Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

SACERDOCIO (A. T.)

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Lo mismo que en todas las religiones (a excepción de algunas que toman actitud de reacción reformista, como el budismo frente al brahamanismo, el islamismo frente al politeísmo, el protestantismo tradicional), en la religión revelada de la Biblia , primeramente limitada a Israel con la «alianza» 522Amosaica, luego espiritualizada y universalizada por Jesucristo , está en sumo honor el sacerdote, que es mediador entre Dios y la humanidad, reconocido por la comunidad de los creyentes como promotor y guía de las creencias y de las prácticas religiosas, encargado de enseñala fe y de ejercer oficialmente el culto. Siendo el sacerdote algo que está esencialmente relacionado con el sacrificio, no puede haber sacerdocio propiamente dicho en las religiones que desconocen o rechazan el sacrificio. En último análisis, el sacerdocio lleva consigo un poder de santificación (consagrar, bendecir; sacrificar o realizar equivalentes ritos propiciatorios), o sea de asegurar el contacto o las relaciones con el poder divino. En Israel, el sacerdote ( kōhēn , forma de participio, probablemente «el que está en pie» o «el que asiste»; cf. Dt. 10, 8 y 18, 7) aparece en tiempo de Moisés .

Lo que el Pentateuco refiere en torno al sacerdocio premosaico se inserta en la historia general de las religiones; en los tiempos más remotos era cualquiera que ofrecía sacrificios privados (Gén. 4, 3 ss.); luego sacrificaba el representante de la colectividad: el cabeza de familia o de la tribu (Abraham: Gén. 12, 8; 15, 8-17; 18, 23; Isaac: Gén. 26, 25; Jacob: Gén. 33, 20; Job 1, 5), el rey ( Melquisedec : Gén. 14, 18). Aparecen huellas de un sacerdocio profesional premosaico (Éx. 19, 22 ss.; cf. Éx. 3, 1: Jetró el madianita; de ahí la teoría de B. Stade, Storia del popolo d’Israel , trad. it. 1897, p. 168, sobre que Moisés tomó el sacerdocio de los quineos árabes). Pero poco o nada se sabe sobre el origen de tal sacerdocio (¿ Egipto ? cf. Gén. 41, 15), sobre los titulares del mismo (F. Hummelauer, In Exodum et Leviticum , 1897, p. 6, hizo sus conjeturas, apoyándose en Éx. 32, Núm. 27 y 36, en favor de la tribu de Manasés), sobre su cometido y sus ritos (¿tienda? ¿Sacrificios y culto ante el becerro de oro?). Después de establecerse la alianza teocrática, Moisés unifica las funciones del culto en su tribu de Leví, y el sacerdocio en la familia de su hermano Arón .

Moisés, después de haber celebrado los ritos y los sacrificios de la alianza (Éx. 24, 4-8) y de haber consagrado el sagrado tabernáculo y ofrecido en su atrio los primeros holocaustos (Éx. 40, 15-37), por orden divina confirió el sacerdocio a Arón y sus descendientes, llamados directamente por Dios (Éx. 27, 21; 28, 1). En el aniversario del Éxodo de Egipto , Moisés consagró (literalmente «santificó» qiddēš : Éx. 29, 1; 40, 13) a Arón ungiéndole la cabeza (Éx. 29, 7; Lev. 8, 12; como a los reyes: I Sam. 10, 1; 16, 13), como 522Bsacerdote por excelencia o sumo sacerdote, y también a sus hijos; pero a éstos sólo mediante la aspersión (Éx. 30, 31; Lev. 7, 35; 10, 7) y el sacrificio de investidura ( millu’im : Lev. 7, 37; 8, 22.28.31): constituir sacerdote se decía millē’ yad «llenar la mano» (Éx. 28, 41; 29, 9; Lev. 8, 33; 16, 32; Núm. 3, 3, etc.). Esta consagración debía valer para todos los descendientes (Éx. 40, 13 [15]); y en realidad no se vuelve a hablar de nueva unción para los sacerdotes posteriores.

El sumo sacerdocio se transmitió al primogénito de la familia, mientras los otros aronitas permanecían como simples sacerdotes; y los demás miembros de la tribu de Leví permanecían adjuntos al culto como ayudantes de los sacerdotes (v. Levitas ). La escuela de Wellhausen vió en la unificación del sacerdocio en Arón y en sus descendientes una ficción posterior a la cautividad (Ez. 44, 5-31) proyectada sobre los orígenes de la historia de Israel; dicen que tal legitimismo hereditario está desmentido por los sacrificios que fueron ofrecidos por hombres no descendientes de Arón (Núm. 3, 10; 18, 7; Jos. 17, 5.12; I Sam. 2, 28; I Re. 12, 31; 13, 34; II Par. 13, 9; 26, 18). Pero tales sacrificios, fuera del santuario único, prescindiendo de los que representan un culto puramente privado, son debidos a la necesidad (I Sam. 13, 12) y al mandato extraordinario de Dios (Jue. 6, 24-27; I Re. 18, 30-39) o se celebran con la intervención de sacerdotes (I Re. 8, 62-64). Es igualmente arbitraria la afirmación de que la graduación jerárquica de los ministros del culto se introdujo en Israel durante la cautividad de Babilonia o después de ella.

Los requisitos esenciales para el sacerdocio eran: la descendencia de Arón , que podía demostrarse mediante las tablas genealógicas (Esd. 2, 62; Neh. 7, 63.65), la exención de mutilaciones o defectos corporales (Lev. 21, 16-23), la pureza ritual (Lev. 22, 1-9), una conducta irreprensible y una vida familiar sin tacha y deshonra (Lev. 21, 7-9; Ez. 44, 13-22). Los tannaítas del s. I elevaron a 142 las «irregularidades» que excluyen de las funciones sacerdotales ( Bekhoróth , VIII). Según el Talmud babilónico ( Hullín , 24 b) el servicio sacerdotal se inicia a los 20 años, después de una preparación adecuada; pero en la Biblia no se determina edad, ni siquiera para el sumo sacerdote. Puede admitirse que se aplicase a todos la edad levítica (30, 25 y al fin 20 años). Durante el período del servicio activo los sacerdotes debían abstenerse de las demostraciones externas de luto, del vino, del uso del matrimonio (Lev. 10, 8-11; I Sam. 21, 5).

Durante el 523Aservicio en la ofrenda de sacrificios debían vestirse con indumentaria especial (Éx. 28, 40 ss.; 29, 8 s.); calzones de lino, una túnica blanca más un cinturón de color con el que podían darse varias vueltas alrededor del talle, y un turbante de lino blanco (Fl. Josefo, Ant. VII, 2 s.). Para salir al atrio exterior debían mudarse de ropa «para no santificar al pueblo con sus vestiduras» (Éx. 44, 19). El servicio de los sacerdotes consistía en «andar por delante y por detrás en la presencia de Yavé » (I Sam. 2, 30), ofreciendo los sacrificios cruentos y los incruentos (Lev. 1-7), atendiendo al altar de los aromas (Éx. 30, 7; II Par. 26, 18; Lc. 1, 9), cuidando del candelabro de siete brazos (Éx. 27, 21; 30, 7; Lev. 24, 4), la tabla de los panes de presentación (Lev. 24, 8) y las restauraciones del Templo (II Re. 12, 9). Los sacerdotes debían, además, purificar a las mujeres después del parto, a los leprosos curados (Lev. 12, 6 s.; 14, 2-53). Uno de sus cometidos más graves era el instruir y guiar al pueblo en la Ley (Lev. 10, 11; II Par. 17, 7 ss.; Os. 4, 6; Mal. 2, 6 s.), esclarecer y aplicar sus prescripciones.

Administraban la justicia con poderes coercitivos (Dt. 17, 8-13; 21, 5; Is. 28, 7; II Par. 19, 8-11). Impartían la bendición sacerdotal (Lev. 9, 22; Núm. 6, 22-27). Podían conmutar y anular los votos (Núm. 30, 10-20; cf. Ecl. 5, 4). Eran los únicos que podían tocar el arca de la alianza y los vasos sagrados (Núm. 4, 15). En la guerra acompañaban y arengaban al ejército (Dt. 20, 2 ss.). Con el fin de asegurar la continuidad de su servicio a los dos altares (holocaustos e incienso), David los dividió en 24 turnos o clases ( mahleqóth , ἐφημερίαι ), 16 de la estirpe de Eleazar y 8 de la de Itamar (I Par. 24, 2-19), las cuales iban turnando en el servicio del templo de sábado a sábado (II Re. 11, 9; II Par. 23, 4; Lc. 1, 58 s.). Cada turno estaba presidido por un jefe que muy posteriormente fué llamado también sumo sacerdote (I Par. 24, 5; II Par. 36, 14; tal vez Mt. 2, 4). Después de la cautividad se restablecieron las 24 clases sacerdotales con los antiguos nombres (Esd. 2, 36-39; Neh. 7, 39-42). Siempre hubo oposición entre las dos estirpes sacerdotales de Eleazar y de Itamar.

Los sacerdotes habían sido excluidos de la posesión hereditaria del territorio que se repartió entre las tribus (Núm. 18, 20), pero podían comprar propiedades privadas (I Re. 2, 26; Jer. 32, 7). Su sostenimiento estaba asegurado principalmente por la parte que sustraían de todos los sacrificios (Éx. 29, 26-33; Lev. 7, 6-523B14; Núm. 18, 15-24) y de los votos (Núm. 18, 14), por el dinero del rescate de los votos (Lev. 27, 2-25), por los donativos de los fieles (Núm. 5, 10), por la participación en el botín de guerra (Núm. 31, 28-54). Estaban totalmente exentos de los impuestos y del servicio militar (Esd. 7, 24). Los sacerdotes de Israel fueron frecuentemente indignos, infieles (ya en los comienzos, los dos hijos de Arón , Nadab y Abiú: Lev. 10, 1-5) y corrompidos (los hijos de Helí: I Sam. 2, 12-25; después de la cautividad: Esd. 9, 1; II Mac. 4, 14). Los profetas recriminaron muchas veces la desidia y los vicios de los sacerdotes (Is. 28, 7; Mi. 3, 11; Jer. 23, 11.33; Mal. 1, 6-10; 2, 7 ss.) e incluso los reyes (II Re. 16, 10; 21, 4).

Pero también se consignan nobles ejemplos de virtud y de celo (II Par. 26, 16-20; 29, 3-36 [reformas de Ezequías]; 34, 29-33 [reforma de Josías]; Neh. 9, 38-10, 39), y sacerdotes eran los grandes reformadores Jeremías, Ezequiel, Esdras. En el tiempo de los asmoneos las altas jerarquías sacerdotales seguían a los saduceos (Act. 5, 17); los demás fueron quedando poco a poco absorbidos o aventajados por los escribas. Con el cese de la economía mosaica y la destrucción del Templo único (año 70), el sacerdote israelita perdió toda su razón de ser (Is. 66, 22; Jer. 31, 14-18). En realidad el judaísmo ya no tuvo sacerdotes desde entonces, sino sólo rabinos ( rabbi «maestro mío»), que son los que en las sinagogas dirigen el culto (oraciones y lecturas sagradas), ahora desprovisto de sacrificios. Si bien se perdieron las tablas genealógicas, siguen perpetuándose, merced a la tradición, los kohaním , «sacerdotes» que gozan de ciertos privilegios religiosos.

Solamente la secta de Falasha, en Etiopía, tiene actualmente sacerdotes, los cuales ofrecen sacrificios (en los que siempre se reserva para ellos una parte del animal inmolado), reciben el diezmo de los cereales y el primogénito de los animales.

Bibliografía

F. von Hummelauer, Das vormosaische Priestertum in Israel , Friburgo Br. 1899. O. Kluge, Die Idee des Priestertums in Israel-Juda und im Urchristentum , Leipzig 1906. F. X. Kortleitner, Archaeologia biblica , Innsbruck 1917, pp. 150-214. A. C. Welch, Prophet and Priest in Old Israel , Londres 1934. J. Hoechander, The Priests and Prophets , Nueva York 1938. A. Romeo, Il Sacerdozio di Israele , en Enciclopedia del Sacerdozio , Firenze 1953, pp. 393-498.

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