prácticamente ahora se intenta significar con este término el carácter especial de los libros sagrados, que tienen a Dios por autor, y por ende una autoridad sobrehumana. Por supuesto, los hebreos sólo consideran como sagrados los libros del Antiguo Testamento, y éstos en número inferior al admitido por los católicos (v. Canon bíblico).

En el Antiguo Testamento se enumeran 44, 0 bien 47 libros, según se comprendan o no bajo un solo denominativo los libros de Jeremías, Lamentaciones , Baruc y Epístola de Jeremías. Son los siguientes: Génesis, Éxodo, Levítico, Números , Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, I y II de Samuel, I y II de los Reyes (79Ao también los cuatro libros de los Reyes), 1 y II de los Paralipómenos (o Crónicas), I y II de Esdras (o Esdras y Nehemías ), Tobías, Judit , Ester, I y II de los Macabeos, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc (con la Epístola de Jeremías), Ezequiel, Daniel, Oseas , Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas , Nahum , Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías. Los veintiún primeros (desde Génesis hasta II de los Macabeos) constituyen los libros históricos; los siete siguientes (desde Job hasta Eclesiástico), los libros didácticos o sapienciales; los restantes son llamados libros proféticos. Tal división tiene en cuenta el argumento principal; pero no se toma en sentido riguroso, puesto que no es raro que en un mismo libro aparezcan relatos históricos al lado de fragmentos proféticos o didácticos.

La otra división, mucho más rara aún, de libros en prosa y poéticos, en sentido riguroso no es aplicable más que a algunos escritos, porque ambas formas literarias se hallan frecuentemente entremezcladas. En la Biblia hebrea o masorética, ultra de que los libros tienen otra disposición, faltan siete de ellos, los llamados deuterocanónicos (v. Canon). El Nuevo Testamento contiene 27 libros, que son los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas, Juan, los Actos de los Apóstoles , las epístolas de San Pablo a los Romanos, I y II a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, a Filemón, I y II a los Tesalonicenses, I y II a Timoteo, a Tito, a los Hebreos, I y II de Pedro, de Santiago, I, II y III de Juan, de Judas y el Apocalipsis . Por mantener la división común del Antiguo Testamento, llámanse libros históricos los cinco primeros, didácticos las 21 epístolas y profético el último. Por razón de comodidad, ya los hebreos excogitaron varias divisiones de los libros en breves fragmentos.

Después de varias tentativas entre los cristianos (cuyos resultados fueron adoptados también en las ediciones hebreas), prevaleció el sistema de la división en capítulos, establecido por el cardenal inglés Langton (s. XII), y en versículos, señalados por vez primera en el Antiguo Testamento por Sante Pagnini, y en el Nuevo por Roberto Estienne (s. XVI). Trátase de pura comodidad práctica que no debe tener atado a un exegeta, ya que son frecuentes los casos en que la numeración está en contradicción con una división lógica. Ediciones. — Dada su importancia única por 79Bsu carácter sagrado, ha sido el libro más estudiado y difundido. Hasta la invención de la imprenta se difundió en millares y millares de manuscritos, tanto en el texto original (v. Textos bíblicos) como en las antiguas versiones (v. Armenias, Coptas, Etíopes, Latinas, etc.). Aquí sólo nos referimos a las ediciones principales de los textos originales.

Ya en 1477 (en Bolonia o en Narbona) fué impreso el Salterio en hebreo, con el comentario de David Kimchi; poco después salió en Bolonia, en 1482, el Pentateuco juntamente con la paráfrasis aramea, llamada Targum Onkelos, y con el comentario de Rabí Salomón Jarchi (más conocido con la sigla Rashi). En 1488 tenemos ya la Biblia entera publicada en Soncino por Abraham Chajjim, a la que siguieron inmediatamente varias reimpresiones. En Venecia salía en 1516 la Grande Biblia rabbinica por iniciativa de Félix de Prado, hebreo convertido, en la famosa tipografía Bamberg. El mismo texto, revisado por Rabí Jacob ben Chajjim en 1525, constituyó el prototipo para las numerosísimas ediciones que fueron siguiéndose: es conocido el textus receptus. En el s. XVIII comenzaron a aparecer las primeras ediciones críticas, basadas en una confrontación más amplia de los manuscritos. En 1753 S. C. F. Houbigant publicó en cuatro volúmenes el texto hebreo ordinario con numerosas notas críticas. Luego viene la edición de B. Kennicott (2 vols.; Oxford 1778, 1780), que en sus notas incluyó variantes seleccionadas, no siempre con igual acierto, de 615 manuscritos y de 52 ediciones.

Más diligente resultó el trabajo de Gian Bernardo de Rossi en su publicación de Variae editiones Veteris Testamenti (París 1784-88), a lo que añadió Scholia critica in V. T. seu Supplementum (ibid. 1798). Entre las numerosas ediciones más recientes recordaremos la de S. Baer-F. J. Delitzsch (Leipzig 1869-92). P. Haupt fué iniciador de una obra colectiva conocida con el título de The polychrome Bible (Leipzig 1893 ss.) o también «B. Arcobaleno», porque mediante el empleo de diversos colores intentaba poner inmediatamente ante la vista las diferentes fuentes, según el sistema wellhauseniano. Ch. D. Ginsburg, después de un diligente trabajo preparatorio, inició una edición crítica del texto de Jacob ben Chajjim con numerosas notas: consta de 4 volúmenes (Londres 1908-26) y fué terminada por Kilgour. R. Kittel promovió una edición de formato manual, Biblia hebraica, Leipzig 1905 s., en la que colaboraron varios autores, los cuales para sus breves notas 80Ase sirvieron de un modo especial de la obra de De Rossi. En la tercera edición (Stuttgart 1929-37), dirigida por P. Kahle, el textus receptus de Ben Chajjim fué sustituido por otro más antiguo, el de la recensión de Ben Aser (t 940).

Son mucho más numerosas las ediciones del Nuevo Testamento griego, de las cuales han llegado a contarse hasta 584 solamente en los años de 1514 a 1870. El N. T. se imprimió por primera vez en la Políglota de Alcalá (1514) con la ayuda de buenos manuscritos, pero no se publicó hasta 1522. Por eso la edición considerada como editio princeps es la de Erasmo de Rotterdam (Basilea 1516), que en realidad es una reproducción de la de Luciano tal como se había difundido en los códices llamados bizantinos, y hasta se da el caso de que por faltar algunos fragmentos del Apocalipsis en algunos códices mutilados del s. XIII, Erasmo recurrió a traducirlos del latín de la Vulgata. La quinta edición (1535), cuyo texto fué revisado teniendo en cuenta el de Alcalá, quedó como prototipo de todas las demás ediciones, y por eso se le llamó el textus receptus, que fué divulgado — con ligeras variantes — de un modo especial por Roberto Estienne y por Teodoro Beza (Ginebra 1565 ss.). Los hermanos Bonaventura y Abraham Elzevir (Leyden, 1624) prepararon un texto con el intento de que fuese como una transacción entre el de Roberto Estienne y el de Beza.

En su segunda edición (1633) se glorían de haber dado por fin un texto admitido (textus receptus) por todos. Tal es el origen de esa expresión que servirá para distinguir el texto del N. T. en curso hasta comienzos del siglo pasado. Presto se advirtió su imperfección crítica y se prepararon nuevas ediciones, si bien continuaba imprimiéndose en ellas el texto de Roberto Estienne o el de la edición de Leyden, contentándose con acompañarlo de abundancia de notas con las variantes dadas a conocer desde J. Mill (Oxford 1707) hasta M. Scholz (Leipzig 1830). C. Lachmann (Berlín 1831), siguiendo un deseo expresado ya antes por R. Bentley (1717), rompe definitivamente con el textus receptus y lo sustituye por otro que es reconstruido conforme a sanos principios críticos basándose en los códices más antiguos. Siguiéronle S. Tregelles (Londres 1857-79), B. F. Westcott-J. H. Hort (ibid. 1881), B. Weiss (Berlín 1892). Todos éstos perfeccionaron de un modo especial la obra comenzada por Wettstein, es decir, la catalogación y el examen de cada uno de los 80Bmanuscritos, agrupándolos por familias y juzgándolos según su respectivo valor intrínseco. Resultó un tanto revolucionaria la labor de C.

Tischendorf, que publicó no menos de 24 ediciones del N. T. La última, llamada octava maior (2 vols.: Leipzig 1869-72), aventaja a todas las otras por la abundancia de variantes y por la importancia que en ella se da al códice Sinaítico, descubierto por el mismo Tischendorf en 1844. Su obra ejerció no poca influencia en la ya citada de Tregelles y Westcott-Hort. Ediciones manuales o escolares recientes — J. H. Vogels (Düsseldorf 1920; 2.ª ed. 1922); la óptima de A. Merk (Roma 1933; 6.ª ed. ibid. 1948); la de J. Bover (Madrid 1943; 2.ª ed. 1950). Alcanzó gran difusión la del protestante Eberardo Nestle (Stuttgart 1898; de la 7.a edición y bajo la dirección de Erwin, su hijo). Tiene por base la de Tischendorf, la de Westcott-Hort y la de B. Weiss, siguiendo el principio de «dos contra uno». Ahora en Inglaterra se intenta reproducir el texto de Westcott-Hort con un nuevo aparato crítico, tomado especialmente de Tischendorf. De la obra que lleva por título: Novum Testamentum graece secundum textum Westcott-Hortianum sólo ha salido hasta ahora el evangelio de San Marcos, patrocinado por S. C. E. Legg (Oxford 1935).

En cambio, en Alemania se discutió la idea de reimprimir el texto de Wettstein con un nuevo aparato crítico (cf. E. von Dobschütz, Der Plan eines neuen Wettstein, en ZntW, 21 [1922] 146-48), por iniciativa de la Society for promoting Christian Knowledge. Políglotas. — Como lo indica el vocablo griego, llámanse así las ediciones de la Biblia que contienen en columnas paralelas el texto original y algunas versiones. En la antigüedad las Hexaplas de Orígenes satisfacían parcialmente el deseo de cotejar los diferentes textos. También en la edad media hubo tentativas, y poco después de inventada la imprenta el dominico Agustín Giustiniani publicó un Psalterium octaplum (Génova 1516) en el que se presentan en columnas paralelas el texto hebreo, su versión literal, la Vulgata, los Setenta, el árabe, el Targum y su versión, y anotaciones. La primera políglota completa se debe al cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, impresa en Alcalá en 1513-1517, llamada Complutense, por el nombre latino de la ciudad, Complutum.

Contiene en seis volúmenes el Nuevo Testamento en griego y en latín (Vulgata); el Antiguo Testamento hebreo, en la traducción Vulgata y de los Setenta con versión latina; en el Pentateuco se añade el Targum 81AOnkelos con su traducción latina. Contiene además un vocabulario hebraico (y aramaico)- latino, otro greco-latino, una gramática hebraica y varios tratados. De esta obra, muy apreciada por su erudición, sólo se imprimieron 600 ejemplares que se vendían a 50.000 escudos.

La segunda políglota es la Antuerpiense, así llamada por haberse impreso en Amberes, conocida también con el título de Regia por haber sido patrocinada por Felipe II. Fué dirigida por Arias Montano, Andrés Maseo, Lucas de Brujas y otros (Amberes 1569-1572). Contiene en ocho volúmenes todos los textos de la Complutense referentes al Antiguo Testamento más los Targumtn con su versión latina, no sólo en el Pentateuco sino en casi todos los libros. Por lo que se refiere al Nuevo Testamento, tiene además Ja versión siríaca (a excepción de la II de Pedro, II y III de Juan, Judas y Apocalipsis ) en caracteres hebraicos y siríacos con la versión latina.

El vol. VI tiene la versión literal de Sante Pagnini (A. T.) y de Arias Montano (N. T.); el VI, varios tratados, y el VIII, gramáticas y vocabularios (griego, siríaco y hebraico). La tercera políglota, la más suntuosa de todas, salió a la luz pública en París (1629-45) a expensas del abogado Le Lay. La prepararon los maronitas Gabriel Sionita y Abraham Equelense bajo la dirección de Juan Morin. En diez volúmenes reproduce el texto de la de Amberes con la traducción siríaca íntegra del N. T.t sin transcribirla en caracteres hebraicos, en vez de la-cual pone la versión árabe con su traducción latina.

En los volúmenes VII-X están contenidos el Pentateuco samaritano, la versión siríaca, comprendidos en ella Baruc , I y II de los Macabeos, y la arábiga con sus versiones latinas de los libros protocanónicos. Mas esta obra es más apreciada por su lujo tipográfico que por su valor científico. En este sentido la políglota más cotizada es la de Londres o Waltoniana (Londres 1653-57), así llamada por el nombre de su autor el obispo anglicano B. Walton.

En seis volúmenes se encuentra cuanto hay en la políglota de París, más el Pentateuco y los Evangelios persas (con su traducción latina), la versión siríaca, incluso la de todos los deuterocanónicos, el Targum de Jonatán y el de los «Fragmentos». Para los Setenta y la Vulgata se utilizan las ediciones Sixtina y Clementina. En el vol. VI se ofrece un precioso aparato crítico con la versión latina prejeronimiana. Forman como un complemento los dos volúmenes que contienen el Vocabulario en siete lenguas (hebraica, siríaca, samaritana, etíope, árabe, persa) de E. Castle, 81Bque aún hoy conserva todo su valor, lo mismo que los Prolegómeno de Walton en el volumen I. A estas cuatro políglotas, llamadas mayores, pueden añadirse otras cuatro, más modestas por su volumen, pero también más prácticas. S. Bagter (Londres 1831) publicó en dos volúmenes los textos originales con las principales, versiones antiguas (Pentateuco samaritano, Setenta, Vulgata, versión siríaca) y modernas (alemana de Lutero, italiana de Diodati, «Authorized Versión» inglesa, la francesa de Ostervald, la española de F. Scio de S. Miguel). La políglota de R. Stier y K. G. W.

Theile (Bielefeld 1847-55; 5.a ed. 1840-94) contiene en cinco volúmenes los textos originales, los Setenta según el códice Alejandrino, la Vulgata y la versión alemana de Lutero con las variantes de otras versiones. En Londres (1891) imprimió E. De Levante en tres volúmenes la Biblia en tres lenguas (del A. T.: texto hebreo, Setenta, Vulgata; del N. T.: texto griego, versión siríaca y Vulgata); por eso se la llama también Biblia Trigloita. Llámase en cambio Tetraglotta la Biblia editada por el católico F. Vigouroux en cuatro lenguas (París 1898- 1909), que en ocho volúmenes nos ofrece el texto hebreo, los Setenta, la Vulgata y la versión francesa de Juan Bautista Glaire, aparte muchas notas e introducciones. Versiones modernas. — Algunas literaturas modernas tienen sus primeros ensayos con traducciones bíblicas, que a veces, por razón de su valor artístico, ejercieron un influjo notable sobre la lengua. Aquí vamos a limitarnos a mencionar las principales versiones europeas. Versiones italianas. — Falta en italiano una traducción clásica de la Biblia. Los primeros intentos de traducciones parciales, realizados, naturalmente, sobre el texto de la Vulgata, se remontan al s. XIII.

Generalmente son en toscano, pero también los hubo en otros dialectos, como el veneciano. En el s. XIV se inició un movimiento que se ocupó de coleccionar y poner al día esas versiones, hasta que se hicieron otras nuevas. Entre las traducciones que mayor difusión y fama han alcanzado mencionaremos la de los Actos de los Apóstoles , atribuida al dominico Domingo Cavalca, y la Biblia que fué propiedad de Francisco Redi y que hoy se conserva incompleta (Génesis-Salmos) en un manuscrito de la Laurenziana de Florencia. Con la invención de la imprenta aparecen dos Biblias completas en lengua vulgar. La primera fué impresa por el alemán Vandelino de Spira en Venecia (1471) con el título 82Ade Bibbia dignamente vulgarizzata per il clarissimo religioso don Nicolao Malermi, en dos volúmenes. Se la llamó también «Bibbia d’agosto» por razón del mes en que se le dió publicidad. Al hacer esta versión el camaldulense Malermi, teniendo presente el texto latino, sustituyó incluso expresiones toscanas por las correspondientes venecianas. Como está bien documentado en las muchas ediciones sucesivas, su obra tuvo gran aceptación.

En 1773 fué publicada de nuevo por Alvise Guerra, de tendencias jansenistas, que en muchos pasajes procedió a una verdadera refundición. En el año 1471, también en Venecia, se dió publicidad a La Bibbia sacra del Testamento Vecchio e Nuovo in lingua volgare tradotta, en tres volúmenes. Es obra anónima y sin indicación de‘ lugar y de tipógrafo, si bien se tuvo por impresor de ella al francés Nicolás Jenson, por lo que también se la llamó «Biblia Jensoniana». Es una colección de textos en lenguaje del siglo xiv no modernizados, de donde le viene una rudeza literaria que fué causa de que tuviese muy escaso éxito. Fué reeditada por Carlos Negroni con el título de La Bibbia Volgare secondo la rara edizione del 1. ott.., MCCCCLXXI, 10 vols., Bolonia 1882-87. En 1530 Antonio Brucioli, florentino de tendencias protestantes, publicó en Venecia II Nuovo Testamento di Cristo Jesu Signore e Salvator nostro di greco nuovamente tradotto in lingua toscana, y dos años después completó la obra con La Bibbia quale contiene i sacri libri del Vecchio Testamento tradotti nuovamente da la hebraica veritá... Coi divini libri del Nuovo Testamento, que fué puesta en el índice en 1559.

Más que sobre los textos originales esta edición había sido preparada sobre la edición de Sante Pagnini para el Antiguo Testamento y sobre la de Erasmo para el Nuevo. No obstante su imperfección lingüística, tuvo cierto éxito entre los protestantes, que procuraron una reimpresión en Ginebra en 1562. En 1538 apareció en Venecia La Bibbia nuovamente tradotta dalla hebraica verita, en lengua toscana, de Sante Marmochino, que propiamente no hizo más que traducir el Antiguo Testamento de Sante Pagnini, y para el Nuevo acogió la versión de fray Zacarías, del mismo convento de San Marcos de Florencia, que había salido dos años antes. De esta obra sólo se hizo una reimpresión en 1546. Existen numerosos testimonios de versiones parciales pertenecientes a este período, las cuales dan pruebas irrefutables de que la Biblia estaba muy difundida entre el pueblo, pero ninguna de tales versiones se aventaja por 82Bsu valor excepcional. Hay incluso noticias de que Sixto V intentó llevar a efecto una especie de versión oficial, pero no llegó a realizarse (cf. J. Le Long, Bibliotheca sacra, parte II, Leipzig 1709, pp. 130-35).

Luego viene la publicación de la Sacra Scrittura giusta la Volgata in lingua latina e volgare colla spiegazione del senso letterale e del senso spirituale tratta dai Santi Padri e dagli autori ecclesiastici dal Sig. La Maistre de Sacy (Venecia 1775-85). Las notas están traducidas del francés: el texto proviene directamente de la Vulgata. A todas las versiones precedentes superó la que preparó Antonio Martini, arzobispo de Florencia, que primero publicó el N. T. (Turín 1769-71), luego el Antiguo (ibid. 1776-81). En otra obra, que fué preparada sobre la Vulgata con diferente penetración y teniéndose a veces en cuenta el texto hebreo, se aventaja por su belleza literaria. No carece de contrastes, pero aun así tuvo muchísimas ediciones y reimpresiones. En nuestros mismos tiempos ha servido de base a la obra de Sales-Girotti (Turín 1911- 1942), de G. Castoldi (Florencia 1929) y de E. Tintori (Alba 1931). En el siglo pasado y en el actual los católicos han publicado varías traducciones parciales de los textos originales y ahora están próximas a quedar ultimadas dos integrales. G. B. De Rossi publicó en Parma: Sal mi (1808); Ecclesiaste (1809); Giobbe (1812); Proverbi (1815), y Lamentazioni (1823). G.

Ugdulena prometió una Biblia completa, pero se limitó a publicar sólo dos volúmenes con los libros históricos desde el Génesis hasta los Reyes (Palermo 1859, 1862). F. S. Patrizi publicó Cento Salmi tradotti letteralmente e comentan (Roma 1875); S. Minocchi: I Salmi (Roma 1895; 2.ª ed. 1905), Le Lamentazioni di Geremia (ibid. 1895), II Cantico dei Cantici (ibid. 1898; 2.ª ed. con criterios totalmente opuestos, después de la apostasia, junto con el Ecclesiaste en Le perle della Bibbia (Barí 1924), Le profezie di Isaia (Bolonia 1907); G. Ric- ciotti: Gere mia (Turín 1923), Le Lamentazioni di Geremia (ibid. 1924), II libro di Giobbe (ibid. 1924), II Candeo dei Cantici (ibid. 1928), Le le itere di s. Pao! o (Roma 1949), traducidas del griego, así como Gli Atti degli Apostoli (ibid. 1951). G. B. Re ha publicado los Vangeli (Turín 1926) y Le lettere di s. Paolo (ibid. 1931); A. Boatti, Le lettere di s. Paolo (Sala Tortonese 1931) y Le lettere Cattoliche (ibid. 1933); L. Tondelli, Le profezie di Ezechiele (Reggio Emilia 1930); P. Vannutelli, Gli Evangeli in sinossi (2.ª ed. Roma 1938), Tutto s. Giovanni (ibid. 1937).

Entre tanto caminan 83Ahacia su término las dos traducciones integrales publicadas respectivamente por iniciativa del Pontificio Instituto Bíblico bajo la dirección de A. Vaccari (Florencia 1943 ss.) y del editor Marietti bajo la dirección de S. Garofalo (Turín 1947 ss.). Entre los protestantes merece especial mención la de G. Diodati (Ginebra 1604). El valdense G. Luzzi, después de varias publicaciones parciales, de 1927 a 1930, dió a luz La sacra Bibbia tradotta ed annotata, mucho más valiosa por la traducción que por las notas o introducciones, salpicadas de racionalismo bíblico. Versiones israelitas: el Ecclesiaste de David de Pomis (Venecia 1571), Proverbi de Ezequías de Rieti (ibid. 1617), el Pentateuco de Isaías Samuele Regio (Viena 1821), Salmi de Sansón Gentiluomo (Livorno 1838) y de Lelio della Torre (Viena 1845). Benjamín Consolo tradujo Giobbe (Florencia 1874), Lamentazioni (ibid. 1875) y Salmi (ibid. 1885).

Al docto filólogo David Castelli se deben Ecclesiaste (Pisa 1866), Canto dei Cantici (Florencia 1892) y Giobbe (ibid. 1897; 2.ª ed., Lanciano 1916). El hebraísta Samuel Luzzato inició una traducción completa de la Biblia, de la que no pudo publicar más que Giobbe (Trieste 1853), Isaia (Padua 1855), Ester (Trieste 1860) y el Pentateuco (ibid. 1861). Los otros libros dejados incompletos los coleccionaron y completaron algunos de sus discípulos, quienes de ese modo publicaron La Sacra Bibbia volgarizzata da E>- Luzzato e continuatori (4 vols., Rovigo 1872-74). No obstante la competencia del autor principal, la traducción es demasiado servil y por tanto excesivamente dura. Versiones francesas. — Las primeras traducciones parciales se remontan al s. XII, empezando por las que se hicieron en la lengua d’oïl, que son las más antiguas.

San Luis IX dió orden, hacia el año 1250, de que hicieran para su uso una versión, completa, que fue copiada varias veces y dió origen a otras iniciativas semejantes. Las versiones más antiguas hechas en la lengua d’oc se remontan al siglo XIII y se refieren en su mayoría al Nuevo Testamento. La primera Biblia impresa fué la Bible historiale de Guyart des Moulins (1478), que fué completada posteriormente tomándose de otras traducciones los libros que faltaban. Alcanzó una notable difusión como manuscrito, y no menos en sus ediciones ya impresas, de las que se cuentan doce desde 1478 hasta 1542. El humanista y editor del Nuevo Testamento en griego, G. Lele d’Étaples, publicó una 83Btraducción francesa de ese texto (de la Vulgata) en París 1523.

Esta obra fué puesta en el índice por sus tendencias protestantes (1546), pero luego corrió en manos de los mismos católicos en una edición expurgada publicada en Lovaina en 1550. Entre tanto, un primo de Calvino, Pedro Roberto Olivétan, publicó en Suiza (Neuchâtel 1535) la primera Biblia protestante en francés, para lo cual le sirvieron de ayuda considerable los trabajos de Sante Pagnini y de Erasmo. Después de varias versiones llegó a ser el texto oficial para los protestantes franceses en la forma que le dió J. F. Ostervald (Amsterdam 1724).

Pero la Biblia que más corrió por Francia durante largo tiempo fué una que salió de los medios jansenistas de Port-Royal, llamada «Biblia de Sacy» por razón de su autor principal, o también «Biblia de Mons» por el lugar en que se suponía haber sido publicada, cuando en realidad lo fué en Amsterdam en 1667. Esta Biblia sólo tenía en un principio el Nuevo Testamento, hasta que De Sacy añadió el Antiguo con abundancia de notas (París 1672-95), que incluso fueron traducidas al italiano.

Tales trabajos sirvieron de base a la «Biblia de Vence», nombre que aparece por vez primera en 17 vols. de la edición que dirigió L. St. Rondet (Aviñón 1767-73) y de la cual se sirvió también Filión en sus comentarios (París 1903-04). Distínguese entre las numerosas traducciones (siempre de la Vulgata) la de J. B. Glaire (París 1871-73), acogida por Vigouroux en su políglota, y también la publicada en 27 vols. por el editor Lethielleux, de París (1889 ss.), con la intervención de varios colaboradores. De los textos originales tradujeron A. Crampón (7 volúmenes, Tournai 1894-1904; luego un volumen que se difundió muchísimo, París 1939) y los diferentes colaboradores de Études bibliques (París 1903 ss.), de la Sainte Bible por Pirot Clamer (ibid. 1935 ss.) y los de la otra dirigidos por la École Biblique de Jerusalén (ibid. 1948 ss.).

Las más recientes son: la Sainte Bible de la Ligue cathol¡que de l’Évangile, París 1951, y las tres manuales: La Bible de Lille, La Bible de Maredsous y La Bible de Jerusalem, esta última en una elegante edición de bolsillo (Brujas 1956). Son protestantes la Versión synodale (París 1914) y la Bible du Centenaire (ibid. 1916-28). La traducción de E. Reuss (18 vols., París 1874-81), que con pretensiones científicas quiso esparcir los resultados de la crítica racionalista, obtuvo un éxito muy relativo. De entre las versiones del Antiguo Testamento propulsadas por los hebreos distínguese la 84Ade S. Cahen (París 1831-39) y una que fué publicada colectivamente bajo la dirección de Zadoc Kahn (ibid. 1899-06), llamada la Bible du Rabbinat français. Versiones españolas. — España fué la primera nación que tuvo traducciones de los textos originales, debido a su continua relación con los moros, que hablaban el árabe, y con los hebreos.

Después de varias tentativas, hubo en castellano una Biblia debida al rabino Moisés Arragel, de Guadalajara (1430), que no fué editada hasta 1920-22 (Madrid). En 1533 se publicó otra traducción, debida a Jom Tob Athias y otros hebreos, en Ferrara, de donde el apodo de «Biblia ferrariense». Después de algunas traducciones parciales apareció para los protestantes españoles en Basilea la Biblia del Oso, así llamada por el escudo de la portada.

La había traducido Casiodoro de la Reina de los textos originales, pero teniendo a la vista la obra de Sante Pagnini. Siempre fué considerada como clásica en castellano la traducción de Felipe Scio de San Miguel (Valencia 1790-93), pero está más cuidadosamente preparada la versión de Félix Torres Amat (Madrid 1823-25), hecha igualmente sobre la Vulgata. Recientemente han traducido la Biblia sobre los textos originales Nácar-Colunga (Madrid 1944) y J. M. Bover- F. Cantera (ibid. 1947). Desde el s. XIII han existido traducciones en catalán. La primera que se imprimió fué la Biblia de Bonifacio Ferrer, hermano de San Vicente (Valencia 1477).

Después no hubo nuevas iniciativas hasta el presente siglo, en que los Benedictinos de Montserrat han comenzado la publicación de una lujosa edición de la Biblia (Montserrat 1926 ss.) traducida de los textos originales, y casi por el mismo tiempo apareció La Sagrada Biblia (Barcelona 1928 ss.), a cargo de la Fundació Bíblica Catalana. Versiones portuguesas. — Hay varias traducciones parciales de la Biblia. Entre las totales bastará mencionar la protestante de G. Ferreira d’Almeida y continuadores (N. T. editado en Amsterdam en 1681, y A. T. en Tranquebar en 1719-51), y la acatólica de A. Pereira de Figueiredo (Lisboa 1778-90), nueva ed. a cargo de Santos Farinha, 1902-04. Versiones inglesas. — La primera traducción impresa fué la de G. Tyndale, que publicó primero el N. T. (Colonia-Worms 1525) y luego el Pentateuco (Marburgo 1531).

En 1535 apareció la Biblia de Miles Coverdale, traducida en gran parte de la alemana de Lutero. En Amberes (1537) se imprimió la Matthew’s 84BBible, que puede ser considerada como una versión de las dos obras precedentes. Tuvo un gran éxito la que se llamó «Biblia de Ginebra» (Genevan Bible), del 1557-60, y algo menos la que publicaron en Londres (1568) algunos obispos anglicanos, por razón de los cuales se llamó «Bishops Bible». Todas estas y otras versiones fueron aventajadas por la «Biblia del rey Jacobo» o «Authorized Version» (Londres 1611). Tuvo por base las ediciones precedentes, pero se efectuó una minuciosa confrontación con los originales y se puso un especial esmero en el lenguaje. Este trabajo halló muy favorable acogida y ejerció un notable influjo en la literatura.

En el siglo pasado se procedió a una revisión (Londres 1881-95) con el fin de acomodarla a los resultados de los estudios modernos. Son muy numerosas las modernas: J. Moffatt (Londres 1913, 1925), E. J. Goodspeed (Nuevo Testamento, Chicago 1923), A. R. Gordon (Antiguo Testamento, ibid. 1927), A. Quiller-Couch (Cambridge 1928). Los católicos ingleses tienen la «Biblia de Douay», cuyo Nuevo Testamento se publicó en 1582 en Reims, y el Antiguo en 1609 en Douay, de donde le vino su nombre. Esta versión, hecha sobre la Vulgata, es obra de los desterrados y se debe principalmente a la iniciativa de William Allen. Fué reimpresa varias veces y revisada por R. Challoner (Londres 1749-52).

Ahora está ya casi terminada una versión de los textos originales llevada a cabo por varios investigadores y llamada «Westminster Version». Entretanto R. Knox ha publicado (Londres 1945 ss.) una versión de la Biblia con intentos principalmente literarios, que ha sido calificada por muchos como una paráfrasis inoportuna. Versiones alemanas. — Son muchísimas: católicas, protestantes e israelitas. Mucho antes de Lutero circularon ya varias versiones parciales, e incluso totales, como fué la publicada por G. Dietenberger (Maguncia 1534).

En 1788- 1794 salió en Augsburgo la Biblia de H. Braam, retocada sucesivamente por M. Feder (1803), por J. Fr. Allioli (1830-32) y por H. Arndt (1899-1901). V. Loch y W. K. Reischl publicaron una traducción colectiva en Ratisbona (1851-66), que fué reimpresa en 1914- 15. Tradujeron de los textos originales D. Brentano y J. A. Dereser (Francfort 1798, 1810), L. van Ess (Braunschweig 1807; Sulzbach 1836), N. Schögl (1820-22, en el índice), E. Dimler (N. T., Gladbach 1925), F. Tillmann (N. T., Bonn 1925-27), P. Parsch (V. T., Klosterneuburg 1934), E. Henne-K. Rösch (Paterbona 1921 85Ass.), P. Riesler-R. Storr (Maguncia 1934), la Laienbibel de Herder (1938). Además, cada una de las series de comentarios tiene su propia versión.

En el campo protestante alcanzó una gran difusión la traducción de Martín Lutero, que, después de versiones parciales, publicó la Biblia entera con el título de Biblia, d. i. de Gantze heilige Schrift Deutsch (Wittenberg 1534). Sus méritos literarios son indiscutibles, pero el valor científico es relativo, debido a su escaso conocimiento del hebreo (lo que Lutero procuró remediar haciendo amplio uso de la obra de Sante Pagnini y de Nicolás de Lira) y también a su inclinación tendenciosa. Entre las versiones modernas debemos mencionar las de C. von Weizsäcker (N. T., Tubinga 1875) y de E. Kautzsch (A. T., Friburgo de B. 1890), reunidas en Textbibel des A. und N. T. (Tubinga 1899), y la de H. Menge (Stuttgart 1933).

Las versiones israelitas más recientes, todas más o menos parecidas, son: L. Goldschmidt (1921-25), de M. Buber-F. Rosenzweig (1926- 1936), de H. Torczyner-H. Schreiber (1934-37). Versiones flamencas. — Las principales versiones en flamenco son la de N. van Winghe (Lovaina-Colonia 1548), la publicada a cargo del episcopado belga en Brujas en 1894-96, la De Heilige Schrift (Amsterdam 1937 ss.) y la Katholieke Bijbel (s’Hertogenbosch 1938 ss.). La más importante entre las protestantes es la conocida con el título de «Biblia de los Estados», Statenbijbel, por haber sido aprobada por los Estados Generales en 1637. Había sido compuesta por orden del Sínodo de Dort (1616). En el siglo pasado salió la «Biblia sinodal» por orden del Sínodo de 1848.

Entre las versiones recientes mencionaremos la que apareció en 1899-1901, 1912 en Leyden, y la de 1921-27 en Amsterdam. [A. P.] A. Vaccari, Institutiones Biblicae, I, Pont. Ist. Bibl., 5.ª ed. 1937, pp. 6-12, 235 s., 251-55, 329 ss. G. M. Perrella, Introduzione generale, 2.ª ed., Torino 1952, pp. 3-9, 188 ss., 200 ss., 235-38, con rica bibl. Por lo que se refiere a las versiones italianas: S. Minocchi, en DB, III, col. 1012- 38. G. Castoldi, en SC, 50 (1922) 81-97. A. Bea, Neue Bibelübersetzungen aus dem Urtext, en Bíblica, 20 (1939) 73-81. F. Spadafora, La Bibbia in Italia e una millanteria di Lutero, en Temi d’Esegesi, Rovigo 1953, pp. 24-42.

Bibliografía

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