HERODES (el Grande)
Hijo del idumeo Antipater, prefecto de palacio del débil Hircano II y de Kipros, princesa árabe (681-750 de Roma = 73-4 a. de J. C.). En el 47 a. de J. C. obtuvo la administración de Galilea, mientras que su hermano Fasael tuvo la de Jerusalén y Judea. Prácticamente el poder estaba en manos de Antipater, que hacía cuanto podía por granjearse el favor de Roma para sí y para sus hijos, en tanto que azuzaba a Hircano II contra su hermano Aristóbulo II, últimos y desafortunados descendientes de los gloriosos macabeos. Herodes eliminó enérgicamente en Galilea a los seguidores de Aristóbulo: y habiendo sido denunciado ante el Sanedrín por haber ajusticiado a judíos, sin la debida autorización, lo salvó Sexto César, procónsul de Siria, junto al cual se refugió por algún tiempo, y fue nombrado por el mismo para gobernador de Celesiria. Siguiendo la política paterna de servil oportunismo Herodes se manifestó primero por César, luego pasó al partido contrario siguiendo a Casio; después de Filipo (42 a. de J. C.), se entregó a Antonio, a quien ganó con donativos. En el 40 a. de J. C. , Antígono, hijo de Aristóbulo II, con la ayuda de los partos logró penetrar en Jerusalén.
Hircano y Fasael fueron aprisionados: al primero, que después quedó prisionero de los partos, Antígono cortóle las orejas, con lo que lo hizo inhábil para el pontificado; el segundo se suicidó. Herodes logró huir . Llevó a Idumea a Mariamne, nieta de Hircano, su prometida, y se dirigió a Roma, donde se valió de la ayuda de Antonio para que los triunviros y el senado lo eligieran rey de Judea. Habiendo desembarcado en Ptolemaida (39 a. de J. C.), comenzó la lucha contra Antígono: casó con Mariamne en Samaria, y con la ayuda de los romanos en el 37 a. de J. C. asedio y tomó a Jerusalén; luego obtuvo de Antonio la decapitación de 261AAntígono. El afortunado vencedor inició sus sangrientas venganzas haciendo degollar a 45 aristócratas seguidores de Antígono, y se apropió sus bienes. Luego se desentendio de los asmoneos; consiguió de los partos el regreso del inútil Hircano II y nombró para sumo sacerdote a un desconocido, un tal Ananel de Babilonia que no fue del agrado de nadie. Mariamne y su madre Alejandra, sirviéndose de Cleopatra como intermediaria, consiguieron que Antonio apremiase a Herodes a que depusiera a Ananel y colocara en su puesto al joven Aristóbulo, hermano de Mariamne.
En la fiesta de los Tabernáculos del 35 a. de J. C. el pueblo tributó al sumo sacerdote asmoneo una calurosa y entusiasta aclamación, y pocos días después Herodes hizo que lo ahogaran estando en un baño en Jericó. Alejandra recurrió nuevamente a Antonio, y Herodes fue llamado a Siria. Dio orden de recluir a Mariamne y a Alejandra con el encargo de matar a la primera si él no regresaba. Desconjurada la tempestad subió de grado su despótica crueldad. Mandó matar a José, cuñado y tío paterno suyo, por sospechoso de tener relaciones con Mariamne, habiéndole descubierto la susodicha orden. Después de la derrota de Accio (31 a. de J. C.), abandonó a Antonio, y en el año 30 se dirigió a Octavio, en Rodas, de quien alcanzó con habilidad la confirmación del poder, con lo que se le mostró servicial en todo, cuando Octavio pasó a Egipto a luchar contra Antonio y Cleopatra, obteniendo en premio la costa mediterránea y las ciudades de Palestina que estaban en poder de aquella reina. También esta vez había tomado Herodes idénticas medidas contra Mariamne antes de partir. El guardián, Soemo, reveló el secreto, y Herodes al regresar lo mandó matar y lo mismo a la infeliz Mariamne, impertérrita e inocente.
De sus tres hijos, criados en Roma, dos serán llamados más tarde a Jerusalén y serán degollados ante la acusación de haber sido autores de una conspiración (7 a. de C.). Poco después de la muerte de Mariamne, que tanto turbó el ánimo de Herodes, llegó su vez a Alejandra. Solo quedaban dos niños de la estirpe asmonea, que estaban con el prefecto de Idumea, Constábaro, segundo marido de Salomé, la infernal hermana de Herodes, la cual habiéndose cansado del nuevo marido, como antes de José, lo acusó ante Herodes de conspiración, siguiéndose inmediatamente otra carnicería, en la que se quitaron de en medio los tres inocentes y muchos otros nobles. Herodes, por más que muchas veces se le 261Bllame «amigo y aliado» de Augusto, fue su vasallo, aun cuando tenía en sus manos el gobierno entero de Palestina. Se vió exonerado del tributo que pagaba por Idumea y Samaria; tenía perfecta libertad en el sector militar; gozaba de plenos poderes legislativos y administrativos, y el poder judicial estaba plenamente en sus manos. Pero eran muchas las limitaciones que tenía en el ejercicio de su poder. No podía acuñar monedas de oro y de plata que llevasen su inscripción.
Para la ejecución de la pena capital, al menos de sus hijos, probables sucesores en el trono, Herodes hubo de pedir y esperar el permiso de Augusto, y lo mismo para la designación del sucesor. A Herodes le estaba prohibida toda iniciativa de guerra, y sus administradores debían prestar juramento de fidelidad a Augusto. Herodes buscó todas las formas de exteriorizar su humilde sumisión al emperador, sea mediante los nombres que se daba a sí mismo, 0
Puso especial esmero en las fortificaciones. En Jerusalén agrandó la fortaleza de los asmoneos, que desde entonces se llamó «la Antonia», e inició y llevó a término la restauración del Templo (cf. Jn. 2, 20) con verdadero esplendor, ampliándolo por las partes sur y norte con robustas y grandiosas construcciones. En los trabajos del edificio (el santuario propiamente dicho) empleáronse unas mil personas sagradas, y en los de las obras adyacentes diez mil operarios más. Aparte del Templo, enriqueció con templos, foros, pórticos, gimnasios más de una ciudad helénica de fuera de Palestina (Damasco, Antioquía, etc.); fue pródigo en hacer donativos a Octavio, Agripa y a miembros de su propia familia. Herodes no tuvo respeto alguno por la religión judía; únicamente mostró alguna que 262Aotra consideración para con sus gobernantes.
Por eso el pueblo lo detestó y sintió hacia él un odio despiadado e irreconciliable. En sus últimos años , aparte la guerra contra los árabes (12 a. de J. C.), por la que hubo de probar la cólera de Augusto, y la muerte de Mariamne (7 a. de J. C.), la tragedia familiar tuvo la última víctima en el primogénito Antipater, secuestrado y muerto cinco días antes de que el terrible setentón, corroído por úlceras llenas de gusanos, expirase en Jericó, adonde había ido en busca de alivio para sus atroces dolores, en los baños calientes de Callírroe (h. 1.º de abril del 950 de Roma = 4 a. de J. C.).
El título de Grande se lo dio Fl. Josefo nada más que para distinguirlo de sus hijos del mismo nombre. Ingenio, astucia , circunspección, todo se puso al servicio de un egoísmo sin límites, que se sintetizó en la obsesión del poder, por encima de todo afecto, aun por lo que se refiere a las personas más queridas. [F. S.]
Bibliografía
Fuentes: Flavio Josefo, Ant. XIV, 8-16
XV-XVII, 1-8
Bell., I, 9- 33. M. J. Lagrange, Le Judaïsme avant Jésus-Christ, 3.ª ed., París 1931, pp. 143-48, 164-201. G. Ricciotti, Storia d’Israele, II, 2.ª ed., Torino 1935, pp. 377-415. U. Holzmeister, Storia dei tempi del Nuovo Testamento (trad. it. y revisión de C. Zedda;
La S. Bibbia), Torino 1950, pp. 15-45. F. M. Abel, Histoire de la Palestine, I, París 1952, pp. 324-406.
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