PROVERBIOS
(Hebr. mišlê.) Es una colección de dichos sapienciales ( mašal ) que hasta el s. xvi se vino atribuyendo a Salomón, fundándose en el título (1, 1). Aparte la introducción (1, 1-7) en la que se expone el fin del libro (1, 2-6) y un compendio del mismo (el principio de la sabiduría es el temor de Dios : 1, 7), pueden distinguirse nueve secciones, por razón de autor, materia y estructura práctica. En la primera (10, 1-9), anónima, la sabiduría bajo forma de instrucción paterna (cf. 1, 8.10; 2, 1, etc.) reprueba a los pecadores (1, 10-19) y exhorta a que se atienda a sus consejos (1, 20-33). Indícanse los frutos de quienes la escuchan: entenderán en qué consiste el temor de Dios , evitarán los malos caminos, elegirán los buenos y se alejarán de las mujeres ajenas (2). La sabiduría acarrea toda clase de bienes y aleja los males. Es más estimable que todas las riquezas. Los que la acatan serán glorificados y llegarán a la vida (3.4). He aquí otros consejos de la sabiduría: evitar la intimidad con las adúlteras (5, 1-23; 6, 20-35; 7, 1-27), los matrimonios improvisados, la pereza, el engaño y otros pecados (6, 1-19).
La gloria de la sabiduría consiste en haber estado presente en el acto de la creación del mundo. Invita a los hombres a su banquete. Pero también la necedad tiene su banquete al que trata de arrastrar a todos los hombres (8-9). La doctrina se propone en estrofas de unos diez versos (1, 8-19; 3, 1-10; 3, 11-20.21-35; 4, 1-9.10-19...). En la segunda (10, 1-22, 16), atribuida a Salomón (10, 1) se cuentan varios aforismos sobre la vida y sus costumbres. Está escrita en dísticos; en los capítulos 10-15 en forma antitética, y desde los capítulos 16-22, 16 en adelante, en paralelismo sinónimo. La tercera (22, 17-24, 23), atribuida a los sabios (22, 17), contiene varios consejos. Su forma literaria es casi siempre de cuatro incisos (22, 22.23; 22, 24.25; 22, 26.27). La cuarta (24, 23-34), atribuida igualmente a los sabios, desarrolla el argumento precedente y se presenta bajo la misma forma literaria. La quinta (25-29), atribuida a Salomón, expone el mismo argumento que la segunda, y literariamente se desarrolla casi con la misma forma. Hay en ella más parangones y antítesis, que generalmente se presentan con dísticos.
La sexta (30, 1-10), debida a Agur, describe 485Bla sabiduría de Dios y la medianía del hombre.
Se expresa por medio de sentencias de cuatro incisos cada una. En la séptima (30, 10-33), anónima, prevalecen las sentencias morales expresadas con paralelismo sinónimo y sintético. La octava (31, 1-9) es una exhortación a los príncipes, en forma tétrica. Su autor es Lamuel. La nona (31, 10-31) elogia las dotes de la mujer fuerte en forma acróstica. No es, pues, todo el libro de Salomón. Prov. 25, 1 dice que las sentencias de la quinta sección fueron coleccionadas durante el reinado de Ezequías (700 a. de J. C.).
Las parábolas, al menos las más de ellas, son de Salomón (cf. I Re 5, 9-14; Vaccari). Fueron coleccionadas por otros y transmitidas a la posteridad, según se desprende del hecho de que muy a menudo se repiten versos enteros con las mismas o semejantes palabras (10, 1-15, 20; 10, 2-11.4; 13, 14-14, 27; 14, 12-16, 25), y de la manera que tienen de hablar de los reyes (14, 28.35; 16, 10.15...), donde es evidente que se alude a los reyes de Israel . No se sabe quiénes son los sabios de las secciones tercera y cuarta. Se los viene nombrando ya desde los tiempos de Salomón (I Re. 5, 11).
Existieron en los tiempos de Isaías (Is. 29, 14), y de Jeremías (Jer. 8, 8.9; 18, 18...). Así pudo aparecer la literatura sapiencial ya en los orígenes de la monarquía. Es notable la sabiduría de Amen-en-ope (Amenofis) que tiene mucha semejanza con la tercera sección (cf. A. Mallon), y que debe ser considerada como de la dinastía egipcia 22 (945-745 antes de J. C.) o a la 26 (663-525). Pero queda excluída toda posibilidad de que la composición de los Proverbios dependa de la egipcia (cf. H. Duesberg, pp. 459-468). Dígase otro tanto de las secciones sexta y nona. De Lamuel sabemos que tal vez nació en Masá (31, 1), a cuya tribu es probable que perteneciera Agur (30, 1). Si se identifica con el Masá (Gén. 25, 14) que fué de los descendientes de Israel , habrá que situar la localidad al lado de allá del Jordán , en el desierto de Arabia (F. M. Abel, Géographie de la Palestine , I, París 1933, p. 296). Esas secciones estuvieron separadas en su origen, como lo prueba el hecho de que la misma sentencia se repite en diferentes secciones (13, 24 [II] - 23, 13 [III]; 15, 1 [II] - 26, 15 [V]; 15, 28 [II] - 26, 21 [V]; etc.), y el que el texto de los LXX es distinto del T.
M. (LXX: I, II, III, VI, IV, VII, VIII, V, IX). En cuanto al tiempo y al modo de la composición, puede 486Acon gran probabilidad establecerse lo siguiente. Muchos de los proverbios ya se habían coleccionado en el s. ix (segunda sección). A esta breve sección se agregó la de los sabios (tercera). La segunda serie de los proverbios fué coleccionada en tiempo de Ezequías . En el s. vi a. de J. C. existía ya el libro entero. Hácese mención de él en Eclo. 47, 57 (hacia 200 a. de J. C.). Los consejos contenidos en Prov. tienen a veces por objeto la prudencia ordinaria sin ningún sentido ético (6, 1-5; 6, 6-11; 10, 4.9), pero en la mayoría de los casos son de índole ética y comprenden todas las virtudes morales. El temor de Dios , es decir, la religión, es el fundamento de todas las virtudes (1, 7; 9, 10; 15, 33). A la adquisición de la virtud todos pueden llegar mediante la instrucción y la disciplina (1, 8; 2, 1; 3, 15; 8, 33; 12, 1...). La sabiduría puede ser especulativa y práctica. La primera tiene por objeto el conocimiento de los principios morales (1, 3-5; 2, 1-6...) y se basa en la experiencia de los hombres (1, 8; 2, 1; 4, 1-4).
El objeto de la segunda es el hábito del bien vivir (11, 1; 16, 11; 20, 10.14), y así deben practicarse en la sociedad la justicia y la fidelidad; deben evitarse los crímenes (6, 17), la arrogancia, la soberbia y los caminos perversos (8, 13). Recomiéndase la bondad para con los hombres (3, 3), para con los animales (12, 10), y particularmente la compasión para con los pobres (22, 22). Prohíbese la venganza, incluso sobre los enemigos (24, 17). Se alaba la actividad y se reprueba la pereza (6, 6-11...). Se aconseja la templanza en el beber y el comer (19, 21; 23, 29-35). Se supone la monogamia. La esposa es la mujer de la adolescencia (5, 17-19; cf. 30, 11-31). Hay que abstenerse del trato ilícito con la mujer extraña (5, 1-23; 6-7, 27). Háblase de la mujer en cuanto gobierna la casa. Ella edifica y ella arruina la casa (14, 1; 18, 22; 19, 13; 30, 11-31): debe educar a los hijos (1, 8; 10, 1; 15, 20) y debe ser honrada como el padre (19, 26; 23, 22; 28, 24; 30, 11). Los hijos deben ser educados para el bien (22, 6-15), no sea que lleguen a convertirse en la vergüenza de sus padres (10, 1; 15, 20).
En una palabra las máximas tienden a conseguir la felicidad de la vida familiar, la privada y la social. Aun cuando la sabiduría se basa en la religión (1, 7; 2, 5; 5, 12), tiene por fin el culto de Dios (3, 9; 15, 8; 21, 3.27) y conoce los preceptos de la ley de Moisés (en Prov. 30, 6 se hace alusión a Dt. 4, 2; 13, 1), funda también sus preceptos en la sabiduría universal y en la 486Brazón. La sabiduría de los sabios fué adquirida mediante la investigación, pero siempre reclama a Dios como su último fin y su autor. En realidad es Yavé quien da la sabiduría, y la ciencia y la inteligencia proceden únicamente de su boca (2,6). Dícese a menudo de la sabiduría que es el atributo de Dios creador (8, 22-30), autor y vengador del orden moral (15, 3; 16, 1-9; 22, 2; 24, 12). A veces se presenta por sí misma y distinta de Dios (8, 1-9, 6). Procede de Dios, es esencialmente su sabiduría, intrínseca a Él, y al mismo tiempo distinta. En esta doctrina puede verse oculta la distinción de las Personas en Dios, que Cristo nos reveló (cf. Vaccari, Libri didattici , p. 44).
Bibliografía
A. Mallon, en Bíblica , 8 (1927) 3- 30. A. Vaccari, Salomon, Proverbiorum auctor , en VD , 8 (1928) 111- 16. A. Robert, Les attaches littéraires bibliques de Prov. I-IX , en RB , 43 (1934) 42-68. 172-204;
44 (1935) 344-65. A. Vaccari, De libris didacticis , 2.ª ed., Roma 1936, 42-54. H. Duesberg, Les Scribes inspirés. I, Le livre des Proverbes , París 1938. H. Renard, Le livre des Proverbes ( La Ste. Bible , ed. Pirot, 6), ibíd., 1946. F. Spadafora, Collettivismo e individualismo nel V. T. , Rovigo 1953, pp. 298-305.