MACABEOS (I y II libro de los)
368A368B369APor el sobrenombre ( Macabeo , explicado como equivalente a Martillo o también, y quizá más acertadamente, a Designado o Designación de Yavé , suponiendo que hay en hebreo un maqqabhiahú , de nāqabh ) Macabeo, principal promotor de la revuelta antiseléucida, se llaman libros de los Macabeos los escritos canónicos que relatan esa lucha o los hechos con ella enlazados. Por extensión empléase también el término para todos los miembros de la familia del sacerdote Matatías y para los otros personajes que se destacan en el relato (cf. los siete hermanos Macabeos). La Iglesia sólo reconoce dos libros inspirados, que forman parte de los deuterocanónicos porque faltan en el canon hebreo, y por lo mismo en casi todas las confesiones acatólicas. Los dos libros no constituyen una obra única, y es muy probable incluso que sean enteramente independientes entre sí. El primero comprende un período de cerca de 35 años, desde la expedición a Egipto de Antíoco IV con una breve referencia a su sucesión en el reino, hasta el asesinato de Simón, hijo de Matatías; el segundo abarca solamente unos cinco años, desde la misión de Heliodoro hasta la victoria sobre Nicanor.
El I Mac. se divide fácilmente según los diferentes protagonistas. En la introducción (1, 1 - 2, 70) se alude a las causas de la insurrección, presentando el propósito de Antíoco IV de helenizar a los judíos (1, 11-64), y luego se describen las primeras resistencias de algunos grupos judíos, especialmente de Matatías y sus cinco hijos (2, 1-70). Sigue el relato de la revuelta dirigida por Judas Macabeo (3, 1 - 9, 22), que derrota a Apolonio (3, 10-12) y a Serón (3, 13-26), oficiales subalternos del reino seléucida. Su fama crece con la victoria de Emaús (3, 38 - 4, 25) y de Betsur (4, 25-35), que permitieron la nueva consagración del Templo, anteriormente profanado por los paganos (4, 36-61). Siguen las batallas contra las 369Bpoblaciones vecinas (5, 1-68) y contra Lisias (6, 18-63). Después de la muerte de Antíoco IV (6, 1-17), Judas, victorioso contra los ejércitos de Demetrio I (7, 1-50), se alía con los romanos (8, 1-32) y muere poco después en el combate (9, 1-22).
Sucédele al frente de la lucha su hermano Jonatán (9, 23 - 12, 54), que lucha con resultados favorables contra Báquides (9, 23-73), llega a negociaciones ventajosas con el pretendiente Alejandro Bala (10, 1-66), se ofrece al nuevo pretendiente Demetrio II (10, 67-85) y ocupa a Ascalón (10, 86-89), mientras es derrotado Alejandro por Demetrio (11, 1-19), que se muestra generoso con Jonatán (11, 20-27). Luego viene una breve relación de la actividad diplomática. Jonatán reconoce al nuevo rey Antíoco VI, sostenido por Trifón (11, 38-74), y renueva la alianza contra los romanos y los espartanos (12, 1-23). Después de otros éxitos contra Demetrio y contra las ciudades filisteas (12, 24-38) es hecho prisionero por Trifón (12, 39-53). Simón (13, 1 - 16, 24), que sucedió a su hermano, una vez rescatado de Trifón, que había muerto a Jonatán (13, 1-30), se pone en relación con Demetrio II (13, 31-40) con el intento de alcanzar la máxima independencia de la Judea (13, 41-14); renueva la alianza con los romanos y con los espartanos (14, 16-24) y gobierna de tal forma que se granjea la gratitud de sus súbditos (14, 25-49).
El nuevo rey Antíoco VII intenta reivindicar sus derechos sobre Judea (15, 1-36), mas su expedición fracasa (15, 37 - 16, 10). Después de narrarse el asesinato de Simón, cometido por su yerno Tolomeo (16, 11-22), se alude al gobierno de su hijo Juan Hircano (16, 23 s.). Entre los libros históricos de la Biblia, el I Mac. es el que mejor corresponde al concepto de la moderna historiografía. Aunque no disimula su entusiasmo por la actividad de los insurrectos y el fin religioso de la obra, el autor se basa en excelentes fuentes históricas 370Ay en el conocimiento directo de muchos episodios. Con un raro sentido histórico inserta importantes documentos oficiales transcribiéndolos fielmente (5, 10-13; 8, 23-32; 10, 18 ss. 25-45; 11, 30-37; 12, 6-23; 13, 36-40; 14, 27-45; 15, 2-9.16-21). Su credibilidad está garantizada; mas no debe olvidarse el particular punto de vista que le induce a proferir juicios incompletos y unilaterales sobre enemigos del pueblo hebreo (cf. los perfiles de Alejandro Magno y Antíoco IV). En cambio es muy valiosa su precisión en los datos cronológicos y topográficos.
Esta última característica, juntamente con la viveza del relato, es indicio de que el autor es un palestino contemporáneo que gozaba de una posición ventajosa en los ambientes jerosolimitanos. Muchos exegetas lo creen un fariseo o al menos un asideo, mas no se impone tal deducción con el examen interno. Indudablemente era favorable a los Macabeos y a la dinastía asmonea, y estaba dotado de espíritu profundamente religioso, aun cuando evita cualquier digresión parenética o religiosa. Ello se infiere del modo que tiene de concebir la historia, cuyo primer autor se considera que es Dios, a quien nunca nombra, por un religioso respeto. Su nombre está reemplazado por el pronombre personal, y más frecuentemente aún por el vocablo «cielo». Es imposible precisala fecha de composición del libro. Como límites máximos pueden señalarse los años 135 y 63 a. de J. C.
El primero, como terminus ante quem , es reclamado por la breve noticia sobre el gobierno de Juan Hircano, que comenzó justamente en ese año; la segunda fecha, como terminus post quem , está sugerida, por no decir impuesta, por la actitud de admiración y de estima hacia los romanos (8, 1 ss.), ya que tal simpatía y la esperanza en su ayuda son inconcebibles en un judío después de la ocupación de Jerusalén y de la profanación del Templo por parte de Pompeyo Magno (63 a. de J. C.). Por otros indicios (cf. 13, 30; 16, 2 ss.), y especialmente por el hecho de presentarse el autor como testigo ocular, puede restringirse tal período a los años 135-100, considerando como más probables los primeros años del reinado de Juan Hircano, o sea hacia el año 130 a. de J. C. El libro fué escrito en hebreo, o por lo menos en lengua semita, como se deja traslucir en el sentido. Orígenes (en Eusebio, Hist. ecc. VI, 25, 2) trae incluso su título en hebreo. Ahora sólo tenemos el texto griego, ordinariamente bien conservado en los diferentes códices y en las traducciones que de él tienen 370Bsu origen, entre las cuales es notable la Vetus latina, de que existen diferentes recensiones con diferencias muy sensibles.
El II Mac. en el prefacio del autor (2, 19-32) se presenta como un extracto de los cinco libros históricos de Jasón de Cirene, y antes de ello figura una colección de documentos particulares (1, 1 - 2, 18).
El libro puede dividirse en dos grandes secciones (3, 1 - 10, 9 y 10, 10 - 15, 37). En la primera están contenidos los acontecimientos anteriores a la purificación del Templo, o sea la misión de Heliodoro (3, 1-40), las intrigas de los sumos sacerdotes de Jerusalén (4, 1-50), la persecución de Antíoco IV (5, 1-10), que profana el Templo (5, 11-26) y se ensaña contra los que se mantienen fieles a la ley mosaica (6, 1 - 7, 42), la derrota de Nicanor (8, 1-36), la muerte de Antíoco (9, 1-29) y la purificación del Templo (10, 1-9).
En la segunda sección se relatan las diferentes luchas de Judas contra los pueblos cercanos (10, 10-38) y contra Antíoco V (11, 1 - 13, 26), y finalmente el libro se extiende en la descripción de la misión de Nicanor (14, 1-14), su amistad con Judas (14, 15-25), su acción contra éste (14, 26-38), y, tras el episodio del suicidio de Razias (14, 37-46), su muerte (15, 1-36). Los vv. 15, 37-39, constituyen un breve epílogo.
Pese a las numerosas conjeturas, no se ha logrado saber nada en torno a Jasón de Cirene, de quien no aparecen noticias dignas de mención, fuera de las pocas palabras del autor del II Mac. Por lo mismo no podemos formarnos una idea exacta acerca de la relación que media entre el escrito detallado del desconocido escritor judíohelenista y nuestro libro. El II Mac. difiere mucho del primero. En primer lugar el segundo fué escrito en griego y en un estilo ampuloso y rebuscado, con evidentes señales de preocupación por el efecto. Se trasluce la retórica, que a veces hace difícil y ardua la lectura y casi imposible la traducción. Los vocablos raros, el énfasis, los parangones audaces y bien estudiados, todo ello delata las ansias constantes del autor por conseguir una obra literaria. El amaneramiento es evidente incluso en la disposición de la materia. Aparte esas particularidades puramente estilísticas, nótanse otras que no menguan su credibilidad histórica, pero que hacen muy difícil su exégesis. El autor se deleita con relatos milagrosos, se complace en los números hiperbólicos y muestra una constante preocupación teológica para explicar los padecimientos del pueblo.
Pasa por alto los datos geográficos y cronográficos y reduce a su mínima 371Aexpresión el uso directo de documentos oficiales (cf. 9, 19-27; 11, 17-38). Su pensamiento va dirigido a la santidad del Templo y de la Ley. Así, mientras el I Mac. prefiere describir la historia militar y política, este otro se demora en relatar la protección divina en favor del Templo (3, 24 ss.) y los actos de heroísmo individual en homenaje de las prescripciones legales (6, 18 - 7, 42). No obstante, y pese a diferencias tan radicales, ambos libros coinciden en los elementos esenciales de la materia que les es común, confirmándose mutuamente, pues no es completamente seguro que haya entre ellos dependencia literaria. De un modo especial el segundo completa al primero con valiosas informaciones acerca de los partidos de Jerusalén y de la actividad, muy poco digna, de algunos sumos sacerdotes. Por eso tiene una gran importancia, aun históricamente considerado, y es riquísimo en enseñanzas teológicas. La creación de la nada (7, 28) y la resurrección de los cuerpos (7, 11 s.; 14, 46) están en él afirmadas con una claridad que en vano se buscará en otros libros del Antiguo Testamento.
Otras verdades, como el sacrificio por los difuntos, la eficacia de la oración de los santos por los vivos (cf. 12, 43 s.; 15, 12-16), constituyen preciosas novedades en la revelación. No se conoce el año en que fué compuesto el libro. Si Jasón recibió sus informes por vía oral, no nos está permitido pensar en una fecha muy posterior al 161-160 a. de J. C., o sea después de la muerte de Antíoco V. Y más delicada aún es la cuestión de la época del autor del epítome, sobre la cual parece que debe excluirse la posibilidad de que fuera un año posterior al 63 a. de J. C., a causa de la noticia que se da en 15, 37; y el terminus post quem puede fijarse en el 124 a. de J. C. (cf. 1, 9). Por consiguiente, la fecha más probable debe de encajarse hacia el 160 a. de Jesucristo. [A. P.]
Bibliografía
F. M. Abel, Les livres des Maccabées , París 1949. A. Penna, I e II Maccabei , Torino 1952.
J. P. de Urbel, Leyendo la Biblia, Libro de los Macabeos , en Cons. (1955), nov.-dic.
Voces relacionadas
Internas
- EGIPTO
- MACABEOS y Asmoneos (Historia)
- EMAÚS
- SAÚL
- JUDEA
- JERUSALÉN
- ECLESIÁSTICO
- RESURRECCIÓN de los cuerpos
- JESUCRISTO