Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

APÓCRIFOS

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Para los católicos los apócrifos son escritos que, por no haber sido inspirados, no fueron admitidos en el canon de los libros sagrados, a pesar de que, o por el título o por el contenido, ostentasen autoridad divina e inspiración, y no obstante haber sido considerados como canónicos algún tiempo, al menos por algunos escritores o por alguna iglesia particular. Los protestantes llaman apócrifos a nuestros deuterocanónicos (v. Canon) y seudoepígrafes a nuestros apócrifos. Este concepto responde a la denominación de «libros extraños» (hisonim) aplicada por los hebreos a partir del s. II desp. de J. C. a los libros que no figuraban en el canon palestinense y cuya lectura había sido prohibida. Pero el nombre an-ÓKpi'00?, «desconocido, metido en un escondrijo», es igual a genuzim, «rótulos retirados de la circulación, y el genizah, escondrijo». Entre las sectas religiosas y filosóficas de la antigüedad se aplicó el término a los escritos fundamentales que contenían las doctrinas esotéricas. Apócrifos del Antiguo Testamento.

El procedimiento literario que consiste en atribuir 42Auna composición a un personaje bíblico, frecuente después de la cautividad (Job, Cant., Eclo.), se hace muy corriente a partir del s. II después de J. C. Aun sin excluir la probabilidad de que ciertos escritos daten de la época persa y helenista, el florecimiento de esta literatura seudónima abarca los dos siglos anteriores y los dos posteriores a Jesucristo. El género literario predominante es el apocalíptico. Mas no faltan composiciones con tendencia haláquica o jurídica, con el fin de explicar la ley mosaica o precisar sus aplicaciones; escritos haggádicos o morales, para ampliación seudohistórica de las narraciones bíblicas, que sirven de base a pías exhortaciones, es decir, a la enseñanza y especulaciones éticas; las composiciones nómico-sapienciales; comentarios... Luego es característica la mezcolanza de géneros diferentes en una misma composición. Estos libros, traducidos del hebreo o del arameo al griego y aceptados, al menos en parte, por los cristianos, frecuentemente por conducto de los judeocristianos, han llegado hasta nosotros en Ja versión griega y en las recensiones latinas, etíopes, siríacas, paleoslavas, etc.

Muchos fueron retocados por los cristianos, y hasta reconstruidos a fondo, si no compuestos íntegramente, y con visibles referencias a las traducciones judaicas. Se ha convenido en excluir del cuerpo de los apócrifos del Antiguo Testamento a los escritos hebraicos, entre los cuales las palabras de Ahiqar (pap. de Elefantina, s. V a. de J. C.), las obras de Flavio Josefo y de Filón de Alejandría. Excluyese igualmente la literatura puramente sectaria de los esenios de Kh. Qumran, pero no los libros apócrifos sin impronta esénica hallados en las mismas grutas. Los apócrifos así delineados se dividen en Palestinenses (I) y Alejandrinos (II), pero, por razones de comodidad, los libros homónimos deben colocarse juntos. Libro de Enoc (el I Enoc, Enoc etíope) es el más importante y el que más influencia ha ejercido: es típico de la teología judaica en los últimos siglos a. de J. C. Está dividido, por el mismo autor, en cinco partes. En la primera (cc. 1-36), Enoc anuncia el juicio final, narra la caída de los ángeles y describe los viajes de ultratumba.

La segunda (cc. 37-69) presenta los novísimos en tres magníficas «parábolas»: la suerte de los justos y de los malos, el juicio mesiánico realizado por el Hijo del Hombre, la felicidad de los elegidos. La tercera (cc. 72-82) contiene un tratado de astronomía. En la cuarta (cc. 83-90) se describe el diluvio y la historia del mundo , ésta bajo los símbolos de 42Bbestias, y análoga, por su contenido, al « apocalipsis de las semanas» en los cc. 91 y 93. La quinta (cc. 91-101) contiene exhortaciones a los justos y maldiciones contra los malos. Hay en él también algunos pasajes tomados del libro de Noé (p. ej., c. 106 s.), apenas retocados. Los comienzos de la literatura de Enoc se remontan a época antigua. La redacción de sus partes debe encuadrarse en los dos siglos anteriores a Jesucristo. El último retoque y compilación definitiva del «corpus» heterogéneo actual debe atribuirse a un esenio, tal vez del s. I desp. de J. C., aunque sin excluir el ambiente judeocristiano que medió entre las dos guerras (70-132).

Entre los ms. de Qumran parece que falta el original del I de Enoc, no obstante haberse hallado fragmentos de la I parte y de la IV ; fragmentos de un amplio tratado de astrología, resumido en la III parte; fragmentos de las parábolas de Enoc, diferentes de las de la II parte; del libro de Noé (en hebr., en tanto que los otros están en arameo ). Hasta el s. III después de J. C. circulaban separadamente unas partes del libro de Enoc, desde entonces traducido al griego, y especialmente la V parte bajo el título de «La epístola de Enoc», conservada en el pap. Chester Beatty-Michigan (ed. C. Bonner, Londres 1937). Libro de los secretos de Enoc (el II de Enoc). Describe el viaje de Enoc a través de los siete cielos, representando así un conjunto característico de las creencias de un ambiente hebraico de la diáspora alejandrina en el s. I desp. de Jesucristo, que pudiera ser atribuida a los Terapeutas (v.), egipcios hermanos de los esenios. Este libro, escrito en griego, conocido de Orígenes y de los talmudistas, luego perdido y olvidado, fué hallado a fines del siglo pasado en la versión paleoeslava. Jubileos (Leptogénesis).

Así llamado porque divide la historia del mundo según los períodos de cuarenta y nueve años: desde la creación hasta la rerevelación del monte Sinaí habría cuarenta y nueve jubileos. Bajo la forma de las revelaciones que hizo Dios a Moisés contiene la paráfrasis del Génesis y de los primeros capítulos del Éxodo. La primera redacción tal vez se remonte al s. III a. de J. C., y la definitiva a mediados del n. Este escrito gozaba de gran autoridad entre los esenios, quienes se guiaban por el calendario característico en él contenido. Entre los manuscritos de Qumrán se han hallado hasta ahora fragmentos de cuatro ejemplares de los Jubileos, que exhiben un texto hebraico notable por su identidad con las 43Aversiones secundarias que se han conservado, la etíope y la latina. Hay también restos de una recensión siríaca (E. Tisserant, en RB 30 [1921] 55-86.206-32). Testamento de Leví. Este escrito aramaico sólo se ha conservado en los fragmentos de la Geniza de El Cairo (en JQR, 12 [1900] 651-61; 19 [1907] 566-83; R. H. Charles en la edición de los Testamentos de los Patriarcas, juntamente con un fragmento griego) y de las grutas primera y cuarta de Qumrán. Es muy antiguo, quizás de la época persa.

Hacen uso de él el I de Enoc y Los Jubileos, y aparece resumido en el Testamento de Leví del apócrifo siguiente. La parte principal contiene las prescripciones rituales para el servicio del templo. Testamento de los XII Patriarcas. Se presenta bajo la forma de amonestaciones dadas por los hijos de Jacob en el lecho de muerte , sistemáticamente divididas en tres partes: historia, parénesis, profecía. Este libro contiene «summam theologiae moralis» de los ambientes pietistas del judaísmo, poco antes de asomar la era cristiana. Las consideraciones éticas sobré las virtudes y los vicios, y las especulaciones dualísticas acerca de la existencia de dos espíritus y de dos vidas, van entrelazadas con elementos haggádicos (p. ej., guerras de Patriarcas en el Testamento de Judá), rituales, polemistas (contra el sacerdocio oficial), escatológicos (los dos Mesías, tre? o siete cielos). Los prototipos de algunos de los testamentos son probablemente bastante antiguos. Una fase de esta literatura ha sido fijada por E. J. Bickerman en los comienzos del s. II a. de J. C. (en JBL, 69 [1950] 245-60). La compilación actual data, como de ordinario, de les comienzos del s. II a. de J.

C., y se remonta más bien al período de entre las dos guerras judaicas, pues parece que faltan los ejemplares de los Testamentos entre los manuscritos de Qumrán. Del texto original, probablemente hebreo, se ha conservado la versión griega, de la cual proceden Ja aramea y la eslava. Salmos de Salomón. Colección de 18 salmos redactados en hebreo por uno o varios autores de cariz farisaico, entre los años 80 y 40 del s. I a. de J. C., bajo la impresión de la ocupación de Jerusalén por Pompeyo (a. 63). La versión griega se halla en las ediciones de los LXX; la siríaca en la edición de J. R. Harris y A. Mingana, Manchester 1916-1920. (En los manuscritos siríacos figuran entre ellos las Odas de Salomón, escrito cristiano sectario del s. III después de J. C.). Asunción de Moisés. Antes de morir, Moisés revela a Josué las vicisitudes de Israel desde la 43Bconquista de Palestina hasta la muerte de Herodes el Grande (4 a. de J. C.). Sólo queda de él la traducción latina en un manuscrito de la Ambrosiana. Ascensión de Isaías. En un escrito cristiano del s. IIi-iv se incorporó la narración del martirio de Isaías, de origen judaico (s. I desp. de J. C.).

Se conserva completo en la versión etíope y fragmentariamente en la griega (pap. Amherst 1) y en la latina. Vidas de los Profetas. Las breves narraciones de las vidas de los profetas, recogidas entre las tradiciones populares hebreas, fueron ampliadas con rasgos doctrinales y exegéticos en los ambientes judeocristianos hacia el fin del s. I desp. de J. C. Existe una reciente edición del texto griego, debida a C. C. Torrey, Filadelfia 1946. Antigüedades Bíblicas de Salmos — Filón. Resumen haggádico de los primeros libros de la Biblia con la historia de los judíos tratada por extenso. Probablemente fueron escritas en los últimos años del s. I desp. de J. C. Consérvanse en la versión latina (G. Kisch, Notre-Dame, Indiana 1949). IV de Esdras. Tal vez sea éste el libro más bello que nos ha transmitido la literatura apócrifa hebrea. Fué grandemente difundido tanto en el Oriente como en el Occidente cristiano, y en el curso de su transmisión recibió algunas añadiduras cristianas. El apócrifo judío no contiene más que los cc. 3-14 de la versión latina (en el apéndice de Ia Vulgata). Los cc. 1-2 constituyen el V de Esdras, y los cc. 15-16 el VI de Esdras. Divídese en siete visiones.

Con un lenguaje enérgico, el autor, que es un hebreo ortodoxo de la escuela moderna (h. el año 100 desp. de J. C.) pregunta a Dios la causa de las calamidades que oprimen al pueblo elegido, discute el problema del mal sin llegar a soluciones satisfactorias, contempla la era escatólógica inminente, el juicio (del que salen pocos que se salven), Ja gloria futura de Jerusalén. De él dependen los escritos homónimos, cristianos y muy posteriores, como El apocalipsis griego de Esdras y La visión del mismo Esdras. II de Baruc ( Apocalipsis siríaca de Baruc). Este libro, que no tiene divisiones escuetas, trata los mismos problemas que el IV de Esdras, si bien presenta una escatología diferente y ofrece un apocalipsis original de la historia del mundo (cc. 53-76). Su autor debió de vivir bajo el imperio de Trajano o el de Adriano, pues pertenecía a la escuela rabínica más rigurosa. No se ha conservado más que en un manuscrito, el de la Peshilto milanesa, juntamente con el IV de Esdras. En cambio se halla en varios 44Amanuscritos, La epístola de Baruc a las nueve tribus y media (cc. 78-87).

Un poco posteriores son dos escritos homónimos: el III de Baruc (Apocalipsis griego de Baruc) y el IV de Baruc (Restos de las palabras de Baruc, Paralipómenos de Jeremías). Parecen ser también del s. II desp. de J. C. el Testamento de Job, conservado en griego, y la Vida de Adán y Eva, en latín, griego, armenio, eslavo (publicada bajo el título erróneo de Apocalipsis de Moisés). III de Esdras. Presenta las traducciones griegas de varias secciones de los libros canónicos: Par.-Esd.-Neh. y además un punto propio (cc. 3, 1-5, 6): la disputa de los tres guardias del cuerpo en presencia de Darío I ; en la tercera disputa sale victorioso Zorobabel con el encomio de la Verdad-Sabiduría. En los LXX se le coloca en el primer puesto como I de Esdras, en la Vulgata va en el apéndice como III de Esdras. Libro III de los Macabeos. Esta novela edificante expone una supuesta persecución de los hebreos alejandrinos por parte de Tolomeo IV Filopátor (221-204), concluida con un rescate milagroso, del que se hace una conmem oración anual. Fué compuesto en Alejandría en el s. I o ii desp. de J. C. Es considerado como canónico en las iglesias griega, siríaca y armenia. IV de los Macabeos.

Diatriba estoica, escrita al aparecer la era cristiana, para demostrar que «la razón directa de la piedad (¿ Onías y Apolonio, martirio de Eleazar, martirio de los siete hermanos y de su madre. Hállase en varios manuscritos de los LXX, de la Peshitto, de la Vulgata. Epístola de Aristea. Es una apología del judaísmo, escrita hacia el año 100 a. de J. C., atribuida a un pagano, Aristea, oficial de Tolomeo II Filadelfo (285-245). El tema central es la historia de la traducción griega del Pentateuco llevada a cabo por los 72 traductores hacia el año 250. No puede negarse un fondo> histórico a la narración. Oráculos sibilinos. Al lado de la vasta literatura sibilina pagana circulaban desde el s. II a. de J. C. los escritos sibilinos de los hebreos alejandrinos.

Entre los 12 libros que se conservan de origen judío y que están relativamente inmunes de añadiduras cristianas figuran el III (s. I a. de J. C.), el IV (posterior al año 79 desp. de J. C.) y el V (en tiempo de Marco Aurelio). En los otros libros andan mezclados elementos judaicos, paganos, cristianos, judeocristianos, gnósticos y heréticos. También es 44Bde origen alejandrino la Oración de Manasés, que se halla en el apéndice de la Vulgata. P. Benoit publicó (en RB 58 [1951] 549-65) un fragmento papiráceo de un escrito hebreo del s. I desp. de J. C. Mencionaremos, por último, los apócrifos cristianos de los siglos m y iv, que utilizan las tradiciones judaicas: varios libros de Adán y Eva, Apocalipsis de Abraham , Testamentos de Abraham , Isaac y Jacob, Apocalipsis de Elías y de Sofonías, Apocalipsis de Sidraj, Apocalipsis de Ezequiel, Historia de José y de Asenet. [J. T. M.] Apócrifos del Nuevo Testamento.

Los apócrifos son una imitación de los libros sagrados en cuanto al asunto y en cuanto a la forma. Por lo mismo se les distingue según el canon (v.) de estos últimos, formando con ellos grupos de Evangelios, Actos, Epístolas, Apocalipsis . Trátase de satisfacer con ellos la curiosidad, completando omisiones, desarrollando alusiones de los libros inspirados — conservando quizás alguna rara vez tradiciones antiguas — ; así los evangelios apócrifos se alargan especialmente dando detalles de la infancia del Redentor, de la vida de la Virgen, de la de San José, y de la Pasión del Redentor y de su descendimiento a los infiernos. En estas narraciones suele tomar la primacía algún motivo dogmático, como el hacer resaltar la virginidad de Nuestra Señora, la Divinidad del Niño Jesús, etc., insertando milagros de toda especie, imaginarios y muchas veces grotéseos cuando no irreverentes, todo ello en abierta oposición con la lozanía, la sencillez y la insuperable precisión y concisión de los escritos inspirados.

No hay, pues, que extrañarse del rigor con que reaccionó la Iglesia desde el s. V en adelante contra los apócrifos que se habían multiplicado al correr de los primeros siglos, mandando y procurando que fueran destruidos. Por eso son muy pocos los llegados hasta nosotros, y raras veces en su lengua original. De muchos de ellos conocemos algo, y a veces sólo el nombre, a través de los escritos patrísticos, por 45Alo que resulta harto difícil el definir su contenido y su naturaleza. Los apócrifos comúnmente catalogados son los siguientes: I. Evangelios apócrifos. — Evangelio de los Nazarenos, sobre el cual Schoeps (1949) sigue sosteniendo que es un targum aramaico de Mt. en griego, traducción libre, pero sin tendencia herética, que un grupo judeocristiano perteneciente a la Iglesia de Palestina hizo en el s. I para uso propio.

San Jerónimo (f 420) pudo conocer y traducir al griego y al latín una copia de este texto en Berea (Aleppo). Evangelio de los Ebionitas, llamado también Evangelio según los Hebreos, o Evangelio de los doce Apóstoles . Según Schoeps, sería una traducción griega amañada del Evangelio de los Nazarenos con añadiduras heréticas para defender y propagar las doctrinas ebionitas. Este apócrifo nos es conocido por las citas de San Epifanio, pero pueden hallarse numerosos trozos del mismo en las homilías atribuidas a San Pedro (Kepúy/xara IleVpov), documentos ebionitas de la literatura seudoclementina (Waitz; Schoeps). Cf. H. J. Schoeps, Theologie und Geschichte des Judemchristentums, Tubinga 1949; RB, 57 (1950) 604-9. Evangelio según los Egipcios. Lo mencionan los escritores eclesiásticos de los siglos m y iv, como en uso en los ambientes heréticos de su tiempo.

Según San Epifanio (377), los sabelianos del s. III sacaban de él la doctrina sobre la existencia de una sola persona bajo tres aspectos 0 modos. Los naassenos (Philosophamena V, 7) apoyaban también en él sus especulaciones sobre la constitución del alma. Orígenes (Hom. 1 in Lc.) lo coloca a la cabeza de los evangelios heréticos. Clemente Alejandrino es el padre más antiguo que cita este apócrifo, del que ha conservado el único fragmento que conocemos (Strom. III, 6.9a. 13), y del cual sacaban los eucráticos la condenación del matrimonio. «¿Hasta cuándo seguirán muriéndose los hombres?», pregunta Salomé. A lo que Jesús responde: «Mientras tengan hijos las mujeres».

«Luego he hecho bien en no tener hijos». Y Jesús agrega: «Come de toda clase de plantas, pero no comas de la planta que contiene la amargura (el matrimonio)». Fué escrito en griego en Egipto hacia mediados del s. II. Protoevangelio de Jacobo. Es el mejor representante de los evangelios de la infancia. El título con que se le conoce le viene de su descubridor Jacobo Postel (s. xvi). En los manuscritos griegos leemos este otro: Historia de Santiago sobre el nacimiento de María. El desconocido autor finge ser el Santiago «hermano»(primo) del Señor. 45BEste apócrifo consta de 25 cc.

En los 17 primeros se presenta la historia de la Sma. Virgen antes de la Anunciación, y se da a sus padres el nombre de Joaquín y Ana: se describe la presentación de María en el Templo, sus esponsales con José, etc. En los siguientes capítulos (18-25) se reproduce la narración de los evangelios canónicos sobre la infancia (Mt. 1-2; Lc. 1-2), añadiendo o ampliando pormenores,, como, p. ej., la prueba de la virginidad de María después del nacimiento de Jesús, por medio de dos comadronas; la muerte de Zacarías en manos de Herodes por no haber querido manifestar el paradero de Isabel y del niño Juan, que lograron librarse de la matanza de los inocentes, etc.

Estos mismos temas se hallan en el Evangelio del seudo Mateo (42 cc.) que con semejante título se presenta como una versión que San Jerónimo había hecho de un protoevangelio hebreo de Mateo. Es una adaptación latina (s. Vi) del Protoevangelio de Santiago, con correcciones y añadiduras. El Evangelio de la Natividad de María es una simple revisión del precedente presentado en 10 cc. (s. IX). El Protoevangelio de Jacobo. Consta de dos escritos independientes que datan de la primera mitad del s. II ; uno sobre la infancia de María, otro sobre el nacimiento de Jesús.

La compilación actual no es anterior al s. V. Propagóse enormemente y fué muy afortunado, ya que fué inspirador de la liturgia, de poetas y de pintores. Existen tres traducciones en italiano: E. Pistelli (1919 Lanciano); L. Bonaccorsi (Firenze 1948); C. Rotunno (Venezia 1950). De él ha tomado la liturgia los nombres de S. Joaquín y de Sta. Ana y la fiesta de la Presentación de María Santísima en el Templo.

Pero la narración del apócrifo, calcada sobre los hechos del nacimiento y de la ofrenda de Samuel (I Sam. 1) no ofrece grandes garantías de historicidad (cf. J. J. Weber, La Vierge Marie dans le N. T., París 1951). Evangelio de Tomás, señalado por los antiguos como obra de herejes gnósticos del s. II. Ha llegado hasta nosotros en dos recensiones en griego, una de 19 cc. y otra de 11. Estas recensiones no ofrecen ideas gnósticas, pero cuentan numerosos milagros, casi todos pueriles, atribuidos a la infancia de Jesús, desde los cinco hasta los trece años, con los que pretenden ensalzar la omnipotencia y la omnisciencia del Divino Niño.

El texto primitivo debió de sufrir ciertas transformaciones, incluso por parte de algún autor católico del s. III. Evangelio de Pedro. Es mencionado por vez 46Aprimera (h. el año 190) por Serapión, obispo de Antioquía, que lo atribuye a los docetas. En 1887 fué hallado en la tumba de un monje de Akmim (Alto Egipto) un papiro con un fragmento de este apócrifo, que contiene la narración de la Pasión desde el momento en que Pilatos se lava las manos hasta la aparición del ángel a las piadosas mujeres después de la resurrección de Jesús. Hállanse en él rasgos de docetismo. La narración sigue la de los libros sagrados, salvo lo añadido por la fantasía. El Evangelio árabe de la infancia consta de 55 cc.

Los 9 primeros siguen la narración de Mt. y Lc. desde el nacimiento de Jesús hasta la huida a Egipto. Los cc. 10-25 narran numerosos episodios maravillosos que dicen haberse realizado en la huida y estancia en Egipto. Los restantes narran el retorno a Judea y los prodigios que se dicen obrados por Jesús hasta la edad de doce años, en los cuales depende del Evangelio de Tomás. Las historias se suceden como los cuentos de las Mil y una noches: hablase en ellas de sortilegios y de dragones, de príncipes y de princesas. Fué redactado en el s. IV o en el v, y se hallan vestigios de él en el Corán. Historia de José el carpintero, que se nos ha conservado en árabe y en latín.

En 32 cc. expone la vida, muerte y funerales de San José, afirmando que así se lo dijo Jesús a sus discípulos en el monte de los Olivos . Fué escrito en griego en el s. IV o en el v, en Egipto. Evangelio de Nicodemus , conocido con este título desde el s. XIII. Consta de dos partes primitivamente independientes. La primera (Actos de Pilatos) ofrece un recuento detallado — atribuido a Nicodemus — del proceso de Jesús ante Pilatos (cc. 1-11), de la resurrección y de la conducta del Sanedrín después de la Crucifixión (cc. 12-16). La segunda (Descendimiento de Cristo a los Infiernos) es una descripción pintoresca del descendimiento de Jesús a la mansión de los difuntos, atribuida a dos testigos oculares, Lucio y Casinio, hijos del anciano Simeón, resucitados por el Resucitado. Ambos escritos son del s. IV.

La recensión latina refiere, en su fondo, una carta (s. XIII) de Lucio Léntulo (presunto sucesor de Pilatos) al Senado romano, y en ella se describe la fisonomía de Jesús. Tránsito o Muerte de María, que en los manuscritos lleva el título de Narración de San Juan el teólogo sobre la dormición de la Santa Madre de Dios. Es una composición en griego, del s. IV o del v, sobre la muerte y asunción de Nuestra Señora. II. Actos apócrifos. — Actos de Pedro. En 46Bsu origen (fines del s. II) este apócrifo era una extensa narración de la vida y del martirio de San Pedro.

En los fragmentos que se conservan cuéntase el viaje de San Pablo a España (1-5); la venida de San Pedro a Roma, por orden del Señor para luchar contra Simón Mago (como un complemento de Act. 8, 9-23). Efectivamente el Apóstol consiguió con sus oraciones que el mago cayese precipitado del aire, adonde se había elevado por medio de sus artes mágicas, aplastándose contra el suelo (6-32). (1/ p.: Actus Petri cum Simone. Códice Vercellense, s. Vil; lo restante es dei s. IIi). Como consecuencia de su predicación sobre la continencia, muchas mujeres se separan de sus esposos, y Pedro huye de Roma ante el temor de la muerte que le asedia; pero apenas ha salido de la ciudad se encuentra con Jesús, a quien pregunta: «Señor, ¿adónde vas?» — «Domine, quo vadis?» Y el Señor le responde: «Voy a Roma para ser crucificado otra vez.» Pedro entiende la lección y . se vuelve alegremente. Lo prenden y es crucificado; y ruega y obtiene que lo pongan con Ja cabeza hacia abajo (33-41). Ésta es la 2.ª p.: Martyrium beati Apóstoli, texto griego que parece ser el original (s. II) escrito en Asia Menor. De él procede el texto latino Martyrium b. Petri ap.y* a Lino episcopo conscriptum, con muchas añadiduras. Hay quien afirma que la 1.ª p. contiene errores gnósticos, lo que niegan Vouaux y James. Ciertamente favorece los errores de los eneratitas (según ellos la Eucaristía se consagra con pan y agua). L. Vouaux, Les Actes de Pierre, introducción, textos, traducción y comentario, París 1922. Actos de los Apóstoles , ebionitas.

Este apócrifo, que parece haber sido conocido por San Epifanio, exponía las disputas que se supone hubo en el Templo siete años después de la muerte de Cristo, entre los jefes de la comunidad cristiana y los representantes de los diferentes grupos judaicos y saduceos, samantanos (!), escribas, fariseos, seguidores de San Juan Bautista y finalmente el sumo sacerdote Caifás, a quien responde Santiago con un largo discurso. AI fin de estas disputas sobre la persona y la misión de Jesús, la turba impresionada se muestra dispuesta a recibir el bautismo, pero interviene el «Inimicus homo» (es decir, Pablo) que entretiene a la turba e impone silencio a Santiago, a quien arroja por la escalinata abajo, dejándolo medio muerto, ahuyenta a los Apóstoles y obtiene del sumo sacerdote la comisión de ir a Damasco para perseguir allá a los seguidores de Jesús.

Así ha reconstruido Schoeps este apócrifo, 47Acuya existencia habían vislumbrado algunos críticos a través de las Homilías de Pedro CKrjpvyjULara Tlerpov), obra ebionita, y especialmente leyendo el libro VII. Aparte de esta sección, cree el mismo escritor hallar en otras partes de las Homilías algún reflejo de otros pasajes, abiertamente antipaulinos, de estos Actos de los Apóstoles , los cuales, según el mismo Schoeps, se remontan al primer tercio del s. u ; conocen los Actos y las Epístolas canónicos, de los que son una deformación, una caricatura que quiere hacer triunfar la tesis judíocristiana y rebajar a San Pablo (H. J. Schoeps, op. cit., Excursus V). Actos de Pablo. Obra muy extensa en su origen, escrita en honor de Pablo. Consérvanse de ella varias partes, de las cuales las principales son las tres siguientes: 1) Actos de Pablo y de Tecla.

Durante la predicación de Pablo en Iconio hácese cristiana la joven Tecla, la cual abandona a su prometido Tamírides para conservarse virgen. Por causa de eso es arrojada en una hoguera, pero cae una lluvia y extingue el fuego. Tecla, ilesa, sigue a Pablo a Antioquía, donde es expuesta a las fieras, de las que un nuevo milagro la salva. 2) Martirio de Pablo. Expone el glorioso fin del Apóstol tras una serie de milagros y conversiones obradas en la misma familia de Nerón. 3) Epístolas de Pablo a los Corintios (v. más adelante). Estos Actos datan de los años 160170 aproximadamente, en el Asia Menor. Consérvanse en griego, latín y otras lenguas.

No contienen nada que sea herético; pero, según cuenta Tertuliano (De bapt. 17), el sacerdote que los compuso fué depuesto por su obispo en castigo de esta impostura. (Texto griego y traducción íntegra; L. Vouauox, Les Actes de Paul et ses lettres apocriphes, París 1913: M. Zappalá, II romanzo di Paolo e Tecla, Milano 1924.) Los Actos de Pedro y de Pablo son una reconstrucción de los Actos de Pedro y Actos de 4. — S p a d a f o r a . — Diccionario bíblico Pablo. Ponen de relieve la fraterna concordia de los dos Apóstoles , narran el viaje de Pablo a Roma, y el martirio simultáneo de Pablo, decapitado en Roma, y de Pedro crucificado con la cabeza hacia abajo. (Traducción inglesa de los textos de James.) Los Actos de Juan. Cuentan muy prolijamente los viajes, la doble estancia del apóstol en Éfeso con muchos milagros allí realizados; los discursos sobre la vida del Salvador, y finalmente la muerte del apóstol. Es un escrito gnóstico de mediados del s. II, retocado y ampliado en los comienzos del v. 47BActos de Andrés.

Según los escritores antiguos son de origen gnóstico, y aproximadamente del s. IIi. Hanse perdido en gran parte. Contaban los viajes del apóstol a la India, su predicación, milagros y martirio. En el s. V fueron retocados por un escritor católico. Entre los fragmentos conservados figura el martirio de Andrés, crucificado en Acaya. No es posible discernir en ellos las partes primitivas de las posteriores. Actos de Tomás. En su origen era una obra gnóstica que se divulgó bastante entre los herejes.

Se ha perdido casi por completo. Han llegado a nosotros dos revisiones de ellos, una siríaca y otra griega, debidas a autores católicos, las cuales han conservado, no obstante, muchos rasgos gnósticos. Cuentan muy por extenso los viajes de Tomás a la India, su predicación (generalmente con tendencias a inculcar a las mujeres la continencia separándose de sus maridos), sus milagros y su martirio. La actual recensión siríaca es del s. IV; en la griega, más breve, se halla la doctrina gnóstica: en ella se enseña un rigidísimo eneratismo.

Estos Actos apócrifos de Juan, de Pablo, de Pedro, de Andrés y de Tomás, coleccionados en un solo volumen por los maniqueos, constituían para ellos los Actos de los Apóstoles canónicos. III. Epístolas apócrifas. — Cartas de N. S. Jesucristo y de Abgar, rey de Edesa. Refiere Eusebio (Hist. eccl. I, 13) que vió el original siríaco de estas dos cartas y que las tradujo al griego. He aquí su contenido, según el mismo Eusebio: Hallándose enfermo Abgar, escribe a Jesús, de cuyos milagros había tenido noticias, rogándole que llegue hasta él para curarlo, e indicándole que así se vería libre de los ataques de los judíos. El Salvador contestó diciendo que debía realizar su misión en Judea.

Después de la Ascensión le mandó uno de sus discípulos, al parecer el apóstol Tadeo, «uno de los 72 discípulos», quien, después de haber curado al rey, predicó el evangelio a los edesinos. Eusebio las da por auténticas, pero son espurias (cf. el decreto Gelasiano). Fueron compuestas entre fines del s. II y comienzos, del m, inmediatamente después de la conversión de aquel reino al cristianismo, siendo rey Abgar IX (179-216). Hállase una narración más amplia de la adhesión de los edesinos a la fe cristiana en la Doctrina de Addai ( = Tadeo), escrita en lengua siríaca entre el 390 y el 430, impresa por G. 48APhillips, con una traducción inglesa, Londres 1876. Carta de los Apóstoles . Trátase en realidad de Discursos de N. S. a los Apóstoles , presentados bajo la forma aparente de carta encíclica de los Apóstoles.

Después de haber descrito la vida, pasión y resurrección de Jesús, el apócrifo pone en labios del Resucitado, al aparecerse a sus discípulos, ciertos vaticinios sobre el futuro de la Iglesia, las señales de la parusía, la resurrección final y la retribución. La verdadera fe y las buenas obras son las condiciones indispensables para la vida eterna. Fuera de la Iglesia no hay salvación. Fué escrita en griego (s. II o m), y en la parte dogmática se descubren vestigios de gnosticismo. Epístola de Pablo a los Laodicenses.

Está escrita en griego (s. IV) con palabras tomadas de las epístolas genuinas de San Pablo (especialmente de Flp.). Da ocasión a ello la referencia de CoL 4, 16. (Eb. Nestle, Novum Test. graece et ¡atine, XII, 11.* ed., Stuttgart 1932). Epístolas de Pablo a los Corintios y de los Corintios a Pablo. El autor estriba en I Cor. 7, 1 («me escribisteis») y 5, 9 («os escribí»). Los corintios denuncian a Pablo dos falsos doctores, y Pablo confuta sus errores. Forman parte de los Actos de Pablo (hac. el año 170). Cartas de Pablo a Séneca y de Séneca a San Pablo. Ocho de Séneca y seis de San Pablo, escritas en latín, carentes de valor tanto en la forma como en el fondo.

El filósofo alaba la doctrina de Pablo cuya imperfección literaria lamenta. Probablemente son del s. IV. Se han conservado en muchas ediciones críticas de los escritos de Séneca. Las editó, con introducción y traducción, L. Vouaux, op. c., pp. 332-69. IV. Apocalipsis apócrifos. — Apocalipsis de Pedro. Clemente de Alejandría admitía como sagrado este antiguo apócrifo (s. II) muy divulgado y estimado, y que luego llegó a perderse completamente. Apareció a principios de siglo su texto íntegro en la versión etíope (S. Grébaut, texto y traducción francesa en Revue de l’Orient chrétien, 1910). Estando en el monte de los Olivos, preguntan los Apóstoles a Jesús por el tiempo de su venida (Mt. 24, 3); Jesús les anuncia la aparición de Enoc y de Elías y su lucha contra el anticristo ; las diferentes penas de los condenados, las alegrías de los elegidos.

Luego Cristo es raptado al cielo, acompañado de Moisés y de Elías. Apocalipsis de Pablo. Se presenta como una exposición de aquellas misteriosas palabras que oyó Pablo cuando fué arrebatado al cielo (II Cor. 12, 2 ss.). El autor finge que su escrito 48Bfué hallado en Tarso, en los cimientos de la Casa de Pablo, siendo emperador Teodosio (379-395). En su visita de ultratumba hállase Pablo con una parte de la nueva Jerusalén con cuatro ríos por los que corre miel, leche, aceite y vino. Es la morada de los justos, entre los cuales ve a los profetas, a los inocentes muertos por Herodes, a los patriarcas, a David, a la Madre del Señor.

Por el otro lado ve un río de fuego y dentro de él una multitud de hombres y de mujeres castigados por los pecados que cometieron : ve suplicios especiales para aquellos que no admitieron la Divinidad de Jesús, su nacimiento de María Virgen y la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Es de notar la idea particular de la cesación temporal de las penas concedida por Jesús a los condenados, por intercesión del arcángel Gabriel y de Pablo: todos los años cesan los padecimientos en el día de Pascua (cc. 44). En el apócrifo siguiente (c. 29) concédese la misma cesación «para los días de Pentecostés». Esta doctrina está tomada de los judíos, los cuales enseñaban que los condenados disfrutan de paz el día del sábado, en el que se suspenden sus tormentos.

El apócrifo es del s. IV o del v. La versión siríaca ha sido publicada por G. Ricciotti, Ap. Pauli syriace... cum versione latina. Roma 1932; id., L’Ap. di Paolo Siríaca. Introducción y Comentario. Brescia 1932. Apocalipsis de la B. V. María. Son dos: a) Ap. de la B. V. María sobre las penas, escrito en griego en el s. IX. Estando en el monte de los Olivos la Virgen tiene visión de las penas de los condenados. Sube al cielo e intercede en unión con los Santos y alcanza de Dios una tregua en las penas para los días de Pentecostés, para que puedan alabar a la Santísima Trinidad; b) Ap. o visión de María Virgen, no anterior al s. Vil. Depende en gran parte del Ap. de Pablo. María es raptada al cielo hallándose en oración en el Gólgota. Hace una visita al paraíso donde habla con Enoc y con Elías, a los cuatro ríos en cuyas márgenes están los bienaventurados y al infierno con el río de fuego.

La Virgen comunica esta revelación al apóstol Juan para que la escriba. Otros Apocalipsis : de Tomás; de Esteban; de Juan (tres); de Bartolomé (sobre el cual, cf. U. Moricca, Un nuovo texto dell’Evangelo di Bartolomeo, en RB, 30 [1922], 20-30; etc. [F. S.] Apócrifos del Antiguo Testamento
Ediciones de los textos traducidos: E. Kautzsch, Die Apokryphen und Pseudepigraphen des A. T. Tübingen 1900 (anticuado) Apócrifos del Antiguo Testamento
R. H. Charles, The Apocrypha and Pseudepigrapha of the O. T„ Oxford 1913 (el mejor) Apócrifos del Antiguo Testamento
P. Riessler, Altjüdisches Schrifttum ausserhalb der Bibel, Augsburg 1928 (cat., el más completo, poco crítico). Introducciones: J. B. Frey, en DBs, I, 354-459. Apócrifos del Antiguo Testamento
C. C. Torrey, The Apocryphal Literature, New Haven 1945. Apócrifos del Antiguo Testamento
R. H. Pfeiffer. Id giudaismo nelVépoca neotestamentaria, Roma 1951.
F. Asensio, El espíritu de Dios en los apócrifos judíos precristianos, en Est B., VI (1947), 1. Apócrifos del Nuevo Testamento — E. Amann, Apocryphes du N. T„ en DBs, I, col. 460-533. Apócrifos del Nuevo Testamento — M. R. James, The Apocryphal New Testament, Oxford 1924. Apócrifos del Nuevo Testamento — G. Bonaccorsi, Vangeli apocrífi, I, Firenze 1948. Apócrifos del Nuevo Testamento — M. Lepin, Vangeli canonici e Vangeli apocrifi (trad. it.), Roma 1911. * Enciso, La infancia de Jesús en los apócrifos, Ecc. (1942), 2 en p. 77. Apócrifos del Nuevo Testamento — M. Ayuso, Un apócrifo 49Aespañol del s. Vi, de probable origen judeocristiano, en SEF, (1944). año iv.

Bibliografía

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