Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

ESPAÑA

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La Ven. María de Ágreda, en su Mística Ciudad de Dios (libro VII, cap. XVII. n. 359), hablando de la devoción mariana de E., afirma que ésta «ganó la palma a todas las naciones y reinos del orbe en la veneración, culto y devoción pública de la gran Reina y Señora del cielo María Santísima». Afirma también que los santuarios dedicados a su nombre son en E. «más que en otros reinos del mundo», y exhorta a los españoles a creer que «las antiguas dichas y grandezas de esta monarquía las recibió por María Santísima y por los servicios que le hicieron en ella» a esta gran Señora. Aun admitiendo el ardor hiperbólico de estas exposiciones, no se puede negar que E. ha sido y es todavía una de las naciones más devotas de la Madre de Dios. Una tradicion muy cara a los españoles (pero cuyos documentos no nos remontan más allá del s. VIII) suele enlazar la propagación del cristianismo en E. y la consiguiente difusión de la devoción a María con el apostolado de Santiago, hermano de S. Juan. Este se habría dirigióo a evangelizar a E. hacia el ano 40 de Cristo.

Como había de ser el primero en dar en Jerusalén su sangre por Cristo, se dice que la Virgen, todavía en carne mortal, recibió de su divino Hijo el encargo de trasladarse, por medio de los ángeles, a Zaragoza, en donde se encontraba entonces el apostol, para ordenarle que volviese cuánto antes a Jeru salem Pero, antes d t partir, tenía que edificar un templo en honor de Ella. La Virgen, transportada por los ángeles, fue en un instante llevada a Zaragoza para ejecutar la comisión recibió a. Antes de retornar a Jerusalén, la Virgen dejó al npdstol una im.'igen suya puesta sobre una columna (Pilar) para su futuro santuario. El apóstol edified con sns propias manos la capilla primitiva y clespuds regreso a Jerusalen para recibir allí la palma del martirio. Esta primera capilla fue reedificada y aumentada en el s. xiii (1293) por el obispo Hugo de ESPAftA Matallana. No sufri«5 alteraciones sensibles hasta 1434, ano en que un terrible incendio mutild el cdificio. Pcro quedaron los vestigios del edificio atribuido a Santiago. En 1515 el arzobispo Alfonso de Aragón hizo construir Santa María la Mayor, contigua al templo primitivo. En el s.

XVII se edificaba la iglesia actual, conforme al proyecto del arquitecto Herrera. Esta es la historia del célebre santuario nacional de la Virgen del Pilar de Zaragoza. Sea lo que fuere de su milagroso origen y del consiguiente principio del culto a Mail a en E., no se puede negar que a finales del s. ir (como explícitamente afirma S. Ireneo en su Adversus haereses, I, 10) el culto mariano estaba ya difundido en E., probablemente por obra del apóstol S. Pablo. Y pocos decenios m»s tarde (como sabemos por Tertuliano, Adversus Judaeos, 7), a todos los confines de E. (Hispaniarum oni nes termini) había ya Uegado la predication cristiana. El Concilio de Elvira —el más antiguo cuyos cánones disciplinares se conservan—, reunió hacia el 300 en la actual Ala rife (a unos 8 km. de Granada) con la partici pation de 19 obispos espailoles, es una confirmation del hecho. En manera alguna se puede negar que el culto de la Virgen del Pilar sea «ab immemoriabili tempore». El papa Gelasío II (1118) había del templo del Pilar, «muy antiguo y de gran fama y dignidad».

Durante las persecuciones de los tres primeros siglos, muchos martires esparto les, scgiln la tradition, morfan estrechando contra el pecho la imagen de María. Asímismo la invasíon de los moros no pudo menos de liacer resplandecer cada vez más el culto de María. Sus imigenes, escondidas o reconquistadas, volvieron muy pronto a brillar on las regiones sustrafdas a la invasíon. La icconquista de E. fue la reconquista del patrimonio de María. Combatfan en noml»re de Ella, como caballeros snyos. En 1134 el conde de Barcelona, Ramón Berenguer, I'undaba la orden de Santa María de Mongay (Matris gaudii) para la defensa de la religión y de la patria (Cf. BaJari, On genes historicos de Caialuna, Barcelona 1899, paginas 331-333). Jaime I el Conquistador, diez años des pues de la victoriosa batalla de Las Navas, contrafa matrimonio ante una imagen de María, y no mucho después deponfa su espada sobre su altar; después, cinOndosela nuevamente con sus propias manos, se armaba Caballero. Siete años más tarde arrancaba al dominio de los moros el reino de Mallorca; diez años después, el de Valen cia, y después entraba triunfalmente en Murcia. En Barcelona se le apareciO la Vir gen Santísima.

Este rey, «grande entre los grandes de Aragón», combatiO siempre en nombre de María, y de él se dice que dcdic«5 a María muchfsimos templos (Cf. García, F., S. J.. Discurso del Pcitrocinio de la S. Virgen María en España, insertado en «Vida y Misterios de la Santísima Virgen Marías del P. Rivadeneira, Madrid 1879). Al morir expresd a su hijo el deseo de scr enterrado en Veruela, junto al altar de María. También Fernando III el Santo, el con quistador de Cdrdoba, que elevd a España al cenit de su grandeza, llcvaba siempre con sus ejdrcitos tres estatuas de María. Se dice que la misma Virgen se le aparecid asegulindole la victoria. El santo rey querfa darle los honores del triunfo, y al entrar en Sevilla hizo ensalzarla como conquistadora. Se le atribuye la construcción de muchtsimos templos marianos. Los santuarios marianos de E. son aproximadamente un miliar. Todas las regiones tienen el suyo. Valencia honra a la Virgen de los Desamparados; Granada, a la de las Angustias; Sevilla, a la Virgen de la Antigua; Catalufia. a la de Montserrat (que se remonta al s. i\); Asturias, a la Virgen de Covadonga.

Los misioneros españoles infundieron su amor a María en las misiones de la America latina y de las Filipinas. Fueron, indudablemente, los mas grandes cmisioneros de Ma rfas. Imponian nombres marianos a los lugares que conquistaban y a las ciudades que edificaban. Por eso las banderas americanas colocadas en las paredes del santuario de la Virgen del Pilar son —como se lee en las inscripciones de las mismas— ctesiimonio peienne de veneración, de amor y de gratitud de las naciones de la America espailola a la Madre de Dios, que les dispensó los dones de la fe, y a la madre E., que las hizo» herederas de su sangre, de su lengua, de su valor, tesoro que ban hecho libre y grande el nombre de Coldns. En 1617 E., con sus colonias, era oficialmente puesta bajo el patrocinio de María. Son dignas de especial mención las diversas drdenes de caballeria surgidas en la E. medieval en honor de María, a saber: la Orden Militar Navarra de la Terraza (o de Jarra), fundada en Ndjera en 1038 por el rey D. Garcia de Navarra; la Orden Militar de Santa María de la Merced, fundada en Barcelona en 1218; la Orden de los Caba lleros de N.ª S.ª del Rosario, fundada en Toledo en 1235 por el arzobispo D.

Ro drigo Jimlnez de Rada; la Orden Militar de Santa María de E., creada en 1272 por Alfonso el Sabio e incorporada a la del Cisler; la Orden de Carlos III, dedicada a la Inm&culada Concepción de María, fun dada en 1771 y extinguida en 1931 (Cf. Crónica Oficial..., Zaragoza 1940, p. 157). Fue notabilisima la parte tomada por E. en el triunfo del dogma de la Inmaculada Concepción de María. Su fiesta era patrocinada desde el s. XIV. Valencia, en el s. XV, ofrecia a la Inmaculada las primicias de la imprenta y el primer certamen. Las Universidades y Colegios, las Ordenes Militares y el pueblo se declaraban siempre a favor del gran privitegio mariano. Indicio particular de la devoción de E. a María es tambita la copiosisima sigilografia espanola. Sellos Castellaños, aragoneses, catalanes y navarros de los siglos xm, xiv y XV llevan impresa la imagen de María en sus diversos misterios (ibid., p. 156). Algunos Municipios de E. (por ej., los de Burgos, Villalpando, Plasencia) se reunian para sus deliberaciones en la puerta de la ciudad en donde tenían una estatua o imagen de María. En Zaragoza los jueces tomaban sus deliberaciones ante la Virgen del Pilar.

Muchas ciudades tomaron su nombre de María (por ej., Santa María de Carrión, Santa María del Puerto, etc.). La provincia de Alava era una especie de republica mariana en el centro del reino de Castilla; las asambleas para las elecciones de los diversos oficios se llevaban a cabo ante una imagen de la Virgen llevada al campo de Ocoa (hoy Lacua) desde el santuario de Estábaliz y saludada, en su procesión, por el toque de las campanas de todos los pueblos. Así se estuvo haciendo desde el s. VIII hasta el xiv. Entre los actos más recientes de devoción a la Virgen merece especial mención la célebre Academia Bibliográfico-Maríana de Ldrida, fundada en 1862 (v. Urida)). No debemos pasar en silencio que los nombres más usuales entre las mujeres son, además del de María, los de Dolores, Mercedes, Rosario, Concha (Concepción), Asunción, etcdtera, nombres que recuerdan todos ellos alguno de los misterios de la vida de María. También se ha dado recientemente un vigoroso florecimiento de piedad mariana. En octubre de 1940 se celebraba en Za ragoza un Congreso Maríano Naciona! para conmemorar el XIX Centenario de la venida de la Virgen a esa ciudad.

El principal fnito de este solemne Congreso fue la ins titution de una mSociedad Española Maríana» con reuniones anuales de estudios y discusiones, recogidas en el Boletin de «Estudios Marianos», de los que hay ya publicados veinticuatro voltimenes. Pío XII, en el radiomensaje dirigióo al Congreso Nacional Maríano de Zaragoza, extendia a toda España el apelativo glorioso de aTierra de María Santísima» por antonomasía, apelativo reservado en el pasado a Andalucía. «No hay momento de su historia —decía el augusto Pontífice hablando de E.— ni un palmo de su suelo que no estén señalados con su dulcísimo nombre.» BIBL.: De la Fuemte. V. M.. Vida de la Virgen María e historia de an culto en Espafla, Barcelona, Montancr y Simón, 1889; Lesmes Fa (as. S. I.. Devoción de los Reyes de España a la Inmaculada. en «Razón y Fe». t. 32; Perez. N.. S. J.. Historia Maríana de España, 4 vols., Propaganda Maríana, Valla dolid 1941-1947; Id., Piitd mariaie du peupie espagnol. en Du Manoir. IV, 1956, pp. 591-610; SXncmez Pl!REZ, I. A., El culto mariano en Esoafla. Tradidones. leyendas y not [el as relath’as a alguna t Imásenes de la Santísima Virgen, Madrid 1943. 482 PD.; Corrcdor OarcIa, A., O. F. M..

Hispanlarurn Regina. Sevilla. Editorial S. Antonio, 1950. 77 pp.; Alvarez de CXnovas. J., Vlrgcnes de Espafla, Madrid, Magisterlo Español, 1951. 124 pp.: Garzón, F.. La Santislma Virgen en Espafla. Sus prlncipafct advocadones, ed. TV. Madrid, Apostolado de la Preosa, 1953, 190 pp.; Gocnaoa, A., S. J., El folklore inmaculistico espanol. en aMemoria Congrtso de Zaragoza 1954». pp. 637-652; Manfrfdi. D., Santuarios de la Virgen María en España y America. Madrid. Edit. Eélsa. 1954, 377 pp.;»Miriama, q. de julio-agosto 1955. No podríamos rcsignarnos a dcjar lo refercnte a la devoción mariana en España con las breves 1/neas que le dedica el autor del Diccionario. Pero, por otra parte, estimamos en mucho el dejar intacto lo que él ha escrito, pues siempre es más grato comprobar lo que un extrano a nu&stras cosas tiene a bien expresar cuándo lo que se dice es elogioso, como en el caso presente.

No puede alegarse esa autoridad de San Ireneo para demostrar la antigQedad del culto mariano en Espaila, puesto que lo que el texto alegado afirma es tinicamente que ala doctrina cristiana se prof esa intacta as! en Espaila como en Germania, en Egipto y en Orientea, que viene a ser lo mismo que dice Tertuliano. Tampoco se yen muchas probabilidades de que la figura central del sarcófago de la iglesia de Santa Engracia, en Zaragoza, represente a María Santísima escoltada de San Pedro y de San Juan y extendiendo a lo alto su mano, que otra mano, representativa de la de Cristo, tiene asída como para llevarla a los cielos (H. Leclercq, en DACL, t. I, col. 2971; t. XV, col. 775 s.). Si así fuese, constituirfa el monumento más antiguo que nos hablara de la Asunción de María, ya que parece remontarse al s. iv. Asímismo, tenemos que renunciar a ver en el Concilio de Elvira ninguna confirma tion del hecho del culto mariano existente en España en aquellos tiempos. En ninguno de los 81 cinones del Concilio se hace ni rcmotamente alusión a María Santísima.

En cambio, nos es dado ver en el canon 1 del Concilio X de Toledo, celebrado en 656, que de muy atris'se venia celebrando en Itapana una fiesta que se llama ala fiesta de Marías. Y entonces se determina que, como a el día en que fue enviado a María el mensaje, muchas veces no puede celebrarse, o por causa de la cuaresma o por causa de la Pascua, se celebrard en España la fiesta de la Anunciación el día 18 de diciembre, lo mismo que se hace en otras partes, ocho dias antes de Navidad, y con la misma solemnidad con que se celebra la fiesta de Navidad s (J. Hefele, Histoire des Conciles; t. Ill, París 1909, p. 294). Los Concilios EX (655) y XI (675) se presentan como celebrados «en la iglesia de Marías. Si leemos nuestros escritores pa trios más antiguos, veremos en Prudencio (s. iv) el primer cantor de la divina maternidad e incluso de la concepción inmaculada de María, cuándo dice de ella: Edere namque Deum merit a, — omnia Virgo venena domat (i Cathemerinon, versos 151 y 152). Y es $obradamente conocido el celo con que nues tros antiguos doctores de la antigüedad, y especialmente S. Ildefonso (v.), defendieron la perpetua virginidad de María.

Las historias legendarias de muchos de nuestros santuarios marianos son una prueba de lo profundamente arraigada que se hallaba, ya en los primeros siglos del cristianismo, la devoción mariana en nuestro pueblo. Ordinariamente se les atribuye un origen milagroso: la aparición sobrenatural de Nuestra Señora. Y lo más curioso es que muchas veces esa aparición consiste en el hallazgo, que asímismo se dice mila groso, de la imagen de la Virgen que da origen al santuario. Esos hallazgos fueron consecuencia de haber sido ocultadas las imigenes ante la perspectiva de la invasión musulmana y de posibles profanaciones. Con frecuencia esa imagen presenta rasgos bizantinos u otras marcas rcveladoras de una antigiiedad que nos transporta a los tiempos que precedieron a la invasión de los irabes. Sean o no históricos los datos que nos suministran esas tradiciones, siempre son una prueba de amor mariano que se remonta a tiempos muy lejaños. Se dice que el nrimero de santuarios marianos en España se aproxima al miliar.

En un artfculo que el Suplemento correspondiente a 1935 de la Enciclopedia Espasa dedica al tema Devoción mariana de Es pana, se lee una larga lista de imigenes tradicionalmente veneradas en un contomo más o menos extenso de las diferentes regiones españolas y que pueden ser consideradas como representantes de otros tantos santuarios marianos. Tal lista —que dista mucho de ser completa— sobrepasa en va ries centenares al miliar. Aftadamos a esto que hay coleccionistas de fotograffas de imageries marianas artísticas, y especialmente veneradas por nuestro suelo patrio, que suman varios millares. La nacionalidad espaftola se ha ido formando a lo largo de los siglos bajo el amparo de María. aAmparadora de España» la llamó el arzobispo de Toledo al descri be la batalla de las Navas, cuándo dice que «Ia imagen de la bendita Virgen gloriosa Santa María estaba en el pendbn de la provincia de Toledo, como tambiSn campeaba en las ensefias de los tres reyes cristianos coligados para la lucha que les dio la victoria. El nombre de «Santa María» invade todas las manifestaciones de la vida medieval española. En las leyes se prcscriben juramentos en nombre de Dios y en el de Santa María su Madre».

Se conminan penas a los profanadores de los días festivos, entre los que se catalogan las fiestas de la Asuncibn de Santa María y la Anunciacibn, cuándo concibib de Sancto Espíritu». Se implora el auxilio de Dios y de la Virgen Santa María su Madre, aque es medianera entre Nos y El (Cfr. Nazario Pérez, S. J., Historia Maríana de España, t. 1, Vallado lid 1942, pp. 196-98). El primero de nuestros poetas, Gonzalo de Berceo, dice en la introduccibn a su libro de Milagros de Nuestra Señora que Quantos son en mundo justos e pecadores — Coronados e legos, reyes e emperadores — allí corremos todos vasallos e sennores, — todos a la su sombra imos coger las flores». Por eso más tarde el rey Sabio, que, como Berceo, se hace eco del sentir popular del alma española, en la ddcima de sus cuatrocientas y tantas cantigas, que entonb en loor de Santa María, concentra todo su entusiasmo hacia la Madre de Dios, llamdndola a Rosa das rosas — e flor das flores — Dona das donas — Sennor das sennoreso.

En cuánto a las órdenes militares que llevan el sello mariano y se amparan en el auxilio de Santa María en las gestas Wlicas que llevan a cabo luchando con denuedo por liberar el suelo patrio del yugo de los moros, conviene nombrar, aparte de las ya citadas, la de Calatrava, fundada por el abad cisterciense San Raimundo de Fitero en 1158, y la de Alcdntara, que se desgajd de Calatrava en 1176 (Ibid., pp. 136 ss.); la de los Hospitalarios y la de Santa María de Orta, fundadas en el s. xiii; la de los Lirios, fundada por Sancho el Fuerte de Navarra (h. 1200) (Ibid., 2.°, p. 222); las de Montesa, de la Banda y de la Paloma, del siglo xtv (Ibid., 1.º, vol. 2.°, Valladolid 1945, p. 43 ss.). Aunque la Orden de Santiago, fundada por los mismos tiempos que las de Calatrava y Alcantara, no tuvo el caricter de orden mariana, no dejb de notarse la devocibn mariana en sus leyes, que les mandaban dar limosnas para ayudar a comer y vestir a los pobres en la fiesta de la Asuncibn.

Los famosos gremios que por el siglo xii comenzaron a formarse entre los que perteneefan a un mismo ramo en el oficio en que vivfan, en un principio y durante muchos siglos fueron verdaderas cofradías que tomaban a Santa María por patrona y especial abogada bajo diferentes advocaciones, muchas de las cuales tuvieron su origen en la naturaleza misma de la actividad para cuyo dcsarrollo se cobijaban bajo su amparo, como N.ª S» de la Gufa, a quien se encomendaban los afiliados a la hermandad de los encargados de llevar el correo. Asímismo fueron muchas las obras de beneficencia, como hospitales, albcrgues para peregrinos, etc., que desde el siglo xiv se instituyeron bajo la forma legal de cofradías marianas (Ibíd.., t. I, vol. 1.º, p. 156; vol. 2.°, pp. 76 ss.). Una de las más elocuentes pruebas de Io profundamente arraigada que se halla la devocibn mariana en el pueblo cspanol nos la ofrece la historia de la colonizacibn de America, empezando por el hecho de que la misma nave que capitaneaba la expedicibn colombiana iba aureolada con el título de Santa María.

En este mismo Diccionario podrd verse la exposicibn de los hechos mis ESPAtfA salientes relatives a cada una de las republicas hispanoamericanas y a sus principals santuarios marianos, que nos permitiran comprobar este aserlo. Y cuándo leemos la narración de los hechos de armas que se produjeron con motivo de la emancipation de aquellos pueblos, no seri raro el ver que los combatientes de uno y otro bando se encomiendan a la misma Señora para salir airosos en su empresa. En el artfculo de este Diccionario sobre la Inmaculada puede verse el extraordinario interns con que se trataba en España la dilucidación de la verdad sobre el misterio, hasta el punto de constituir un negocio de estado en el que intervinieron muy eficazmente varios soberaños de la casa de Aus tria. Aunque entre los teólogos había quienes impugnaban el dogma, los que lo defendian formaban una corriente arrolladora, y bien puede afirmarse sin zozobras que éstos representaban la voz del pueblo español, que de siglos atris venia ya viviendo de esa fe.

En el siglo xii ya empezd a celebrarse la fiesta litúrgica de la Concepción Inmaculada el 8 de diciembre en varias diócesis y monasteries, y en el siglo XV ya era casi general en España su celebración (Ibid., t. I, vol. 2.°, pp. 53 ss.). Es de justicia consignar aqui que los Franciscaños desempenaron un papel brillantfsimo en esta campana. Remontindonos a sus or/genes, diremos que sus glorias en este campo comienzan ya en el siglo xiti con Raimundo Lulio. Y en los debates del siglo XVii a ellos se debid el gran movimiento inmaculista que surgid en Sevilla y que dio como resultado la fundación de la Real Junta de la Inmaculada y el voto de las universidades, si bien la de Valencia había hecho voto de ensefiar y defender la Inmaculada ya en 1530. Franciscana era la M. Agreda, cuyas relaciones con Felipe IV induyeron no poco en el inimo del monarca para que pusiera mayor tesón en favor de la causa de la Inmaculada.

Este rey logrd de Inocencio X que la fiesta del 8 de diciembre, que ya en otros tiempos había sido en España fiesta de precepto, volviera a ser tenida como tal, y de Alejandro VII la admisión de la expresión «Concepción Inmaculada», sin el velo de la otra expre sión aConcepción de María Inmaculada» con que se encubria la verdad del misterio (Cf. Congreso Mariologico Franciscano Es panol, 3-8 noviembre 1953 y 8-14 noviembre 1954, celebrado en Madrid. Enciclopedia Espasa, Suplemento 1953-1954, art. Mariologia, p. 1200). En diciembre de 1760, no sin tener que veneer serias dificultades, Carlos III, rogado por las Cortes reunióas ese mismo año, obtuvo de Clemente XIII que declarase Patrona de España y de sus Indias a la Virgen precisamente con el título de Inmaculada Concepción. Y en 1767 se concedia, a petición del mismo rey, la facultad de introducir en las letanias lauretanas la invocación «Mater inmaculata».

Cuando Pío IX inaugurd el monumento a la Inmaculada erigido en 1857 en la plaza de España en Roma, manifestá que tenía una gran complacencia en llegarse a la cm» bajada española, desde cuyo balcón bendijo el monumento, por haber sido España la nación más devota de la Virgen y la que más fervoroso culto había tributado siempre a la Inmaculada Concepción (P. Nazario Pérez, op. cit., t. I, vol. II, Valladolid 1947, pp. 14 ss.; 116). El cardenal Cienfuegos, arzobispo de Se villa, solicitd y obtuvo, en 1834, de Gregorio XVI la gracia de poder introducir en el Prefacio de la Virgen las palabras net te in Conceptione Immaculataa en la fiesta de la Purisima. Tal ejemplo fue imitado por muchos obispos españoles y extranjeros que solicitaron luego esa misma gracia. El mismo cardenal jndujo a muchos otros a que solicitaran el poder anadir en las letanias lau retanas la invocación aRegina sine labe originali concepta» (Ibid., p. 111). La celebración del centenario de la definición del dogma de la Inmaculada y del consiguiente Afio Maríano de 1954 fue inspiradora de una explosión de entusiasmo y filial devoción en toda España a María Santísima.

Las crdnicas religiosas de ese año regisESPAtfA tran un elevadi'simo niimero de manifestaciones de fervor mariano que seria prolijo enumerar. Por todos los rincones de España se vieron masas de fieles dirigióndose en peregrinación a los santuarios marianos de que se halla tachonado el suelo patrio. Y también se dio con frecuencia el peregrinar de venerandas imageries de María que eran llevadas procesionalmente para que recibieran culto y alcanzaran las bendiciones divinas en favor de los pueblos comarcaños. En el Congreso Nacional de Zara goza la imagen del Inmaculado Corazón de María se vio escoltada de otras veintinueve imageries procedentes de santuarios de los más renombrados de diferentes regiones de España. Se bautizaron calles y plazas con el titnlo de la Inmaculada o con el de otras advocaciones marianas. Se erigieron monumentos en lugares ptiblicos, en los montes, hasta en el fondo del mar. Se organizaron certamenes literarios (Segovia, Barcelona), concursos de artfculos de periddicos (Consejo Superior de las Jdvenes de A. C., Junta Nacional Tdcnica de la A. C.

E.), expositions de imágenes marianas, pinturas y esculturas (Granada, Soria, Valladolid), concursos de pintura (Madrid) y de iconografía (Barcelona), Congresos y asambleas de estudios marianos (Madrid, Gerona, Lefin, Toledo, Granada, Tarragona, Cáceres, Palma de Mallorca, Zaragoza). Entre estas ultimas manifestaciones merece mención especialisima la celebrada en Zara goza del 7 al 12 de octubre por su carScter de Congreso Nacional. Aparte los apotedsicos actos de culto, se celebraron durante esos dias ties clases de actos culturales. Unos para especializados en mariología y teología en general. Otros destánados a una alta divulgación de la ciencia mariológica. Otros, en fin, que se propusieron hacer penetrar en la masa nn conocimiento mayor de la Virgen. En la propaganda previa que se estuvo haciendo durante todo el año se había dicho que el Congreso no sólo seria conmemorativo, sino que pretendia desarrollar una gran campafia de restauración de la vida de piedad, de oración y de santificación del hogar y de frecuencia de sacramentos.

Y eso se trató de conseguir mediante esas sesiones, apuntando siempre a «que los españoles conozcan mcjor a la Virgen para que su devoción sea sélida y fructuosa». Digna coronation del Congreso fue la consagración de España al Inmacu lado Corazón de María por el Jefe del Estado y el radiomensaje del Papa reinante Pío XII. Se celebraron actos especiales de cultura mariológica en las universidades de Salaman ca, con intervention del P. Balic, O. F. M., presidente de la Academia Maríana Internacional. En la de Barcelona se celebraron muchos actos a lo largo del año, en el mes de octubre una Serna na Mariológica, y el dia 7 de diciembre, como para clausurar el ano mariano, se hizo la consagración de la Universidad a María Inmaculada. La Orden franciscana tuvo también su magno Congreso MariolOgico, en Madrid, que celebrO en dos etapas: la primera del 3 al 8 de noviembre de 1953 y la segunda del 8 al 14 de noviembre de 1954. Todo 6\ fue dedicado a revisar todo cuánto en el orden histOrico, literario y artistico habían realizado en España las cuatro ramas franciscanas para preparar la definición dogmática de la Inmaculada.

En el Congreso MariolOgico-Maríano In ternational que se celebrO en Roma del 24 al 31 de octubre del mismo año hubo muchas intervenciones de notables mariOlogos españoles, así en las sesiones generales como en las sesiones parliculares, algunas de las cuales estuvieron a cargo exclusivo de entidades espanolas, como la de la Sociedad MariolOgica Española, la de la Universidad Pontificia de Salamanca. La filatelia española se vio enriquecida en este año mariano con la aparición de diez sellos de otras tantas Virgenes: la Purisima de Alonso Cano (0,10), la Virgen de Begofia (0,15), Desamparados (0,25), Mont serrat (6,30), El Pilar (0,50), Covadonga (0,70), Virgen de los Reyes (0,80), Almudena (l pta.), Virgen de Africa (2 ptas.) y Guadalupe (3 ptas.). No haria falta decir que no ha sido ésta la tinica emisión mariana de sellos españoESPAtfA les. España ttiene el singular honor de ser la nación que más veces ha representado la efigie de María en los sellos de correos y con mayor variedad de advocaciones.

Teniendo en cuenta todos sus motivos marianos, sus bendficos y las emisiones locales de la postguerra, asciende el nrimero de sellos de motivo mariano a 170 estampillas», y hecho el cdmputo del número que ha comprendido cada una de las emisiones, sin contar los benéficos ni los locales, resulta una cantidad de 273.718.000 sellos con mo tivo mariano. De esos sellos han sido premiados: 1.º El sello de la Inmaculada de Murillo, que obtuvo el primer premio en la exposición filatélica celebrada en París en 1960, y fue clasíficado como «el mejor sello en todo el mundo durante los dos liltimos años» en la aTemex él» de Buenos Aires. Este mismo sello fue considerado como a el sello mAs bonito de tema religioso aparecido durante el ano 1960» por los miembros de «Coros» (Collectors of Reli gion on Stamps). 2.° La Virgen de la serie del Greco. 0,40, violeta, con el segundo Gran Premio Europa 1961 (Cfr. Miriam, Revista Maríana Universal, 1962, marzoabril, p. 75; julio-agosto, 3. 4 edic., pp. 9, 39). Merece también aquí una mención honorifica la serie de quince sellos dedicados a los quince misterios del rosario, que reproducen cuadros de los grandes pintores.

Fue cmitida en 1962, lo mismo que el de la Sagrada Familia, éste con motivo de Navidad. Despuds de ellos han aparecido otros varios, como la Inmaculada de Ribera, N.ª S. 4 de Europa en dos valores y N 4 S. B de la Merced, todos ellos en 1963. Por consiguiente, al recuento hecho por el articulista de Miriam que hemos citado hay que ahadir 20 cstampillas mAs, lo que da una suma de 190, v al resultado obtenido con la suma de las tiradas de cada una de las emisioncs habrA que afiadir unos millones mAs. Como ultima nota de fervor mariano de cstc aiio centenario apuntaremos el hecho du que durante él fueron coronadas unas vi intc imAgenes de diferentes santuarios del Mit-lo nacional. Esta prActica comenzó en I'spana con la coronación de la Virgen de Montserrat, en Catalufia, a la que siguió la de Veruela, en Aragón, en el mismo ano de 1881. Actualmente son ya alrededor del centenar las que han recibióo ese honor.

Retrocediendo tin tanto en la exposición cronológica de los acontecimientos, digamos que, a pesar de que las circunslancias poltticas de España en 1904 no eran tan favorables para esta clase de expansión religiosa, el feivor mariano no pudo retenerse en lo reedndito de los corazones ni siquiera en la interioridad de los tcmplos, aun en ocasiones en que fue preciso afrontar aviesos intentos, de los que por cxperiencia se sabfa que podían terminar con derramamiento de sangre. Entonces también, igual peregrinar de los fieles, como en 1954, a los santuarios marianos, igual peregrinar de imAgenes, igual movimiento de certAmenes, academias literarias, juegos florales, etc., dedicados a ensalzar Jas prerrogativas de la Virgen Inmaculada. En este ano se erigió el obclisco conmemorativo de seis metros de alto del coto minero de AUer (Asturias), el monumento a la Inmaculada, de 12 metros de alto, en la plazuela del monasterio de Montserrat, costeado por las Hijas de María y cuya primera piedra eoloed el rey D. Alfonso XIII, y la maravillosa efigie de N.ª S. 4 la Antigua, de 25 metros de alto, colocada sobre la pefia de Orduna, que se divisa desde nueve provincias.

También se celebraron en este ano las coronaciones candnicas de la Virgen de los Reyes, en Sevilla, cuya corona se evalud entonces en medio millón de pesetas, la Virgen de los Ojos Grandes de Lugo y la de la Misericordia de Reus; y a este acontecimiento del cincuentenario de la Inmaculada hay que unir también la coronación de la Virgen del Pilar, realizada en octubre del ano siguiente, durante el cual se prorrogd el ano jubilar y cuya corona se evalud en 600.000 pesetas. Finalmente, debemos senalar entre las principalcs actividades del cincuentenario la celebración en Barcelona (22-26 de noviembre) del Primer Congreso Maríano HispanoAmericano, una de cuyas notas salientes es el voto asuncionista que en él se formuld (Cfr. Ecclesta, 1953, I, pp. 667-8). ESPAflA Aunque el dogma de la Asunción fue proclamado oficialmente por la Iglesia más tarde que el de la Inmaculada Concepcion, es un hecho mucho más celebrado desde tiempos muy remotos que casi se confunden con los mismos origenes del cristianismo. La fiesta de la Asunción se introdujo en España, importada del Oriente, ya en el siglo ix y pronto se celebrd en toda la pen insula (Dom Estanislao Llopart, O. S.

B., La fiesta de la Asunción en España, en «Est. Mam, VI, 1947, pp. 156-177). Una prueba de la antigfiedad de esa fe en el pueblo espanol nos la ofrece el hecho de que muchas de nuestras catedrales y otras iglesias llevan el ti'tulo de Santa María y desde tiempo inmemorial vienen celebrando su fiesta titular el di'a 15 de agosto. Apenas se decidid la batalla en favor de la prodamación del dogma de la Inmaculada, empezd a agitarse en Espaha la efervescencia por llegar a iddntico resultado en favor del de la Asunción. Al responder a la encuesta de Pío IX, al mismo tiempo en que enviaba al Sumo Pontifice su voto fa vorable a la definición del dogma de la Concepción Inmaculada, a 27 de junio de 1849, Fr. José Sinchez, obispo de Osma, expresaba sus votos para que la Santa Sede definiera como dogma de fe la gloriosa Asunción corporal de la Madre de Dios a los cielos. El 27 de diciembre de 1863 la reina Isa bel II, impulsada por su confesor, San Antonio María Claret, escribia al mismo Pío IX en estos tirminos: cAunque todo el orbe catélico dirigiera a V.

S. las más reverentes sdplicas para que se digne declarar dogma de fe el Misterio de la Asunción de María Santísima, yo, como reina e intdrprete de los sentimientos de esta católica nación, que tan amante es de las glorias de María, deseo ser la primera en rogar a Vuestra Santidad con este motives (P. Nazario Pérez, op. cit t. II, voL II, p. 128; P. N. García Garcds, El movimien to asuncionista en España, en «Est. Mar.», IX, 1950, p. 522). Esta pelición de Isabel II es la que encabeza la lista publicada en los dos gruesos volúmenes publicados por los PP. HentrichDe Moos (v. Asunción), quienes dicen que tal petición anon tantum tempore prima est, sed etiam magnum in motum assumptionisticum et orientem et crescentem exercuit influxum, cum Beatus Archiepiscopus Claret peticiónem additis fervidis commendationis verbis in libro aliquo ad Episcopos instituendos destánato divulgavit» (P. N. Garcia Garcds, op. cit., p. 521). En el curso de la celebración del Concilio Vaticano I los obispos españoles, capitaneados por el de Jaún, Antonio Monescillo, se lanzaron a la batalla por la definición, y el resultado fue que acabaron asociindose al movimiento asuncionistanada menos que 200 padres del Concilio.

Suspendido el Concilio, siguen trabajando los obispos, sea colectivamente, sea individualmente, por la causa de la definición, y de todas las diócesis españolas, y de muchas de Ultramar que obedecen al mismo resorte, van llegando a Roma folios que contienen muchfsimos cientos de millares de firroas que se suman al movimiento y expresan otros tantos anhelos de que se dd a la reina de los cielos esa nueva gloria externa. Cada vez que se produce un nuevo acontecimiento de manifestación mariana, se suscita de nuevo la exteriorización del fervor asuncionista, que se traduce en una suplica en masa elevada a la Santa Sede para implorar la definición de la asunción universalmente reconocida como verdad indiscutible.

Deben mencionarse a este propdsito las actividades asuncionistas desarrolladas en el I Congreso Maríano Hispano-Americano (22-27 noviembre 1904, Barcelona), en el primero de las Congregaciones Maríanas de la Coronilla de Aragón (1906, Barcelona), en el IV Congreso Universal International de Zaragoza (26-30 septiembre 1908), en la Asamblea Maríana Nacional de Covadonga (9-11 septiembre 1926) y en el Congreso Hispano-Americano de Sevilla (15-20 mayo 1929), en el que estuvieron presentes 42 prelados y al que enviaron representantes 31; en la primera Asamblea Maríana de Sevilla (2-6 octubre 1940) y en el Congreso Maríano Ncional de Zaragoza (8-11 octubre 1940), del que surgió la fundación de la Sociedad Mariológica Española, la cual dedicd dos 18! ESPAfiA de sus anuales Asambleas de Estudios Marianos (la sexta, cclebrada en Montserrat del 8 al 15 de agosto de 1946, y la nona, celebrada en Salamanca del 23 al 30 de septiembre de 1949) al estudio de la naturaleza del dogma asuncionista y de la evolution histOrica del mismo en las diferentes manifestaciones religiosas del pueblo cristiano.

Y no sólo en estas reuniones rationales, sino en los Congresos intemacionales marianos de Lyon (1900), Friburgo (1902) y Einsiedeln (1906) se dejO ofr muy alta la voz de autorizadas representaciones espanolas que abogaban por la definición dogmática de la asunción e impelfan a dirigir stiplicas a la Santa Sede en tal sentido. Las autoridades civiles siguieron adopt an» de una postura digna de la tradition española, y as! D. a María Cristina repitiO la stiplica de Isabel II en 1905 en ocasión brindada por las solemnes fiestas de la coronación de la Virgen del Pilar. D. Alfonso lo hace al celebrarse en 1926 la Asamblea de Covadonga. Siguen votos y juramentos asuncionistas de númerosisimos ayuntamientos, diputaciones, academias y otras corporaciones. Y como digno remate de esta gloriosa campana mencionaremos la petición elevada a la Santa Sede por S. E. el Jefe del Estado el 23 de enero de 1947 y la del ministro de Educación National, D.

José Ibdflez Mar tin, dirigióa en abril del mismo ano y acompanada de las firmas de todos los presidentes y vocales de cada una de las secciones de que consta el Consejo Superior de Investigaciones Cientfficas, así como de las del presidente y demls componentes de la dirección de la Sociedad MariolOgica Española (Cf. aEst. Mar.», IX, pp. 13-19; 527-38). El afán por enaltecer a María, dando publicidad al conocimiento de sus dones peculiares, no sufre tregua. Los votos que se Kicieron en otro tiempo en orden a defen der y publicar los misterios de la conception inmaculada y de la asunción ahora se dirigen al de la mediation de todas las gracias. Al acercarse el fin del ano mariano de 1954 se celebrO en la catedral de Murcia un acto presidido por el Excmo. Sr. Obispo Dr. Sahtija y que había sido promovióo por el ayuntamiento de la ciudad. Tomaron parte en él las más significadas corporaciones: Cabildo diocesano, Seminario diocesano, Claustro de la Universidad, Ayunta miento, representaciones del EjOrcito de Tierra, Mar y Aire, Audiencia Provincial, Consejo diocesano de hombres de A. C., Con sejo Provincial del Movimiento. Tres teOlogos llevaron a cabo la defensa de la declaration dogmática.

Ante los santos evangelios jut aron todos defender y ensefiar el misterio que reconoce en María la prerrogativa de ser medianera universal de todas las gracias. El movimiento mediacionistano es nuevo en Espafla. Ya en 1924, por encargo de Pío XI, se constituyO una comisión cuyos miembros fueron el Dr. D. Isidro Gomd (v. Gomd), el P. J. M. Bover, S. I. (v. Bover) y el Dr. D. Angel Amor Ruibal (v. Amor Ruibal), con encargo de desarrollar un estudio teoldgico del misterio con miras a una definición dogmática que se crefa entonces prOxima. Al tema de la mediation se consagraron los dos congresos marianos celebrados en Pontevedra y en La Coruna en los años 1959 y 1960, respectivamente. En el primero de ellos se profundizO en la naturaleza del misterio estudiando principalmente algunos de los puntos más caracterfsticos de la teología mariana de Amor Ruibal, y del segundo se dijo que su tOnica radicaba «en la demostración de lo que se aspira a ser una verdad definibleo.

En conexión con este tema se han desarrotlado competentemente los temas de la corredención y de la divina maternidad en algunas de las asambleas anuales de la So ciedad MariolOgica Española, como en la XIII, celebrada en CObreces en septiembre de 1953, y en la XVII, en Madrid, agosto de 1957. También se tocO este punto de la corredención y de la maternidad de María para con Dios y para con los hombres en alguna de las ponencias desarrolladas en el Congreso Maríano que precediO en Bilbao a la fiesta de la coronación de la imagen del Corazón de María que se venera en la ESP Aft A iglesia de los Padres Claretianos, el 16 de octubre de 1949 (Crónica de la coronación del Corazón de María, Bilbao 1949, paginas 49-56). En este mismo Congreso de Bilbao, dedicado expresamente a Estudios Cordimarianos, se toco también muy directamente el tema de la rcaleza de María, al cual se dedicd exclusivamente la XV Asamblea de la Sociedad Mariológica Española, celebrada en Valencia del 29 de agosto al 3 de septiembre de 1955. Un tema candente de devoción mariana que no podemos pasar en silencio es el de la Esclavitud mariana. Esta idea de esclavitud mariana es ya antigua, incluso idea patristica.

Se halla perfectamente desarrollada por escritores ascdticos y místicos espaftoles del siglo XVrr, como el P. Bartolomd de los Rios (v.), agustino, el P. Antonio de Alvarado (v. Alvarado), benedictino, y algun otro, como el P. Melchor de Cetina («Exhorlación a la Devoción a la Virg. M. Madre de Dios, que todos los cristianos deben tener, especialmente los que con deseo de más servirla se le han ofrecido por esclavos», 1618) y el P. Pedro de la Serna («Estatulos y Constituciones que han de guardar los Esclavos de Nuestra Señora de la Merced», 1615). Pero la prdctica de la devoción tal como la ensenaron esos maestros había casi cat de en olvido en España y no volvid a ponerse de actualidad hasta que empezaron a divulgarse los escritos de San Luis M. Grignion de Montfort (v. Luis), a lo cual contribuyeron dos admirables apóstoles marianos, el P. Nazario Pérez (v. Pérez), jesuita, y el P. Leonardo Baneras, capuchino, dste direc tor de la revista que llev«5 el título de El Metisajero de María.

De comtin acuerdo reunieron varias asambleas marianas en Zaragoza, Murcia y Vi toria, en las que lograron inyectar el fervor de la devoción mariana según el espiritu montfortiano y que desembocaron en la celebración del magno Congreso Montfor tiano, en Barcelona, en los dias que precedieron a la fiesta de N.ª S.ª de la Merced, de cuya aparición se celebraba aquel ano de 1918 su centenario. Para lograr el triunfo de la idea se sirvieron de los Sacerdotes de la Unión Apostélica, entre los cuales se contaba con D. José Bau, D. Manuel Irurita y D. Victor Ormazdbal, de quienes se ha dicho que, con los PP. Nazario y Bafieras, formaban «toda una constelacibn de apóstoles marianos».

También de este Congreso partid una petición oficial de la definición dogmática de la mediación universal (Camilo Abad, S. J., El R. P. Na zario Perez, de la Compañía de Jesús, San tander 1954, pp. 217-239). Otras actividades dignas de mencionarse son las encaminadas a estudiar y rexalorizar los escritos mariológicos de nuestros escrilores del siglo de oro, como las llamadas Asambleas Agustinianas, celebradas por los PP. Agustinos, en 1956 en Valladolid, dedicada al B.

Alfonso de Orozco, predicador de Felipe II; en 1957 en Calahorra, dedicada a Fr. Bartolomd de los Rios, y en 1959 en El Escorial, dedicada a P. Pablo Veneto, a Fr. Luis de León y al P. Cristobal de Fonseca. Legión de María. — En febrero de 1950 se establecid en España la Legión de María por obra de la senorita María Paz Santos Diaz, enviada de Filipinas para ese fin. Se comenzó por Bilbao, y hoy tiene ya sus refiejos en casi todas las diócesis espanolas. En 1960 se hallaba erganizada en 17 didcesis. La Legión de María es una asociación de católicos que, debidamente autorizados, han formado una legión para servir a la Iglesia en perpetua lucha contra el mundo y sus malignas potestades, acaudillados por María Inmaculada, dispensadora de todas las gracias. Es una organización semejante a la organización militar en lo que ésta tiene de intrdpida, jer£rquica, dominadora y pacificadora del orbe. Se propone ideales de conquista del mundo para Cristo, que maravillosamente coinciden con los ideales que Pío XI propuso a la A. C., a cuya fundación precedid en siete meses.

Se dice Legión de María porque se pro pone depcnder totalmente de María, consciente de que todo lo que se marianiza cobra un atractivo especial que termina en una mayor fucrza santificadora. Nacio en Irlanda el 7 de septiembre de 1921. Hoy se halla pujante y está establecida en todas las partes del mundo civilizado y sin civilizar. Su fundador fue Mr. Frank Duff. Se dice que así como «San Luis María Grignion de Montfort tuvo, en el campo de la piedad, la genialidad de reducir a sistema de santificación personal la devoción a María, así Mr. Frank Duff, en el campo de la actividad apostélica, ha tenido la otra genialidad de convertir esta ilnica “Verdadera Devoción a la Santísima Virgen” de Grignion de Montfort en norma y. sis tema de apostoladoj (Cf. Miriam, mayoJunio 1960). Por ultimo, mencionaremos las campanas que desde 1956 vienen celebrdndose en pro de la practica del rezo del Rosario en fa milia, dirigióas con ostensibles frutos por el P. Peyton, quien tiene constituido en Madrid el llamado Centro Internacional de Apostolado Familiar, desde donde irradia su fervor mariano hacia otras naciones de Europa, Asía, Africa y Sudamdrica.

Uno de los recursos más notables a que se ha apelado en esta Cruzada Mnndial del Rosario en familia ha sido la proyección en la pantalla de los quince misterios del rosario. El P. Peyton trató ya en 1954 de que se comenzara el trabajo de la filmación on la oficina que la organización tiene en Hollywood. Pero una vez realizado el trabajo de la preparación de los quince guioiics, se decidid filmar las peliculas en Espuna, donde se contaba para la realización con un gran ndmero de factores favorables, como son la semejanza del paisaje con el tic Palestina, la fisonomia de los españoles que responde mejor que ninguna otra a los canictcres que tenían que representarse, el ambientc catélico, la bendvola acogida del Gobierno y de las autoridades eclesiásticas v el cambio de moneda. Así se comenzaron los trabajos en abril de 1956 y ya estaban concluidos en diciembre de 1957. No estard de mas el hacer constar aqui una manifestation verbal hecha por el mismo P. Peyton a continuation de uno de los actos de sus famosas campanas populares.

Impresionado por el fervor y el entusiasmo con que así el pueblo como el clero respondian a su invitación, dijo confidencialmente a los sacerdotes y a los representantes de la autoridad civil de cierta población que podía contarse con muy especiales bendiciones de María Santísima en favor del pueblo espanol, porque se comprobaba una sincera actitud de humildad, de que ofrecian una prueba especial los sacerdotes.

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