MAGOS (Los)
Personajes que acudieron a Belén desde el Oriente, guiados por una estrella, para adorar al Rey de los Judíos (Mt. 2, 1-12). Después de los estudios del P. G. Messina es indudable el lazo que existe entre los Magos y el reformador de la religión iránica, Zaratustra. Magos es lo mismo que participantes del don (en el Avesta: magavan , moghu ), y el dones la doctrina de Zaratustra; o sea que eran partidarios o discípulos de Zaratustra. La tradición literaria que describe a los Magos como astrólogos y adivinos pertenece a época posterior, y debe su origen principalmente a Bolos de Mendes, fundador de la escuela neopitagórica de Alejandría, que se dedicaba a estudiar las actividades mágicas de las piedras y de las plantas. Desde entonces se confundió a los Magos con los caldeos de Babilonia y con los magos egipcios, y por lo mismo se los llegó a considerar como brujos y hechiceros, concepto que tuvo un enorme crédito en el pueblo desde el s. II a. de J. C. hasta la edad media avanzada. Para los tiempos del N. T. cf. Act. 13, 6 ss. (el mago Elimas-Bar-Jesús), 8, 9 (Simón el mago, μαγεύων). Pero hubo serias protestas desde el siglo III a. de J. C. hasta el III desp. de J.
C. por parte de escritores bien informados acerca 375Ade los Magos y su doctrina, distinguiéndolos tajantemente de los caldeos (Dinón, Crisóstomo, Porfirio).
La mayoría de los escritores cristianos, sobre todo orientales, y entre éstos los sirios (que estaban en contacto más inmediato con los Magos), nos los presentan como imitadores de Zaratustra, en oposición a los caldeos y a los sacerdotes egipcios. Los testimonios históricos y literarios que acabamos de exponer nos inducen a buscar la patria de los Magos en Persia, a la que perfectamente puede referirse el término genérico «Oriente» (Mt. 2, 1; cf. Is. 41, 2). Algunos Padre s pensaron en Arabia, porque interpretaban ciertos textos del A. T. en conexión con la vida del Mesías (Sal. 72, 10.15; Is. 8, 4). En Arabia piensan también algunos modernos (Lagrange, Lebreton, Prat) como más fácil de identificar geográficamente.
Hoy es casi unánime el sentir de los exegetas en considerar la estrella como de carácter milagroso, como un meteoro producido directamente por Dios. Las tentativas de Kepler, que veía en ella la unión de Júpiter con Saturno (7 a. de J. C.), o las de otros que han querido reconocer en ella el cometa de Halley (12 a. de J. C.), no pueden adaptarse al texto. La idea que dispuso a estos Magos a ir en busca del Salvador y a reconocerlo, sería la idea del «auxiliador». En el Avesta (v. Persas) se da la idea de un auxiliador «Saushjant», tal vez varios, que en las Gathas es un personaje histórico, presente y real, mientras que en el Avesta posterior predomina con carácter escatológico.
En los escritos medopersas su actividad está encuadrada en el sistema cronológico de los cuatro trimilenios en que se divide la edad del mundo . La finalidad de su aparición es el triunfo definitivo del Bien, o sea del reino de Ahura-Mazdah contra el de Amra-Mainju. Su nombre es Astvat-ereta, «verdad encarnada». Los rasgos del Saushjant están recalcados sobre los de los héroes persas del mito; un rasgo mítico totalmente ausente de las Gathas es su nacimiento de una doncella que concibe en virtud del semen de Zaratustra, custodiado por los genios en el lago Kajanšeh, adonde irá a bañarse la jovencita.
Por la doctrina cronológica medopersa se sabe que los auxiliadores aparecerán al fin de cada milenio del cuarto período del mundo, y que el primero aparecerá 1.000 años después de Zaratustra, y si este último vivió, según la noticia más antigua de Xantos, hacia el 1082 a. de Jesucristo, el Saushjant debía ser esperado hacia el principio de nuestra era. Tales creencias eran conocidas incluso de los cristianos (375Bprincipalmente sirios), los cuales, sabiendo y todo que Zaratustra no pertenecía al pueblo judío, hacen de él un profeta precristiano y mesiánico. La aproximación del Saushjant al Mesías hebreo la habían iniciado escritores judíos que estaban en contacto con los persas desde el tiempo de Ciro («Oráculos de Histaspe»). «Fué principalmente la doctrina del “Auxiliador” la que formó un puente para unir a los Magos con los judíos y con los cristianos..., y la propaganda judía se sirvió de esta doctrina para atraer a los persas a que admitiesen y esperasen lo que admitían y esperaban ellos mismos... Por consiguiente, no había en el mundo gente mejor preparada que los Magos para seguir el llamamiento de los astros hacia Belén» (Messina, p. 95).
El texto nada dice del número ni de los nombres, pero la tradición ha señalado el número, oscilando entre los 2 y los 12, si bien el más común es el de 3, deducido del número de los dones. Los nombres Gaspar, Melchor y Baltasar no se remontan más allá del s. IX. Igual incertidumbre reina en torno al tiempo de su llegada, que la opinión más común pone después de la presentación en el Templo. La realeza que se ha atribuido a los Magos desde S. Cesáreo de Arlés en adelante, carece de fundamento. Los dones son típicamente orientales. Alguien se sentirá inclinado a ver en el primer don un aroma en armonía con el incienso y la mirra, y no precisamente el oro (G. Ryckmans, en RB , 3 [1951] 372-76). [S. R.]
Bibliografía
G. Messina, I Magi a Betlemme e una predizione di Zoroastro , Roma 1933. H. Simón - G. Prado, Praelectiones Biblicae , Turín 1947, pp. 381-88. G. Ricciotti, Vida de Jesucristo , trad. esp., 3.ª ed., Barcelona 1946, pp. 290 ss.
B. Gil, ¿Cuál fué la ruta de los Magos? , en CAT (1945), p. 37 ss. R. Fuster, ¿Fué español el oro que ofrecieron los Reyes Magos al Niño Dios? , en CB (1945).