Diccionario Bíblico

Angelo Penna

JERUSALÉN

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Principal ciudad de Palestina , centro de la religión y de la historia bíblica. 1. Jerusalén preisraelita. — Ya en el período calcolítico (4000-3000 a. de J. C.) aparece arqueológicamente documentada la existencia de esta ciudad sobre el montículo oriental Ofel.

Al principio del 2.º milenio a. de J. C. se la nombra en los llamados «textos de proscripción» egipcios. La ciudad estaba habitada por la cuadrilla amorrea de los jebuseos, y estaba provista de obras de defensa, según el testimonio que de ello dan las avanzadillas de muros ciclópeos existentes en el único lado vulnerable de la ciudad, que es el septentrional, así como ciertos trabajos particulares que se habían realizado en la parte oriental, entre los cuales había un paso subterráneo para asegurarse el único punto de abastecimiento de aguas, cual era la fuente de Gihón (hoy llamada ‘Ain Sitti Mariam = Fuente de la Señora María; cf. II Sam. 5, 8). Jerusalén cayó bajo el influjo egipcio a consecuencia de las victorias de Tutmosis III.

En las cartas de El-Amarna (h. 1400 a. de J. C.), aparece un príncipe jeteo ‘Abd-hiba, que solicita del faraón el envío de refuerzos para la defensa de Bit Shulman, llamada también Urušalim (tal vez = fundación del dios Shalem). En los tiempos de la penetración israelita la ciudad está gobernada por el príncipe amorreo Adonisedec, que es vencido y muerto por Josué; pero no se llega a ocupar la ciudad (cf. Jos. 15, 8.63; Jue. 19, 12).

2. Jerusalén israelita. — La fortaleza jebusea que había resistido hasta los tiempos de David (h. 1000 a. de J. C.), fue tomada como 306Aresultado de una audaz empresa de Joab, que entró en ella por el túnel (hebr. sinnór ) que ponía a la ciudad en comunicación con la fuente de Gihón (II Sam. 5, 8; I Par. 11, 6 ss.). Los cambios que sufrió la ciudad (cuya extensión era de unas 4 hect.) fueron de poca monta. Parece ser que se reparó la muralla oriental y se construyó un palacio sobre la acrópolis de Sión, que por esa razón se llamó también «ciudad de David». Pero inmediatamente se aseguró la gloria futura de la ciudad, desde el momento en que se convirtió en centro religioso con el traslado del Arca de la alianza y con la erección de un altar en la era del jeteo Ornam (II Sam. 24, 16 ss.), situada al norte de la ciudad.

Allí desplegó Salomón su magnificencia edilicia cuya fama perdura: formó la gran explanada llamada actualmente Haram es-Sherif, donde los obreros fenicios construyeron el majestuoso Templo (v.) con todos sus múltiples adjuntos (I Re. 5-8); al sur, aproximadamente donde hoy está emplazada la mezquita el-Agsa, construyó la casa real, el palacio para la hija de Faraón y los oficios gubernamentales con la misma magnificencia (I Re. 7, 12). Todo el conjunto, Templo y palacio, fue cercado de una muralla (ibid. 7, 10-12), y mediante un relleno (= millô’ ; cf. ibid. 11, 27) puso en comunicación las nuevas construcciones con el resto de la ciudad del sur. Una muralla incluyó en el interior de la fortaleza las viviendas que se habían construido en las pendientes del montículo occidental, de suerte que la ciudad tomó las características de un centro religioso único, que se hizo célebre con el nombre algún tanto hebraizado de Jerúšalaim. Al dividirse el reino, Jerusalén sigue siendo la capital de las dos tribus de Benjamín y de Judá.

La Biblia no vuelve a hablar de actividades edilicias hasta el tiempo de Nehemías : sólo refiere o supone las diferentes restauraciones que siguen a las destrucciones causadas por los enemigos (cf. I Re. 14, 25 ss.; 15, 18; II Par. 16, 2 s.; II Re. 12, 18 s.; 14, 13 s.). El rey Azarías (789-738) reconstruyó «la puerta del ángulo y la puerta del valle», y restauró las murallas proveyéndolas de torres (II Par. 26, 9). Su hijo Jotam (738-736) completó (II Re. 15, 35; II Par. 27, 3 s.) la obra comenzada por el padre y reparó además los daños causados por un terremoto (cf. Am. 1, 1). Ezequías (721-693) construyó la segunda muralla para defender de Senaquerib la parte nueva de la ciudad ( ‘ir mišneh ; cf. II Re. 22, 14; II Par. 34, 22) y un acueducto para trasladar las aguas de la fuente Gihón a la piscina de 306BSiloé, en la parte baja, en cuya galería se halló la célebre inscripción de Siloé. Manasés (693-639) reparó las fortificaciones (II Par. 33, 14-16) «hasta la puerta de los peces» en la parte septentrional.

Si bien existe uniformidad en localizar la ciudad primitiva en la parte oriental, discútese aún sobre su extensión durante el período monárquico, y sobre la identificación de las diferentes murallas. Algunos (Schick, Guthe, Lagrange, Dalman, Vincent, etc.) admiten que ya en el tiempo de Salomón se dio la primera extensión sobre el montículo occidental. Otros (Galling, Alt) sostienen que en el s. IX se ensanchó la ciudad hacia el noroeste (cf. II Re. 14, 13) y que en el período helenista se efectuó la inclusión del montículo occidental. Aunque faltan datos arqueológicos o históricos para dirimir la cuestión, la primera hipótesis refleja mejor la idea de grandeza que se desprende de los libros históricos cuando hablan del reino de Salomón; la segunda presenta una extensión progresiva más normal, si se tiene en cuenta el incremento de alguna de las ciudades de la antigüedad. En la destrucción del 587 por parte de los babilonios perecieron las murallas, el Templo, el palacio y otros edificios. La reconstrucción fue lenta y mucho más modesta.

Los primeros judíos que regresaron de Babilonia en el año 538 repararon el altar de los holocaustos y, después de vencer muchas dificultades, reedificaron, si bien modestamente, la casa del Señor (cf. Esd. 3, 1-13; Ag. 1, 2 ss.).

En el 444 Nehemías reconstruyó las murallas de Jerusalén (cf. Neh. 3, 1-32). Siguiendo su detallado relato puede reconstruirse el perímetro de las murallas, las cuales debían de abarcar una superficie de unas 16 hect., según Galling ( BRLG , col. 304), pero muy poco es lo que puede inferirse respecto del interior de la ciudad, ligeramente reconstruida y con muy pocos habitantes. Tal estado de cosas se mantuvo, más o menos, durante el período persa, aun cuando la ciudad seguía siendo oficialmente el centro religioso y político de la región. En el 331 fue ocupada por Alejandro Magno; luego quedó bajo el protectorado de los lágidas hasta el 198, en el que pasó al poder de los seléucidas después de la batalla de Panión.

Durante este período tuvo lugar la ocupación de la ciudad por Antíoco IV Epífanes (168 a. de J. C.), que la saqueó, profanó su templo (I Mac. 1, 20-58) y, para realizar su sueño de helenizarla, construyó en ella una fortaleza, el Acra, probablemente al nordeste 307Adel Templo (cf. L. H. Vincent, Acra , en RB , 43 [1934] 205-36). Tres años después el Templo fue nuevamente consagrado por Judas Macabeo, que para defenderlo de los asaltos de la guarnición siríaca del Acra construyó allí cerca, al noroeste, una fortaleza, baris (I Mac. 4, 60). Después de su muerte , Jonatán, su hermano, reparó los barrios que saqueara Antíoco IV (ibid. 6, 18-62).

El otro hermano, Simón, después de haber completado los trabajos de Jonatán, en el año 142 a. de J. C., logró expulsar del Acra a la guarnición siríaca, dando así la independencia al país (ibid. 13, 49 ss.). En el período asmoneo, por lo menos al principio, la ciudad debió de gozar de cierto bienestar, acompañado de un continuo expansionarse del área urbana, especialmente en el montículo occidental y por el norte. Y por lo que se refiere a las construcciones fue enteramente revolucionario para Jerusalén el reinado de Herodes el Grande (37-4 de J. C.).

El plano regulador era como un reflejo del que estaba en vigor en tiempo de Nehemías, pero las construcciones se realizaron según la inspiración grecorromana. Construyéronse también el ágora, un teatro, el anfiteatro y un hipódromo, esenciales para la civilización helenista y romana. En la colina occidental se amplió y embelleció el palacio de los asmoneos, para cuya defensa se levantó un alto muro con tres torres imponentes (llamadas Fasael, Hípico y Mariamne). Este palacio se identificó en los años 1934-39 con la base de la «Torre de David». En el ángulo noroeste del Templo se construyó la gigantesca fortaleza Antonia, rica de pórticos y de jardines, cuya planta se ha localizado en recientes excavaciones, y, dentro de ella, también el gran empedrado que algunos han identificado con el Lithostrotos (cf. Jn. 19, 13), en donde fue Jesús condenado. Pero en el área del Templo (v.) se dio un cambio mucho más profundo. Entre otros monumentos y edificios notables Fl. Josefo menciona cinco piscinas (de las Serpientes, Amygdalon, Struthion, de Salomé, Siloé), a las que hay que añadir la de Betsaida mencionada en Jn. 5, 2, el sepulcro de David y el llamado sepulcro de Herodes (cf. Bell. V, 108; 507).

Al tiempo de Agripa I (41-44) hay que adjudicar la construcción de la «tercera muralla», llevada a efecto para que también el nuevo barrio de Bezeta quedara incluido en la defensa. La identificación de esta muralla fue muy discutida entre los arqueólogos del decenio 1925-1935 y todavía no se ha resuelto con firmeza.

3. Jerusalén cristiana. — Sólo 307Bmencionaremos brevemente algunos lugares de especial interés bíblico. La ciudad sufrió una completa transformación en el tiempo de Adriano (117-138), que la sustituyó por Aelia Capitolina, profanando incluso los primeros santuarios cristianos. Con el emperador Constantino se inicia la cristianización de la ciudad, la cual desde el punto de vista urbano se conservó casi intacta hasta la conquista árabe (638). Sobre el Gólgota (v.), que hasta la construcción de la «tercera muralla» de Agripa era una cota rocosa fuera de la ciudad, Constantino erigió la basílica del Santo Sepulcro, grandiosa y bella, según Eusebio ( Vita Constantini III, 33, 40; PG 20, 1095-1100), y fue destruida por los persas en el 614. También es constante y muy antigua, y por tanto digna de consideración, la tradición sobre el «Cenáculo». En el s. IV (en tiempo de San Epifanio) hácese ya mención de una pequeña iglesia, a la que también se refiere Eteria (cf. D. Baldi, Enchiridion locorum sanctorum , Jerusalén 1935, n. 732), que la pone unida a la basílica de la Santa Sión.

Fue destruida por los persas (614) y otra vez por los árabes (909), nuevamente reconstruida por los cruzados (hacia 1130) y vuelta a destruir por Saladino en 1244. El solar fue adquirido en 1336 por el rey de Nápoles, que lo entregó a los franciscanos. Éstos permanecieron en su iglesia hasta que los echó de allí Solimán II en el s. XVI. El lugar se convirtió en santuario musulmán, tal vez por estar en la tumba del profeta David. En cambio el lugar de la antigua basílica de la Santa Sión, en parte está ocupado por la basílica y el convento de la Dormición. El peregrino de Burdeos (cf. Baldi, op. cit. , n. 853) habla de la «casa de Caifás», donde posteriormente figura una iglesia dedicada a San Pedro (cf. ibid. n. 855); pero su identificación es discutida (cf. RB 39 [1930] 226-56; Bíblica , 12 [1931] 219-32.411-46). Lo que no ofrece duda es la identificación de la antigua basílica (s. IV), llamada de la agonía, en Getsemaní. [A. P.]

Bibliografía

H. Vincent-F. M. Abel, Jérusalem , 2 vols., París 1912-26 L. H. Vincent, Jérusalem , en DBs , IV, col. 897-966;
en BRLG , col. 297-307 A. G. Barrois, Manuel d’archéologie biblique , I, París 1939, pp. 197-204. Ortiz Muñoz, Jerusalén hoy, en EstB , XIII (1953), 4 Colunga, Jerusalén la ciudad del gran Dios, en EstB , XIV (1955), 2 s.

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