Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

PATRIARCAS

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Descendientes de Adán hasta Noé (patriarcas antediluvianos) y de Sem hasta Teraj (patriarcas posdiluvianos). Llámase también patriarcas a Abraham , Isaac , Jacob , José (v. cada una de las voces). Los patriarcas antediluvianos son presentados en dos listas genealógicas: Gén. 4, 17-24 (línea de Caín ) y Gén. 5, 3-32 (línea de Set). La semejanza entre los nombres de ambas listas ( Enoc , Lamec , Jared, Matusalén ) inclina a algunos escritores a pronunciarse por una sola genealogía representada por dos tradiciones diferentes: la sacerdotal (Gén. 5, 3-32) y la yaveísta (Gén. 4, 17 ss.) (cf. R. de Vaux, op. cit). La genealogía de los setitas (Gén. 5, 3-32) anota para cada uno de los diez patriarcas la edad en que engendró a su sucesor, los sucesivos años de su vida, la suma total de los años, la procreación de otros hijos e hijas y la muerte, a excepción de la de Enoc. La genealogía de los cainitas (Gén. 4, 17-24) presenta a los patriarcas como iniciadores de una 451Bprogresiva cultura neolítica contrastante con un acentúado retroceso moral (poligamia y precoz preponderancia de Lamec).

Los patriarcas posdiluvianos, semitas por la línea de Arfacsad (Gén. 11, 10-26; cf. 10, 21), traídos con las mismas fórmulas que los setitas, fuera de la indicación de la edad del conjunto y de la muerte de cada uno, en el texto hebreo masotérico son nueve, en los LXX y en Lc. 3, 36 son diez por la añadidura de Cainán (cf. I Par. 1, 24-27). La primera dificultad contra la objetividad de estas listas es la discordancia cronológica entre los textos masotérico (TM), samaritano (Sam.) y griego (LXX) desde Adán hasta el diluvio: TM 1656 años, Sam. 1307, LXX 2262; desde el diluvio hasta Abraham : TM 390 años, Sam. 1040, LXX 2262; y, sobre todo, la enorme desproporción entre los datos de la Biblia y los de la ciencia paleontológica (desde 50.000 hasta 200.000 años) relativos a la edad del género humano.

Una segunda dificultad es la longevidad de los patriarcas, que alcanza un máximo de 969 años con Matusalén para disminuir sin regularidad al acercarse a la edad histórica, y que es notablemente inferior a la propuesta en las listas de los reyes súmeros antediluvianos y posdiluvianos, los cuales no tienen relación con las listas bíblicas, ni por su carácter, ni por sus nombres, ni tampoco por el número de años. La solución de estas dificultades debe buscarse en el género literario de la genealogía, que no se propone un fin rigurosamente histórico o cronológico sino más bien religioso y jurídico: la genealogía bíblica intenta documentar la pertenencia de un individuo a un determinado grupo, lo que es necesario de un modo especial en una sociedad patriarcal, en la que el individuo no tiene determinados sus derechos sino en cuanto es descendiente de un tronco genealógico determinado. En estas genealogías los términos engendrar e hijo toman un significado amplio y significan un lazo genealógico que puede ser incluso bastante lejano (como, por ejemplo, el Mesías es llamado hijo de David ).

Otro de los fines de la genealogía es el de recapitular un período histórico sin pretensiones cronológicas (cf. las genealogías de I-II Par.). Además, con el fin de facilitar la transmisión oral de estas genealogías se recurre a menudo a una ejemplificación sistemática (cf. Mt. 1, 17), omitiendo eslabones intermedios (cf. Mt. 1, 8 y II Re. 9, 16; 11, 2-21; 14, 1). Las genealogías de los patriarcas llenan los 452Aintervalos de tiempo que median entre la creación y el diluvio y entre el diluvio y Abraham , con lo cual nos confirman cómo es legítima la creencia de que Israel desciende de Adán por rama de Set- Noé -Sem-Teraj-Abraham, y cómo es legítimo su derecho a las promesas divinas que se les fueron comunicando progresivamente. La historicidad de algunos nombres de la genealogía de los semitas (Sarug, Teraj) está comprobada con la aparición de tales nombres en la Mesopotamia del norte, cuna de los antepasados de Abraham (R. De Vaux, art. cit.; N. Schneider, art. cit.).

La cultura patriarcal (Gén. 1-11), bajo el aspecto intelectual y religioso, está de acuerdo con la que se nos da a conocer a través de la etnología respecto de los pueblos nómadas dedicados a la cría de ganados (entre los cuales los semitas), en cuanto se caracterizan por su elevado grado intelectual y moral (monoteísmo, monogamia, ausencia de sacrificios de víctimas humanas, concepto de Providencia). Pero hay desacuerdo entre ellas en el aspecto técnico: mientras que la cultura conocida por la ciencia presenta alternativas y variaciones en el tiempo y en el espacio (paleolítico, mesolítico y neolítico con sus subdivisiones), donde aparecen y desaparecen por completo numerosos tipos y razas, la cultura patriarcal se presenta muy simplificada y unitaria, y casi toda ella reducible al ambiente neolítico (agricultura; Adán y Caín , Gén. 2, 15; 3, 17-18; cría de ganados; Abel , Gén. 9, 20), en el marco geográfico de Mesopotamia y Palestina con una duración del género humano increíblemente breve (v. Génesis). El aspecto neolítico de la prehistoria bíblica es interpretado como una proyección de la cultura neolítica contenida en las fuentes más antiguas utilizadas por el autor (P. Heinisch, op. cit.; G. Castellino, op. cit.). La noticia de la elaboración metalúrgica de los cainitas (Gén. 4, 22) parece ser una añadidura del autor o de un glosador (A. Bea, art. cit.).

Bibliografía

J. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts relating to the O. T. , Princeton 1950, p. 265 s.: listas súmeras regias. J. de Fraine, en VD, 25 (1947) 43-53. P. Heinisch, Problemi di storia primordiale bíblica , trad. it., Brescia 1950, pp. 119-32
177-96. E. Galdiati-G. Piazza, Pagine difficili del V. T. , Génova 1951, pp. 163-68. B. Couroyer, en RB, 58 (1951) 75-91. R. De Vaux, La Genèse (La Bible de Jérusalem), París 1951. Id., Les Patriarches hébreux et les découvertes modernes , en RB, 53 (1946) 321-368
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18 (1938) 14- 20. G. Castellino, en Questioni bibliche alla luce dell’enc. Divino afflante Spiritu , Roma 1949, pp. 31-61.

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