INFANCIA (Evangelio de la)
Reciben este título los dos primeros capítulos de Mt. y Lc. referentes al nacimiento y episodios varios de la infancia del Redentor. Conforme a la finalidad del primer Evangelio, que es el demostrar a los judíos que Jesús es el Mesías vaticinado en el Antiguo Testamento, San Mateo comienza (1, 1-17) fijando en la genealogía la procedencia davídica de Jesús (= hijo de David = Mesías: cf. Mt. 21, 9). Luego con la afirmación del nacimiento virginal, mediante el testimonió del propio esposo, San José, demuestra haberse realizado en tal acontecimiento la precisa y valiosa profecía mesiánica de Is. 7, 14 (1, 18-25). Asimismo la visita de los Magos (2, 1-12) ofrece ocasión para reconocer la otra profecía de Mt. 5, 2 acerca del nacimiento del Mesías en Belén.
La matanza de los inocentes, la huida a Egipto, la elección de Nazaret para domicilio de la sagrada Familia a su regreso, dan motivo a San Mateo para aplicar típicamente al Mesías lo que decía Oseas (11, 1) al pueblo elegido, y lo que escribía poéticamente Jeremías sobre el llanto de las madres por la deportación de sus hijos, poniendo en claro la analogía de las situaciones históricas, y en fin, para aplicar a Jesús «nazareno» (raíz: néser, «retoño») la profecía de Is. 11, 1; 53, 2.
San Lucas, historiador exacto , que disponía 273Bde una inestimable fuente de información, María Santísima (Lc. 2, 19. 51), describe «con orden» (1, 3) los acontecimientos, pasando por alto los que están contenidos en Mt., los cuales al trazar una vida de Jesús han de insertarse en la narración de Lucas. De tal hecho puede deducirse que Lucas al componer su Evangelio no solo tuvo delante a Mc. sino también a Mt. Comienza por la aparición del ángel a Zacarías en el Templo y la anunciación del nacimiento del Precursor, San Juan Bautista (1, 5- 24); luego sigue la Anunciación con el bellísimo coloquio del ángel con la Virgen, de subido valor teológico (1, 26-38); la visita de María a Santa Isabel, con el Magnificat y el testimonio de Isabel que llama a Nuestra Señora: Madre de mi Señor (en los LXX Κύριος es la traducción de Yavé), es decir, de mi Dios (1, 39-56); nacimiento y circuncisión del Precursor con el Benedictus (1, 57-80). En este punto debe colocarse a Mt. 1, 18-24, es decir, al regreso de María de casa de Isabel.
Lucas sigue describiendo el nacimiento, el himno de los Ángeles, la ad oración de los pastores, la circuncisión de Jesús y, 40 días después, su presentación en el Templo con el reconocimiento del Mesías por parte de dos videntes inspirados: Simeón y Ana (2, 1-38). La sagrada Familia vuelve de Jerusalén a Belén, adonde llegan los Magos unos meses más tarde, como se lee en Mt. 2, que añade la huida a Egipto y el regreso, más el hecho de haberse domiciliado en Nazaret (Lc. 2, 39 = Mt. 2, 22 s.). Son, en fin, propios de Lucas (2, 40-52) la referencia al crecimiento del divino Niño, el episodio de su pérdida y hallazgo en el Templo con ocasión de la peregrinación de una de las tres grandes fiestas anuales, y el pincelazo final sobre la vida oculta de Jesús en la santa casa de Nazaret. La importancia teológica de estos capítulos corre parejas con la exquisita fineza y cálida poesía que constituyen el sabroso alimento de los místicos y de todas las almas piadosas. Los racionalistas de otro tiempo se ensañaron contra su historicidad. Naturalmente: para ellos lo sobrenatural es una fantasía; la concepción virginal y los otros milagros son imposibles.
Pero tal postura solo puede atribuirse a un prejuicio, pues en realidad no se ha alegado ningún argumento de crítica histórica capaz de desvirtuar esta fuente purísima y genuina que es el Evangelio de la infancia. V. Magos, Genealogía, Quirino, Magnificat, Benedictus. La crítica literaria confirma de lleno la autenticidad de estos capítulos que, como hemos 274Avisto, se insertan perfectamente en los respectivos Evangelios con las características propias de cada uno; y no solo no existe oposición y contraste entre Mt. y Lc. sino que al contrario se prestan mutuamente un armonioso complemento. Basta, finalmente, cotejar las fuentes canónicas con los numerosos evangelios apócrifos (llenos de fantasía, groseros, milagreros) que se ocuparon de la infancia del Redentor (cf. M. Lepin, Évangiles canoniques et Évangiles apocryphes, 2.ª ed., París 1902) para ponerse en el puesto medio acerca del origen divino del Evangelio de la infancia. [F. S.]
Bibliografía
H. Simon - J. Prado, Nov. Test., I, 6.ª ed., Torino 1944, pp. 265-354. H. Michel, en DThC, VIII, col. 1346-70. L. Fonk, en VD, 7 (1927), 289-95. Con rica bibliografía.
Voces relacionadas
Internas
- EVANGELIO
- MESÍAS
- MATEO
- DAVID
- JOSÉ (San)
- BELÉN
- INOCENTES (Matanza de los)
- EGIPTO
- NAZARET
- OSEAS
- JEREMÍAS
- LUCAS
- MARÍA Santísima
- ZACARÍAS
- JUAN Bautista
- SIMEÓN
- JERUSALÉN
- MAGOS (Los)
- QUIRINO
- MAGNIFICAT
- BENEDICTUS