JUDIT
«Lo mismo que Rut y Ester , pero con más razón que ellas, la heroica y piadosa viuda Judit da su nombre al libro sagrado en el que el relato de un memorable episodio de la vida nacional se halla dominado por la persona y por la valerosa empresa de la misma. Es como un drama en tres actos». (A. Vaccari).
1. El asedio de Betulia. Nabucodonosor derrota a los medos y da a Holofernes la orden de tomar venganza de los pueblos occidentales que se habían negado a socorrerle (1-2, 20). Los países son devastados: Fenicia y Filistea se rinden; Holofernes llega a Esdrelón contra los judíos, que son los únicos en resistirse (2, 21-4, 15). En un consejo de guerra Aquior expone a Holofernes la razón de esa resistencia: 343Acuando Israel es fiel a su Dios, no tiene nada que temer de nadie. Por tanto aconseja prudencia (5, 1-21). Holofernes, airado, manda que lo aten para que caiga en poder de los judíos. Asedia a Betulia y la reduce a la extrema angustia cortándole el acceso a las fuentes (5, 21-7, 32).
2. Intervención de Judit. En vista de la determinación de rendirse, impuesta a los dirigentes por los asediados, Judit, llena de una fe ardiente, ora, se mortifica, promete la salvación y concibe un plan audaz (8-9). Cuidadosamente adornada, sale con su esclava a presentarse a los asirios: subyuga con su belleza a Holofernes, de quien obtiene la gracia de perseverar libremente, y sin que nadie la perturbe, en sus prácticas religiosas (10-12, 9). Invitada a un banquete y habiendo quedado sola con Holofernes, mientras éste yacía, ebrio del vino, en un sueño profundo, le corta la cabeza y vuelve a Betulia con su trofeo (12, 10-13, 20).
3. Huida de los asirios y triunfo de los israelitas. Judit dispone todo para la victoria.
Al tener los asirios noticia de la muerte de su jefe, se dan a la desbandada, y los judíos los persiguen (14-15, 7). Exaltación de Judit que prorrumpe en un canto de alabanza y de acción de gracias a Dios (15, 8-16, 17), Vida virtuosa y longeva; muerte de Judit (16, 18-25). El original hebreo (L. Soubigou, p. 483-86) se ha perdido; hace sus veces la antigua versión griega, en tres recensiones principales: la común, representada en los más antiguos ms. unciales (BAS; base del texto crítico, ed. Rahlfs, I, Stuttgart 1935, pp. 951-73), la contenida en el códice 58 (de la antigua versión latina y de la siríaca), y la de Luciano, cód. 19. 108. Las dos últimas derivan de la primera (A. Miller, 17 s.).
La Vulgata, que es una elab oración apresurada y más bien libre de San Jerónimo (PL 29, 39 s.) sobre un texto arameo, nos ofrece un texto abreviado en una quinta parte con relación al griego, y tiene un puesto secundario. En la mayoría de los casos, los más graves, concuerdan los textos, lo que es prueba de la lección auténtica y original (A. Vaccari). El autor sagrado, que escribió en el s. III a. de J.
C., quiere mostrar cómo la fidelidad a Yavé salva a Israel de todo peligro (8, 11-27; 16, 1-7); el ejemplo de Judit, casta y piadosa (8, 4 ss.; 12, 2-9), que triunfa sobre el poderoso enemigo, es una prueba eficaz de ello. En pos de Lutero muchos acatólicos han sostenido que el libro no es más que didáctico parenético, destinado a inculcar la sobredicha doctrina. 343BEl texto parecía favorecerles a causa de la incongruencia de ciertos datos en él contenidos. Llámase a Nabucodonosor (605-562) rey de Nínive (destruida en el 612), y resulta por otra parte que nos hallamos después de la cautividad y de la reconstrucción del Templo (4, 3. 13 s.; 5, 18; 9, 1. 13; 16, 17 ss.; no hay señales de idolatría: 8, 18; está en vigor la exacta observancia de la Ley: 12, 2-9, etc.; Miller, pp. 7-13). Se supone a Nabucodonosor luchando contra Arfaxad (desconocido) rey de los medos, y atacando a Ecbátana, cuando en realidad ni combatió contra los medos ni jamás conquistó a Ecbátana. Finalmente, aparte algunas indicaciones geográficas, Betulia, el sumo sacerdote Joaquín y la misma Judit son desconocidos en todo el Antiguo Testamento. Los antiguos han sostenido siempre su historicidad.
Hoy se admite comúnmente entre los exegetas católicos y algunos protestantes que se trata de la narración libre de un hecho histórico con fines didácticoparenéticos (Miller, Soubigou, Vaccari, etc.). En realidad las dificultades surgen de la elección que hace el autor de nombres para las personas y para las localidades, elección que va encaminada al fin principal doctrinal. Nabucodonosor, destructor principal de Jerusalén , como tipo de los enemigos del pueblo elegido; Nínive, cuyo fin fué predicho por Nahum y tan ruidosamente realizado, como expresión elocuente del poder de Yavé. «Todo induce a pensar que el autor sagrado, por alguna razón... de simbolismo, quiso dar nombres fingidos a los lugares y a las personas. A los contemporáneos debía de serles fácil, tanto como a nosotros difícil, entender lo que se oculta bajo el velo de aquellos nombres» (Vaccari). Para la identificación, que es básica, de Nabucodonosor, se han propuesto unos veinte reyes, desde Adadnirari III (810-782) hasta Demetrio I Sotero (161-151). Algún intento llegó hasta Trajano (G. Volkmar); pero el libro de Judit es ya citado por San Clemente de Roma (h. el 90 desp. de J. C.).
La identificación, hoy ya corriente, que mejor se armoniza con los diferentes datos del texto, es la que ya propuso Sulpicio Severo († 420; PL 20, 137 s.): Nabucodonosor = Artajerjes III Oco (358-337), y por consiguiente hacia el fin del imperio persa. La expresión «preparar la tierra y el agua» para indicar la ayuda que debe proporcionarse a las tropas (2, 7; Soubigou, p. 513) es propia de los persas (Herodoto II, 48 ss.). Holofernes y Vagao (Setenta; Bagoas: 2, 4; 12, 10, etc.) son expresamente nombrados por Diodoro de Sicilia ( Biblioteca histórica , XVI, 47, 4; XVII, 344A5, 3; XXXI, 19, 2 s.) participando como jefes subalternos en la campaña contra Egipto y contra los sátrapas rebeldes occidentales (353-351 aproximadamente). En este tiempo tiene lugar el episodio de Judit (Soubigou, pp. 492. 512. 556). La identificación con Asurbanipal (668-626), que se hizo corriente en el pasado, contrasta con los datos ciertos de después de la cautividad que nos son proporcionados por el libro. Recientemente G.
Brunner ( Der Nabuchodonosor des Buches Judith , Berlín 1940) lo identificaba con Araca, que se rebeló contra Darío I hacia el 520, y que efectivamente tomó el nombre de Nabucodonosor IV (inscripción de Behistum, lín. 49 s.). Con esta hipótesis se explica mejor cómo no se molestó a los judíos por la muerte de Holofernes, ya que habían seguido manteniéndose fieles a Darío; pero no hay otra referencia a los datos que se hallan en el libro (Miller, en Bíblica , 23 (1942) 95-100). La estratagema de Judit no se extralimita en lo que entonces era admitido como lícito en una guerra contra el invasor. «Judit no buscaba ni siquiera temía que sobreviniesen los impuros afectos que podían surgir en el corazón de Holofernes, pues estaba elevada en Dios (13, 16-19). Cortando la cabeza de Holofernes sin lesión de su honestidad, alcanzó un doble triunfo, juntamente moral y civil. Por eso la piedad católica ve en Judit una figura de la Inmaculada, que, sin ser afectada del impuro aliento del tentador, aplasta la cabeza de la serpiente infernal» (Vaccari). El libro de Judit no figura en el canon hebreo, desde fines del s. I desp. de J. C., por arbitraria exclusión de los fariseos (v. Canon ).
Su origen divino está atestiguado por los Padre s y sancionado por la Iglesia. [F. S.]
Bibliografía
F. Spadafora, en Enc. Catt. It. , VI, 716 ss. A. Miller, Das Buch Judith , Bonn 1940. A. Vaccari, La S. Bibbia , III, Firenze 1943, pp. 303-43. L. Soubigou ( La Ste Bible , ed. Pirot, 4), París 1949, pp. 483-575.
I. Prado, Judit , Madrid 1944. Id., Judit , en EstB , 1950. A. Colunga, El género literario de Judit , en CT (1948), pp. 98-126.
Voces relacionadas
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