Diccionario Bíblico

Armando Rolla

INOCENTES (Matanza de los)

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La matanza de los niños de Belén, coetáneos de Jesús Niño (Mt. 2, 16 ss.) fue ejecutada por orden de Herodes el Grande, furioso por el escarnio de que había sido objeto por parte de los Magos que, siendo dóciles a la palabra del ángel, se habían opuesto al doloso plan represivo del rey (Mt. 2, 1-12), siempre con temores de perder el trono. Fueron muertos todos los niños varones de dos años para abajo, porque, según los informes pedidos a los Magos en relación con la aparición de la estrella (Mt. 2, 7), se había llegado a la conclusión de que el Niño Jesús no tenía más de dos años. No es posible determinar el número de los niños sacrificados. Queda descartado el número simbólico de 144.000 de Ap. 14, 1, que se refiere a las filas de ascetas cristianos. Basándose en estadísticas demográficas, muy oscilantes por desconocerse el número de habitantes de Belén y el índice de natalidad y de mortandad infantil en el tiempo de Jesucristo, U. Holzmeister propone el número de 65-80 varones, suponiendo en Belén unos 3.000 habitantes, un índice de natalidad de 40 por mil, y de mortandad el 1/3 o 2/5 en dos años.

Otros comentadores, que reducen a mil los habitantes, al 30 por mil la natalidad y a la mitad de los nacidos la mortandad, proponen cifras muy inferiores; pero son pocos los que limitan a 10-12 los sacrificados (A. Bisping, P. Schegg) o a 12-15 (P. Schanz, J. Knabenbauer), y muchos los que se inclinan por unos veinte (M. J. Lagrange, M. Sales, H. Simón - J. Prado, etc.). La matanza de los inocentes es presentada como cumplimiento de la palabra del profeta Jeremías (Mt. 2, 17-18; cf. Jer. 31, 15). El llanto de las mujeres de Belén, privadas de sus hijos, evoca a la memoria del evangelista el de Raquel, sepultada en Rama, junto a Belén, poéticamente descrita por el profeta Jeremías como llorando a los hebreos deportados a Babilonia. El evangelista hace una simple acomodación, sugerida por la analogía entre ambas situaciones. La matanza de los inocentes responde exactamente a lo que conocemos del carácter sombrío y cruel de Herodes, el asesino de su esposa, de sus hijos y de los de sus enemigos (Macrobio, Saturnaliaiaiaia, II, 4). [A. R.]

Bibliografía

G. Ricciotti, Storia d’Israele, II, ed. 3.ª, Torino 1942, pp. 377-415. U. Holzmeister, en VD, 15 (1945), 375-79. H. Simon - G. Dorado, Novum Testamentum, I, 7.ª ed., Torino 1951, pp. 340 ss.

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