Diccionario Bíblico

Bruno Pelaia

LÁZARO de Betania

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Judío de alta categoría, hermano de Marta y de María (v.), íntimo amigo de Jesús y resucitado por él con un ruidoso milagro. La narración de la resurrección de Lázaro (Jn. 11, 1-44), que es una pequeña obra maestra, por la lozanía y el colorido, por la exactitud y la abundancia de detalles históricos, sicológicos, geográficos y folklóricos, permite echar de ver rápidamente y muy salientes los adjuntos de una muy sólida historicidad. Mas tratándose de un milagro, y del más ruidoso de todos cuantos obró Jesús durante su vida pública, no hay que extrañarse de que la crítica racionalista lo haya tomado en consideración de un modo particular. Habiendo caído en ridículo, como parto de la fantasía, la «explicación» de Renan, que hablaba de un «piadoso fraude», o sea de un truco amañado entre Lázaro y sus hermanas, para tratar de acabar con la incredulidad de los habitantes de Jerusalén acerca de la divinidad de Cristo, los críticos de hoy tienen la ocurrencia de desempolvar una antigua teoría de Strauss para eliminar el milagro con la tesis de la alegoría.

Según ellos, la resurrección de Lázaro carece de todo fundamento histórico y no pasa de ser una simple composición literaria, es decir, un símbolo que desarrolla el conocido tema favorito de Jesús en el IV Evangelio: Yo soy la resurrección y la vida (Jn. 11, 25), y una confirmación de todo esto nos la ofrece el silencio de los tres Sinópticos.

A la tesis adversaria, fundada en la idea preconcebida de la imposibilidad del milagro (v.), oponemos lo siguiente: a) el silencio de los Sinópticos no debe extrañarnos en manera alguna, pues sabido es que esos evangelistas pasaron en silencio el ministerio de Jesús en Judea (donde tuvo lugar nuestro milagro), a excepción de los acontecimientos de la Semana Santa, y se limitaron al ministerio de Galilea ; además, no puede olvidarse el carácter «integrativo» del IV Evangelio; b) tampoco puede decirse que los Sinópticos tuviesen necesidad de este episodio para su «apologética», ya que conocen y relatan otras resurrecciones no menos sorprendentes (Mt. 9, 18-26; Lc. 7, 11-15); c) si toda la razón de negar la historicidad del milagro se funda en el silencio de los Sinópticos, estamos en nuestro derecho de preguntar a nuestros críticos por qué no admiten como hecho histórico otra resurrección, la de 355BJesús, relatada igualmente por los Sinópticos. No tenemos noticia alguna digna de tenerse en consideración acerca de la actividad de Lázaro después de la resurrección.

Por tanto, es pura leyenda todo cuanto se dice acerca de su ministerio en Provenza y de su elevación al cargo de obispo de Marsella. La Iglesia venera a Lázaro como Santo, y el Martirologio Romano hace mención de él el 17 de diciembre. [B. P.]

Bibliografía

L. C. Fillion, Vida de N. S. J. C. , trad. esp., III, Madrid 1942. P. Renard, Lazare de B. , en DB , IV, col. 139-141. M. Lepin, La valeur historique du IV Ev. , 2 vol., París 1910. M.-J. Lagrange, Ev. sel. St. Jean , París 1925, pp. CXXII-CXLII. L. de Grandmaison, Jesucristo , trad. esp., Madrid 1932, I, 175 ss. I. Huby, L’évangile et les évangiles , París 1929, páginas 230-98. J. M. Bover, La resurrección de Lázaro , en EstE (1954), p. 28 ss.

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