REYES (Libros de los)
Fué primitivamente un solo libro que dividió en dos la versión de los LXX, a la que siguieron la Vulgata y todas las otras ediciones, incluso las hebreas desde el año 1517. Los LXX y la Vulgata los llamaron III y IV Re., por haber incluido entre ellos a Sam. (I y II Re.). Pero la Biblia hebrea los llama I y II Re. Cuentan la historia de Israel desde la entronización de Salomón (hacia 970 a. de J. C.) en adelante; un espacio de unos cuatro siglos. Reinado de Salomón y escisión de las tribus septentrionales. Historia del reino del Norte hasta la destrucción de Samaría (v. Israel, historia) y del reino de Judá (v. Judá, historia) hasta la destrucción de Jerusalén (587 a. de J. C.). Apéndice sobre la liberación de Joaquín (565 a. de J. C.), por obra de Evil-Merodac, rey de Babilonia. El autor sigue un esquema invariable, trabando sincrónicamente los acontecimientos de un reino con los del otro; luego enjuicia el gobierno del rey bajo el aspecto religioso; y finalmente, después de haber remitido a las fuentes para quien quiera más noticias, describe la muerte, la sepultura del rey y, cuando el caso lo requiere, la transmisión del poder y la toma de posesión del reino por parte de su hijo.
Dentro de este esquema general se insertan algunos otros detalles.
1. Los últimos días de David (I Re. 1-2, 11).
2. La extensa historia de Salomón, entre la introducción (I Re. 2, 12) y la conclusión (I Re. 11, 41-43): su sabiduría, la magnificencia de los edificios por él construidos, especialmente el Templo , sus ingentes riquezas, su desdichado fin y la idolatría que fué la causa.
3. La historia de Ajab (I Re. 16, 30; II Re. 1), entremezclada con los casos particulares de la vida de Elías (v.).
4. Las gestas de Eliseo (v.) (II Re. 2; 4; 5; 6; 8); su participación en la guerra con los moabitas (3) y con los arameos (6, 8-7, 20); la usurpación del trono de Damasco por Jazael (8, 7-16) y la promesa de ayuda a Joás, rey de Israel (13, 14-21).
5. Entre los fastos de Eliseo están incluidas 512Alas historias de Jehú (II Re. 9-10) y de Atalía en el reino de Judá (11).
6. En la historia de Ezequías (II Re. 18-20) van incluidos algunos hechos que atañen a Isaías (Is. 36-39).
7. En el esquema del reinado de Josías se halla la narración del hallazgo del libro de la Ley y de la reforma religiosa (II Re. 22-23).
8. El fragmento II Re. 24, 18-25 sirve de conclusión también en el libro de Jeremías (Jer. 52). De todo lo dicho se deduce claramente que la composición del libro tuvo que realizarse en varias etapas. La forma primitiva debía estar constituida por los esquemas de las historias de los reyes que el autor había tomado del «Libro de los anales de Salomón» (I Re. 11, 41), y del de los reyes de Israel (I Re. 14, 19, etc.). Estos documentos eran públicos, accesibles a todos, a diferencia de los que se conservaban en el archivo del rey. Y como a los reyes se les juzga según su comportamiento respecto a las «alturas sagradas» (por ejemplo I Re. 15, 14; 22, 44), parece ser que el autor compuso el libro después de que Josías verificó su reforma (621), y probablemente después de la muerte del rey. Según esta hipótesis el II Re. 23, 25, a excepción de las últimas palabras, constituiría la conclusión de la obra. Los datos siguientes muestran que la obra fué compuesta antes de la cautividad.
El Templo existe todavía y el Arca está visible (I Re. 8, 8); Edom está desligado del gobierno de Judá «hasta el día de hoy» (II Re. 8, 20 ss.), lo cual supone que Judá era todavía independiente; la descripción de la reforma de Josías está hecha con mucho fervor, lo cual no tendría explicación si el reino estuviera ya destruído. Esta hipótesis acerca del tiempo de la primera redacción del libro está confirmada por el hecho de que las vicisitudes de los profetas (Elías, Eliseo , Isaías ) aparecen como insertas por otro redactor, ya que la forma esquemática primitiva no admitía semejantes digresiones. Parece que el segundo redactor compuso su obra antes del reinado de Joaquín (609-598), puesto que no se hace alusión alguna al profeta Jeremías . La última mano que recibió el libro fué después del 562 (durante la cautividad: II Re. 25, 22-30). Una vez que la cautividad había demostrado la infidelidad de Judá, el último redactor podía probar claramente la intervención de la justicia divina. No se propuso el autor escribir una historia completa.
Así se explica que no haga 512Breferencias a episodios de gran importancia política, como, por ejemplo, la batalla que se dió junto a Carcar; los famosos reyes de Israel Omri y Jeroboam y el rey de Judá Ozías son mencionados de corrida. Lo que se propuso fué hacer resaltar el aspecto religioso en todo el decurso de la historia, y por eso se detiene en la descripción del Templo , de su construcción y dedicación, de los latrocinios y saqueos de que fué objeto (cf. la expedición de Sesac [= el egipcio Shosenq] contra Jerusalén durante el reinado de Roboam: I Re. 14, 25-26), de las modificaciones que introdujo Ajaz (II Re. 16, 10-18), de la profanación por parte de Manasés (II Re. 21, 2-9), y de la restauración de que fué autor Josías (II Re. 22-23).
Además, es considerado el Templo como único lugar en que se podía venerar legítimamente a Dios , conforme a lo que estaba prescrito en Dt. 12, 1-28. El autor intenta probar que Dios llena de bienes a los pueblos que guardan sus leyes y castiga a los profanadores y desobedientes. Juzga a los reyes en proporción con su conducta religiosa, y sólo alaba a dos descendientes de David (Ezequías y Josías), mientras que de los otros (Asa, Josafat, Joás, Amasías, Ozías, Jotam) dice que se portaron bien, pero que no destruyeron las «alturas sagradas». Por el contrario, se condena a los reyes de Israel, a causa de los pecados de Jeroboam.
«El valor histórico de este libro de los Reyes es indiscutible; está garantizado por la divina inspiración y confirmado por los documentos paralelos de la historia profana, muy especialmente de la asiriobabilónica, que se presentan aquí en mayor abundancia que para ningún otro libro del Antiguo Testamento» (A. Vaccari, La S. Bibbia , II, Firenze 1947, p. 316 s.).
Bibliografía
A. Médébielle, Les livres des Rois ( La Sainte Bible , ed. Pirot, 3), París 1949, pp. 564-800. R. de Vaux, Les livres des Rois ( Bible de Jérusalem ), París 1949. S. Garofalo, Il libro dei Re ( La S. Bibbia , S. Garofalo), Torino 1951.