LUCAS
Es el autor del tercer Evangelio y de los Actos (v.) de los Apóstoles. San Pablo lo distingue de los judíos (Col. 4, 10 ss.); su propio nombre lo revela como gentil: Λουκᾶς = Λουκανός o Λούκιος. Si es legítima la transcripción del códice D en Act. 11, 28; συνεστραμμένων δὲ ἡμῶν (cf. San Agustín, De serm. Dom. in monte , 2, 17, 57), Lucas era ya cristiano por los alrededores del año 41. No vió a Jesús (cf. Lc. 1, 2). Era de Antioquía de Siria: cf. los Prólogos a los Evangelios, que lo llaman «discípulo de los Apóstoles y de Pablo». Acompañó a éste en el segundo viaje (49-53) desde Tróade hasta Filipos (Act. 16, 10-37), donde es posible que se quedase (Ibid. 16, 40) para volverse a juntar con el Apóstol hacia el fin del tercer viaje (que duró desde el 53 hasta el 58), quedándose a su lado hasta Jerusalén (Ibid. 20, 5 - 21, 18). Permaneció con él en la prisión de Cesarea (Act. 24, 23), en el complicado viaje de Cesarea a Roma (Ibid. 27-28) y durante el primer cautiverio romano (cf. Col. 4, 14; Flm. 1, 24). La manera cómo termina el libro de los Actos hace suponer que Lucas no permaneció de continuo al lado de Pablo.
Con seguridad, no estuvo presente a la conclusión del proceso y a la consiguiente liberación (II Tim. 4, 16). Pero volvemos a verlo junto al amado maestro en el segundo encarcelamiento romano (II Tim. 4, 11), y es casi cierto que no lo abandonó hasta el lugar del suplicio (cf. los Actos de Pablo del s. II). 365AEl resto de la vida de Lucas está envuelta en la oscuridad. Unos lo hacen ir a Francia, a Dalmacia, a Italia y a Macedonia (Epifanio); otros a la provincia romana de Acaya (cf. los cit. Prólogos) y a Beocia (Jerónimo); otros al Egipto superior (Simón Metafraste) o a Bitinia (Isidoro, Bertario; Mart. Rom. ). Es asimismo desconocido el género de martirio, si es que fué mártir, conforme a la veneración que le tributa la Iglesia el 18 de octubre. Son muchos los lugares que se glorian de poseer su cuerpo, y lo más probable es que descanse en la iglesia benedictina de Santa Justina de Padua. Es cierto que Lucas fué médico (Col. 4, 14); los antiguos lo tuvieron por pintor, sobre todo de María (Teodoro el Lector, Simón Metafraste). Es el primer historiador de la Iglesia naciente.
Los escritores antiguos están de acuerdo en atribuir a Lucas el tercer Evangelio, del que dicen que refleja la predicación de Pablo (Prólogos, Ireneo, Tertuliano, Fragmento muratoriano, Orígenes, Eusebio).
El examen interno confirma hasta cierto punto esta atribución. a) Es muy grande la semejanza entre el tercer Evangelio y el epistolario paulino para que sea casual. En Lucas encontramos amplitud de miras y comprensión en orden a la vocación universal a la fe y a la salvación, que son una de las características del «evangelio paulino». Junto a la cuna de Jesús anuncian los ángeles la paz «a los hombres de buena voluntad» (2, 14); el anciano Simeón ve en el Niño divino un faro destinado a iluminar a los gentiles (2, 32); el mismo concepto en Juan Bautista (3, 6). Idéntica enseñanza puede deducirse de la genealogía (3, 23-38).
Desde la primera predicación en la sinagoga de Nazaret hasta las últimas palabras de Cristo, el Evangelio de Lucas insiste en la penitencia y en el perdón de los pecados para todas las gentes (cf. 4, 24-28 y 24, 64 ss.). Verdaderamente puede llamarse a este evangelio el evangelio de los pecadores y de los pobres desheredados, y a Lucas el escriba «mansuetudinis Christi» (Dante, De Monarchia , 1, 16). b) El hagiógrafo del tercer Evangelio aparece como una persona de gusto y de cultura. Afloran a cada momento el artista y el literato.
Aun cuando Lucas se sirve de la «koiné», se ve que la maneja con desenvoltura, y a veces se permite incluso cierta elegancia buscada, como en el Prólogo (1, 1-4). Si se compara bajo este aspecto el tercer Evangelio con el segundo, salta a la vista la superioridad 365Bestilística de Lucas, así como la variedad y el grecismo de su vocabulario. c) Además de esto, el escritor y médico se hace más sensible al empleo de términos más apropiados, tomados del arte de la medicina, cuando habla de enfermedades y de enfermos, como lo han observado los más celebrados críticos modernos, tales como un Harnack (A. Vaccari). Lucas escribió su Evangelio antes que los Actos, los cuales son como una continuación de aquél (Act. 1, 1), y por tanto antes del primer encarcelamiento del Apóstol (63 desp. de J. C.), con el que termina aquel libro, hacia el año 60. He aquí su esquema. Tres partes, después de un breve prólogo: Infancia, Vida pública, Pasión y Resurrección. Prólogo (1, 1-4): método seguido en la composición del Evangelio.
1. Infancia (1, 5-52). — El arcángel Gabriel anuncia a Zacarías el nacimiento del Precursor, y a María el del Mesías (1, 5-38). Hallándose Nuestra Señora en casa de Isabel, nace Juan y es circuncidado (1, 39-80). Nace Jesús en Belén, es adorado por los pastores, circuncidado, presentado en el Templo (2, 1-40). A los doce años se demora en el Templo, pero vuelve inmediatamente a Nazaret (2, 41-52).
2. Vida pública (cc. 3-21). — Predicación del Bautista y bautismo de Jesús (3, 1-22). Genealogía humana de Cristo por vía ascendente hasta Dios (3, 23-38). Victoria contra las tres tentaciones diabólicas que sucedieron al ayuno de los cuarenta días (4, 1-13).
Después de ello inaugura su ministerio público. a) En Galilea (4, 14 - 9, 50). — Jesús inicia la predicación y los milagros en Nazaret, y de aquí pasa a Cafarnaúm (donde cura a la suegra de Simón) y a toda Galilea. Después de la pesca milagrosa llama a Simón, a Santiago y a Juan a que le sigan; cura a un leproso (4, 14 - 5, 16). Pronto surge un conflicto con escribas y fariseos porque perdona los pecados (al paralítico descolgado desde el techo), come con los publicanos (almuerzo en casa de Leví), no obliga a ayunar a sus discípulos, permite que trabajen en día festivo (¡recogen espigas!), él mismo viola el sábado obrando milagros (5, 17 - 6, 11). Ello no obstante, Jesús no desiste del anuncio solemne del nuevo reino, y así, habiendo elegido a los doce Apóstoles (6, 12-16), pronuncia el famoso sermón (v.) de la Montaña (6, 17-49); se muestra como verdadero salvador de los humildes ante el siervo del centurión, el hijo de la viuda, la pecadora anónima (7 - 8, 3); expone dos 366Aparábolas y realiza cuatro milagros (8, 4-56).
Respecto de los Apóstoles, los envía a una misión de prueba, confirma su fe con milagros (multiplicación de los panes, transfiguración, curación del lunático), provoca la confesión de Pedro, y así los dispone a acoger las dos profecías de la próxima pasión y las amonestaciones sobre la humildad y la tolerancia (9, 1-50). b) Caminando hacia Jerusalén (9, 51 - 19, 28). — El verdadero espíritu de Cristo consiste en la mansedumbre (para con los samaritanos que le niegan hospitalidad), en la plena y pronta abnegación, en el celo desinteresado (misión de los 72 discípulos), en el amor al prójimo (parábola del buen samaritano), en la vida contemplativa (María y Marta), en la oración ( Pater noster ) confiada y perseverante (9, 51 - 11, 13).
Jesús extiende un apremiante requerimiento contra los fariseos (11, 4-54). Inculca las disposiciones necesarias para tomar parte en el reino de Dios: sinceridad (no la hipocresía), confianza plena (no miedo), huida de la avaricia (parábola del rico necio), abandono en la Providencia (dejando preocupaciones terrenas), vigilancia (parábolas del ladrón y del mayordomo), espíritu batallador (señales del «tiempo»), penitencia (parábola de la higuera estéril), caridad comprensiva (curación de la mujer encorvada), perseverancia (parábola de la semilla y de la levadura): 12 - 13, 21.
Después de haber declarado que el camino que lleva a la salvación es estrecho, Jesús se ríe de las amenazas de aquella «raposa» de Herodes, y se lamenta del endurecimiento de Jerusalén (13, 22-35). Habiendo sido invitado a comer por un fariseo de elevada posición, recomienda la humildad y la obediencia respectivamente con las parábolas de los puestos en la mesa del gran banquete; hallándose ya afuera, explica cómo la imitación de sus ejemplos está condicionada por el desprendimiento completo y por la aceptación de la «cruz», confirmando esta doctrina con las parábolas de la torre, de la guerra y de la sal (c. 14).
Jesús revela la ternura de su corazón para con los pecadores mediante las tres «parábolas de la misericordia»: la oveja extraviada, la dracma perdida, el hijo pródigo (c. 15). Siguen varios avisos sobre el uso de la riqueza (parábolas del administrador infiel y del rico Epulón), sobre la condenación del escándalo, sobre el perdón fraterno, sobre el poder de la fe, sobre la humildad práctica (16 - 17, 10).
Cuando curó a los diez leprosos, Jesús recomendó la gratitud hacia Dios, sumo bienhechor, tomando pie del décimo beneficiado 366Bcon el milagro; declara que el reino de Dios ya ha venido y predice a los discípulos las persecuciones que les esperan por parte de la sinagoga, y la destrucción de Jerusalén (17, 11 - 18, 8). En las cercanías de Jerusalén acoge amablemente a los niños; denuncia los peligros de las riquezas (episodio del joven rico) y promete a los generosos una recompensa incomparable; por tercera vez predice las circunstancias de su pasión (18, 15-34).
En Jericó: a la entrada restituye la vista a un mendigo ciego; dentro ya, convierte al publicano Zaqueo, y estando ya afuera, relata la parábola de las minas (18, 35 - 19, 28). c) En Jerusalén (19, 29 - 21, 38). — Jesús hace su entrada triunfal en la ciudad santa a caballo sobre un pollino, entre los vítores de la turba entusiasta del Mesías. Poco antes había llorado por esta ciudad, previendo su ruina a causa de su ceguera. Habiéndose dirigido al Templo, arroja de la «casa de oración» a los sacrílegos mercaderes (19, 29-46).
Los adversarios de siempre toman ocasión de ahí para provocar la última polémica: ante la sospecha de una usurpación, Jesús les impone silencio mediante el dilema sobre el bautismo de Juan, y, bajo el velo transparente de los colonos perversos, los amenaza con la reprobación; también con motivo de la cuestión sobre el tributo al César les hace callar con una respuesta perentoria; luego, a propósito de la resurrección de los muertos, confunde fácilmente a los materialistas saduceos con las Escrituras en la mano; finalmente arremete contra los escribas vanidosos y parásitos y contrapone el ejemplo de la modesta y generosa viuda (20 - 21, 4).
Respondiendo a una pregunta referente al desmoronamiento del Templo, Jesús exhorta en primer lugar a la constancia en la fe, y de ahí toma pie para volver a hablar de la destrucción de Jerusalén, concluyendo con un llamamiento a la vigilancia en espera del Hijo del hombre (21, 5-38).
3. Pasión y Resurrección. a) Pasión y muerte (cc. 22-23). — Preludio; la muerte de Cristo es decretada por el sanedrín, de acuerdo con el apóstol traidor (22, 1-6).
Durante la última cena Jesús instituye la Eucaristía, recomienda una vez más la humildad a sus discípulos, garantiza la infalibilidad y la supremacía de Pedro (22, 7-38). En Getsemaní ora y suda sangre, hasta que, abandonado de todos, cae en manos de los esbirros guiados por Judas (22, 39-53). Llévanlo ante el sumo pontífice Caifás, lo niega Pedro tres veces, lo escarnece la soldadesca durante la noche, y al amanecer lo 367Acondena a muerte el sanedrín. Es llevado a Pilato, que lo reconoce inocente y lo manda a Herodes, que se burla de él y se lo devuelve a Pilato, el cual, cediendo ante el griterío del populacho alborotado, ratifica la sentencia capital (23, 1-25).
Jesús, cargado con el madero, ayudado del Cireneo y llorado por unas piadosas mujeres, llega al Gólgota, donde es crucificado en medio de dos ladrones y muere perdonando a los verdugos deicidas. José de Arimatea provee a su sepultura (23, 26-56). b) Resurrección (c. 24). — En la madrugada del domingo las piadosas mujeres hallan vacío el sepulcro, reciben de los ángeles la noticia de la resurrección del Maestro y se la comunican a los discípulos, que se muestran escépticos (24, 1-12). Jesús se aparece primeramente en forma de peregrino a los discípulos que iban a Emaús, y luego a todos los discípulos reunidos en el cenáculo, a quienes encomendó la misión de ser «testigos» suyos en el mundo (24, 13-49). Y yendo a las afueras, sube hacia el cielo (24, 50-53).
«El mismo Lucas nos dice (1, 3) que investigó y tomó informaciones sobre los hechos de Jesús entre los que habían estado presentes. Entre estos informadores puede apreciarse, especialmente en los primeros capítulos, la suave voz de la misma Madre de Jesús (cf. 2, 19.51). Con tales investigaciones y de tan puras fuentes alcanzó Lucas tal abundancia de noticias 367Bllegadas a nosotros únicamente por conducto de él, que casi la mitad de su evangelio (514 v. entre 1.151) no se halla en los otros: cerca de un tercio de los milagros y tres cuartos de las parábolas (18 entre 24) que relata son exclusivamente propias de él.
Entre las fuentes escritas que utilizó figura ciertamente S. Marcos, a quien siguió en tres largos rasgos de la vida pública del Señor: 4, 31 - 6, 19 (Mc. 1, 21 - 3, 19); 8, 4 - 9, 50 (Mc. 4, 1 - 9, 40); 18, 15 - 21, 38 (Mc. 10, 14 - 13, 37), y la fidelidad con que refiere lo sustancial, aun imprimiendo en ello su impronta personal en cuanto a la elección, a la dicción y al orden, es para nosotros una garantía de su sinceridad en la utilización de las otras fuentes no escritas o perdidas. Mas si el evangelio de Lucas no recibió de S. Pablo su primer empuje, recibió de él al menos su característica: la universalidad de la religión, la salvación abierta a los paganos, la inagotable misericordia divina.» (A. Vaccari.) Lucas escribió para los gentiles convertidos y dedicó su escrito a un valiente y noble cristiano llamado Teófilo. [G. T.]
Bibliografía
J. M. Lagrange, Év. selon St. Luc , 3.ª ed., París 1927. L. Marchal, en La Ste Bible (ed. Pirot, 10), París 1946, pp. 1-292. A. Vaccari, La S. Bibbia , VIII, Firenze 1950, pp. 189-284.
J. M. Bover, Autenticidad de Lc. 9, 54-56 , en EstE (1953), p. 27 ss.
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