ZACARÍAS
( Zekarjah = Yavé recuerda). Profeta, penúltimo del canon del Antiguo Testamento. Hijo de Baraquías, hijo de Ido (1, 1); distinto del Zacarías nombrado por Is. 8, 2, que no es profeta ni hijo de Ido, y también distinto del Zacarías (v.) de quien se trata en II Par. 24, 20 ss. Según Neh. 12, 1.4.12, Ido era una familia sacerdotal con un Zacarías por cabeza, pero no es presentado como profeta, como tampoco Zacarías se llama sacerdote, como, por ej., Jer. 1, 1, y Ez. 1, 3.
Fue llamado al ministerio profético en el mismo año en que lo fue Ageo , en el 520, 2.º de Darío, pero dos meses después (mes 8.º), según algunos (cf. Zac. 2, 4, y el estilo literario), en edad juvenil. Profetizaba aún en el año 4.º de Darío, y tal vez vivió hasta que se ultimó la construcción del Templo (Zac. 7, 1; Esd. 6, 14 s.). Los críticos admiten comúnmente la autenticidad de Zac. 1-8, en tanto que niegan 9- 14.
Aun cuando están de acuerdo en cuanto a esta negación, difieren en cuanto a lo demás y se dividen en múltiples hipótesis, pero más opuestas entre sí, lo que es señal palpable de lo infundado de sus argumentos, e indicio no 604Amenospreciable del poco valor de su postura negativa respecto a los cc. 9- 14. Bastará apuntar que son muchos los que lo remiten a antes de la cautividad. Muchos lo atribuyen a un solo autor, algunos a varios, a dos e incluso a cuatro. No están tampoco de acuerdo en la clasificación del género literario: hay quien habla de apocalíptica reciente (llevado de una manía en boga). La negación de la autenticidad de los cc. 9-14 supone como demostrado que esta parte del libro es anónima y que por una casualidad ha sido unida y atribuida a Zacarías.
Pero esto es una mera hipótesis que choca contra la práctica de los profetas y no explica cómo ha sido recibida en el canon, no obstante las graves dificultades de orden exegético que contiene y la fecha reciente que se le atribuye. Las objeciones son todas de crítica interna y, como puede echarse de ver con una simple mirada superficial, opuestas entre sí y, por lo mismo, de escaso valor. Por el contrario, la característica de las visiones que predomina en la I Parte no se desmiente, antes bien se desarrolla en la III Parte, dando prueba de que se trata de una misma personalidad. En el c. 14, que es el que peor trato ha recibido, se completa la obra.
La misma disposición de los vaticinios 1-6, 7-8, 9-14, supone un plan perfectamente determinado y no casual, y, por tanto, unidad de autor. Las dificultades se resuelven satisfactoriamente entre los autores católicos (cf. Knabenbauer). Nos hallamos en el género profético: todo el libro ilustra el futuro del Israel renacido: futuro próximo y futuro mesiánico, ya que el renacido Israel , heredero de las promesas divinas hechas a Abraham, heredero del pacto sinaítico (v. Alianza ), es la preparación inmediata del reino del Mesías , por el que será absorbido y elevado. Egipto-Asiria, Damasco-filisteos son los clásicos tipos de los imperios hostiles a Yavé (por lo demás, Zac. 14, 21, habla también de los cananeos, y en 5, 5-18; 2, 7, de Babilonia). Por eso se señalan sus regiones (cf. Esd. 6, 22; Jer. 49, 23). Idolatría, adivinos, seudoprofetismo (sin excluir el período de después de la cautividad: Neh. 6, 14) desaparecerán con el triunfo de Yavé; 13-14 indican dos aspectos diversos del mismo apego a Jerusalén ; Zorobabel y Josué son figuras imperfectas del Mesías. El horizonte de la III Parte sólo es local parcialmente; es sobre todo universal.
El retorno de los desterrados se entiende en sentido mesiánico. Javán puede entenderse de los jonios 604Bo bien de Grecia, pero refiriéndose al futuro. No es justo exagerar la diferencia de estilo. Divídese, pues, el libro en tres partes: I) 1-6; II) 7-8; III) 9-14. 1, 1-6: Título: invitación a la penitencia; no imitar la obstinación de los padres. Los repatriados son objeto de la «celotipia de Yavé»; llámaseles «la hija de Sión» (1, 14); «el pueblo de Yavé» (8, 8.12); son el «residuo» de Israel (8, 6.11), objeto de las bendiciones divinas. Yavé se asienta en medio de ellos, pone su morada una vez más en Jerusalén (2, 9.14; Vulg. 2, 5.10). En la primera visión (1, 7-17) se afirma formalmente el renacer de la nación y el castigo de los pueblos paganos. «Mientras los vecinos están tranquilos y prosperan, Israel se encuentra en medio de privaciones y de graves dificultades.» ¿Dónde estaba el cumplimiento de las profecías sobre el próspero renacimiento del nuevo Israel en las colinas de Palestina, y sobre el castigo de Edom y de los otros pueblos que se alegran por la ruina de Judá despreciando así al Señor? (cf. Ez. 35; 36, 1-5; 33-36, etc.).
A eso responde Yavé: «Siento grande amor hacia Jerusalén y hacia Sión, y estoy muy airado contra las naciones que ahora están tranquilas, porque yo estaba un poco airado, pero ellas agravaron su desgracia». Y en llegando la hora de la benevolencia en favor de Judá, he aquí que se levantará el nuevo Israel, asegura el Señor; el Templo corre hacia la reconstrucción y van a ser reconstruidas Jerusalén y las demás ciudades de Judá. «Yavé consolará de nuevo a Sión, y volverá a hacer de Jerusalén su ciudad predilecta.» En cambio, el castigo de los otros pueblos será un hecho (2, 1-4: Vulg. 1, 18-21). Israel tendrá en Yavé su defensor y contendrá una multitud sin medida (cf. Ez. 36, 10 s.; 37). Por eso Zacarías invita a los cautivos, que todavía están en Babilonia, a que vuelvan a su patria para participar de la gloria extraordinaria de la nueva comunidad, que «comprenderá muchas naciones» y tendrá al Señor en su centro (2, 5-17; Vulg. 2, 1-13). La alusión a la multitud sin medida, a la conversión de las gentes (cf. Is. 2, 3 s.; Mi. 4, 2), evoca el reino del Mesías, término último y definitivo del Israel resucitado.
El sacerdocio y el príncipe de la casa de Israel son los instrumentos de Yavé y los elementos de la nación que resurge. El sacerdocio judaico (c. 3), que en adelante estará purificado, mirará por todo lo que se refiere al culto (v. 7): Josué y sus sacerdotes 605Ason señal y prenda de la reconstrucción del Templo y de la restauración del culto (v. 8), parte esencial del Israel resucitado. Con Josué viene unido Zorobabel (v. 8 b); los dos juntos completarán la obra comenzada, cuya última mano se reserva el Señor el darla (v. 9). Zorobabel (c. 4) puesto al frente de la edificación material del Templo, Josué al frente del culto; principalmente el primero debe estribar únicamente en la acción de Dios y no en medios humanos. Yavé vencerá todas las dificultades que humanamente parecen insuperables. En el c. 5 se pone en evidencia la índole espiritual del Israel renacido, que es purificado, pues su elemento esencial es la santidad. Así como el efa es trasladado a Babilonia, así también la iniquidad está a punto de ser arrojada para siempre de la joven comunidad de los repatriados.
Así como para la reconstrucción material se van venciendo con paciencia las dificultades, y seguirán venciéndose mediante la acción del Señor, así también para la perfección espiritual procede Yavé gradualmente, obrando mediante los profetas y sus otros representantes la progresiva santidad de Israel. La acción divina alcanzará su intento: la plenitud no se alcanzará sino en el reino del Mesías. Prosigue en el c. 6 la exaltación de Josué (v. 9 ss.) y la de Zorobabel (vv. 12-15). Éste realiza la esperanza mesiánica en cuanto que él es la raíz de la que nacerá el Mesías (Buzy, pp. 392-405; Ceuppens, pp. 456-465). Sale también a relucir el lazo que existe entre el nuevo Israel que se eleva y el reino del Mesías que le sucederá; el primero es transitorio y preparatorio. Pónese asimismo en evidencia la finalidad de la alianza del Sinaí, ahora limitada ya a la sola tribu de Judá: alianza que se concreta en la promesa hecha a David (o alianza de Yavé con David) y que reanuda su curso en Jerusalén y allí precisamente con los repatriados. Este renacimiento de la alianza, esta obra admirable (la nueva teocracia), es fruto exclusivo del amor de Dios (8, 6 ss.).
Con él se realiza la esencia del pacto: «Yo salvaré a mi pueblo de la tierra de levante y de la tierra del poniente, y los traeré y habitarán en Jerusalén, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios en verdad y en justicia» (8, 7 s.). Por tanto, que se animen los repatriados, pues son objeto de especialísimas bendiciones por parte de Yavé (8, 14 s.): «Como pensé en haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira... y no me arrepentí, así, 605Bvolviéndome, he pensado hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá en estos días; no temáis». En retorno Yavé exige el culto (3, 1-8) y además la práctica de la justicia (8, 16 s.).
Los mismos temas vuelven en la tercera parte, con desarrollo preponderante de las profecías mesiánicas. 9, 1-7: Oráculo contra Jadrac, Jamat, Tiro, Sidón y Filistea, que se convertirá. 9, 8-12: Entrada del rey en Jerusalén montado en un asno y con el dominio universal y pacífico; liberación de Israel, que saldrá de la fosa. 9, 13-17: Judá-Efraím, arma de Dios contra Javán; prosperidad. 10, 1-12: Yavé castiga a los malos pastores y visita a su rebaño (Judá-Efraím), al que fortalece y reconduce a la patria; castigo de Asiria y Egipto. 11, 1-3: Gran calamidad. 11, 4-17: Acción simbólica: Zacarías debe apacentar el rebaño (de Dios) destinado al matadero. Toma los cayados con nombres simbólicos: «Favor», «Vínculos». Extermina a tres pastores en un mes. Rompe el cayado «Favor», pero desligándose del contrario le pesan el salario, que es de 30 monedas de plata (precio de un esclavo, Ex. 21, 32), que él desprecia y tira en el templo. Luego rompe el otro báculo, «Vínculos» (división entre Judá e Israel).
Finalmente simboliza al pastor insensato, que a su vez es castigado. 12: Vaticinios escatológicos, Jerusalén-Judá se convierten en «copa de vértigo», «piedra de escándalo» para las naciones que la rodean: protección de Judá-Jerusalén. Exaltación de la casa de David. Efusión de espíritu de gracia y de oración, retorno a Yavé, grandísimo llanto y congoja (casa de David, Natán, Leví, Semeí). 13, 1-6:
Fuente purificadora para Jerusalén y para la casa de David. Exterminio de los ídolos y del oficio del profeta. 13, 7-9: Percusión del pastor, dispersión del pueblo; purificación del «Residuo». 14: Ataque de las naciones contra Jerusalén. Saqueo, cautividad de la mitad de los habitantes. Intervención de Dios, que crea el camino para el refugio; el día del Señor; fuente que mana de Jerusalén, que será elevada, poblada y segura: Dios rey de toda la tierra; castigo de las gentes y de sus ganados (consunción, guerras intestinas); sus sobrevivientes celebrarán la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén. No caerá la lluvia sobre los recalcitrantes (gentes-Egipto); todo será santo (cascabeles de los caballos, ollas) en Jerusalén. El libro 606Ade Zacarías está citado en Mt. 21, 4 s.; Jn. 12, 15 = Zac. 9, 9 (entrada de Jesús en Jerusalén montado en un borrico el día de las Palmas); Mt. 26, 31 = Zac. 13, 7 (muerte del Pastor, dispersión de los Apóstoles); Jn. 19, 37 (cf. Ap. 1, 7) = Zac. 12, 10 («mirarán al que traspasaron»); Mt. 27, 9 (Zac. 11, 12: Jesús vendido por 30 siclos de plata) nombra a Jeremías porque recuerda también la compra del campo del alfarero, que es de Jeremías.
Zacarías alude a las profecías anteriores, por ejemplo: Zac. 9, 2 s. = Ez. 28, 4 s.; Zac. 9, 5 = Sof. 2, 4; Zac. 9, 10 = Mi. 5, 9; Zac. 9, 12 = Is. 40, 2; Zac. 10, 3 = Ez. 34, 17; Zac. 11, 4 = Ez. 34, 4; Zac. 13, 8 s. = Ez. 5, 12; Zac. 13, 9 = Os. 2, 25; Zac. 14, 8 = Ez. 47, 1-12; Zac. 14, 10 s. = Jer. 31, 38-40; Zac. 14, 16-19 = Is. 60, 12 s., etc. Conocida es la oscuridad de Zacarías, motivada por las visiones y símbolos: cf. S. Jerónimo, PL 25, 1525.
Bibliografía
D. Buzy, Les symboles de l’A. T. , París 1923, pp. 323-405. J. Knabenbauer - M. Hagen, Comm. in prophetas minores , II, ibíd., 1923. F. Ceuppens, De prophetiis messianicis in A. T. , Roma 1935, pp. 449-78. H. Höpfl - A. Miller, Intr. specialis in V. T. , Roma 1946, pp. 258-62;
cf. Bibl. , pp. 497-502. M. Delcor, en RB , 58 (1951) 189-99;
id., en RB , 59 (1952) 385-411.
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