JERICÓ
Ciudad de Palestina , situada en la comarca occidental del Jordán, en la extensa llanura ( Ghor ) formada por el río antes de desembocar en el mar Muerto. Como punto de convergencia y de tránsito entre Palestina y Transjordania, Jericó tuvo en todo tiempo una importancia estratégica de primer orden. Debe su existencia a la riqueza de sus aguas que hacen de ella un oasis de vegetación tropical y mitigan sus excesivos calores producidos por el máximo desnivel del globo (—380 metros). El emplazamiento ha sufrido varios 304Bcambios en el curso de la historia. Los centros científicamente identificados son tres: moderno (de las cruzadas), herodiano y cananeo. La Jericó moderna, situada en el mismo emplazamiento del centro de las Cruzadas, no tiene interés rigurosamente bíblico. La ciudad herodiana, a 2 km. al suroeste de la cananea, se erguía sobre las avanzadillas del Wadi el-Quelt, en el punto en que éste sale de entre las montañas. Herodes , que fue su constructor, imprimió en ella un aspecto típicamente helénico, con palacios, casitas de campo, acueductos, termas, hipódromos, anfiteatro.
Ésta es la Jericó del Nuevo Testamento visitada por Jesús, curando en ella a los ciegos (Mt. 20, 29) y convirtiendo a Zaqueo (Lc. 19, 1 ss.). Las excavaciones de la Escuela Americana de Jerusalén (1950-51) han dado a conocer muchas construcciones en opus reticulatum , entre las que figura la gran fachada que mira al Wadi, con exedras y 25 nichos alternativamente semicirculares y rectangulares. La ciudad cananea estaba emplazada sobre el actual Tell es-Sultán, a 8 km. del Jordán, bajo el Gebel Qarantal. Según una técnica muy extendida en Oriente, esta elección era como impuesta por la proximidad de la fuente ‘Ain Sultán. Es la Jericó del Antiguo Testamento ligada a la conquista de Josué (Jos. 6), nombrada en Jue. (1, 16; 3, 13) como «ciudad de las palmas», ocupada por Eglón, rey de Moab , durante 18 años (ibid. 3, 13 s.), reedificada por Jiel hacia el 870 (I Re. 16, 34), visitada por Elías y Eliseo que en ella ejercían la vigilancia sobre un importante centro profético (II Re. 2, 1-11). Fue destruida por los babilonios, reconstruida después del cautiverio e invadida por Pompeyo. M. Antonio la regaló a Cleopatra, quien se la vendió a Herodes que la mudó de lugar.
En su historia multimilenaria hubo en ella sucesivas civilizaciones, que han sido reveladas por tres expediciones de excavaciones: alemanas (Sellin), 1907; inglesas (Garstang), 1930-36; angloamericanas (M. K. Kenyon), 1952 ss. Comprobáronse veinte sedimentos mediante sondeos hasta la tierra virgen.
En el neolítico, las últimas excavaciones han proyectado nueva luz confirmando sustancialmente la posición de Garstang, que distinguía en Jericó un neolítico precerámico seguido del cerámico. El neolítico precerámico solamente se apoya sobre el mesolítico por la parte septentrional, mientras que por las otras partes está tocando al suelo virgen, lo que prueba el tránsito directo de la vida nómada a la estabilización. Así tenemos en el primer neolítico la vivienda 305Aestable, el desarrollo de la agricultura, las artes y los oficios: falta la cerámica. Esto revela una nueva fase en la evolución de la civilización, ya que hasta ahora era considerada la cerámica como uno de los componentes esenciales del neolítico.
La vida de esta antiquísima comunidad (anterior al 5000 a. de J. C.) está caracterizada por una agricultura muy desarrollada, pero sobre todo por una sólida muralla de cerca, construida con enormes masas, lo cual supone en Jericó una comunidad organizada tal vez bajo un jefe. Así mientras las otras agrupaciones conocidas hasta ahora estaban en forma de aldeas, Jericó se había elevado ya a rango de ciudad: la ciudad más antigua del mundo . Entre los hallazgos de mayor interés figuran: 1.º un pequeño santuario 2,2 x 1,14 m., con un ancho lateral que tiene por delante una tosca piedra que sirve de pedestal, y a corta distancia una pequeña pilastra resquebrajada ( massebah ), destinada a servir de soporte; 2.º siete cráneos humanos labrados plásticamente, de gran significado religioso y artístico.
La aparición de la cerámica en el neolítico indica probablemente la existencia de nuevos influjos llegados de afuera y tal vez la llegada de un nuevo pueblo. El calcolítico debió de ser muy limitado, lo mismo que el mesolítico, mientras que en las inmediaciones se hallan mayores testimonios del mismo; lo cual es indicio de los frecuentes desplazamientos que había en el 4.º milenio. El período del Bronce es el más próspero. El Bronce I (h. 3100-2100 a. de J. C.) nos ha revelado la existencia de un sistema de defensa compuesto de no menos de 14 murallas, todas de adobes sobre cimientos de piedra.
Un sorprendente descubrimiento ha sido la comprobación de que «la doble muralla» que hasta el presente había sido tenida por del Bronce II (conquista de Josué) resulta perteneciente al Bronce I, por más que entre las dos murallas median algunos centenares de años. El Bronce Medio (1900-1550), que sucedió a un período de transición (2100-1900) marca el nacimiento, el progreso y la decadencia de los hiksos. Es abundante y variada la cerámica; son interesantísimas las tumbas, muchas de las cuales todavía están intactas, y el glacis , característico de la arquitectura militar de los invasores. Sobre el Bronce Último o III (1550-1200), el más ligado con los acontecimientos bíblicos, las últimas excavaciones no han ofrecido elemento alguno para la cronología de la conquista, ni siquiera para la misma gesta de 305BJosué y para la identificación de la ciudad conquistada.
No se ha hallado ninguna muralla que pueda ser atribuida al Bronce II, y si Jericó tenía una muralla de fortificación, ésta no puede ser otra que la del Bronce Medio rehabilitada, aunque no sepamos nada de cierto sobre tal utilización. Hay incluso alguien que cree que hay que buscar en otro sitio la Jericó de Josué. [S. R.]
Bibliografía
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44 (1935), 583-605. J. B. G. Garstang, The story of Jéricho , London 1940
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