BABILONIOS
Así se denomina al pueblo que toma el nombre de Babilonia o de Babel , heredero de la civilización y del territorio de los sumerios y que domina por varias veces en el Asia Anterior. Decir babilonios equivale muchas veces a decir mesopotamios. Los babilonios asumen una misión histórica importante con la primera dinastía de origen amorreo. Si se tiene en cuenta el sincronismo entre Hammurabí y Shamsi-Addu I de Asiria, que se desprende de los documentos de Mari, y algunas otras indicaciones de carácter arqueológico, astronómico y epitáfico, hay que situar a la primera dinastía entre el s. XIX y el XVI a. de J. C. Shumu-Abu inicia la serie de los monarcas que dan a Babilonia el esplendor y la posibilidad de convertirse en centro de Mesopotamia. Hammurabi (v.) es el primero que logra unificar en torno a Babel un imperio cuyos límites parten del golfo Pérsico y llegan hasta Mari y Nínive, y el que hace vivir a diferentes pueblos bajo unas mismas leyes, que se hallan reunidas en el famoso código.
Sus sucesores no hacen más que mantener las posiciones alcanzadas por el 67Agran legislador y van perdiendo lentamente su influencia hasta que Samsuditana, el último de la dinastía, sufre la invasión de los jéteos de Mursiliš. Aunque fué de corta duración, esta invasión debilitó a los babilonios, ya que, tras un breve lapso de tiempo, fué seguida de la inmigración de otros pueblos, entre los cuales los casitas, que se instalan como dueños de Babilonia durante cuatro siglos (XVI-XII a. de J. C.). Éstos parece ser que proceden del mar Caspio, de origen indoeuropeo: así parece indicarlo su nombre. En las cartas de El- Amarna se les ve en correspondencia con los egipcios Amenofis III y IV. Durante el reinado de Assur-Uballit los casitas permiten que los babilonios se conviertan en vasallos de los asirios, y después de la invasión de los elamitas desaparecen de la historia. En Babel se funda una dinastía que se mantiene durante 130 años en el poder (1170-1039) y se suceden once reyes; se ve forzada a luchar, con resultados varios, para no caer bajo el yugo, ya sea de los elamitas, sea de los asirios.
Siguen otras dinastías de corta duración, que dejan a los babilonios a merced de los nómadas del desierto, hasta que la dinastía II, que es la octava, impone un gobierno más firme y emprende nuevamente la lucha contra los asirios. Ésta continuará pasando por situaciones difíciles con pausas de relaciones amistosas. Babilonia es conquistada muchas veces por reyes asirios: Adad-Nirari III, hijo de la legendaria princesa babilónica Semiramis (Sammuramat); Teglatfalasar III, que, según los documentos cuneiformes, toma el nombre de Pūlu (el Pul de II Re. 15, 19) al entrar en Babilonia en 729. Merodac-Baladán II intenta sacudir el yugo asirio a la muerte de Sargón (705). Para ello se adueña de Babilonia y busca aliados en Occidente (Is. 39) en los tiempos de Ezequías de Judá. Pero Senaquerib domina al Elam y a Babilonia (705) y destruye la ciudad en el 699. Corre a cargo de Asarhaddón la reconstrucción de la capital de los babilonios (680-649) y su hijo y sucesor ShammaSSumukin (668-649) defiende su posesión contra el hermano Assurbanipal.
Kandalunu reina en Babilonia durante 22 años (649-627), hasta que Nabopolasar logra librarse de los asirios con la ayuda de los medos y determina su desmoronamiento con la caída de Nínive (612). Luego nace el imperio neobabilónico (625-539), que comunica a Babilonia un esplendor y un poder capaces de imprimir un recuerdo indeleble en la historia. Cuando los egipcios acuden para salvar a los asirios y mantener el 67Bequilibrio en el Asia Anterior, Nabopolasar dota con un ejército a su hijo Nabucodonosor . Babilonios y egipcios se encuentran en Carquemis (605): el faraón es derrotado y perseguido. La noticia de la muerte de Nabopolasar es causa de que su hijo desista de la persecución. Nabucodonosor corre a Babilonia y sucede a su padre (604-561). Entretanto {3er. 46, 2), se convierte en vasallo suyo el reino de Judá: Dan. 1, 2, habla del año tercero del reino de Joaquim según el sistema de cómputo babilónico, mientras que Jer. 46, 2, computa regularmente el año cuarto del mismo rey (606-605). Todos los avisos que Jeremías (7, 10; 25-26; 36) multiplica dirigiéndose a sus compatriotas resultan vanos.
Al rebelarse Joaquim, tres años después, probablemente instigado por Egipto, el déspota babilonio, ocupado como estaba en Mesopotamia, no se dirige inmediatamente contra el vasallo, a quien deja, no obstante, bajo el dominio de los pueblos vecinos que se mantienen fieles a Babilonia (II Re. 24, 2), y hasta el 598 no envía un ejército para el asedio de Jerusalén. A la llegada de Nabucodonosor hacía ya tres meses que Joaquim había muerto (II Re. 24, 6), tal vez asesinado (Jer. 22, 18-19; 36, 30), y es reemplazado por su hijo Joaquín, quien por evitar la destrucción de su ciudad se entrega como prisionero con toda la familia real (II Re. 24, 12), y llevado a Babilonia es sometido a un encarcelamiento mitigado, según se comprueba por los documentos cuneiformes recientemente publicados, y conserva cierto prestigio que liega hasta permitirle el uso de su sello real. Los hebreos fechan los acontecimientos según los años de prisión en Babilonia de su rey. Además de la familia real, Nabucodonosor lleva a Babilonia a los cabecillas y familias influyentes de Jerusalén. Ésta es la primera deportación (597 a. de J. C.).
En Jerusalén es puesto por rey el tío de Joaquín, Matanías, cuyo nombre se cambia en Sedecías (II Re. 24, 17), hombre débil, inconstafite, arrastrado por la facción favorable a Egipto. Al advenimiento de Psammético II (593), esa facción conspira con Edom, Moab y los fenicios, y Sedecías es llevado a comparecer en Babilonia (Jer. 27, 2 ss.; 51, 59; 52, 1-11). A la muerte de Psammético (589), su hijo Aprias, queriendo dominar en Siria, incita a Sedecías, a los amonitas (Ez. 21, 25) y a los fenicios a rebelarse contra los babilonios. Entonces Nabucodonosor somete a Fenicia, bloquea a Tiro y asedia a Jerusalén (enero, 588), en tanto que algunos contingentes de tropas ocupan las fortalezas de Judea (Jer. 24, 7). En Jerusalén se 68Aresiste fanáticamente, esperando el auxilio de los egipcios. Jeremías es puesto en prisión (Jer. 37, 11). Pero el faraón es derrotado, los babilonios reanudan el asedio y en agosto del 587 entran en la. parte septentrional de Jerusalén (II Re. 25, 3 s.; Jer. 39, 3 ss.), a la que toca la suerte de las ciudades rebeldes: saqueo, incendio, segunda deportación (II Re. 25, 8 ss.; Jer. 40, 7 ss.).
Ahora es puesto Godolías por gobernador en Misfa, donde se reúnen los supervivientes a la destrucción (II Re. 25, 23; Jer. 40, 7 ss.). Es asesinado el gobernador con la guarnición de los babilonios (Jer. 40,.13-41, 17), y los sobrevivientes huyen a Egipto (Jer. 41). Ignórase cómo reaccionarían los babilonios por semejante homicidio. La tercera deportación (Jer. 52, 30) pudiera estar en relación con tal acontecimiento, a pesar de la fecha tardía (582). Los babilonios distribuyeron a los hebreos de las diferentes deportaciones (años 597, 586, 582) junto al río Quebar (Ez. 1, 1-3, etc.), que es el Nár Kabaru, en Tel Abib (Ez. 10, 10), en Tel Harsa, Tel Mela (Esd. 2, 59), en Casifía (Esd. 8, 17), lugares no identificados. Según los archivos de los Murašu del s. V, los hebreos se instalaron junto a Borsipa y en los contornos de Nipur, a donde nos llevan los informes de Ezequiel. Los babilonios no someten a los hebreos a una prisión propiamente dicha, ya que les es dado el construir casas y plantar huertos (Jer. 29).
Ezequiel ejerce su ministerio sin trabas, tiene una casa donde recibe a los ancianos de Israel (Ez. 8, 1; 14, 1; 20, 1) que mantienen correspondencia con Jeremías (Jer. 29, 1) y son los jefes de los deportados y mantienen la cohesión favoreciendo el nacimiento del judaísmo (y.). Los babilonios se dedican a la agricultura y al comercio (Ez. 17, 4) y permiten a los hebreos las mismas ocupaciones, hasta el punto de poder conseguir una riqueza considerable (Esd. 2, 65-69; Neh. 7, 67-72). Después de la muerte de Nabucodonosor los babilonios no viven más que de rentas, y los sucesores del gran monarca no tienen la misma fortuna, a causa, principalmente, del poderío medopersa, que entonces surgía y se afirmaba. II Re. 25, 27-30, recuerda a Evil Merodac, hijo de Nabucodonosor, porque saca de la prisión a Joaquín el año 562. Nabónides (556-538) fija temporalmente la residencia en Teima, en la Arabia del Norte, dejando a su hijo Bel-šarra-usur, el Baltasar del libro de Daniel, el cuidado de los negocios, mientras se prepara la ruina del imperio.
Efectivamente, Ciro, rey de Persia, después de haber 68Bconquistado a Lidia (546), se vuelve contra los babilonios, se adueña de las provincias costeras, entre las que figura Palestina , y ataca a Babilonia, donde le espera Nabónides, que había regresado de Teima. Gobrias, gobernador de los Gutios, deserta: el ejército babilónico es vencido y Gobrias penetra sin resistencia en Babilonia, donde Ciro hace su entrada en 539 y toma el título de rey de Babilonia sin cambiar la organización de los países conquistados, y establece el gobierno general de Babilonia y de la región de allende el Éufrates (Ebir-nahara). Darío realiza la división por satrapías. La literatura de los babilonios es rica en documentos económicos, jurídicos, de elencos de nombres, de silabarios, de textos históricos, de inscripciones, de oraciones, de rituales, de poemas mitológicos, con los cuales puede reconstruirse el concepto que los babilonios tenían sobre el origen de los dioses, del mundo , del hombre, sobre las relaciones de la divinidad y la humanidad mediante la plegaria, el sacrificio y la adivinación, y sobre las relaciones de los mismos hombres entre sí, reguladas por un cuerpo de leyes.
Es difícil precisar el origen exacto de las tradiciones, ya que existe un fondo sumérico, muchos de cuyos textos no son más que la traducción y adaptación a la mentalidad semítica, babilónica y asiria. Es también innegable la existencia de una aportación jurrita, como se infiere de las tablillas de Kerkuk (Arrafa) y de Nuzu . Teniendo esto presente, sería mucho más propio hablar de civilización y de literatura mesopotámicas. El común ambiente, la afinidad de las lenguas, los intercambios comerciales y los contactos políticos y militares explican asimismo las coincidencias culturales entre el mundo bíblico y la literatura mesopotámica. La literatura de los babilonios se plantea todos los problemas: El Enuma eliš («cuando en alto»), poema repartido en siete tablillas, conservado en cuatro recensiones, y varias otras cosmogonías tocan la cuestión de los orígenes y se acomodan a la mentalidad bíblica respecto •de la creación (v.). El poema de Gilgameš, el Hércules mesopotámico, revela la aspiración a la inmortalidad como mito de Adapa, y en la tablilla XI contiene un relato del diluvio.
Los mitos del descenso de Ištar al infierno y de la •exaltación de la diosa, lo mismo que el de Nergal y Ereskigal, reflejan el pensamiento de los babilonios sobre la vida de ultratumba. Asimismo el problema del dolor se plantea en un breve poema que suele llamarse el «Job de Babilonia». Finalmente, los mitos y otros textos nos descubren que el destino no es 69Aconcebido como resultado de un fatum, o del acaso, o fortuna, sino de una voluntad que fija la naturaleza o la esencia de las cosas. También la religión de los babilonios procede del fondo sumérico y sufre una evolución •en el curso de dos milenios, amoldándose a las condiciones políticas, económicas, sociales y locales del país. Puede dividirse Mesopotamia en dos áreas religiosas, a semejanza de las que resultan de la técnica agrícola: la primera corresponde a la zona en que la agricultura depende de un sistema de regadío, como sucede a lo largo de los ríos Tigris y Éufrates; la segunda es la zona en que la agricultura se apoya principalmente en la lluvia, como en la Alta Mesopotamia y al este del Tigris.
A estas diferencias técnicas corresponden diferentes esquemas de pensamientos que se desarrollan en torno a las relaciones entre el hombre y los poderes sobrehumanos, y a las de los hombres entre sí. Comprobamos un politeísmo con tendencia enoteísta o monolátrica en cuanto cada una de las ciudades tiene su particular dios local, sin excluir o combatir importaciones de divinidades de otras ciudades o de otros grupos de pueblos, ni las especulaciones de las numerosas escuelas teológicas que surgen a la sombra de los grandes templos. Incluso el panteón de los babilonios tiene origen sumérico: el dios es el dueño de la ciudad: el templo regula la vida del pueblo mediante los sacerdotes, no sólo desde el punto de. vista estrictamente religioso, sino también én el sentido económico. El jefe de la ciudad (llámese rey, sátrapa o gobernador) es el representante del dios.
A la divinidad se atribuye no sólo el dominio de una ciudad particular sino además una forma especial de gobierno: en Nipur, Enlil es ante todo un dios del tiempo; en Sipar y en Larse, el dios Sol (Utu para los súmenos, Shamaš para los semitas) es el dador de la luz y de la justicia para la humanidad; en Ur el dios Luna, Sin (Nanna), revela el futuro a los expertos; en Uruk, Ištar es adorada, juntamente con el dios Anu, como estrella de la tarde y de la mañana y como protectora en el amor y en la guerra, respectivamente; en Eridu, Eea (Enki) tiene el dominio de las aguas primordiales y es portadora de las artes y de las ciencias mágicas; en Kutha, Nergal (II Re. 17, 30) es el rey del mundo subterráneo; en Mari, Dagan (Jue. 16, 22 ss.; I Sam. 5, 2-5) es el dios de los amorreos, como en Babilonia Marduk, que es el Bel por antonomasia (Is. 46, 1; Jer. 50, 2; 51, 44; Bar. 6, 40; Dan. 14 gr.), es la divinidad nacional de los babilonios. Asur tiene semejantes 69Bfunciones para los asirios. Nabu, hijo de Marduk, protector de Borsipa, es el dios de la escritura.
En las regiones en que la agricultura depende de la lluvia, el dios de la atmósfera, del huracán, es Hadad (tal vez II Re. 17, 31; Zac. 12, 11). La sucesión de las estaciones, el cese de las lluvias al sobrevenir el verano se expresa por el mito de Dumuzi-Tammuz (Ez. 8, 14), el dios que muere y resucita (v. Adonis). Los mesopotamios personificaron otras muchas fuerzas cósmicas y las veneraron como divinidades. Entre las formas de la religión de los babilonios figura también la adivinación para arrebatar el secreto de la voluntad divina, y el que se cree encerrado en todas las expresiones conocidas de la antigüedad: el oráculo, la evocación de los muertos (I Sam. 28, 11 ss.), la interpretación de los sueños (Gén. 41; Dan. 2, etc.), el sacar suertes (frecuentísimos en la Biblia ), presagios deducidos del nacimiento, de las enfermedades, del vuelo y de las vísceras de los animales (Ez. 21, 26), de las aguas, de los astros. [F. V.]
Bibliografía
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