Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

ARQUEOLOGÍA

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Es la ciencia de las cosas antiguas. Confundídsela en un principio con la historia general de un pueblo, como en la Arqueología romana de Dionisio de Halicarnaso y en la Arqueología judaica de Flavio Josefo, pero hoy se limita a estudiar las instituciones de un pueblo en cuanto manifestadas por los documentos antiguos. Busca los restos materiales de una cultura, así como estatuas, pinturas, mosaicos, inscripciones; objetos de la vida práctica, como indumentaria, instrumentos, ornamentos, cerámica, tumbas, monedas.

Para el estudio de la Biblia no sólo es útil la arqueología de Palestina , sino que también lo han sido los resultados obtenidos en Mesopotamia, en Fenicia, en el Asia Menor y en Egipto. Arqueología de Palestina. Son fuentes de conocimiento de la antigua cultura bíblica la Sagrada Escritura, el Talmud, Filón (h. 25 a. de J. C. — 42 desp. de J. C.), Flavio Josefo (h. 37- 103 desp. de J. C.), el Onomasticon de Eusebio (h. 325) traducido y compilado por San Jerónimo (h. 390), los itinerarios de los peregrinos, especialmente el Burdigalense (333), la Peregrinatio Aetheriae (Silviae, h. 394), el Anónimo Piacentino (570), el Breviarius de Hyerosolima (s. V-vi), el De locis sanctis (h. 670), las obras de San Jerónimo, en particular la epístola ad Marcellam (ep. 46) y el Epitaphium s. Paulae.

Estos documentos ilustran casi exclusivamente el período romanobizantino, de suerte que la Biblia resulta ser la única fuente sobre las antigüedades palestinenses. Con el año 1867 se inaugura el periodo de las excavaciones científicas. Las primeras invesinvestigaciones en Jerusalén dan resultados poco halagüeños. Son más considerables los resultados obtenidos después de que Fl. Petrie (1880) introduce el método de estratificación y la manera de fijar las fechas por medio de la cerámica. Después de la guerra del 1914-18, las excavaciones toman un inmenso incremento y llevan a resultados extraordinarios.

La guerra del 1939-1945 es causa de una interrupción en los trabajos, aunque ahora parece que se reanudan de nuevo. Merecen especial mención las. excavaciones practicadas en Tell Rumeilé- cAin Shems, Bethsames, a 38 kms. de Jerusalén, para 57Ael Palestine Exploration Fund, en 1910-12 por D. Mackenzie, en 1928-33 por E. Grant.

Entre los objetos hallados figuran una inscripción cuneiforme, un asa que lleva grabado el nombre de Ioakim y un ostrakon de fecha discutida. En Rámet el-Khalil = Mambre, las practicó E. Mader (1926-28) para la Görresgesellschaft: en Tell-Beit-Mirsim = Debir, Qiriat Sepher (?) (Jos. 15, 13-19; Jue. 1, 9-15). W. F. Albright y Kyle (1926 ss.); en Tell ed-Duweir = Lachis, por J. L. Starkey (1933-35) con el hallazgo de 18 ostrakon del tiempo de Jeremías; en Naplusa = Flavia Neapolis, Tell-Balata = Siquem, en Sebastyé = Samaria, G. A. Reisner, C. S. Fischer, D. G. Lyon (1908-10), J. C. Crowfoot (1931-35) con el descubrimiento de 75 ostrakon. En Tell Djezer = Gazar, Gezer, R. A. St. Macalister, 1902-05; 1907-09; A. Rowe, 1934, con el hallazgo del calendario de Gezer (s. XI?), para el Palestine Exploration Fund; en Tell en-Nasbé = Masía, Bade (1926-32); en Tell es-Sultan = Jericó, F. Sellin, C. Watzinger (1908), J. Garstang (1930-35), Miss Kenyon (del 1952 hasta hoy). Los resultados de estas últimas excavaciones, todavía en curso, parecen a propósito para echar por tierra los datos de las precedentes. En Tell el-Hosn = Beisan, C. Fisher, A. Rowe (1921-26) para el museo de la universidad de Pensilvania; A. Rowe, A. G.

M. Fitzgerald (1927-33) con el descubrimiento de la eeeestela de BeiSan; en Tell el-Mutesselim = Magedo, M. G. Schumacher (1903-05) para el Deutscher Palästina-Verein; O. S. Fisher (1925) para el Instituto oriental de la universidad de Chicago; P. L. O. Guy (1927); en Tell Ta’annak = Thanaak, E. Sellin (1902-04); G. Schumacher con el hallazgo de doce tablillas cuneiformes del s. XIV; en Et-Tell = Hai, J. J. Marquet-Krause (1933); en Tell-el-Farca = Sheruhen, F. Petrie (1927-29), R. de Vaux (desde 1946), director de la Ecole biblique de Jerusalén, que cuenta también con L, H. Vincent y F. M. Abel como arqueólogos de los monumentos cristianos. En Teleilat el-Ghassul, P. Mallon (1929 ss.) para el Pontificio Instituto Bíblico. Los restos humanos hallados en Wadi elcAmüd (F. Turville-Petre, 1925-26) en la cueva Suqbah junto a Ramleh (D. Garrod, 1928) en las cuevas del Carmelo junto a cAtlit (D. Garrod, 1928-34) y en una cueva del monte del Precipicio junto a Nazaret (R. Neville, 1934), demuestran que Palestina estuvo ya habitada por el hombre paleolítico (Palaeanthropus palaestinus del tipo de Neanderthal). Una raza paleolítica más reciente se deduce de varios lugares de Palestina.

El mesolítico, representado en el 57Bnatufiano (hallado en una cueva de Wadi Natüf junto a Lidda) aparece en diferentes cuevas. Discútese si podrá hablarse de neolítico en Palestina : hay quienes piensan que del mesolítico se pasa inmediatamente al alcolítico que se halla particularmente en Teleilat el-Ghassul (ghassuliano), en el sedimento VIII de Jericó y, en su forma más reciente, en Beisan y en Magdo. Mesopotamia. Desde fines de la edad media las ruinas de Mesopotamia vienen atrayendo la afición de los viajeros. Benjamín de Tudela (1160), Odorico de Pordenone (1320), el Bárbaro (1472) dan cuenta de ruinas de Nínive, Babilonia y Persépolis. Pedro della Valle (1614) lleva de Babilonia los primeros ladrillos con inscripciones. J. Herbert (1674) hace alguna copia de signos cuneiformes, y J. Chardin (1674) excita definitivamente la curiosidad de los investigadores con la publicación de un fragmento de la inscripción trilingüe de Persépolis. E. Kámpfer (1712), C. van Bruyn (1718), C. Niebuhr recorren la zona: las copias de los signos sirven a Grotefend (1802) para designar los cuneiformes. J. Rich (1787-1820) practica sondeos en Babilonia y en Nínive; H.

Rawlinson (1833- 74) realiza numerosos viajes a Persia y copia las grandes inscripciones de Darío I en Behistun.

El período de expl oración se acaba con las expediciones de Chesnay (1835-37) y de Fresnel y Oppert (1851-55). En 1842 E. Botta inaugura la época de las excavaciones en Nínive y en Khorsabad. Al período de los comienzos (1842-80), escaso de métodos y de medios, sucedio el científico, inaugurado por de Sarzec en Tello y reanudado después de la guerra de 1914- 18. En Khorsabad = Dür-Sarrukin las excavaciones son dirigidas por E. Botta (1843-44), V. Place (1851-55), G. Loud (desde 1929) con el descubrimiento de los ortostetos, de los bajorrelieves, de las inscripciones de Sargón II (cf. Is. 20, 1), de los muros de cerco, con 167 torres, del palacio, de la ziqqurat o torre de planos, y sobre todo de la lista de los reyes asirios que presta un gran servicio a la cronología de Mesopotamia.

En Kuyundjik = Nínive, las dirigen Botta (1842), Layard (1845-50) y H. Rasam (1849- 54— 1377-79), C. Thomson (1927) con el descubrimiento de los palacios de los Sargónidas, y especialmente con el de la biblioteca de Assurbanipal con sus miles de tablillas, de los templos de Nabu y de Ištar y del prisma de Asarhaddón (cf. Is. 37, 37 ss.). Al mismo tiempo trabajan Layard y Rassam en Kalah-Nomrud = Kalaj (Gén. 10, 10) y descubren el obelisco de Salmanasar III (tributo 58Ade Jehü h. el 841). En Qalaat-Serghat = ASSur, W. Andrae (1902-14) que descubre el Bit Akiti, «casa de la fiesta de fin de año», y la tumba de Senaquerib. En Yorghan Tepe = Nuzu , Chiera (1925-28), Pfeiffer (1928-29), Starr (1929-31) que descubren miles de tablillas del s.

XVI, las cuales proyectan raudales de luz sobre el ambiente patriarcal. En Tell Billa = Sabaniba, Speiser y Bache durante los trabajos de Tepe Gawra. En Tello = LagaS, E. de Sarzec (1877-1901), Cros (1903-09), de Genouillac (1928-31), A. Parrot (1932-33) que descubre la ciudad sumera (época de Gudea), el vaso de Entemena, la eeeestela de los buitres, inscripciones sobre estatuas y cilindros. En Neffer = Nipur trabajan Harper, Hilprecht, Aynes, Peters (1888-900) y descubren más de 50.000 tablillas que aún siguen proporcionando interesantes sorpresas, gracias a la interpretación de N. S. Kramer y de T. Jacobsen. En Fára = Shuruppak los mismos arqueólogos (1900) de Nippur, Andrae (1902), Schmidt (1932). En Senkereh = Larsa (Elasar de Gén. 14, 1), Parrot (1933); en Warka = Uruk (Erec de Gén. 10, 10), Jordán (1912; 1928-31), Noldeke y Heinrich: dase a conocer un sedimento de aluvión. En Mugayyar = Ur, patria de Abraham , las excavaciones de Taylor (1349), de Loftus (1850), Woolley y Legrain (desde 1929) muestran el templo del dios Luna y de sus paredras, la ziqqurat y los subterráneos regios con maravillosas riquezas.

En Abu Sharein = Eridu los trabajos son realizados por Thomson y por Hall (1918-19). V. Scheil (1892) en Abu Habba = Sippar encuentra el templo del dios Sol y 60.000 tablillas, y a su vez H. Rassam (1881) halla el cilindro de Nabónidas. En teli-Kasr y tell-Merkes = Babilonia una misión alemana dirigida por Koldewe (1899-1917) descubre los palacios que tuvieron cautivos a los reyes de Judá y que fueron testigos del banquete de Baltasar, la triple cerca fortificada, los templos de Istar y Marduk, los caminos sagrados de las procesiones (Bar. 6), las inscripciones, entre las que figura el cilindro de Ciro (Esd. 1, 1-4). En EI-Oheimir = KiS las excavaciones son efectuadas por de Genouillac (1912), Langdon (1922-26), Watelin (1926-34). En Tell Asmar - Ešnunnak, una misión americana (desde 1930): da a conocer el códice de Bilalama, anterior en unos 200 años al de Hammurabi. En Tell el-Hariri (Mari, v.), A. Parrot encuentra un material cuneiforme que proyecta una luz extraordinaria sobre la época de los Patriarcas. Infiérese de las excavaciones que toda Mesopotamia conoció una civilización 58Bfundamentalmente unitaria y que los sumerios no fueron sus exclusivos autores.

La anterioridad de esta civilización con relación a la del Nilo parece muy probable. A la primera dinastía de Ur (h. el 3100) precedieron grandes culturas, entre las cuales El-Obeid, Warca, Jemdet, Nasr, etc., que revelan ser idénticas en Asiria y en Babilonia. El sedimento de arena de aluvión hallado a diferentes profundidades en Warka, Fára, Mugayyar, Tello, El-Oheimir, Kuyundjik, pudiera tener relación con el diluvio de los documentos cuneiformes. Fenicia. Además de las excavaciones de Loftus (1851), que nos llevan a la identificación de Susa (v. Dan. 8, 2) = Shus en Persia; aparte la delegación francesa en los tell de Apadana, de la ciudadela (Neh. 1,1; Est. 1, 2) y de la ciudad real con el descubrimiento de la eeeestela del códice de Hammurabí, son dignos de consignarse los trabajos llevados a cabo en busca de las antiguas culturas fenicias. Además de la misión de Renán (1860-61) y de las excavaciones realizadas en Tiro y en Sidón, han tenido especial éxito las dirigidas en Djebal = Byblos (Ez. 27, 9) por P. Montet (1921-24) y por M. Dunand (1924 hasta hoy), con el descubrimiento de numerosas inscripciones, y en Ras Shamra (v.) = Ugarit por C.

Schaeffer con un lote inicial de tablillas en alfabeto cuneiforme ya descifrado, al cual debe añadirse el hallazgo de un número elevadísimo de otras tablillas. Asia Menor y Alta Siria. En Boghazkoy = Hattša, Winkler (1906) descubre los archivos reales de los jeteos (v. s. XIV-XIII a. de J. C.); en Kültepe = Kanis se descubren las tablillas de Capadocia (s. XVIII a. de J. C.) que dan a conocer la vida de los asirios. En Karatepe y en el lugar de la antigua Harran están llevándose a efecto importantes trabajos. En Zendjirli = Lutibu Samal, las excavaciones son dirigidas por Luschau (1888-94) y obtienen por resultado el hallazgo de la eeeestela de Asarhaddón (670) que recuerda su victoria sobre Sidón y Egipto. En Djerablus = Karkemiš (Jer. 46, 2) los trabajos son realizados por Henderson (1878-81), Hogart y Woolley (1911-13; 1920); en Arslan TaS = Hadátu, Barrois (1928) descubre una serie de placas de marfil pertenecientes al ajuar de Jazael de Damasco. Egipto. La exploración iniciada con la expedición Bonaparte (1798) se ocupa nuevamente en 1822 de descifrar los jeroglíficos de F. Champoliion.

Después de éste visitan el país Rosellini (1828) y Lepsius (1840), por su parte Mariette (1850-80) descubre el Serapeum, la necrópolis de Saqqarah, el templo de la esfinge en Gizeh, etc.

59AEn San el Hagar = Tanis (Soán de Núm. 13, 22; cf. Is. 20), en una llanura que los egipcios llaman campos de Tanis (Sol. 78, 12) las excavaciones son dirigidas por Mariette (1860), Petrie (1884), Montet (desde 1929) e inducen a pensar en la presencia de la ciudad de los hiksos, Avaris, que después fué capital de Ramsés II (Éx. 1, 11), y que Petrie (1906) había identificado con Tell Artabi en Wadi Tumilat. En Tell el-Maskhuta, Naville (1883) descubre a Pitom (Éx. 1, 11), y en Theku descubre a Sucot (Éx. 12, 37). En Tell Defenneh, Petrie (1883) descubre las ruinas de Tafnes (Jer. 43, 7 ss.); en Tell Yehudich = Leontópolis, el mismo Petrie (1905) revela los restos de un campo atrincherado del tiempo de los hiksos y de la colonia judía del tiempo de los Macabeos.

En Abu Asan, al sur de los lagos Amargos, Chedat (1919) encuentra un templo-fortaleza de Seti I, que parece corresponde al Migdal de Éx. 14, 2. La exploración de la línea de las pirámides conduce al conocimiento de la vida del Imperio Antiguo y Medio. Entre El Cairo y Luxor, Tell el- Amarna (v.) = Ikhetnaton de Amenofis IV ofrece un conjunto de tablillas cuneiformes (1887) que revelan la correspondencia habida entre Palestina y Egipto en el s. XIV. Las ruinas de Karnak y de Luxor, a la orilla derecha del Nilo, y las de Qurnah y de Medinet Habu, a la izquierda, indican el emplazamiento de Tebas (v. Nó-Amon de Nah. 3, 8; en Otros lugares simplemente No).

En el gran templo de Karnak, Petrie descubre (1896) la eeeestela de Memephtah que habla de Israel, y la lista de las ciudades siriopalestinenses de Tuthmosis III y de Shesonq (Sesac de I Re. 14, 25). Enfrente de Assuan-Siena de Ez. 30, 6, etc., la isla de Elefantina ofrece a los clandestinos y a la misión alemana de Rubensohn (1904-06) un enorme número de papiros aramaicos que permiten formarse una idea de la colonia judía (500-400 a. de J. C.). El cotejo de las culturas análogas de Egipto y de Mesopotamia permite asentar algunas fechas de Palestina: el paleolítico es situado entre el V y el IV milenio hasta cerca del año 3200 a. de J. C.

Las sucesivas fases del bronce y del hierro, que se distinguen principalmente por la técnica y' por la morfología de la cerámica, hállanse en muchos lugares. La edad del bronce se divide en Palestina en tres períodos determinados de este modo: bronce I (antiguo), del 3200 a. de J. C. al 2000 aproximadamente; bronce II (medio): 2000-1600; bronce III (moderno): 1600-1200. Asimismo la edad de hierro 1200-300: hierro 1 = 1200-900; hierro II = 59B900-600; hierro III = 600-300. En los sedimentos superiores de muchas edades más antiguas hállase representada la cultura helénica (300-50 a. de J. C.), la romana (50 a. de J. C. — 350 desp. de J. C.) y la bizantina (350-636 desp. de J. C.). La invasión de los musulmanes abre una nueva época (636). Los diferentes sedimentos arqueológicos manifiestan también las influencias extranjeras sobre Palestina y las sucesiones de una población tras otra. En el período del bronce I, el elemento étnico que prevalece es el cananeo, al que hacia el 1900 se sobrepone un nuevo sedimento más poderoso de los semitas occidentales o amorreos. Durante el período del bronce II se nota una afluencia de jórreos, árameos e hiksos.

En el bronce III, el dominio de los egipcios, que se había restablecido en Palestina después de la derrota de los hyksos, se ve turbado por las invasiones de los pueblos nómadas (Habiru), a quienes suceden los israelitas. El comienzo del hierro I se caracteriza por una notable decadencia cultural debida, indudablemente, a la ocupación del país por los israelitas, que fueron muy lentos en asimilarse los elementos culturales hallados en el país conquistado y sufren nuevas influencias, principalmente de Fenicia (arquitectura), de Egipto (manufacturas artísticas, marfil, vajilla) y, más adelante, de los pueblos conquistadores (neobabilonios, persas, seléucidas, romanos). Los relatos bíblicos se insertan sin dificultad en el ambiente, y sólo en algunos casos quedan dudosos, como cuando se trata de la fecha en que se dio la caída de Jericó y de la toma de Hai (Jos. 8). La arqueología confirma la verdad histórica de la Biblia en sus líneas generales. Mas en cuanto a los hechos por separado, hasta ahora nos faltan en Palestina las inscripciones que pudieran permitirnos fijar con exactitud la fecha de los documentos descubiertos, por lo que no siempre se llega a una prueba indiscutible.

Veamos algunos ejemplos en los que tal prueba es patente: En Tell el-Haleifi (Asiongaber) junto al golfo de Aqaba, en virtud de los trabajos de N. Glueck pueden comprobarse los esfuerzos de Salomón para crearse un puerto comercial (I Re. 9. 26); los objetos de marfil hallados en Samaria confirman las descripciones de la riqueza de la capital del reino del Norte (I Re. 22, 39; Am. 3, 15; 6-4), así como los ostraka de la misma ciudad apuntan a algunos centros del territorio de Manasés; las cartas de Laquis demuestran la incertidumbre de la situación política del reino de Judá en tiempo de Jeremías. La confirmación de la 60Aarqueología respecto de estos hechos secundarios demuestra el crédito que nos merece la narración bíblica.

Los descubrimientos recientes contribuyen a vencer el escepticismo respecto de la Biblia: el recuerdo de la edad patriarcal a través de las excavaciones de Nuzu y de Mari; las luces sobre la poesía y el lenguaje de los hebreos, tal como resulta de Ugarit; la viva iluminación sobre los comienzos de la legislación mosaica a través de la publicación de las leyes de los jeteos, de los babilonios, de los asirios, de los códigos de Urdammu, Bilalama, Lipit-Ištar; una nueva luz sobre el período persa de la historia judía de Egipto y de Irán. Por los datos de la arqueología se admite comúnmente que las tradiciones del Génesis reflejan el ambiente del bronce medio entre los siglos xxi-xvi. [F. V.]

Bibliografía

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