Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

CORAZÓN DE MARÍA

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Lo mismo que el Corazón de Jestfs, tambten el C. de M. ha sido y es objeto de un culto particular. I. El C. de M. en la Sagrada Escritura. La devoción al C. de M. puede decirse que esti contenida como en germen en el evangelio de S. Lucas, donde, por dos veces, se hace expresa mención del C. de la Virgen Santísima. Nos lo presenta como un estuche en el que se guardan los dichos y los hechos de Jesiis: a María conservaba cuidadosamente todos estos hechos meditindolos en el secreto de su C.b (Lc. 2, 19). Y de nuevo repite: «Y su Madre conservaba todo esto en su C.b (Lc. 2, 51). El C. de M. fue, por lo tanto, el primer evangelio: en él, en efecto, antes que en el papel, fueron escri- tos y conservados los dichos y los hechos de Cristo, en especial los de la infancia. II. El C. de M. en la tradicion. Se pueden distinguir dos grandes penodos: el de la devoción privada y el de la devoción piiblica.

1. En el primer período se hallan, en los escritos de los Padres, varias alusiones al C. de M., como, por ejemplo, en S. Efrén, en Prudencio, en Hesiquio, en S. Fulgencio, etc, (v. los libros VII y IX de la obra Le Cceur admirable de la trks sacree Merc de Dieu de S. Juan Eudes, 3 vols., Caen 1681). El culto privado del C. de M. comienza a acentúarse a principios del s. xiii con el ps.-Bernardo, con Ricardo de S. Lo renzo (v.) y, de manera particular, con Er nesto de Praga (1296-1364). Son tambiin dignos de mención Santa Matilde, Santa Gertrudis, Santa Brigida de Suecia, Gerson, S. Lorenzo Justiniano, Nicolás Saliceto y, sobre todo, S. Bernardino de Siena, «el Doc tor del C. de M.a. También Juan Lanspergio, S. Pedro Canisio, Luis de Blois, Luis de Granada, S. Francisco de Sales,’ el Padre Francisco Poiré, el Card. Pedro de Bdrulle» etc., prepararon con sus escritos el completo florecimiento de dicho culto.

2. El segundo período, el de la devoción piiblica, va de 1640 a nuestros días. Desde 1640 hasta 1805 tenemos, por así decir, el período de preparation. El primer esbozo del culto publico al C. de M. se remonta a 1640, por obra del P. Vicente Guinigi, de los Clérigos regulares de la Madre de Dios (Cf. Bongi, S., Dissertazione sopra il culto del S. C. di M„ pp. 54-59). Promovieron también este culto el P. Igna cio de Nente (1642) y el P. Antonio Barbieux (1661). Pero el gran promotor del culto litiirgico al C. de M. fue S. Juan Eu des (v.). Lo que prepaid el camino al triunfo del culto del C. de M., además de la fiesta del C. de M. desde 1805, fueron las cofradías cada vez más florecientes (hoy cuentan con cerca de veinte millones de socios) y muchos institutes religiosos tanto masculinos como femeninos surgidos bajo ese titulo (36 de derecho pontificio y muchfsimos de dcrecho diocesano). III. El C. de M. en el dogma. Dado e creciente desarrollo de la devoción al C de M., los teólogos se han preocupado d«determinar cuidadosamente dos cosas: e objeto y la legitimidad del culto al C. de M

1. El objeto material inmediato de semejante culto es el corazón ffsico de María considerado en su realidad ffsica, y el for mal inmediato el inefablc amor de Maris a Dios y a los hombres, simbolizado en e corazón ffsico. Objeto mediato de dich«culto es, a su vez, la persona misma dt María a la que pertenece el corazón, ys que sólo a un ser subsistente se le puedt tributar culto. Todo esto aparece claro er las revelaciones y escritos de varios autores así como en los documentos autlnticos, doc trinales y litiirgicos, de la Sagrada C. de Ritos (Misa y Oficio) y de los «votos» de los Consultores interrogados a propdsitc por la misma Sagrada Congregation, La legitimidad, pues, del culto al C. de M (negada por los jansenistas del s. XVu) se demuestra por el hecho de que semejante culto culmina en la persona de María, ya que quien venera una parte de la persona (y el corazón, por su excelencia, presents una razón especial de culto, a diferencia de todas las demsis partes del cuerpo) venera a la misma persona, como, por ejemplo, cuando se besa la mano o el pie del Papa, es a la misma persona del Papa a la que se venera. IV. El C. de M. en el culto. Fue S.

Juan Eudes quien, en 1643 (veinte años antes de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús), iniciO entre sus religiosos la fiesta litrirgica del C. de M. Cinco años más larde, en 1648, esta fiesta se cclebrd en público en la ciudad de Autun, con Misa y Oficio propios, compuesto por dicho santo, con la aprobación del obispo de aquella ciudad (en virtud de que el episcopado francos hasta el siglo pasado retuvo y practico el derecho litiirgico). En 1799, Pío VI concedía esta fiesta a la ciudad de Palermo. Pío VII, en 1805, decidid conceddrsela a todos aquellos que la pidiesen, con el oficio, emutatis mutandis», de la fiesta de N.ª S.ª de las Nieves; en 1855, Pío IX aprob«5 la Misa y el Oficio apro aliquibus locis», y Pío XII, en 1944, la extendió a toda la Iglesia. BIBL.: Ledrun, C., La devotion au Cawr de Marie. Etude historique tt doctrinale, París 1918; Pujolras. E.. C. M. F Coitus purissiml Cordis B. M. Virgin!». Mi lan 1942 (con copiosa bib).); 11 C. Inunacolaio di M Conicrcncias de la «Seuimana di Studi Mariani». cekbrada en Roma del 11 al 18 de nov. de 1945. Roma 1946; Arraoain. J., C

1. M., La devotion au Cmtr de Marie, en Du Manoir, V, pp. 1007-1048; el VI vol. de Alma Socia ChristI está lodo 61 dcdicado al C. I. de María; lonpalonicri. Carlos. // C. L di M. e la vita socia’e, en «Vireo Immaculata». XVII, 216 230; Galot. J.. S. II C. di M. IMiMnl. Vida y pensamiento (1957]. X-30 pp. (Biblioteca ascdtica, 33); GarcIa RoDRfGUEZ. B.. C. F. M.. Teologla del C. de M., en»Eph. Mar». 3 (1953) pp. 22-45. Cf. Estudios Marianos, vol. IV, Madrid 1945.

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