MATEO
Santo, apóstol y evangelista (en griego Ματθαῖος, Μαθθαῖος del arameo: Matthaj = Adeodato). He aquí cómo relata él mismo su vocación apostólica: «Vió Jesús a un hombre sentado al telonio, de nombre Mateo, y le dijo: Sígueme. Y él, levantándose, le siguió. Estando, pues, Jesús sentado a la mesa en la casa de aquél, vinieron muchos publicanos y pecadores a sentarse con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos decían a los discípulos: ¿Por qué vuestro Maestro come con publicanos y pecadores? Él, que los oyó, dijo: No tienen los sanos necesidad de médico, sino los enfermos» (Mt. 9, 9-12). En los lugares paralelos Mc. 2, 14-17 y Lc. 5, 27-32 se le llama Leví, hijo de Alfeo. Tenía, pues, dos nombres, cosa bastante común en aquel tiempo en Palestina y en otras partes.
Luego hallamos constantemente a Mateo en el catálogo de los doce Apóstoles , así en el Evangelio (Mt. 10, 3 y paral.) como en los Actos 1, 13. La condescendiente bondad del Señor quiso que figurase en el colegio de sus más íntimos colaboradores un publicano, que para los judíos de la época equivalía a un pecador público. Según la tradición (cf., por ej., Ireneo y 392BClemente de Alejandría), Mateo, después de la Ascensión de Jesús , permaneció por algunos años en Palestina evangelizando a sus compaisanos y edificándolos con el ejemplo de una vida bastante austera. Después salió de Tierra Santa y evangelizó a otros pueblos. Antiguas tradiciones, que están lejos de ir de acuerdo, hablan de los etíopes, de los persas o de los partos. Hay quien le traslada incluso a Macedonia y nada menos que a Irlanda.
El Martirologio Romano lo menciona como mártir el 21 de septiembre. Salerno se gloría de poseer sus sagrados despojos. Una tradición antigua y constante atribuye a Mateo el primer Evangelio, que ya es conocido y está esparcido por toda la Iglesia a fines del s. i. Clemente Romano, Policarpo de Esmirna, Ignacio de Antioquía y la Didaqué citan fragmentos de Mateo.
El primero que habla explícitamente de una obra de Mateo es Papías, obispo de Hierápolis en la Frigia menor, en otro tiempo compañero de Policarpo en la escuela del apóstol San Juan. Papías escribió por los alrededores del año 110 una obra intitulada: Interpretación de los dichos del Señor, de la que Eusebio (Hist. eccle. III, 39; MG 20, 296-300) conserva algún trozo y, poniendo en relación a Mc. con Mt., afirma que «Mateo — no así Marcos — dispuso ordenadamente en lengua hebrea los dichos (λόγια) del Señor, que después cada uno interpretó como pudo» (en MG 20, 300). Trátase, evidentemente, del Evangelio íntegro, según el testimonio unánime y preciso de toda la antigüedad cristiana. En realidad los discursos tienen en Mt. una parte preponderante, y es indiscutible el orden sistemático; agrupación lógica; discurso programático (5-7), milagros (8-9), parábolas (13), etcétera. Mateo escribió en arameo, que era la lengua que entonces hablaban los judíos de Palestina. En esto están concordes los antiguos.
El original semítico se extravió completamente, y quizás corrió la misma suerte que la perseguida iglesia palestinense, la cual, después de la maravillosa primavera que refieren los Actos, sufrió un estancamiento en su vitalidad, a lo que contribuyeron igualmente las vicisitudes políticas de la nación, con lo que se llegó a una vida penosa y lánguida, a la que siguieron los estragos producidos por las herejías. Hoy sólo poseemos el texto griego, que ya se encuentra en la forma actual en la Didaqué, en la epístola del seudo Bernabé y en Ignacio mártir. La versión del arameo tal vez fuese un hecho consumado ya antes del año 60 393Adespués de J. C., cuando Lucas escribió su evangelio. La Iglesia ha considerado siempre tal versión como canónica, substancialmente auténtica y semejante al original arameo. El griego de Mt. es bastante puro, si bien no tan literario como Lc. o Heb., no tan personal como Pablo .
No obstante, en él se descubre decididamente el original arameo, lo cual es un argumento en favor de la autenticidad atestiguada por la tradición, sobre lo cual no faltan otros indicios, como el de que solamente en este evangelio se llama «publicano» a Mateo, y solamente en él se comprueba como nota saliente el elemento «financiero» y la predilección del autor por las enumeraciones. Es asimismo notable el colorido local y de ambiente: un cristiano palestinense podía comprender todo fácilmente; pero hay cosas que a cualquier otro le resultarían difíciles. El estilo hierático e irénico, igual y acompasado, sería fastidioso para un griego, pero está enteramente en armonía con la mentalidad oriental, y particularmente con la judía.
El esquema del evangelio es el siguiente: I parte. Infancia (v.) de Jesús (1-2); genealogía (v.), nacimiento virginal, ad oración de los Magos (v.), huida a Egipto, regreso a Nazaret . II parte. Vida pública de Jesús (3-25). — 1. Preparación (3-4, 11): predicación del Bautista, bautismo de Jesús, tentaciones (v.) en el desierto. — 2. Ministerio de Jesús en Galilea (4, 12-18, 35): Jesús doctor promulgador de la nueva Ley (4, 12-7); obrador de milagros (8-9); maestro de los Apóstoles (10); reprocha a los fariseos (11-12); expone en las parábolas la naturaleza del reino de Dios (13); confirma la fe de los discípulos con nuevos milagros, y fustiga la envidia de los fariseos (14-16, 12); predice su pasión (16, 21-28) y da muchos avisos a los discípulos (17-18). — 3. Ministerio en Judea (19-25): viaje a Jerusalén (19-20); entrada triunfal y purificación del Templo (21, 1-17); delata y reprende los vicios de los fariseos y de los saduceos (21, 18-23, 39); predice la destrucción de Jerusalén (24-25; v. Escatología ). III parte. Pasión, muerte y resurrección (26-28): preparación para la pasión (26, 1-46); pasión y muerte (26, 47-27); resurrección, apariciones, misión de los Apóstoles (28). «Quien considere atentamente este esquema, fácilmente podrá echar de ver el arte y la habilidad de su autor para componer.
Después de haber presentado en los primeros capítulos los personajes, y primero a Jesús , que domina en todo el Evangelio, nos muestra a éste como 393Bdoctor y promulgador de la nueva Ley, agrupando sus principales enseñanzas, luego como taumaturgo obrador de prodigios, luego en las diversas contingencias de la vida puesto en contacto con los discípulos, con las turbas, con los fariseos, y finalmente paciente en la pasión y triunfante en la resurrección. No debe, pues, buscarse en Mt. el orden cronológico, pues él tiene en cuenta sobre todo el orden lógico, y por eso reúne frecuentemente en uno discursos y hechos que pertenecen a una misma clase, aunque acontecidos en tiempos diversos.
En cuanto al número de hechos y dichos del Señor, es el Evangelio más denso de materia. De él ha recibido la Iglesia los fundamentos de la fe y de la vida cristiana, como la fórmula trinitaria del bautismo (28, 19), el sermón de la montaña (v.) (5-7), la oración dominical o Pater noster (6, 9-13), la promesa de la primacía de S. Pedro (16, 18 s.) y de la indefectibilidad de la Iglesia (28, 20).
Por estas razones está bien el evangelio de Mateo en el primer puesto» (A. Vaccari). Mateo escribió para los judíos palestinos, y se propone un fin eminentemente doctrinal y didáctico: el de dar a conocer que Jesús es el eminente Mesías, el realizador de todas las profecías del A. T.; que fué preconizado a los Padre s y anunciado por los Profetas, y que, por no haber sido reconocido por la nación, fué condenado a muerte.
Pero resucitó, y el reino por él fundado (la Iglesia) contenía la misión de salvación en el mundo entre judíos y gentiles hasta el día de su nueva venida. Teniendo esto en cuenta se explica cómo Mateo aprovecha todas las ocasiones para subrayar el hecho de haberse cumplido en Jesús las antiguas profecías mesiánicas. Tal vez no deba de excluirse la existencia de una no pequeña preocupación nemotécnica, si se piensa en el empleo del quiasmo, en las frases estereotipadas, en ciertos números determinados (3/7/10) y en los incisos rítmicos. Todos estos recursos estaban en uso entre los rabinos para asegurar la exactitud en la transmisión de las máximas de los antiguos, y resultaban fácilmente comprensibles en el ambiente palestinense. Es imposible establecer una fecha muy precisa para el primitivo trazado de Mt. Lo que los escritores antiguos tienen por cierto e indiscutible es que Mateo fué el primero de los cuatro evangelios canónicos, y que Lucas escribió el suyo antes del año 62, es decir, antes que los Actos, que alcanzaron justamente el año 63 desp. de J. C. En lo de determinar con mayor precisión no están de acuerdo ni aun 394Adentro del campo católico.
Tal vez escribiese Mateo su evangelio ya antes del año 50 desp. de J. C., si no ya en el primer decenio que siguió a la muerte de Cristo . [G. T.]
Bibliografía
Höfl-Gut-Metzinger, Introductio specialis in N. T. , 5.ª ed., Roma 1949, pp. 30-65. M. J. Lagrange, Év. selon s. Matthieu , 4.ª ed., París 1927. D. Buzy, en La Ste Bible , Pirot, 9, París 1946, pp. 1-187. A. Vaccari, La S. Bibbia , VIII, Firenze 1950, pp. 1-133.
J. M. Bover, El Evangelio de San Mateo , Barcelona 1946.
Voces relacionadas
Internas
- ALFEO
- PALESTINA
- APÓSTOLES
- EVANGELIO
- ASCENSIÓN
- MARCOS
- BERNABÉ
- LUCAS
- MAGOS (Los)
- EGIPTO
- NAZARET
- GALILEA
- REINO DE DIOS
- JUDEA
- JERUSALÉN
- ESCATOLOGÍA
- SERMÓN DE LA MONTAÑA
- PATER NOSTER
- MESÍAS
- PADRE