CARMELO
Sierra de colinas que mide 30 km. de longitud por 12-16 de espesor y una altitud media de 500 m., en cuya formación domina el elemento calcáreo.
Se desprende del sistema montuoso central de Palestina , se prolonga hacia el oeste y termina en un promontorio que domina el mar por el sur de la bahía de San Juan de Acre, señalando así el límite entre Galilea y Samaria. Por estar surcado de numerosos valles y cavernas que sirvieron de refugio a los perseguidos (Am. 9, 2 s.) y cubierto de rica vegetación, el Carmelo es presentado en la Biblia como símbolo de gracia, de prosperidad y de majestad (Cant. 7, 5; Is. 10, 18; 35, 2; Jer. 46, 18; 50, 19) o como símbolo de desolación por haber desaparecido sus bosques (Is. 33, 9; Jer. 4, 26; 50, 19; Am. 1, 2). Muy pronto fue consagrado el Carmelo al culto de Bacal, la principal divinidad 106Bdel Panteón cananeo, venerado en Tiro bajo la denominación de Melqart, «rey de la ciudad» o «rey del nuevo subterráneo» (W. F. Albrigth).
El carácter sagrado del Carmelo aparece ya en la denominación «raSu qada§u», «la cabeza santa» de las listas de Tutmosis III, y además por el testimonio que de él dan Scylas (s. IV a. de J. C.), Jámblico (s. IV desp. de J. C.: Vita Pyth. III, 14), Tácito (Hist. II, 28) y Plinio (Nat. Hist. II, 17). En una de las explanadas de sus cumbres (514 m.) tuvo lugar la valerosa lucha entablada entre el profeta Elias y los pocos fieles contra la pretendida suplantación de la religión yaveísta por la de Bacal Melqart apoyada pola fenicia Jezabel, esposa de Ajab, rey de Israel. A esto siguió la más terrible crisis del yaveísmo que recuerda la historia hebrea, a consecuencia de la muerte de los 450 falsos profetas de Bacal, que en vano habían implorado de lo alto, entre danzas frenéticas, el fuego que debía consumir las víctimas colocadas sobre el altar, y que fue requerida por Elias, no bien hubo alcanzado con su plegaria dirigida a Yavé el fuego devorador (I Re. 18, 19-49).
El profeta Elíseo habitó en el Carmelo (II Re. 2, 25) después de la muerte de Elias, y allí fue adonde la mujer de Sunam se dirigió para implorar la resurrección de su hijo, habido por intercesión del profeta (II Re. 4, 8-37). El lugar es venerado por cristianos, hebreos y musulmanes.
En algunas grutas del Carmelo (Et-Tabún; Mugārat es-Suhūl) se descubrieron industrias humanas pertenecientes al Paleolítico inferior, y restos humanos con caracteres intermedios entre el hombre de Neanderthal y el hombre llamado sapiens. [A. R.]
Bibliografía
F. M. Abel, Géographie de la Palestine, I. París 1933, pp. 350-53. R. de Vaux. La préhisoire de la Syrie et de la Palestine d’après les recherches récentes, en RB, 53 (1946), 99-124 (con bibl.).