Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

EGIPTO

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Los cristianos de E., debido a la estancia de la Sagrada Familia en aquella nación (sobre cuya estancia se han multiplicado las leyendas), gustan de considerar a su patria como una segunda Palestina o «Tierra Santa». De aquí la devoción de los egipcios a María, devoción que, con la herejía de los ecoliridianos (v.), denunciada por S. Epifanio, se llegaba, según parece, a la adoración de la Virgen, mediante la ofrenda de sacrificios. Una particular bendición dada por la Virgen, durante su estancia, explicaría — según la leyenda— el florecimiento de la vida ascética y monástica en E., por lo cual, especialmente después del Concilio de Éfeso, varios monasterios fueron consagrados a Nuestra Señora, junto con muchísimas iglesias dedicadas a la «Virgen» o a la «Madre de Dios», comenzando por aquella gran basílica erigióa en Alejandría por el Patriarca Alejandro (313-326), y que en el siglo v estaba dedicada con toda seguridad a la Madre de Dios. El historiador Abu Sâlih (Cf. Evetts, B. F.

A., The Churches and Monasteries of E.... attribut ed to Abu Salih, the armenian, translated, Oxford 1895), contaba en sus tiempos más de 55 dispersas por todo E. (p. 47), algunas de las cuales son santuarios (considerados como lugares en los que la Virgen habria morado y obrado milagros), metas de peregrinaciones para cristianos y musulmanes (los cuales son devotfsimos de la Virgen, por estar convencidos de que pertenecia al Islam). La arquitectura actual de tales santuarios se remonta, de ordinario, al s. xn o al xm (Cf. Munier, H., Les Monuments Copies d'apres les explorations du P. Michel Jullicn, en «Bull. SocidtO d’Archdologie Copte», 6 [1940] p. 143). Se cuentan algunas apariciones de la Virgen a los santos mártires Julian y Basílisa en el dia de su boda (Cf. P. Cheneau d’Orleans, O. F. M., Les Saints d’E., Jerusalén 1923, t. I, p. 55); al ermitano S. Jorge el Egipcio para animarlo durante su suplicio (Ibid., t. II, p. 132); a San Juan Kolobos (Cf. Amelineau, Histoire dcs Monastcres de la Basse E., en aAnnales du MusOe Guimetn, t. XXIII, pp. 365-381; Vie de Jean Kolobos) y al monje copto Juan Kamé († 859), en sus ultimos momentos (Cf.

Wite, The History of the Monaste ries of Nitria and of the Scetis, New York 1932, p. 306). Es también conocida la inter vención de María en la conversion de Santa María Egipciaca (Cf. Chaneau d’OrlOans, op. cit., p. 460). También en nuestros dias el pueblo egip cio (cristianos, coptos, católicos y musul manes) es muy devoto de la Virgen. La fiesta mariana más solemne es la del 22 de agosto, en memoria de la apertura de ia tumba de María. La precede un riguroso ayuno de 15 dias; todos, cristianos y mu sulmanes, hombres y mujeres, grandes y pequefios, lo observan escrupulosamente, persuadidos de que la Virgen los castigaria si lo violaran. En tales ocasiones se hacen peregrinaciones a los difercntes santuarios marianos. Los hombres van a pie o montados en un jumento, las mujeres en camellos ajaezados con baldaquinos, ordinariamente rojos, ocultas a las miradas de los transetintes, cantando himnos y ianzando gritos de jubilo, sobre todo al atravesar aigun pueblo. Las distintas caravan as poseen una orquesta de instrumentos de viento y tambores. Llevan solemnemente un eXVoto, acompanado por devotos que cantan y danzan.

Los santuarios son fastuosnmente adornados con tal motivo, para acoger a los varios millares de peregrin os, los cuales permanecen durante varios dias en los alre» dedores de los santuarios, con el privilegio de pasar la noche en sus patios o dentro del mismo templo. Los peregrinos, una vez den tro del santuario, tocan devotamente con sus manos las imágenes, las besan, e imploran en alta voz la protection de la Vir gen y le dan gratias por algun beneficio recibióo. Ordinariamente esperan para bautizar a sus hijos en estos santuarios marianos, con ocasión de la fiesta, e imponen frecuentemente a sus hijas el nombre de María. mm..: Muyscr. J.. Mmtas herlt'kheld in E. Een stuéle de Koptik María-Litrrntnr. 1935; Frcitag, A. Graf, G.. Aezypten. en «Lcx Marit:n«, I, coll. 46-49; B.vsEn j-San'. G. O. F. M.. La d£\-ntion poptdaire Maríale en £.. en Du Manoir, II, pp, 63»74.

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