HEBREOS
El apelativo es usado generalmente para significar los descendientes de los Patriarcas.
En la Biblia lo emplean exclusivamente los no israelitas, o los israelitas cuando hablan con no israelitas. Háblase particularmente de los hebreos en la época en que los israelitas moraron en Egipto, y en los tiempos en que Samuel y Saúl luchaban con los 249Bfilisteos (cf. I Sam. 14, 21, donde los hebreos sujetos a los filisteos pasan al lado de los israelitas). Del siervo hebreo que debe ser redimido se habla en Éx. 12, 2; cf. Dt. 15, 12; Jer. 34, 9. En Gén. 10, 21, se dice que Sem fue padre de todos los hijos de Heber, considerado luego como uno de los progenitores de Abraham (Gén. 11, 16-27). Si los hebreos son hijos de Heber, síguese de las genealogías que el nombre gentilicio ‘Ibri tiene una acepción más amplia que los «descendientes de Abraham».
En los documentos cuneiformes desde la tercera dinastía de Ur del s. xx aparecen en el Asia Menor; en el xvn en la Mesopotamia inferior; en el xv se los nombra en los documentos de Nuzu . En los ss. xv-xiv se habla de Sa-gaz en las cartas de El-Amarna; en los siglos x iv -x iii en los textos jeteos. En los descubrimientos de Ras Shamra (comienzos del siglo xiv) a Sa-gaz se le llama en ugarítico cprm. En Egipto hay testimonio de ellos desde los tiempos de Amenofis II (en pleno s. xv) hasta el reinado de Ramsés IV (s. xii).
El acádico Ḫapiru, el ugarítico ‘prm y el egipcio ‘apiru no son una denominación étnica sino que designan una clase de personas consideradas siempre como extranjeras en el pueblo entre el cual viven, toleradas con dificultad e imposibilitadas para constituirse en pueblo. Tal vez sea legítimo sostener que también a los hebreos se les dio tal nombre.
La denominación de arameos sí que es étnica (cf. Dt. 26, 5; Gén. 24, 10; 25, 20; 13, 18), y a ellos pertenecen efectivamente Abraham y los suyos.
En las diferentes peregrinaciones entablaron pacto s con otros pueblos; p. ej., los descendientes de José proceden de un matrimonio con una egipcia. De ahí se convencieron los israelitas de que eran arameos mezclados con otras razas (cf. Ez. 16, 3) (cf. De Vaux, art. cit., en RB, 55 [1948], 337-47). La historia de los Patriarcas. — Según la tradición bíblica, el pueblo de Israel desciende de los Patriarcas cuyos sucesos se narran en el libro del Génesis.
La familia de Abraham tuvo su origen en Ur de los Caldeos, hoy Al-Muqqayyer (Gén. 11, 28. 31; 15, 7; cf. Neh. 9, 7), la cual abandonó, tal vez después de haber sido sepultada la Dinastía III de Ur, para fijar su asiento en Jarán (Gén. 11, 31-32; 12, 4-5; cf. 27, 23-28, 10; 29, 4) (hoy Eski-Harran). Abraham, llamado por Dios, se fue de aquella región a la tierra de Canán. acompañado de Lot, padre de los amonitas y de los moabitas. Isac su hijo toma por esposa a Rebeca, de 250Aquien tiene a Esaú y Jacob. Jacob suplanta a Esaü en los derechos de primogenitura y en el acto de recibir la bendición paterna.
Huye junto a Labán, hermano de Rebeca, y toma por esposas a las dos hermanas, Lía y Raquel, y de ellas y de sus esclavas tiene once hijos. Parte para la tierra de Canán, y después de haber luchado con Dios en las cercanías de Jacob, recibe el nombre de Israel (Gén. 32, 22-27). Se reconcilia con su hermano Esaú; en Efrata (Gén. 35, 16) se le muere Raquel en el parto de Benjamín. Los hermanos venden a José por envidia a unos ismaelitas que lo llevan a Egipto, y después de pasar por varias vicisitudes es elevado a un alto grado de autoridad. Habiendo cundido una grave carestía en la comarca, los hermanos de José bajan a Egipto en busca de víveres. José los acoge benévolamente, y hasta los fuerza a que vuelvan a su tierra para inducir a Jacob a bajar también él a Egipto. Así bajaron los Patriarcas a Egipto, donde tomaron para habitar la tierra de Gosen. La cronología del libro del Génesis, muy probablemente compuesta en forma esquemática, no puede apenas servirnos para determinar en qué tiempo se dieron estos acontecimientos. Veinticinco años después de la salida de Jarán, cuando Abraham tenía cien años, nació Isac (Gén. 12, 4; 21, 5).
Pasan sesenta años y nace Jacob (Gén. 25, 26), el cual va a Egipto a la edad de 130 años (Gén. 47, 9). Sumando estos números tenemos 215 años que corresponden a la mitad de la duración de la estancia en Egipto (Éx. 12, 40). El único fragmento que pudiera proyectar alguna luz es Gén. 14, donde se lee la narración de la expedición de Kedorláomer con sus aliados contra Sodoma, Gomorra y otras ciudades. Si Amrafel puede identificarse con Hammurabí, hay que poner a Abraham en el mismo período del rey de Babilonia (1728-1668). Pero esta identificación está llena de dificultades, como la de los otros reyes que son allí nombrados (cf. R. De Vaux, en RB, 55 [1948], 331-335; M. Noth, [1951], 136-140). Según Gén. 14, la Transjordania estaba ocupada por moradores estables; ahora los datos arqueológicos nos inducen a creer que desde el fin del primer período del Bronce II (s. xvm) quedan interrumpidas todas las señales de cultura. Abraham debió de hallarse en la tierra de Canán hacia el 1850. Con la cuarta generación sus descendientes se trasladan a Egipto (h. el 1700), al mismo tiempo en que los hiksos fijaron su sede en el Delta (cf. R. De Vaux, en RB, 55 [1948], 335 ss.).
Los Patriarcas fueron seminómadas más que 250Bsimplemente nómadas. Muchas veces tuvieron asiento fijo (Gén. 23; 33, 19), abrieron pozos (Gén. 21, 25; 26, 15) y cultivaron la tierra (Gén. 25, 29; 26, 12; 27, 28; 30, 14; 37, 7) (cf. R. De Vaux, en RB, 56 [1949], 5-8). Éxodo de Egipto. — Qué pudo suceder cuando la familia de Jacob entró en Egipto (70 personas: Gén. 46, 27) y cuando salió de allí 430 años después (Éx. 12, 37, 38) en número de unos 600.000, no nos lo dicen las fuentes. Estableciéronse en la tierra de Gosen, que probablemente debe identificarse con Wadi Tumilát. Aquí construyeron ciudades los israelitas (Éx 1, 11); Pitom (probablemente Tell el Retaba) y Racamses (Pi-Ramses de los egipcios, o Tanis de Qantir). Allí criaron rebaños de ganados (Gén. 46, 34; 47, 6), pero probablemente con el correr de los tiempos ejercieron otras artes (cf. Éx. 12, 13). Al comenzar a multiplicarse se vieron vejados de diversos modos, primero con duros trabajos y luego con la supresión de los hijos varones. Dios suscitó un libertador en Moisés , que habiendo sido expuesto por sus padres, fue recogido y educado por la hija del Faraón.
A consecuencia de las muchas calamidades que le vinieron encima, Faraón se ve constreñido a dejar libres a los israelitas. Piensan algunos que hay que remontarse hasta el 1450 aproximadamente, época de la XVIII dinastía (cf. A. Lucas The Date of the Exodus, en Palestine Exploration Quarterly, 73 [1941], 110-120). Otros opinan que el Faraón de la opresión fue Ramsés II (1292-1225), y que los israelitas fueron libertados durante el reinado de Meneftá (1225-1215) (cf. G. Ricciotti, Storia dTsraele, I, pp. 222-228; cf. H. Cazelles, Uauter du code de Valliance, en Vivre et Penser, III; en RB, 52 [1945], 180 ss.; R. De Vaux, /$raél, en DBs, IV, col. 736 s.). Según Éx. 12, 37, los israelitas del éxodo eran 600.000 hombres; cf. Núm. 1, 19-46: 603. 000; Núm. 26, 1-51: 601.730.
En saliendo de Egipto atravesaron el «Mar Rojo», probablemente por la parte meridional del lago Amari (cf. C. Bourdon, en RB, 41 [1932], 370-392; 538-549). Luego dieron vuelta hacia el monte Sinaí, donde Moisés constituyó el pueblo después de haber establecido solemnemente una alianza con el Señor. (Hoy es considerado Moisés, incluso por los críticos, como fundador del yaveísmo: cf. H. H. Rowley, The Old Testament and Modern Study, Oxford 1951, pp. 286-291). A causa de las diferentes rebeliones estableció Yavé que ninguno de los que habían salido de Egipto habiendo cumplido ya la edad de los veinte años entrase en la Tierra de Promisión (251ANúm. 14, 28-32).
Después de un intento frustrado de penetrar en ella (Núm. 14, 40-45; 21, 1), al que siguió una larga caminata, llegaron al Jordán frente a Jericó. (Para estas peregrinaciones cf. F. M. Abel, Géographie de la Palestine, II, París 1938, pp. 208-217). En este año derrotaron a Seón, rey de los amorreos y a Og, rey de Basan (Núm. 21, 21-35), cuyas tierras fueron ocupadas por las tribus de Rubén y de Gad, y por la mitad de la de Manasés (Núm. 32) (cf. R. De Vaux, Notes d’histoire et de topographie, en Vivre et Penser, I; en RB, 49 [1941], 16-29). Ocupación de la tierra prometida y período de los Jueces. — Los israelitas pasaron milagrosamente el Jordán guiados por Josué. El pueblo reanuda en Gálgala el uso de la circuncisión, que había estado abandonado en el desierto, y celebra la Pascua. Con la ayuda del Señor conquista y maldice a Jericó.
Los habitantes de Gabaón sorprenden a los israelitas y arrancan de ellos una alianza fraudulenta, de la que resultó una alianza de los reyes meridionales contra Israel. Unos y otros quedaron vencidos por Josué. Las tribus israelitas se habían apoderado de la parte meridional de la tierra de Canán (Jue. 1, 1-27), del monte Efraím (Jue. 1, 22-26) y de la parte septentrional, pero todavía no la habían ocupado toda a la muerte de Josué (Jos. 16, 10; 17, 12 s., 15-18; Jue. 1). Como consecuencia de su vida en contacto con los cananeos (Jue. 1, 27-36) sucedio que de vez en cuando se alejaban de Yavé, por lo que eran entregados al poder de otros pueblos, de los que se veían libres por obra de los Jueces (v.), apenas se habían arrepentido. Aun no se habían los israelitas adueñado de toda la región, y ya los filisteos, un pueblo recién llegado a la tierra de Canán, se habían apoderado de comarcas marítimas. Contra éstos luchó Sansón, pero será David quien los derrotará definitivamente. El continuo y muy variado peligro les indujo, no solo a la unión religiosa entre las diferentes tribus, lo cual siempre había existido pola fe común en Yavé, sino también a la unión política.
En este sentido los filisteos deben ser considerados como una de las. causas providenciales de la constitución del reino de Israel (v. Samuel y Saúl). [B. N. W.]
Bibliografía
G. Ricciotti, Storia d’Israele, I, Torino 1932, pp. 139-338. R. de Vaux, Les Patriarches hébreux et les découvertes modernes, en RB, 53 (1946), 321-348
55 (1948), 321-347
56 (1949), 5- 36. R. de Vaux, Israel, en DBs, IV, col. 729-43. P. Heinisch, Geschichte des Alten Testaments, Bonn 1950, pp. 39-153.