BABEL (Torre de)
La humanidad emprende de nuevo su marcha después del diluvio.
Los gérmenes del mal, manifestados ya en Cam, otra vez van en aumento: los hombres olvidan la lección venida de Dios con aquel tremendo castigo. He aquí el ejemplo que se nos conserva de ello en Gén. 11, 1- 9. Dios había dado a los sobrevivientes esta orden: «Multiplicaos y llenad la tierra» (Gén. 9, 1), y una vez multiplicados con el correr de los años, ahí los tenemos concibiendo planes soberbios, completamente olvidados de Dios. «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre cuya cúspide toque a los cielos (expresión metafórica que encontramos en los textos 66Ababilónicos y que sólo quiere decir cúspide altísima) y nos haga famosos por si tenemos que dividirnos por la haz de la tierra» (Gén. 11, 4).
Dios confunde la soberbia de los presuntuosos empresarios, que no pudieron entenderse por la discrepancia de sentimientos y de los modos de expresarse. Hay glotólogos modernos que sostienen científicamente la monogénesis del lenguaje: «Era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras» (Gén. 11, 1). Dios aceleró el proceso natural de diferenciación, y luego la maldad de los hombres fué causa de que la diversidad de lenguas hiciese surgir barreras y antagonismos entre los pueblos. Este episodio de los orígenes de la humanidad está situado en el marco geográfico de donde procedían Abraham y los suyos, es decir, la Mesopotamia.
Este marco geográfico es considerado como propuesto a guisa de mero ropaje literario, según se expone en la yoz Génesis al hablar de él en sus once primeros capítulos. Shinar indica la Caldea (cf. Gén. 10, 10). Temiendo el dispersarse, aquellos nómadas sueñan con una vivienda estable, con algo donde cobijarse. En la gran llanura caldea, la de las grandes ciudades, se yergue la majestuosa y altísima ziggurat, construcción maciza de planos cuadrangulares sobrepuestos, que iban reduciéndose a medida que subía el edificio. Amplias escaleras permitían subir hasta el último plano, donde estaba el altar y se tributaba el culto al dios de la ciudad. Los ladrillos de arcilla y betún, material fundamental en tales construcciones (cf. Gén. 11, 3), iban revestidos de espléndidos esmaltes y de franjas de oro.
Una etimología popular de Babel, y sobre todo la multiforme variedad de razas presentes en ella ya en los tiempos que precedieron a la dinastía de Hammurabí, ha sugerido la elección de aquella ciudad para la localización del relato. Babel en realidad significa «puerta de los dioses (Báb-iláni), y no es de las más antiguas de Mesopotamia. En realidad, el episodio bíblico no aparece por ningún sitio en la literatura babilónica, por más que en el vocabulario, en el estilo y en el marco ofrezca exactamente el colorido de aquella región. En tanto que las ziggurat son templos, aquí se prescinde absolutamente de ese carácter esencial en ellas. Así las cosas, es inútil querer hallar e identificar los restos de la torre de Babel entre los escombros de alguna de las famosas ziggurat.
No sabemos dónde estuvo la cuna de la 66Bhumanidad ni cuál sea la zona que cruzaron los hombres que se multiplicaron después del diluvio. Hay muchos escritores, incluso católicos, que intentan asemejar la narración bíblica del. diluvio (v.) a la babilónica (simple inundación de la Mesopotamia meridional, hacia el iy o iii milenio a. de J. C.), limitándolo a un grupo étnico humano muy reducido. Ellos dicen también que en la dispersión de Babel se trata únicamente de un grupo semita. La Biblia habría conservado este relato folklórico, dotándolo de un significado religioso (Chaine).
Pero semejante exégesis se revela enteramente insuficiente e infundada. En cambio, remitiendo históricamente el episodio de la torre de Babel a los remotos orígenes de la humanidad, encuadra a maravilla en la narración de los once primeros capítulos, demostrando cómo el hombre va alejándose progresivamente de Dios, incluso después del diluvio, y cómo se van densificando las tinieblas hasta el rayo de luz que proyectó la revelación de Dios a Abraham . [F. S.] P. Heinisch. Problemi di storia primordiale bíblica, Brescia 1950, pp. 165-75. F. C euppens, Quaestiones selectae ex historia primaeva, 3.ª ed., Roma 1953, pp. 335-55. A. Clamer. Genèse (La Ste. Bible, L. Pirot, 1). París 1953. pp. 224-29.
J. Prado, La ciudad y la torre de Babel, en EstB, XII (1950) 3. H. Enciso, El episodio de la torre de Babel en las tradiciones de la Judea, en EstB, VII (1948) 3.