SAÚL
541B(Hebr. Shā’ûl , «pedido» [a Dios]). Primer rey de Israel (h. 1030) [1020?] — 1004 a. de J. C. Los textos bíblicos que hablan de él (especialmente I Sam. 9-31; II Sam. 1; I Par. 10.12), provenientes de fuentes diversas, sólo nos ofrecen una selección de episodios subordinados a la elevación del rey David , sucesor suyo, al poder; casi lo imprescindible para mostrarnos cómo Saúl fracasó en la empresa después de unos comienzos prometedores. Era un benjaminita de Gueba (hoy Tell-el-Ful), tristemente famosa por el monstruoso hecho ocurrido en ella en el tiempo de los Jueces (cf. Jue. 19-21). La presión filistea, que en el s. XI realizaba los máximos esfuerzos por contener la expansión israelita, determinó el tránsito de los Jueces al de la monarquía. El elegido fué Saúl, que habiéndose ido en busca de unas pollinas que se habían extraviado, fué a dar a Rama, residencia de Samuel, entonces ya anciano. Apenas hubo visto el profeta a Saúl, reconoció en él al hombre que el día anterior le había indicado el Señor (9, 1-21). Invitóle a cenar consigo, y al amanecer del día siguiente, antes de despedirlo lo ungió por rey de Israel (9, 22-10, 13).
Pero esta designación no era más que un gesto profético: la elección se hizo en Masfa, en presencia de los representantes de las doce tribus, mediante un sorteo que fué favorable al mismo Saúl (10, 17-27). Un mes más tarde alcanzó Saúl la primera victoria librando a Jabes Galad de los amonitas (11). La guerra de liberación contra los filisteos comenzó, al parecer, unos años más tarde (1015, ó 1019), y se prosiguió ininterrumpidamente durante todo el reinado de Saúl (14, 52) con varias alternativas. Gracias a una decisión arriesgada de su hijo Jonatán, Saúl alcanzó un primer éxito en Macmas (13-14); pero ya en aquella ocasión delinquió gravemente (13, 5-14) frente a una prueba a que Dios le había sometido en el día de su unción (10, 8); perdió además completamente los beneficios de la victoria y estuvo a punto de ser parricida por ligereza y un celo indiscreto (14, 21-46). Otra magnífica victoria sobre los amalecitas resultó funesta a causa de una grave desobediencia de Saúl, que no cumplió con exactitud el anatema (v.; voto de completa aniquilación de los vencidos); y en tal ocasión hubo de escuchar a Samuel anunciándole que ante Dios había dejado ya de ser rey (15).
Del segundo éxito contra los filisteos, en el valle del Terebinto, fué forjador un joven de Belén, David, que derribó a Goliat (17). Aquel joven había sido ungido secretamente por Samuel para ocupar el puesto 542Ade Saúl (16, 1-13). Cayó en gracia a Saúl el joven en la primera entrevista, y hasta llegó a ser yerno del rey (18, 17-30), pero luego la celotipia de éste lo llevó a odiarlo a muerte y perseguirlo sin tregua (19-26) hasta que se refugió entre los filisteos (27). Poco después de un año atacaron los filisteos a Saúl, que, al verse derrotado en Gélboe, se mató a sí mismo por no caer en poder del enemigo (h. 1004 a. de J. C.). Los cadáveres de Saúl y de sus hijos fueron suspendidos por escarnio en las murallas de Bêt-Shán, y unos hombres audaces los llevaron a Jabes, donde recibieron sepultura (28-31). Tal fin fué castigo de los muchos pecados de Saúl (I Par. 10, 13 s.); graves desobediencias, envidia y odio a muerte, sacrílega crueldad (I Sam. 22, 6-19), consulta necromántica (28). Incluso como rey Saúl fué un fracasado: fué elevado para ser libertador y dejó a Israel en mayor ruina.
No obstante, dió a la causa de Israel, además de la entrega de sí mismo, momentos de gloria y prosperidad, y, lo que es más, la demostración de que el porvenir de las tribus radicaba en la unión: fué un pionero valeroso que señaló el difícil camino que después corrió David felizmente.
Bibliografía
L. Desnoyers, Histoire du peuple hébreu , II, París 1930, pp. 29-141. G. Bressan, Samuele ( S. Bibbia ), Torino 1953.