ARCA de la alianza
Caja (hebr. *arón) de madera de acacia, de 1’30 m. de longitud por 0’78 de altura, revestida de oro por dentro y por fuera: el borde superior coronado con una guirnalda de oro y los lados provistos de cuatro anillas de oro, que permitían su transporte mediante cuatro barras de acacia forradas de oro (Éx. 25, 10-22; 35, 10 ss.; 37, 1-9; I Re. 8, 7 s.). Sobre el arca había una lámina de oro, llamada propiciatorio (v.) por su relación con el rito de expiación (Lev. 4-16), sobre cuyos bordes estaban colocados dos querubines (v.) de oro batido, probablemente arrodillados el uno frente al otro. En el arca se guardaban las dos tablas del Decálogo, estatuto de la alianza sancionada entre Yavé e Israel, cierta cantidad de maná y la vara de Arón (Éx. 16, 34: Núm. 17, 10; Jer. 3, 16; 8, 21 ; Hebr. 9, 4). El lugar propiciatorio comprendido entre las alas de los querubines era considerado como trono del Dios invisible, que manifestaba su presencia con una nube tenue (sekina, cf. Lev. 16, 2; Éx. 4, 16). El arca era el objeto visible o expresión de la presencia de Yavé, la cual, sin peligro de idolatría, suplía la falta de toda imagen del Eterno.
Es, pues, el arca el testimonio del puro monoteísmo mosaico, que, por guardarse en ella el Decálogo, era el perenne reclamo de la 55Aalianza solemnemente sancionada en el Sinaí, por lo que se la llamó arca de la alianza, y por eso mismo es el símbolo de la unidad nacional. Habiendo sido fabricada poco después de la salida de Egipto (Éx. 37, 1-9), siguió a Israel en las peregrinaciones por el desierto, custodiada en el tabernáculo que hacía veces de santuario. Luego permaneció en Silo hasta el tiempo de. Samuel (I Sam. 1, 3. 21. 24; 2, 14), en que fué capturada por los filisteos en la batalla, quienes hubieron de devolverla a causa de las calamidades que se cernían sobre las ciudades adonde era llevada (I Sam. 4-6). Y estamos en el período oscuro de la disgregación de los israelitas en Canán. El arca permaneció así olvidada en Quiriat-Jearim (I Sam. 6, 12-7, 2), hasta que David, el verdadero libertador y unificador de Israel, la transportó solemnemente al monte Sión (II Sam. 6), de donde Salomón la traslada al lugar Santísimo, la parte más sagrada del Templo (I Re. 8, 3-11). De esta suerte David se pone nuevamente en relación con la más pura tradición mosaica.
El arca desapareció definitivamente en la primera destrucción del Templo (587 a. de Jesucristo). [L. M.]
Bibliografía
L. Desnoyers, Histoire du peuple hébreu, I, París 1922. pp. 211-21.326. II, 1930, 189-202. III, p. 112 s., 191-96. F. Spadafora, Collettivismo e individualismo nel V. T., Rovigo 1953. pp. 213 s. 218. 232. 287.