ITUREA
298ARegión ocupada por los itureos: tribu ruda y nómada de Arabia, helenizada y aramaizada en el tiempo de Jesucristo, descendiente del ismaelita Jetur (Gén. 25, 15), que en el tiempo de los persas (ss. vi-v) emigró de Arabia hacia Transjordania y se estableció primero en el desierto siríaco y luego en el Hauran, Damasco, Líbano y Galilea septentrional (Estrabón XVI, 2, 20). Aliados con el rey de Calcídica (Hirbet cAngiar) los itureos reconocieron como dinasta a Tolomeo, hijo de Menneo (84-40 a. de J. C.) y a su sucesor Lisania I (40-34 a. de J. C.) «rey de los itureos» (Dlon Caslo 49, 32). Habiendo sido muerto Lisania se desmembró en dos partes el reino, que se extendía desde el Mediterráneo hasta Damasco.
La parte septentrional (Líbano, Beqá, Antilibano, Hermón), que fue donada a Cleopatra (34-31) por Antonlo, entre el 26 y el 30 desp. de J. C. fue aun subdividida en territorlos distintos (Abilene, Iturea en el Líbano, Calcídica). La parte meridlonal al sur y al sureste del Hermón (Hulata = cArd el Huleh; Paneades = 298BBánjás) fue encomendada a Zenodoro (34-20 a. de J. C.), y al morir este la unió Augusto al reino de Herodes el Grande y luego se la concedlo a Filipo, hijo de Herodes, juntamente con la Traconítide, la Batanea y la Auranítide. El título de Filipo, «Tetrarca de Iturea y de Traconítide» (Lc. 3, 1), es sintético y ha de completarse con el de «tetrarca de la antigua Iturea (meridlonal), de Traconítide (el Legiá), Auranítide (Haurán), Batanea (Basan) y Galaunítide (Jolán)».
Después de la muerte de Filipo (4-34 desp. de J. C.) el emperador Tiberlo anexlonó dicho territorio a la provincia de Siria. De Iturea de Filipo los Evangellos menclonan a Cesárea de Filipo (Mt. 16, 13; Mc. 8, 27) en la región de Ulata; Betsaida en la Galaunítide superior, y en sus cercanías ha de buscarse el «lugar desierto» (Mc. 6, 31; Lc. 9, 10) al que se retiró Jesucristo con los Apóstoles para darles un poco de descanso después de la primera misión en Galilea. [A. R.]
Bibliografía
L. Szczepanski, Geographia Palestina e antiquae, Roma 1926, pp. 236-42.