ÉUFRATES
(Sum. buranunu; acad. Puranunnu o Pu-rattu con el probable significado de «gran río»; hebr. Perath o hannahar «el río» por antonomasia; griego Εὐφράτης derivado del persa ufratu o también Frat). Uno de los mayores ríos del Asia, que nace en las montañas de Armenia. A unos 160 km. de la desembocadura en el Golfo Pérsico se une con el Tigris formando el Shatt el-‘Arab: en los tiempos prehistóricos y antiguamente (Plinio VII, 27, 130) desembocaba en el mar, independientemente del río Tigris. Su curso de 2.780 km. se presenta muy irregular. Entre las sierras montuosas del Tauro va formando amplias ensenadas y profundos pozos con altas cascadas. En la llanura de Mesopotamia su lecho se ensancha hasta los 400 m. 203Acon una profundidad de 5 a 6 m. Sus aguas abundantes que le hacen navegable durante la época de mayor caudal (mar.-jun.) por derretirse las nieves, antiguamente bañaban las famosas ciudades de Carquemis (Jer. 46, 2) y Babilonia (Ap. 4, 14; 16, 12) y eran aprovechadas para el riego mediante una magnífica red de canales. En la Biblia es uno de los ríos del Paraíso terrenal (Gén. 2, 14).
En la promesa que Dios hizo a Abraham es el límite septentrional de la tierra prometida (Gén. 15, 18; Éx. 23, 31; Dt. 1, 7; 11, 24, etc.), al que se llegó en los comienzos del reino de Israel, al menos nominalmente y en momentos particulares (II Sam. 8, 3; I Re. 4, 24); en el período persa servía de límite a la satrapía Abar Nahara (hebr. 'ebher hannahar «al otro lado del río»: Esdr. 8, 36; Neh. 2, 7. 9), que comprendía la zona entre el Eufrates y el Mediterráneo. En sentido simbólico el Eufrates representa la potencia babilónica (Jer. 2, 18; 13, 14 ss.; Is. 8, 7; 11, 15; 27, 12). [A. R.]
Bibliografía
E. Berlier, en DB, II, col. 2046-50. Weissbach, en Pauly-Wissowa, VI, col. 1195-1215.