SALOMÓN
Hijo de David y Betsabé; sucesor en el reino (h. 965-926 a. de J. C.). Con el apoyo del profeta Natán, del sacerdocio jerosolimitano y de la guardia real, se posesionó del trono paterno, ambicionado por su hermano Adonías , quien a su vez estaba sostenido por los representantes de la tradición de Hebrón, Joab, Abiatar y los funcionarios judíos, y eliminó a sus contrincantes (I Re. 1-2). El reinado de Salomón fué pacífico, en completo contraste con lo dinámico del de David . No obstante, conservó en toda su integridad lo que su padre le había entregado, protegido por un cinturón de plazas fuertes, custodiadas por nuevas guarniciones, provistas de carros de guerra (I Re. 9, 15-19; 10, 26). Pero no logró impedir la reconquista de Edom por parte del príncipe moabita Adad, que se había refugiado en Egipto (I Re. 11, 21), ahora que sí consiguió asegurar el dominio sobre la región metalúrgica y sobre el camino del mar Rojo, en Edom. Perdió asimismo la Siria, que fué reconquistada por Razón, fundador de la dinastía damascena, y cedió veinte ciudades de Galilea a Hiram de Tiro (I Re. 9, 10). La actividad política fué llevada con diplomacia y no con las armas.
La alianza con Egipto , deseoso de recobrar el dominio sobre Palestina , quedó sellada con el matrimonio de Salomón con la hija del faraón Susennes I de la dinastía XXI, la cual llevaba como dote la ciudad Guezer (I Re. 3, 1; 9, 16 s.); y los intereses comerciales más el prestigio de Salomón determinaron a la reina de una colonia 531Bsabea de Arabia a hacer una visita a Jerusalén (I Re. 10, 1-10). El comercio de Salomón, que se transformó en monopolio del estado, a imitación de todos los reinos orientales, fué ante todo de tránsito: los caballos de Cilicia son transportados a Egipto , de donde vienen los carros militares destinados para Siria; y luego también comercio de intercambio: el trigo y el aceite de Palestina se cambian por maderas del Líbano (I Re. 5, 24-25); los metales de Arabah por productos raros de la península arábiga. Los metales del Arabah eran elaborados antes de su exportación: en Tell el Kheleifeh (Asiongaber) descubrió N. Glueck en 1938-39 potentes refinerías construidas por Salomón para el hierro y el cobre que se extraía de las minas próximas (en BASOR, 71 (1938) 3-18; 72 (1938) 9-13; 75 (1939) 8-22).
El comercio, que se desarrollaba por medio de caravanas (I Re. 10, 15), recibió un gran incremento con la creación de una flota de gran fondaje («naves de Tarsis») que llevó a efecto Salomón en sociedad con Hiram y sirviéndose de personal fenicio. Tenía como base el puerto de Asiongaber-Helath (Tell el Kheleifeh), construido expresamente en el golfo de Aqabah (I Re. 9, 26 ss.; II Par. 9, 21). Las grandes construcciones fueron posibles gracias a la riqueza acumulada con la actividad comercial y fiscal: la grandeza de la nación se mostraba palpablemente en la del Templo y del palacio. Con el concurso de obreros fenicios especializados y, sobre todo, con material fenicio (cedros y cipreses del Líbano), que en zateras hacían llegar hasta Gaza para llevarlo de allí en convoyes a Jerusalén , construyó el Templo y el palacio, organizando la distribución del personal de modo que fuesen de acuerdo las actividades constructivas con las del servicio práctico. La actividad constructiva que se inició en el cuarto año de su reinado (I Re. 6, 1), se prolongó durante veinte años (I Re. 9, 10): siete para el grupo del Templo (I Re. 6, 38) y trece para el grupo del palacio (I Re. 7, 1).
El grupo del palacio (I Re. 7, 1-12), construido después y al sureste del Templo (v.) estaba integrado por varios edificios que ocupaban la explanada del actual Haram es-Sherif, y eran los siguientes: La «casa del Bosque del Líbano», probablemente destinada a ceremonias solemnes; era de grandes dimensiones (ms. 55-25, 50-16); estaba dividida en cinco naves de cuatro filas de columnas de cedros del Líbano (de ahí su nombre), y la iluminaban tres órdenes de ventanas cuadrangulares dispuestas simétricamente 532Aa lo largo de los dos lados mayores; en un palco superior había tres filas de habitaciones. El «vestíbulo de las columnas» (27’5 × 16’5 m.), adornado de columnas (de las que recibió el nombre) con una especie de pronaos de columnas, cubierto con un pequeño techo. El «vestíbulo del trono» de dimensiones iguales a las anteriores, si bien no se han llegado a precisar, revestido con tablas de cedro, con un magnífico trono destinado a la administración de justicia.
Por último, el palacio real propiamente dicho, al oeste del grupo precedente y al sur del Templo, dividido en dos partes, una de las cuales, al sur, estaba destinada para el harén real y la otra para la hija del faraón, su esposa. Salomón reconstruyó las defensas de algunas ciudades cananeas, aptas, por su posición, para ser convertidas en plazas fuertes (I Re. 9, 15-19): Jasor en Galilea (= Tell Waqqús); Mageddo (Tell Mutesselim), donde se hallaron los restos de las caballerizas de Salomón (I Re. 5, 6); Guezer (Tell Gezer); Bet Jorón inferior (Beit’Ur el Tahata) Tadmor (v. Palmira ). En Jerusalén, después de la organización del palacio (I Re. 9, 24), construyó el Milo, un terraplén (de la raíz mille’: llenar) que debía cegar la brecha que en la colina de la ciudad de David (I Re. 2, 10) se había abierto con la desviación del valle del Tyropeion, al norte del ángulo suroeste del actual Haram es-Sherif (I Re. 9, 15-24). Administrativamente dividióse el territorio, sin comprender en ello a Judá, en doce prefecturas, cuyas prestaciones en especie se destinaban a llenar las necesidades de la corte, de los funcionarios y del ejército (I Re. 4, 7-19; 5, 2-3; 7-8).
La reforma de Salomón, que sustituía los ancianos por prefectos, que él mismo nombraba directamente, se proponía acabar con las tradicionales rivalidades existentes entre las tribus y formar un estado bien organizado.
Las doce prefecturas, que conservaban parcialmente la distribución por tribus, aunque con segmentaciones de las tribus de Efraím y de Manasés , eran éstas: 1. «montaña de Efraím», que abarcaba las tribus de Efraím y el mediodía de Manasés, cuya capital era, probablemente, Siquem (Jos. 20, 7); 2. el antiguo territorio de Dan, con algunas partes de las tribus de Judá y de Benjamín; 3. la llanura de Sarón entre el Nahr el Angia y el Nahr ez-Zerga; 4. la región de Nafat Dor, desde el Nahr ez-Zerga hasta el Carmelo; 5. la parte occidental de la llanura de Esdrelón y la septentrional del valle del Jordán; 6. la región correspondiente a casi todo el territorio de Manasés transjordánico; 7. la región de 532BManajim, correspondiente al Galad Meridional; 8. la prefectura de Neftalí en perfecta correspondencia con la antigua tribu; 9. la de Aser y Zabulón; 10. la de Isacar, que también correspondía a la antigua tribu; 11. región de Benjamín (cf. Jos. 18, 41-28); 12. la de Gad (LXX; Galad).
El territorio de la tribu de Judá no fué incluido entre las prefecturas, porque se regía por una administración especial. En el nuevo sistema administrativo israelitas y cananeos quedaron en un plano de igualdad absoluta respecto de derechos y deberes. La figura de Salomón pasó a la posteridad con una luminosidad indiscutible: no le falta ni la fama de una sabiduría extraordinaria y universal (I Re. 3, 16-28; 5, 9-14; 10, 1-10), ni las señales de una auténtica religiosidad (I Re. 3, 4-15; 8, 1-66).
Pero tiene también sus sombras igualmente notables: el debilitamiento del espíritu guerrero que se mostró desde el mismo comienzo de la monarquía; las excesivas preocupaciones mundanas: la sabiduría profana en demasía; su sentimiento religioso menos arraigado que en David (I Re. 11, 4); y, lo que es peor, que siendo ya viejo condescendió con la idolatría (Ibíd. 11, 1-8) y fué condenado por el profeta Ajías (Ibíd. 11, 31).
En la política interna, lejos de atenuar aquel dualismo de los del sur, presente siempre en toda la historia hebrea, lo agudizó más al poner a Judea en situación privilegiada en virtud de su administración especial y por los muchos de sus ciudadanos que ocupaban altos cargos del estado (I Re. 4, 1-6), mientras gravaba a Israel con impuestos en especie y prestaciones de mano de obra (Ibíd. 4, 7-19; 5, 7; 5, 37). Por eso de Israel provino el primer conato de revuelo, que fué sofocado, es cierto, pero que fué el preludio de la escisión que se verificaría después de la muerte de Salomón.
Bibliografía
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