HIJO del Hombre
Esta expresión (hebr. ben ’adam; arameo, bar ’enāš) es lo mismo que decir hombre, como se infiere del paralelismo (Núm. 23, 19; Sal. 8, 5; Is. 51, 12; Job 25, 6; plural en Dt. 32, 8, etc.). Así llama Dios muchas veces al profeta Ezequiel (Ez. 2, 1,3.6.) para indicar la distancia insuperable que media entre Él y el profeta. Háblase de un modo particular del hijo del hombre en Dan. 7, 13 s. (sin artículo: ¿>9 1/109 ἀνθρώπου, como un hijo del hombre); a él se concede un poder eterno sobre todas las gentes, y destruidas las cuatro bestias, se acerca al trono de Dios. Así como los animales simbolizan a los reyes y a sus respectivos reinos, de igual modo el hombre equivale a Mesías y reino mesiánico. Los apócrifos Enoc y IV de Esdras aplicaron ese título al Mesías. En el Nuevo Testamento es la autodefinición de Cristo característica de los Evangelios; fuera de los Evangelios es una simple cita de Dan. 7, 56 (Act. 7, 56; Apoc. 1, 13; 14, 14). tov avSpómov, con doble artículo. La forma aramea es, probablemente, bar’ enaSa (cf. Bonsirven, op. cit., p. 369 ss.). Este modo de expresarse en Jesús debe entenderse conforme al sentido que tiene en Daniel la expresión rey del reino mesiánico.
El hijo del hombre es, en efecto, una persona celestial que aparecerá sobre las nubes (Mt. 24, 30; 26, 64), glorioso y rodeado de ángeles (Mt. 10, 23; 13, 41; 16, 27; 19, 28), para juzgar a todos los habitantes de la tierra (Mt. 25, 31 s.; Lc. 12, 8; 21, 36; Jn. 5, 27). Pero Cristo enlaza probablemente este título con el Siervo paciente de fs. 53, particularmente en relación con la pasión y muerte que debe (Sei) sufrir (Mt. 17, 12; Mc. 8, 31; Lc. 17, 25; 24, 7). En realidad será entregado en manos de los hombres (Mt. 20, 18; 26, 2.45), será levantado de la tierra (Jn. 3, 14) 267Ay ofrecerá su vida por la redención de muchos (Mt. 20, 28), como el siervo de Yavé da su vida por los pecados (Is. 53, 10, y Mt. 20, 28). En conclusión: el título de hijo del hombre fue usado por Jesucristo como equivalente a Mesías, para indicar que en Él se realizaba la profecía de Daniel, mas no en un sentido erróneo de un Mesías poderoso y glorioso según lo entendían los judíos (v. Daniel).
La expresión no es una indicación de la naturaleza humana en posición antitética con la naturaleza divina, sino un título específico que el mismo Jesús toma de Daniel (7, 13.14) y unió con Isaías (53) para manifestar su dignidad mesiánica y al mismo tiempo corregir las ideas erróneas de sus contemporáneos. [B. N. W.]
Bibliografía
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