Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

SAMARIA, Samaritanos, Samaritano (Pentateuco)

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1. Samaría (hebr. Shómerón , acad. Samerina ) indica la capital del reino de 533AIsrael (v.). Es la actual Sebastijeh, 10 km. al noroeste de Naplusa. Fué construida por Omri (880 a. de J. C.) sobre el monte (443 m. sobre el mar), que adquirió de Semer por dos talentos (I Re. 16, 24). Desde el tiempo de Sargón (721) indica la región central de la Cisjordania. Samaría está en el centro del reino septentrional, con buenas vías de comunicación hacia el norte y el oeste, y en posición estratégicamente invulnerable. Las excavaciones arqueológicas (1908-10 y 1931-35) han dado a conocer las vicisitudes de la ciudad desde su fundación hasta el tiempo de Herodes, y han descubierto 75 ostraka en hebreo antiguo, marcas de las jarras de aceite y de vino de los almacenes reales, y recuerdan 22 nombres de poblaciones del territorio de Manasés . El hallarse en posesión de Galilea , su influencia en Transjordania y su predominio comercial favorecido por la alianza con los fenicios, dan a Samaría una gran riqueza de la que dan testimonio el hallazgo de 200 piezas de marfil (cf. Am. 3, 15; 5, 11; Is. 28, 1; I Re. 22, 39). Ajab es derrotado por Salmanasar III en Carcar, sobre el Orontes.

En el ángulo noroeste de la ciudadela se ha descubierto un amplio estanque (10 × 5 m.), en parte abierto en la roca, que tal vez sea el estanque de Samaría (I Re. 22, 38) en que lavaron el carro de Ajab después de la batalla. Salmanasar V aprisionó al rey Oseas y asedió la ciudad, que cayó al cabo de tres años (722-721) en manos de Sargón (II Re. 17, 5 s.). Los habitantes fueron deportados a las ciudades de Asiria y Media y vinieron colonos asirios a Samaría. Samaría se convirtió bajo los asirios en la provincia de Samerina, a la cual se unió una parte de las conquistas de Teglatfalasar (733) que provisionalmente estaban subordinadas a Mageddo. Dan fe de la administración mesopotámica una carta escrita en neobabilonio dirigida a Abi-Ahi y muchos cascos atribuidos a la época asiriobabilónica.

Durante la dominación persa Samaría está administrada por uno de los pahawoth de Abar nahara, ἔπαρχοι πέραν τοῦ ποταμοῦ, que «comen sal de la corte», es decir, que viven de las rentas del estado (Esd. 8, 36; 4, 14; Neh. 2, 7), y tiene entre sus gobernadores a Sambalat, conocido por su intromisión en los asuntos de los hebreos, a quien sucede su hijo Delaia, mencionado en un papiro de Elefantina (Neh. 4, 1; 6, 2). En el 331 Samaría primeramente se somete a Alejandro, y luego, al tratar de rebelarse, es demolida y entregada a una colonia de 6.000 macedonios. En el 145 tal vez es sometida 533BGalilea a Samaría, a la que por otra parte son sustraídos tres territorios que Demetrio II agrega a Judea (I Mac. 10, 30; pero cf. II, 34). La importancia de la provincia de Samaría consiste en que para Antíoco III representa a todo el resto de Palestina . Flavio Josefo presenta en el 167 a Apolonio como estratega de Samaría, y allí alterna con Nicanor, agente encargado de los negocios reales, mientras Andrónico organiza el culto de Zeus Xenios en el monte Garizim (I Mac. 3, 10; Ant. XII, 7, 1; 5, 5).

Juan Hircano (108) se apodera de Siquem, del Garizim y del país de los cúteos (samaritanos) y destruye la ciudad de Samaría tras el asedio de un año, sin aniquilarla. Una bella torre redonda, numerosos fragmentos de jarras, monedas e inscripciones dan fe del renacimiento de la ciudad. Pompeyo (63) une Samaría al gobierno de Siria; Gabinio (57-55) da el nombre de gabinianos a los habitantes de Samaría. En tiempos de Herodes, en la parte en que toca a Galilea y a Judea, comienza por Genin y termina hacia la toparquía de Acrabáctenes; por el nordeste limita con el territorio de la ciudad de Escitópolis, y por el noroeste con el extremo de Fenicia. En el año 27 es completamente transformada por Herodes y se la llama Sebastes, en honor del emperador Augusto. En el N. T. Lc. 17, 11; Jn. 4, 4.5.7; Act. 1, 8; 8, 1; 9, 31; 15, 3 indican sin duda esta misma región.

2. Los samaritanos son el resultado de la fusión de los sobrevivientes samaritanos, después de la conquista de Sargón, con los colonos procedentes de Jamat y Sefarvaím (720), de Tamud y de Madián (715), de Babilonia y de Cuta (709) (II Re. 17, 24-41). Flavio Josefo los llama también cúteos, tal vez por la preponderancia de los habitantes de Cuta, la actual Tell Ibrâhîm (Ant. IX, 14, 3; XIII, 9, 1). Los samaritanos profesan una religión que es fundamentalmente hebrea, pero con influencias de divinidades asirías, como Nergal, el dios del mundo subterráneo, y tal vez también Hadad, el dios de la lluvia, no obstante haber destruido sus imágenes (II Par. 36, 6.7). Van en peregrinación al Templo de Jerusalén (Jer. 41, 4). Después del retorno de los hebreos de la cautividad no se permite a los samaritanos tomar parte en la restauración del Templo (Esd. 4, 2). Se agudiza la rivalidad entre samaritanos y judíos, lo cual viene a ser la continuación del antagonismo de antes entre el norte y el sur, que estaba aún latente antes de la unidad alcanzada por David y que se manifestó con la división en dos reinos después 534Ade la muerte de Salomón .

Sambalat intenta una conciliación mediante el matrimonio de su hija con Manasés , descendiente del sumo sacerdote, pero Nehemías (13, 28), destierra al yerno del gobernador, quien, según la crónica samaritana, se convirtió en sumo sacerdote del culto nacional de los samaritanos e iniciador del cisma. Indignado Sambalat proclama la independencia de los samaritanos y construye en el monte Garizim el templo yaveísta que domina sobre la ciudad de Siquem, y llama para oficiar en él a miembros de la familia de Arón, que también habían sido expulsados de Jerusalén . La crítica tiende a atribuir al templo del Garizim un origen helenista y a explicar el cisma mediante una evolución lenta. La iniciativa de la construcción debió de ser idea de los sacerdotes huidos de Jerusalén, despechados por el rigor de Nehemías, y refugiados junto a los samaritanos, donde se supone que consiguieron permiso de los seléucidas para construir el templo. Los samaritanos no sufren persecuciones ni de Pompeyo ni de Herodes, pero muchos de ellos son muertos (36 desp. de J. C.) por orden de Pilato, en una reunión convocada por un impostor en el monte Garizim (Fl. Josefo, Ant. XVIII, 4, 2).

Toman parte en la rebelión general de Palestina contra los romanos, y Cereal, jefe de la V legión macedónica, los asedia en el monte Garizim y mata a más de 11.000 de ellos el 15 de julio del 67. (Fl. Josefo Bell. III, VIII, 2, 3). Viven aún en corto número en Naplusa. La tirantez existente entre los samaritanos y los judíos se halla expresamente mencionada en el Ecl. 50, 27 s.; Jn. 4, 9, manifiesta la desavenencia entre los pueblos de las dos regiones. Por el Evangelio de S. Juan, además del episodio de la samaritana en el pozo (Jn. 4, 9-42), conocemos algunos pormenores de los samaritanos: se consideran como descendientes de Jacob y esperan un Mesías a quien llaman Ta’eb, «el que vuelve», y a quien consideran como un segundo Moisés , aunque inferior al antiguo legislador, como un gran profeta, y, al mismo tiempo, como un príncipe temporal y conquistador; se mantienen fieles al culto de Dios en el monte Garizim al que llaman montaña bendita y santa, sosteniendo que es el lugar de los sacrificios de Set y de Adán , el de la ciudad de Melquisedec , del sacrificio de Abraham , etc.

Jesucristo es acogido por los samaritanos durante dos días, pese a que no es recibido en una ciudad del norte de Samaría (Lc. 9, 51-56) y a que no envía a los discípulos a Samaria 534Bpara el experimento de apostolado (Mt. 10, 5). No responde a la acusación de que era un samaritano (Jn. 8, 48 ss.). Los samaritanos representan una espléndida figura en la parábola del buen samaritano (Lc. 10, 30-37) y en la curación de los diez leprosos.

3. El Pentateuco samaritano es el texto hebreo del Pentateuco que, tal vez desde el año 400 a. de J. C., vienen usando los samaritanos, que sólo reconocen estos cinco libros de las Sagradas Escrituras. Pedro della Valle (1616), descubrió en Damasco el Pentateuco samaritano completo. Posteriormente se han descubierto otros manuscritos que han sido traídos a Europa. Pero ninguno de éstos es anterior al s. X. El más antiguo es el que se conserva en Naplusa, que consta de veintiuna piezas apergaminadas, con seis columnas en cada piel por 60-70 líneas en cada columna. Sólo es legible como una mitad del mismo. Los samaritanos hacen remontar su origen hasta Abisad, hijo de Fines, en el año 13 de la toma de Canán. Los manuscritos del Pentateuco samaritano están escritos en caracteres hebreos antiguos y no tienen puntos de vocales ni acentos. El texto está dividido en 966 secciones o qasin . El Pentateuco samaritano tiene unas seis mil variantes respecto del texto masorético, y mil novecientas de ellas tienen la conformidad de los LXX: no es posible establecer una regla mecánica de preferencia.

Adviértense variantes gramaticales con añadiduras de letras quiescentes, cambio de formas raras o poéticas, supresión de las letras paragógicas. Esto podría depender de un deseo de poner al día la escritura como en el primer rollo de Isaías de Khirbet Qumrân. No faltan adiciones de glosas e interpretaciones del texto, añadiduras tomadas de pasajes paralelos, correcciones de pasajes cosmológicos, especialmente de la edad de los patriarcas lo mismo que en algunos apócrifos, como el Enoc etíope y el libro de los Jubileos. Citas de Filón de Alejandría y alusiones del Nuevo Testamento (Act. 7, 4.32.35; Hebr. 9, 3), que sólo hallan su correspondencia en el Pentateuco samaritano, inducen a admitir como probable la existencia, en los ambientes judíos, de un tipo de texto próximo al samaritano diferente del que pudo servir de fundamento para el texto masorético y para el de los Setenta. Existen variantes conformes con las creencias y el culto de los samaritanos. Han sido eliminados los antropomorfismos: pónese el monte Garizim en vez del monte Hebal (Dt. 27, 4). Son notables las añadiduras a Ex. 20, 17 y a Dt. 5, 21. Los 535Acambios comprobados en el Pentateuco samaritano son sistemáticos y carecen de verdadera autoridad, y sigue siendo preferible el texto masorético.

Bibliografía

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