Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

HERODES (Familia de)

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De la idumea Dórida, a quien repudió para casarse con Mariamne, Herodes tuvo a Antipater (muerto el año 4 a. de J. C.). De la asmonea, esposa única desde el 39 hasta el 28 a. de J. C., tuvo dos hijas y tres varones: Alejandro, Aristóbulo (a quienes dio muerte el 7 a. de J. C.), y un tercero que murió en Roma. Aristóbulo tuvo, de su prima Berenice (I), hija de Salomé (hermana de Herodes), los siguientes: Herodes, rey de Calcídica desde el 41 hasta el 48 desp. de J. C.; Herodías (la adúltera esposa de Antipas); Herodes Agripa I (10 a. de J. C. - 44 desp. de J. C.) y Aristóbulo. Al quitar la vida a Mariamne, Herodes tomó ocho mujeres. Dos de ellas no tuvieron más que hijas, y las dos últimas murieron sin dejar descendencia. De Mariamne II tuvo a Herodes Filipo, que llevó vida privada en Jerusalén. Este fue quien casó con la susodicha Herodías, de la que tuvo la hija Salomé. De la samaritana Maltake nacieron Arquelao y Herodes Antipas ; de la jerosolimitana Cleopatra, Filipo. A la muerte de Herodes , el reino (desde el Negueb hasta las fuentes del Jordán) fue 262Bdividido entre estos tres últimos hijos.

Filipo, tetrarca, tuvo a Batanea (= Traconítide, la Araunítide, la Gaulanítide y la Ulata = Iturea de Lc. 3, 1), 4 a. de J. C. - 34 desp. de J. C. Es la región más al norte. Filipo, única excepción entre los descendientes de Herodes, era tranquilo, equilibrado; su gobierno fue pacífico y justo. De las tradiciones de familia conservó la de las grandes construcciones y la de la devoción a Roma. Engrandeció la antigua Paneas, en las fuentes del Jordán, y la llamó Cesárea, llamada de Filipo (Mt. 16, 13; Mc. 8, 27) para distinguirla de la del mismo nombre junto al mar. Reconstruyó en la desembocadura del Jordán, en el lago de Genesaret (al este), el pequeño burgo de Betsaida, al que llamó Julias, en honor de la hija de Augusto (Lc. 9, 10; Mc. 8, 22; Jn. 1, 44).

Hacia el fin de su vida casó con la jovencita Salomé, hija de Herodías. Arquelao, etnarca , para el que Herodes había pedido a Augusto el título de rey, tuvo la Idumea, Judea y Samaria (4 a. de J. C. - 6 después de J. C.). Copia exacta del padre : fue tirano, cruel (Mt. 2, 22); ofensivo y despiadado para con el pueblo. Los judíos, que primeramente habían intentado impedir su nombramiento ante el Emperador (cf. Lc. 19, 14. 27), en unión de los samaritanos recurrieron de nuevo a Augusto, que lo depuso y lo envió a Viena en las Galias. Sus bienes fueron confiscados por Quirino, legado de Siria, y el gobierno de las tres regiones pasó a los procuradores (v.) romanos. Arquelao había repudiado a la esposa legítima para unirse a Glafira, viuda de su hermano y esposa de Juba, rey de Mauritania. Herodes Antipas , tetrarca, tuvo Galilea y Perea (4 a. de J. C.-39 desp. de J. C.); entre la una y la otra estaba enclavada la Decápolis (Mc. 5, 20; 7, 31; Mt. 4, 25).

En Lc., en las monedas y en Josefo se le llama simplemente Herodes; en los evangelios se le llama rey, conforme al uso popular. Avieso (Lc. 13, 32), ambicioso, soberbio y amante del fausto; heredero genuino del carácter paterno, pero mucho menos enérgico. En los diez últimos años de gobierno se halla bajo la maligna influencia de Herodías (cf. Mc. 6, 29 s.). Siendo huésped de su hermano Herodes Filipo (h. 26 desp. de J. C.), Antipas se sintió fascinado por la cuñada, a la que prometió unirse, repudiando a la hija de Areta IV, rey de los vecinos nabateos. La esposa, diestra en los manejos, se refugió entre los suyos.

Contra los adúlteros (Lev. 18, 16; 20, 21) alzó la voz Juan Bautista (Mt. 14, 3 s,; Mc. 6, 17 ss.; Lc. 3, 19 s.), a quien Anti 263Apas recluyó en la fortaleza de Maqueronte, al este del mar Muerto, obrando con prudencia a causa del ascendiente de Juan sobre las masas. Era supersticioso por temperamento: hasta donde sus pasiones se lo permitían, se conformaba con la Ley de los judíos (Lc. 23, 7). «Antipas sentía respeto por Juan, conociendo ser hombre justo y santo, y le amparaba, y, oyéndole, vacilaba, pero le escuchaba con gusto» (Mc. 6, 20). Y no lo habría matado; pero el odio de Herodías estaba en acecho, y pasados unos meses, aprovechando la ocasión, tal vez preparada, del festín, de la eufórica promesa de Antipas a la quinceañera bailarina, su hija, y valiéndose de la misma, consiguió la cabeza del Bautista (fin del 28 o comienzos del 29 después de J. C.): Mt. 14, 1-29; Mc. 6, 14-29; Lc. 3, 19 s. Cuando oyó hablar de Jesús, pensó incluso en una resurrección de su víctima (Mt. 14, 1 ss.). Hallándose Jesús en Perea, los fariseos le mandaron recado diciéndole que se alejara, pues Antipas quería matarlo.

Con tal estratagema intentaba la «raposa», sin usar de la violencia, tenerlo alejado de sus dominios (Lc. 13, 31 s.). No obstante, deseaba verlo por razón de las cosas que oía contar de él (Lc. 9, 9), y semejante deseo quedó cumplido cuando Pilato se lo envió, por pura cortesía, para que lo juzgase, bajo el pretexto de que era galileo. Antipas, muy contento por ello, le dirigió muchas preguntas; pero desilusionado por el silencio de Jesús, quiso hacer mofa de aquel soñador que se proclamaba rey, mandando que lo vistiesen de color de púrpura, traje de gala, como el que se ponían los príncipes para su investidura, y así vestido se lo devolvió a Pilato (Lc. 23, 6-12). En la derrota con que Areta abatió al adúltero (36 desp. de J. C.) el pueblo vió el castigo divino por la muerte del Bautista. Antipas recurrió a su protector Tiberio, a quien servía de espía. Vitelio, gobernador de Siria, recibió la orden de apoderarse de Areta; mas habiendo contemporizado, al enterarse en Jerusalén de la muerte de Tiberio (16 de mar. del 37 desp. de J. C.), suspendio la operación.

El nuevo emperador Cayo Calígula nombró rey a Agripa, hermano de Herodías, del cual era muy amigo, dándole los territorios que pertenecían al tetrarca Filipo. Herodías, que ardía de envidia y ambición, indujo al recalcitrante Antipas a dirigirse a Roma, para obtener también el título de rey y mejor fortuna. Pero Calígula, prevenido por Agripa, que acusaba a Antipas de entenderse con los partos contra Roma, y de la consiguiente preparación 263Bmilitar (cuando en realidad lo que Antipas preparaba era armamento para derrotar a Areta), lo relegó al destierro en Lión. Herodías, a quien Calígula concedía la libertad y la retención de sus propios bienes, como hermana de Agripa, rehusó toda concesión y siguió a su esposo al destierro. Sus bienes pasaron a Agripa juntamente con todo el territorio de la tetrarquía de Antipas. Herodes Agripa I , cuya juventud fue libertina y aventurera, debe su fortuna a la amistad con Calígula, a quien auguró el imperio seis meses antes de la muerte de Tiberio, lo cual le acarreó el ir a parar a la cárcel. El electo puso inmediatamente en libertad al amigo, sustituyendo la cadena de hierro por una de oro de igual peso.

Con el título de rey unía bajo su mando en el año 40 desp. de J. C., Batanea, Galilea y Perea. En ese mismo año cooperó a la elección de su amigo Claudio, y el nuevo emperador le dio la Judea (con Idumea y Samaria), administrada por los procuradores romanos. Así reunió Agripa bajo su mando todo el reino de su abuelo (41-44 desp. de J. C.). En su breve reinado se acercó a las tradiciones de los asmoneos y buscó la popularidad y el favor de la corriente farisaica. Donó al Templo la cadena de oro con que le había obsequiado Calígula, se mostró celoso y escrupuloso observante de las prescripciones judías, y por lo mismo intentó eliminar la Iglesia naciente atacándola en sus jefes. Mató al apóstol Santiago, hermano del evangelista Juan, y encarceló a Pedro durante la solemnidad pascual, remitiendo su juicio para después de la octava de la fiesta, conforme a las prescripciones rabínicas. Pero Pedro fue puesto milagrosamente en libertad por un ángel (Act. 12,.1-19). La capital fue agrandada por él en la parte norte con un nuevo barrio que se llamó Bezata (Bezetha, en la colina del mismo nombre, prolongación de la colina del Templo, con la piscina de cinco pórticos de que habla Jn. 5, 2).

La cercó de grandiosas murallas (4,5 de ancho y 9,45 de altura; v. Jerusalén), que quedaron incompletas por orden de Roma, a la que siempre se mostró obedientísimo. Agripa quiso celebrar en Cesárea, en el verano del 44 desp. de J. C., el triunfo de Claudio en la campaña de Bretaña, y en tal ocasión recibió una embajada de Tiro y Sidón en presencia de una gran muchedumbre que lo aclamó como a un Dios. Atacado por fuertes dolores y roído por los gusanos, murió a los cinco días (Act. 12, 19-23; Josefo, Ant. 19, 8, 2). 264AHerodes Agripa II , hijo del anterior, solo tenía diecisiete años al morir su padre, por lo que Claudio ordenó la administración de Palestina por medio de un procurador. Cuando murió Herodes , rey de Calcídica, tío y cuñado suyo, Agripa II, con el título de rey (48 desp. de J. C.), alcanzó el reino de él y la superintendencia del Templo. Desde el 53 en adelante pasó a reinar sobre las tetrarquías de Filipo y Lisania; en el 55 Nerón añadio las ciudades de Tiberíades, Tariquea y Betsaida Julia.

Fue decidido colaborador de los romanos, al lado de los cuales luchó durante la insurrección de los judíos, después de haber tratado de calmar a éstos en su exasperación contra el procurador Floro (FI. Josefo, Bell. II, 16, 3 s.; III, 4, 2). Con fastuoso mecenazgo, al menos en Judea, hacía profesión de santurronería judaica. No llegó a casarse, pero vivió, por etapas, incestuosamente con su hermana Berenice, que fue su genio maligno (Fl. Josefo, Ant. XX, 7, 3; Juvenal, Satira VI, 156-160). Al quedar viuda, a los veintiuno, se fue a habitar con Agripa. Casó con el rey de Calcídica, pero lo abandonó inmediatamente para volver junto al hermano. Es célebre su relación con Tito, el cual no se separó de ella sino a pesar suyo al llegar a ser emperador. En el año 59 desp. de J. C., Agripa II y Berenice se llegaron a Cesárea con motivo de visitar al nuevo procurador Festo, quien les informó de la causa de Pablo , que estaba encarcelado desde hacía ya dos años. Festo deseaba formarse una idea clara de la acusación, para informar al emperador, a quien Pablo había apelado, y Agripa, judío, podía ilustrarle. El rey quiso ver al Apóstol (cf. el deseo de Antipas de conocer a Jesús: Lc. 9, 9).

San Pablo presentó ante el procurador y el rey una apología tan clara y eficaz de su propia vida, que el procurador hubo de exclamar jocosamente: «Tú deliras, Pablo. Las muchas letras te hacen perder el juicio». Pablo insiste y se dirige directamente al rey, que, siendo conocedor de los profetas, tiene que estar de acuerdo en que los vaticinios de los mismos se han realizado en Jesús. Y dice Agripa: «Por poco más me persuades a que me haga cristiano», y no prolongó el coloquio; ¡tenía a su lado a Berenice! He ahí el porqué de las palabras de Pablo: «Plegue a Dios (optativo con ó.v: se da cuenta de que pide un favor inaudito) que no solo tú, sino todos los que me oyen se hagan hoy tales como lo que yo soy, si no es en lo de estar con estas cadenas». Agripa, y lo mismo Festo, reconoció la inocencia de Pablo (Act. 25, 13-c. 26). 264BAgripa, último representante de la familia de Herodes, murió septuagenario hacia el 95 después de J. C. [F. S.]

Bibliografía

E. Schürer, Geschichte des jüdischen Volkes, I, 4.ª ed., Leipzig 1901, pp. 418-54, 549-64, 585-600. G. Ricciotti, Storia d’Israele, II, 2.ª ed., Torino 1935, pp. 417-29. 449-58. L. Pirot, S. Marc (La Ste Bible, 9), París 1946, pp. 178 s. 270 s. J. Renié, Les Actes (ibid., 11), 1949, pp. 173 s. 179 ss. 319- 32. U. Holzmeister, Storia dei tempi del Nuovo Testamento (trad. it. C. Zedda;
La S. Bibbia), Torino 1950, pp. 46-59. 90-104. F. M. Abel, Histoire de la Palestine, I, París 1952, pp. 407-10, 438-54, 475 ss.

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