Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

TOBÍAS

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Libro del Antiguo Testamento, así llamado por el nombre (al menos según la Vulgata, Tobías) de los dos protagonistas, padre e hijo, a quienes los Setenta llaman, según parece, sólo para distinguirlos, Τωβείτ (A y B) o Τωβίθ (S) al padre y Τωβίας al hijo. El nombre es una forma abreviada del hebreo tobhijjáhu = Dios es bueno (cf. II Par. 17, 8). El relato puede dividirse en tres partes. En la primera (cc. 1, 3 -3, 17) se cuenta cómo Tobías, de la tribu de Neftalí, hallándose aún en la cautividad de Nínive, se mantenía fiel a la Ley y se ejercitaba principalmente en obras de caridad para con los hermanos de raza, sepultando sus cadáveres, etc. Pruébalo primero Dios con una persecución, y luego con la pobreza y con una grave desgracia: la ceguera. Al mismo tiempo, también Sara, hija de un primo de Tobías, Ragüel, que vivía en Ecbátana, está pasando por trances tristes. Los dos pobrecillos confían su suerte a las manos de Dios. La segunda parte (4, 1-12, 22) constituye el 588Averdadero fin del relato.

Obligado por la miseria, Tobías decide mandar su hijo a Ragúes, en la Media, para cobrar una considerable cantidad (10 talentos), que de mucho tiempo atrás tenía depositada en poder de un pariente suyo llamado Gabael. El buen joven tiene por compañero de viaje al arcángel Rafael, el cual libra, durante el camino, al joven Tobías de un pez que amenazaba devorarlo, le induce a que tome a Sara por esposa y va personalmente a cobrar el dinero de Gabael; luego vuelve a guiar al joven Tobías juntamente con su esposa de' vuelta junto a sus ancianos padres, que estaban esperando ya angustiados su regreso. Al llegar el joven, sirviéndose de un medicamento que el ángel le había sugerido, restituyó la vista a su padre, y al fin el ángel descubre su naturaleza y desaparece. Con esto el libro llega al epílogo (13, 1 - 14, 15). El anciano Tobías prorrumpe en un maravilloso himno de acción de gracias; antes de morir da unos sabios consejos a su hijo, quien después emigra a la Media, junto a su suegro, donde acaba sus días en tranquila y avanzada vejez, con el consuelo de haberse enterado de la caída de Nínive.

El fin de este libro, enteramente impregnado de un arte ingenuo y de una intimidad de afectos verdaderamente conmovedores, es el celebrar la especial providencia de Dios para con sus fieles adoradores, especialmente si son caritativos para con el prójimo.

Los hebreos y los protestantes excluyen con fútiles pretextos el libro de Tobías del canon (v.) de los libros sagrados, contra la unánime e infalible afirmación de la Iglesia. Es de notarse su contenido dogmático (providencia y misericordia de Dios, angelología y demoniologia) y moral (eficacia de la oración, excelencia de la limosna, santidad del matrimonio, etcétera). Hase perdido el texto original semítico, arameo o, más probablemente, hebreo. Ocupa sus veces la versión de los Setenta, la que ha llegado a nosotros en tres recensiones distintas representadas: a) por los códices B (Vaticano), A (Alejandrino), muchos códices minúsculos y el papiro de Oxirrincos; b) por el códice S (Sinaitico), más extenso en el relato, de estilo más vulgar y colorido más semitizante; c) por pocos códices minúsculos, 44, 106, 107, 610, y por el papiro 1076 de Oxirrincos.

Esta última recensión es incompleta; contiene de 6, 9 a 13, 18. La segunda es tenida como principal (A. Miller, Hopfl-Metzinger, A. Clamer, A. Vaccari), por más que la primera tenga también su importancia y sus defensores (Noldeke, 588BVetter, Priero, etc.). La antigua versión Latina depende del cód. S, en tanto que la Vulgata de San Jerónimo fue preparada, según él mismo confiesa, sobre un códice arameo, si bien teniendo siempre a la vista Ja citada versión Antiqua Latina.

Los códices hebreos que poseemos (cuatro) son amanos tardíos (del s. v al xm) dependientes del griego o de la Vulgata. Dígase otro tanto de un manuscrito arameo descubierto y editado en 1878 por A. Neubauer y que, según parece, no es más que una versión del griego (s. v ii-v h i ?). Todo induce a pensar que el autor quiere relatar un hecho realmente acaecido;, expone la genealogía de sus personajes, precisa hasta los más mínimos detalles en el marco de la geografía y de la cronología histórica.

Mas no puede menos de reconocerse en el texto la existencia de ciertos anacronismos y deslices en la toponimia, así como no deja de llamar la atención el notable desarrollo que da al género exhortativo.

«Desde este punto de vista no se pueden pasar por alto las múltiples relaciones que existen entre Tob. y la historia de Ajilear, muy extendida en otro tiempo por el Oriente (entre los papiros de Elefantina, s. v) y mucho más antigua que Tob. He aquí una síntesis de ella. Ajikar gozaba de mucho prestigio, por su sabiduría, ante el rey de Asiría Senaquerib y Asaradón. Viéndose anciano y sin hijos, se retira y pone en su lugar a Nadán, su nieto, a quien adoptó por hijo, dándole abundantes consejos e instrucciones. Pero Nadán, hastiado, levanta una negra calumnia acusando a Ajikar de traición y hace que lo condenen a muerte.

El ejecutor de la sentencia lo salva escondiéndolo en un sepulcro, y poco después el rey de Egipto dirige al de Asiría una esquela interesándose por ciertos problemas para cuya solución se juzga necesaria la sabiduría de Ajikar. El rey se alegra de saber que Ajikar vive todavía, y vuelve a elevarlo a altos honores, mientras que a Nadán lo condena a escuchar diariamente los cuentecillos morales que para oprobio suyo le contaba Ajikar, y el malaconsejado acaba por morir de vergüenza y aburrimiento. A estos hechos alude claramente Tob. (14, 10 s.), que nos presenta a Ajikar como pariente de Tobías (1, 21; cf. 2, 10; 11, 19) y escribe Nadab en vez de Nadán, en lo que cabe fácilmente una confusión de letras.

En ambos libros échase de ver una mezcolanza del elemento narrativo con el didáctico, de los cuales prevalece el primero en Tob. y el segundo 589Aen Ajikar. Esto induciría a colocar a los dos libros en el mismo género literario, la novela moral de fondo histórico» (A. Vaccari, p. 233). Así piensan también los otros escritores católicos más recientes (N. Peters, A. Miller, Hópfl-Metzinger, A. Clamer, Priero, etc.), considerando ai libro como reconstrucción de un hecho histórico con un fin didáctico. Tal exégesis explica el fundamento histórico y las libertades literarias que se ha tomado el autor, y resuelve con facilidad cualquier objeción que se proponga.

Hay que tener siempre presente que «para poder emitir un juicio absoluto y definitivo (acerca de las diferentes cuestiones exegéticas y literarias) necesitaríamos la base indiscutible del texto original de Tob., de que carecemos» (A. Vaccari, ibid.). Desconocemos el nombre del autor del libro, que ciertamente hubo de ser un judío; pero debe rechazarse el que sea uno de los dos pro tagonistas, pese a) mandato que da el padre de poner por escrito lo acontecido (12, 20, en el griego) y no obstante el empleo de la primera persona del singular (1-3). A ellos puede remontarse la tradición oral, o tal vez el motivo central por escrito. Asimismo desconocemos el lugar en que fue compuesto el libro: puede pensarse en Babilonia o en Persia, pero mejor en Palestina por razón del conocimiento exacto de los lugares (1, 2). Incluso para determinar el tiempo carecemos de pruebas apodícticas. Hay que excluir la época en que vivieron los protagonistas, ya que el libro describe la destrucción de Nínive (612 antes de J.

C.) y supone ya la cautividad de Babilonia (13-14); alúdese además a usos religiosos como el del triple diezmo (para los sacerdotes, para la ciudad de Jerusalén y para los pobres: 1, 8), de los que sólo hallamos testimonios posteriores en la Misná, en el Libro de los Jubileos, apócrifo, y en Flavio Josefo. Por otra parte, no parece que pueda vislumbrarse en el libro una época de persecuciones o de facciones religiosas (fariseos, saduceos), como el tiempo de los Macabeos, por lo que hay que considerarlo como compuesto anteriormente. Lo más corriente es pensar en los años 250-150 a. de J. C.

Bibliografía

B. Galdos, Comm. in T., París 1930 (Cursus S. S.). A. Miller, Das Buch T., Bonn 1940. A. Vaccari, La S. Bibbia, III, Firenze 1948, p. 231-67. A. Clamer, Tobie (La Ste. Bible ed. Pirot. 4), París 1949, pp. 386-480. H. Bückers, Die Bücher Esd., Neh., Tobías, Jud. und Esther (Herders Bibelkommentar, IV. 2), Freiburg i. Br. 1953, pp. 179-247
G. Priero. Tobia (La S. Bibbia), Torino 1953.
G. Prado, Tobías, EstB (1950). J. Pérez de Urbel, Leyendo la Biblia, Tobías (Consig. 1955).

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