Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

DÉBORA

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Profetisa y libertadora de Israel juntamente con Barac (Jue. 4-5). Tuvieron el mismo nombre (= «abeja») la nodriza de Rebeca, Gén. 24, 59, y la abuela de Tobías (Tob. 1, 8 en el griego). Fue esposa de Lapidot y ejerció una especie de magistratura extraordinaria dando sus sentencias inspiradas a los israelitas que de todas las comarcas de Canán se llegaban a ella, junto a la palma por largo tiempo recordada entre el pueblo, y que se hallaba entre Betel y Rama (= er-Ram, 9 Km. al norte de Jerusalén), en el territorio de Efraím. Según esto, Débora estaba muy al tanto de la grave opresión cananea que aterrorizaba a las tribus del norte, emplazadas frente a la gran llanura de Esdrelón ( Neftalí , Zabulón, Isacar, Manasés), las cuales no habían logrado adueñarse de las fortalezas cananeas (Jue. 1, 27, 30) que guardaban los accesos a dicha llanura, entre los cuales Jaroset (= Tel-‘Amar) a los pies del Carmelo — en el paso entre la llanura de Acre (= Akká) junto al mar, y la de Esdrelón—; Betsan al este; Taanac y Magedo (Tel el-Mutesellim) al sur.

Desde el mar hasta el Jordán, si se exceptúa el Tabor (= Gebel el-Tór), la fértil llanura, rica además por las caravanas que la cruzaban siguiendo la vía maris para dirigirse de Siria, Transjordania y Fenicia a Egipto, constituía una barrera entre Efraím al sur y las tribus de Galilea, asentadas sin armas en las colinas circundantes. Un intento por parte de éstas de penetrar pacíficamente con el trabajo y el comercio había provocado la violenta reacción de que ahora se trata (Jue. 5, 6 ss. 12). La ardiente fe impulsó a Débora a la acción. Manda llamar a Barac, de Cades de Neftalí (= Qedcis, junto al lago de Hule), y le comunica en nombre de Yavé el cometido de libertador (v. jueces). Barac, que ha tenido que sufrir de los cananeos, quiere a Débora a su lado, para beneficiarse del enorme ascendiente de que ella goza en todo Israel. Así se dirigen a Cades, desde donde ponen en movimiento a Neftalí y Zabulón (cuyos combatientes — unos 10.000 — reciben orden de juntarse en el Tabor sin sembrar la alarma), y envían mensajeros a las otras tribus del centro, del norte y del este. Responden Isacar.

Manases (representada por el importante núcleo de Maquir), Efraím y Benjamín (y.); éste con pocos contingentes, pues 146Bla tribu acaba de ser reconstruida. Los combatientes, entusiasmados por el llamamiento de Yavé, agrupados en torno a sus respectivos jefes, armados con lo que primero hallaron o con sus mismos instrumentos de trabajo (Jue. 5, 10), situáronse en las colinas sur y este de la llanura. La coalición de los reyezuelos cananeos, cuyo jefe fue Jabín, rey de Jasor (= Tell el-Qedah, al noroeste del lago de Genesaret), confía la represión del revuelo al general Sisara, príncipe de Jaroset. Tiene a sus órdenes centenares de carros escoltados de infantería, que se alinean a lo largo del Cisón (~ Nar el-Muqatta) en el centro de la llanura, delante de Taanac y Magedo, frente al Tabor. Una lluvia torrencial convirtió a la llanura en un pantano. Débora — entre los combatientes — incita a Barac: «Anda, que hoy es el día en que Yavé entrega a Sisara en tus manos. ¿No va él delante de ti?» (Jue. 4, 14). Y él, decidido, irrumpe desde el Tabor por la llanura, y le imitan las otras tribus, que descienden por la espalda y por los flancos del enemigo.

Sorprendida la infantería por los diferentes ataques simultáneos se dio a la desbandada, mientras los caballos se esfuerzan por desengancharse de los carros que han quedado inutilizados, y acaban en la ruina. Una completa derrota. Los cananeos son perseguidos y muertos. El mismo Sisara se lanza del carro inutilizado y se va a pie en busca de un refugio. Se desvía por el sur hacia Cades de Isacar (= Tel Abu Qedeis, 4 Km. al sudeste de Wadi Ledidjum, junto a Magedo). Da en un campamento de nómadas quíneos (v.), y sintiéndose fatigado se enfrenta con la tienda de Jael que le sale al encuentro y le invita a pasar confiadamente. Lo tapa con una especie de pelliza y apaga su sed dándole a beber leche (-lebhen, o jaurt de los árabes; por lo tanto era tiempo de primavera). Habiéndose él dormido le clava en la sien un palo de los empleados para sujetar en el suelo las cuerdas de la tienda, y así se lo muestra a Barac que lo perseguía (Jue. 4, 17. 22). Quedaba cumplida la profecía de Débora (Jue. 4, 9). Jael pertenecía a una familia emparentada con Moisés (Jue. 1, 16; 4, 11), y por lo mismo con los israelitas (cf. I Sam. 15, 6).

Su intervención contra Sisara se explica por el principio de solidaridad impuesto por el deber de intervenir en favor de la tribu pariente contra el enemigo de guerra (cf. Jue. 8, 5-9. 15 ss., 21; I Sam. 14, 21; 29). He ahí el porqué de la alabanza de Débora (Jue. 5, 24-27), que, en cambio, maldice a la ciudad israelita de Meroz (= K. Marus, próxima a Jasor), que no se movio para destruir a los cananeos supervivien 147Ates. Ese deber proveniente de la solidaridad está por encima del mismo de la hospitalidad. La victoria quebrantaba la supremacía de los cananeos, que en adelante quedaban reducidos a solo sus ciudades.

La unión victoriosa de seis tribus, primer agrupamiento importante desde el tiempo de Josué, ponía de manifiesto la solidaridad nacional y sus ventajas; pero sobre todo reanimaba las fuerzas del yaveísmo. Era la victoria de Yavé. «Estos hechos heroicos son los que canta Débora (Jue. 5). Su «cántico» es con razón considerado como de los más antiguos y perfectos monumentos de la literatura hebrea. Desgraciadamente su belleza queda en parte velada a causa de las mutilaciones y de la oscuridad del texto. Los intentos de reconstrucción no han logrado restaurar todas sus ruinas. No obstante, aun con sus lagunas irremediables, esta oda triunfal nos permite admirar el armonioso orden de la composición, sentir la inspiración rebosante de entusiasmo nacional y religioso, saborear lo pintoresco de un realismo que sabe reproducir gestos y dar vida» (L. Desnoyers). El más interesante intento, entre los muchos que se han hecho por reconstruir las estrofas, es el de O. Grether, Das Deboralied, Gütersloh 1941; cf. R. Tournay, en Vivre et Penser, 1942, p. 172 s. [F. S.]

Bibliografía

L. Desnoyers, Histoire du peuple hébreu, París 1922, pp. 137-52. R. Tamisier, Le Livre des Juges (La Ste. Bible, ed. Pirot, 3), ibíd. 1949, pp. 159, 176-98.

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