Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

HEXAMERÓN

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Así se llama a la descripción bíblica de la creación del mundo en seis días (= ἓξ ἡμέραι; Gén. 1-2, 3). El mundo no es eterno; tuvo un principio en el tiempo; fue sacado de la nada («En el principio creó Dios el universo», Gén. 1, 1: obra creadora), y se organizó en su bella y armoniosa variedad, no por sí mismo ni al acaso, sino por mandato de Dios (obra de distinción, en los tres primeros días; obra de ornamentación, en los otros tres). Gén. 1, 2, describe el estado de la tierra (soledad y caos, rodeada de tinieblas y de las aguas del abismo) recién creada, antes de que hubiera comenzado la acción ordenadora de Dios. Ésta se halla dispuesta en seis días: disposición artística que consta de dos ciclos simétricos, para decir que todo lo creado en absoluto, la materia y la vida, todo proviene de Dios. Primer ciclo, días 1-3, crea y separa: l.°) la luz de las tinieblas; 2.°) el cielo del orbe terráqueo; 3.°) el mar de la tierra firme. El segundo ciclo, días 4-6, es de ornamentación y complemento: 4.°) el cielo de los astros; 5.°) la atmósfera de aves, el mar de peces; 6.°) la tierra de animales y el hombre, corona de todo lo creado (A. Vaccari).

Justamente como lo presenta el esquema siguiente: Días. Obras. 1.er ciclo (de distinción) 1 1.ª Separación entre la luz y las tinieblas (Gén. 1, 3-5). 2 2.ª Creación del firmamento y separación de las aguas bajo el firmamento y sobre el firmamento (vv. 6-8). 3.ª Separación entre el mar y la tierra firme (vv. 9-11). 3 4.ª Producción de las plantas (vv. 11-13). 265ADías Obras 2.° ciclo (de ornamentación) 4 5.ª Creación del sol, de la luna, de las estrellas, luminares del día y de la noche (vv. 14-19). 5 6/ Creación de los peces y de las aves bajo el firmamento del cielo (vv. 20-23). 6 7.ª Creación de los animales terrestres (vv. 25-29). 8.‘ Creación del hombre (vv. 26- 28); las plantas serán el alimento del hombre y de los animales (vv. 29-31). Es evidente el paralelismo y la correspondencia entre los ciclos 1.’ y 2.'; al primer día corresponde el cuarto; al segundo, el quinto; al tercero, el sexto, con dos obras en cada uno. Primero son creadas las regiones de la luz, del firmamento y de las aguas, de la tierra firme; luego siguen, por el mismo orden, las lumbreras, los peces, las aves, los animales terrestres y finalmente el hombre.

También se ve claro que el autor sagrado habla aquí del universo según las ideas y la mentalidad del tiempo. Así, basándose en la ilusión óptica, concibe el firmamento como una bóveda sólida que se apoya en la tierra. Sobre esa bóveda están las aguas (que por eso son llamadas superiores), como en un inmenso depósito, y llegado el momento de las grandes lluvias caen sobre la tierra a través de unos canales: «se abrieron las cataratas del cielo» (el diluvio), Gén. 7, 11; 8, 2; Sal. 149 [148], 4, etc. Asimismo la luz (v. 3) es distinta de los luminares (vv. 4-18); antes de aparecer él sol, o después de atardecer, hay luz sobre la tierra. Según eso, los semitas concebían la luz de la tierra como algo independiente del sol. Las plantas aparecen al tercer día, antes de la creación del sol. Todo esto es muy natural. Moisés no podía saber, por ejemplo, que el sol está firme, pues todos lo veían moverse desde la aurora hasta el' crepúsculo; no podía conocer las épocas geológicas, etc. Se habría necesitado una revelación de Dios.

Pero Dios, que inspira al escritor sagrado para comunicar a sus contemporáneos sus designios, el plan de salvación espiritual de la humanidad y las verdades inmutables que necesitamos para participar en tal salvación, no revela noticias indiferentes, solo aptas para satisfacer la curiosidad. 265BAdemás. en nuestro caso, la revelación de la constitución física del universo y de sus partes habría sido inútil y perjudicial. Inútil, porque tal conocimiento no tiene relación alguna con las importantísimas verdades que Dios intentaba comunicar; perjudiciales, porque muchos la habrían juzgado descabellada y falsa, con lo que caería por tierra el plan intentado por Dios y por Moisés. Solo una lastimosa confusión entre inspiración (v.) y la revelación ha podido ser causa de que en torno al hexamerón se haya hablado de oposición entre la ciencia y la fe, y de que se haya recurrido a interpretaciones conciliadoras e insostenibles, interpretaciones no literales e infundadas.

La exégesis católica hoy está de acuerdo en que se trata de una narración histórica que ha de entenderse en sentido literal, pero distinguiendo bien entre el hecho inculcado por Moisés y el modo o ropaje literario de que se sirve para proponerlo. El hecho propuesto con suma claridad es la creación (v.) del universo, de todo cuanto existe, de todo ser viviente, por un Dios eterno único, perfectamente distinto de lo creado, ser espiritual, omnipotente. Los astros, etc., adorados entonces como divinidades, no son sino efectos del sumo creador, cuyas órdenes obedecen realizando exactamente las funciones que £1 les ha señalado. Dios ha creado al hombre a su imagen perfectísima, y lo ha nombrado rey de todo lo creado. En una palabra, la bondad de la creación responde plenamente a los designios divinos. Moisés comunica esas verdades hablando forzosamente del mundo según la.mentalidad de aquellos tiempos y distribuyendo artísticamente la obra creadora entre seis días (de 24 horas, de amanecer a amanecer, según precisa el texto, regulados por la salida y la puesta del sol), con el intento de inculcar la observancia del descanso festivo después de la semana de trabajo (Éx. 20, 11; 31, 17).

Tenemos, pues, una forma a la vez artística, nemotécnica y práctica. Todo esto pertenece al modo de la creación, descrita según la mentalidad y los conocimientos del tiempo. No tiene importancia alguna el que semejante modo no responda a todo cuanto la ciencia ha logrado establecer — y muy tarde por cierto — acerca de la formación del universo, y en particular sobre las épocas (azoica, primaria, secundaria, terciaria, cuaternaria, con simultánea y progresiva aparición de plantas y animales), y los millones de años transcurridos antes de que apareciera el hombre. No es más que un ropaje literario: no era de incumbencia de Moisés 266Ael revelar a los hombres antes de tiempor la real forma física del universo. Sabido es que Dios en la inspiración se sirve del hombre tal como es, adaptándose a la mentalidad del hagiógrafo y a la comprensión de los destinatarios. Tal distinción entre hecho y modo ha podido ser establecida con seguridad cotejando el relato bíblico con las cosmogonías babilónicas.

La más completa que ha llegado a nosotros es la Enuma Elish (de las palabras iniciales: cuando en alto), en siete tablillas de arcilla, compuesta, probablemente, durante la primera dinastía de Babel (2057-1758 a. de J. C.). La redacción que de ella tenemos es del período neoasirio (721-622 a. de J. C.). Según este poema, que retoca elementos suméricos, hubo en los comienzos dos primeros principios, uno masculino, Apsu, personificación del agua dulce, y otro femenino, Tiamat (hebr. Tehom, Gén. 1, 2), personificación del agua salada. De la unión de éstos nacieron los dioses por parejas, a través de numerosas generaciones. La primera pareja fue Lachmu y Lachamu (luz y tinieblas); luego AnSar y KiSar (mundo superior y mundo inferior); Anu, dios del cielo, y Ea, dios de la profundidad del mar y de la sabiduría; y luego otros dioses más. Los dioses intentan poner orden en el caos, con lo que suscitan la ira de Apsu y de Tiamat. Al ser muerto Apsu, por obra de Ea, comienza la gran batalla de Tiamat y de su nuevo esposo Kingu y de los monstruos por él creados, contra los otros dioses.

Marduk, hijo de Ea, toma el mando, mata a Tiamat y encadena a los otros; luego salta sobre el disforme cuerpo de la muerta y lo divide en dos partes para hacer de una de ellas la bóveda del cielo, que sella y ante la cual pone vigilantes que impidan la precipitación de las aguas de Tiamat, y con la otra mitad forma la tierra. La quinta y la sexta tablilla narran cómo Marduk crea los cuerpos celestes, determina el año y los meses, hace que resplandezcan la luna y el sol, crea las plantas y los animales y por último los hombres para que ofrezcan víctimas a los dioses. La séptima contiene el himno de alabanza que los dioses elevan a Marduk. La luz anterior al sol, el caos primordial — en el Génesis como simple materia a las órdenes de Dios —, la posterioridad del hombre con relación a las plantas, en una palabra, el concepto del mundo físico es idéntico. Y es natural: es el concepto del tiempo. Pero aquí se acaba toda aproximación, todo punto de contacto entre el hexamerón y las cosmogonías babilónicas.

El mismo esquema artístico , la majestuosa sencillez, la disposición de los seis días 266Bde trabajo y el séptimo de descanso (por no decir nada de las verdades religiosas: Dios, ser espiritual, eterno, único, que crea todo de la nada con simple mandato) son características exclusivas de la narración de Moisés, que muestran hasta la evidencia su absoluta independencia de las babilónicas. [F. S.]

Bibliografía

A. Bea, De Pentateucho, 2.ª ed., Roma 1933, pp. 134-46. A. Vaccari, La S. Bibbia, I, Firenze 1943, pp. 63-66. F. Ceuppens, Quaestiones selectae ex historia primaeva, 2.ª ed., Torino-Roma 1948, pp. 3-84. P. Heinisch, Problemi di storia primordiale bíblica (trad. it.), Brescia 1950, pp. 15-50.
S. S. L., La astronomía y los días bíblicos de creación, en EstB (1932), 46-48.

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