Diccionario Bíblico

Bruno Pelaia

JACOB

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299AHijo de Isac y de Rebeca, gemelo de Esaú, que nació primero; Jacob le siguió inmediatamente agarrándole con una mano el calcañar, como queriendo tomar el puesto del primogénito. De ahí vino el llamarlo Ja‘aqóbh (= él agarra el calcañar), o sea suplantador, como Dios había revelado a la madre (Gén. 25, 23) y los sucesivos acontecimientos confirmaron (Gén. 25, 29-32; 27, 27-33). Posteriormente, a causa de una misteriosa «lucha» sostenida con Dios durante la noche, y de la cual salió victorioso, tuvo también el nombre de Israel ( Isra’el = lucha Dios; Gén. 32, 27 s.). Respecto del diferente carácter de los gemelos, de la adquisición de los derechos de la primogenitura cedidos por Esaú, y de la astucia con que, mediante la complicidad de Rebeca, logró Jacob arrancar al padre, ya anciano y ciego, la especial bendición reservada al primogénito, v. Esaú. A consecuencia de la bendición usurpada, Esaú le tenía un odio mortal (Gén. 27, 44), mas Jacob, obedeciendo a sugerencias de la madre, que lo protegía, se dirige a Jarán, en Mesopotamia, a la casa de Labán , su tío.

Durante el viaje, en las cercanías de Luz (Betel), tuvo en sueños la hermosa visión de una «escalera» cuya cumbre tocaba al cielo, y por la que subían y bajaban ángeles (cf. Jn. 1, 51), en lo cual vemos un símbolo de la Providencia que vela sobre el hombre. Hay una comunicación continua entre el cielo y la tierra: los ángeles ejecutan las órdenes divinas. En esta ocasión se repitieron en él las bendiciones que habían sido ya dadas a Abraham y a Isac, y con eso se vio una vez más confirmado en la legitimidad de la primogenitura (Gén. 28, 13). Permaneció en Mesopotamia durante veinte años, y tomó por esposas primarias a Lía y a Raquel, sus primas, hijas de Labán, y por mujeres secundarias a Zelfa y a Bala (Zilpah y Bilhah) sus respectivas esclavas, según el uso y el derecho de aquellos tiempos (cf. el Cód. de Hammurabí, art. 144). La Biblia hace 299Bmención de doce hijos nacidos de estas uniones, y que serán los primeros padres de las doce tribus de Israel. Nació también una hija, que se llamó Dina.

De Lía nacieron: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón y Dina (Gén. 29, 31-35; 30, 14-21); de Bala: Dan y Neftalí (Gén. 30, 1-8); de Zelfa: Gad y Aser (Gén. 30, 9-13); de Raquel: José y Benjamín (Gén. 30, 22-23; 35, 16-20). Pero hay que advertir que en la repartición del territorio entre las doce tribus, Leví no recibió territorio aparte (Núm. 35, 2; Jos. 21, 1 ss.) y que en lugar de José figuraron sus dos hijos Efraím y Manasés, adoptados por Jacob antes de morir (Gén. 48, 1-7). Jacob con las cuatro mujeres y los hijos (a excepción de Benjamín que nació más tarde), vuelve de Mesopotamia a Canán; se reconcilia con Esaú, y fija su residencia en Mambre. Durante este viaje de regreso tuvo lugar la «lucha» con Dios, de que antes se hizo mención. Al enterarse de que su hijo José, después de largas peripecias, había llegado a ser virrey de Egipto, se trasladó a este país con toda su familia y fijó su residencia en la tierra de Gosen.

Después de haber predicho a los hijos y a los dos nietos vicisitudes ora alegres ora tristes de sus tribus (comúnmente se las llama bendiciones: Gén. 49, 2-27, y entre ellas figura una espléndida profecía mesiánica en el v. 10 a propósito de Judá), muere a la edad de 147 años, a los 17 de su instalación en Egipto (Gén. 49, 32). Su momia, embalsamada según la costumbre egipcia, fue trasladada a Palestina (Gén. 50, 4-13). Jacob expió duramente sus «astucias». Fue engañado por Labán cuando en vez de Raquel, por quien había ofrecido siete años de trabajo, le dio a Lía (Gén. 29, 22-29), y muchas veces más (Gén. 31, 41: hebr. 10 veces). Sus últimos años se vieron muy amargados, especialmente por la pérdida de José, de suerte que bien pudo decir al faraón: «Los años de mi peregrinación son ciento treinta; pocos y malos» (Gén. 47, 7 ss.). Sab. 10, 10 canta sus 300Aalabanzas, y el mismo Jesucristo lo declara en posesión de la felicidad eterna juntamente con Abraham e Isac (Mt. 8, 11). [B. P.]

Bibliografía

J. B. Pelt, Hist. de l’A. T. , I, París 1930, pp. 179-197
E. Zolli, Israele , Udine 1935, pp. 63-67.

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