LEGADOS de Siria
Siria, conquistada por Pompeyo Magno en el año 64 a. de J. C., fué una de las más importantes provincias romanas y estaba gobernada por legados que antes habían sido cónsules.
En la división de las provincias (v. Procuradores romanos) que hizo Augusto el año 27 a. de J. C., Siria, en calidad de provincia limítrofe, con un cuerpo de legiones, fué reservada al emperador (provincia imperial) y la gobernaba un legado de «Augusto protector». Desde el 6 hasta el 70 desp. de J. C., aunque gobernada separadamente, estuvo subordinada a Judea. Antioquía era capital, sede del legado y de sus legiones. El legado, además de tutelar la provincia y defender los límites, se ocupaba de cobrar los tributos que se enviaban al fisco imperial. Desde la ocupación romana hasta el 28 a. de J. C. la provincia tuvo no menos de 18 legados (v. Schürer, pp. 302-18).
En el 41-40 a. de J. C. Decidio Saxa fué muerto por los partos, que pusieron en Palestina a Antígono sobre el pueblo de Jerusalén (v. Herodes el Grande ); P. Ventidio (39-38 a. de J. C.) los derrotó y alejó y reconquistó a Siria. C. Sosio (38-37 a. de J. C.) intervino contra Antígono al lado de Herodes, a quien colocó victoriosamente en el trono de Judea, elegido por Antonio. Probablemente en el 28 a. de J. C. fué legado de Siria M. T. Cicerón.
Desde la división de las provincias hasta el 70 desp. de J. C. fueron 22 los legados. Varrón (23 a. de J. C.) sometió el territorio de Zenodoro, del que partían frecuentes incursiones contra Damasco, y lo pasó a Herodes, como don de Augusto. A M. Vipsanio Agripa (23-13 a. de J. C.), yerno de Augusto, siguen, después de un 356Aintervalo de varios años, Titius (h. el 10 a. de J. C.); Senecio Saturnino (9-6), a quien Tertuliano adjudicó el censo durante el cual nació el Señor ( Adv. Marc. 4, 19: PL 2, 4057); Q. Varrón (6-4 a. de J. C.), el mismo que dirigirá la desgraciada campaña de Germania, que reprimió las insurrecciones que se dieron en Judea a la muerte de Herodes, crucificando a unos 2.000 revoltosos.
Entre 3-2 a. de J. C. se da un paréntesis en el sentido de que no conocemos el nombre del legado en estos años y los 12-11 a. de J. C. Desde el 1 a. de J. C. hasta el 4 desp. de J. C., C. Julio, nieto de Octaviano, luego P. Sulpicio Quirino (v.; probablemente por segunda vez: 6-8 desp. de J. C.).
El empadronamiento que éste llevó a efecto provocó una sublevación capitaneada por Judas el Galileo (Act. 5, 37), que fué sofocada inmediatamente.
En los asuntos de Judea tomó una parte muy considerable L. Vitelio (35-39 desp. de J. C.), padre del emperador Vitelio. Movido por requerimientos de samaritanos y judíos mandó a Pilato a que se disculpase ante el emperador Tiberio (36 desp. de J. C.); disminuyó los impuestos de Jerusalén; ordenó que restituyesen al Templo la indumentaria y los ornamentos solemnes del sumo pontífice, que desde el tiempo de Herodes se guardaban habitualmente en la torre Antonia; a petición del pueblo depuso al sumo pontífice Caifás ; nombró pontífice a Jonatán , hijo del expontífice Anás, y luego a su hermano Teófilo. Hallándose indispuesto con Herodes Antipas, el asesino del Bautista, demoró por largo tiempo el cumplimiento de la orden del emperador de vengar a aquél de la derrota con que le humilló su suegro Areta IV y abandonó enteramente la empresa tan pronto como tuvo noticia de la muerte de Tiberio (37 desp. de Jesucristo). Humidio Cuadrado (50-60 desp. de J. C.), que intervino en Samaria en favor de los locales, mandando al emperador Claudio el procurador Cumano, el centurión Celero y algunos distinguidos judíos y samaritanos.
El legado de Siria había castigado a los judíos, y en Roma el emperador, prevenido por Agripa II, condenó a muerte a Celero y a los samaritanos y desterró a Cumano. Cestio Galo (63-66 desp. de J. C.), presente en Jerusalén durante una Pascua, recibió unánimemente protestas de los judíos contra Gesio Floro, el peor de todos los procuradores romanos de Palestina. El legado dió vagas promesas y no hizo nada.
En vista de la abierta rebelión armada y del asesinato de los 356Bromanos en la Antonia (6 de agosto - septiembre del 66), Cestio Galo se decidió a intervenir con el empleo de la XII legión romana y otras tropas auxiliares integradas por unos 30.000 soldados, y bajando por la costa, puso fuego a Zabulón, Jaffa y Lidda. Era la fiesta de los Tabernáculos, a la que había concurrido a Jerusalén numeroso pueblo que, armado, improvisó una salida e infligió un duro golpe a las tropas del legado.
Éste quiso, con todo, atacar a la ciudad, cuyo barrio septentrional llegó a ocupar; mas al acercarse al Templo fué rechazado decididamente. Pronto la retirada entonces iniciada se transformó en derrota (cercanías de Betorón), y el inesperado triunfo confirmó en los insurrectos las acariciadas ilusiones de verse libertados de la dominación romana, de lo que resultó más fuerte el predominio de los zelotes, e inevitable el desquite de las legiones y el fin de Jerusalén. [F. S.]
Bibliografía
M. Schürer, Geschichte des Jüdischen Volkes , I, 4.ª ed., Leipzig 1901, pp. 302- 37. M. J. Lagrange, Le Judaïsme avant Jésus-Christ , París 1931, pp. 225- 36. U. Holzmeister, Storia dei tempi del N. T. , Torino 1950, pp. 60-70.