Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

PANES de presentación

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La más importante de las ofrendas de pan era la de los lehem happānīm, griego ἄρτοι τοῦ προσώπου, «panes de la paz» o de presentación (en cuanto eran presentados o estaban destinados a permanecer en la presencia de Yavé ). La Vulgata = «panes propositionis», de donde proviene la expresión impropia «panes de proposición». Son también llamados «panes sagrados», «pan perpetuo» (I Sam. 21, 5 s.; Núm. 4, 7) y posteriormente «panes dispuestos en serie y sobrepuestos» (lehem ma’areket: I Par. 9, 32; 23, 29; Neh. 10, 34). Los doce panes (= las doce tribus de Israel ), hechos de flor de harina (siete litros aproximadamente cada uno = dos décimas de efa: Lev. 24, 5) por los caatitas (Núm. 9, 31), eran colocados en dos filas (tal vez los unos sobre los otros; I Par. 9, 32) sobre la mesa de acacia (primeramente en el tabernáculo o tienda) o de cedro (en el templo), cubierta de oro, de un metro de longitud por medio metro de latitud, aproximadamente (Ex. 25, 23-30; la reproducción en el arco de Constantino), puesta en el Santo frente al candelabro de oro, y precisamente a la izquierda (= al norte) del altar de los perfumes.

Renovábanse todos los sábados, y los panes retirados pertenecían a Arón y a sus hijos (y, por tanto, a los sacerdotes), que habían de comerlos en el lugar santo, por ser cosa santa ofrecida antes a Yavé. La oblación renovada semanalmente era símbolo de la renovación de la alianza de Israel con Dios (Lev. 24, 5-9). Este rito de los panes de presentación se estuvo observando siempre hasta la destrucción del Templo (cf. I Mac. 4, 51; II Mac. 1, 8; 10, 3; Heb. 9, 2). Hácese mención de ellos en I Sam. 21, 1-6, cuando David , perseguido por Saúl y fugitivo, pasa por Nob, donde estaba entonces la Tienda sagrada, y obtiene del sumo sacerdote Ajimelec para comer los panes de la presentación, tomados de la mesa del santuario, por no disponer de otra cosa. Ajimelec se muestra razonable en pensar que la necesidad justificaba semejante concesión, y solamente pide que David y sus hombres observen las condiciones de pureza que se exigen a los mismos sacerdotes, al menos la más 442Bimportante, cual es la continencia en las relaciones sexuales (Lev. 22, 2-7; 15-6).

David responde que sobre ese punto están en regla, porque así acostumbraban en las expediciones militares, conformándose a la Ley (Dt. 23, 10 ss.; cf. Desnoyers, Hist. II, París 1930, p. 98 ss.). El divino Redentor cita este ejemplo para demostrar a los obstinados fariseos que toda ley positiva (y en aquel caso la ley del descanso del sábado) puede dejar de obligar si está en pugna con la ley natural en caso de necesidad (Mt. 12, 3 s.; Mc. 2, 23-28; Lc. 6, 1-5). Los mismos términos de la Ley que atribuyen a los sacerdotes los panes de la presentación tomados de la mesa, para que ellos los coman, hacen caso omiso de aquel imperfecto concepto primitivo que aparece a veces entre los semitas, y según el cual el pan, lo mismo que cualquier otro sacrificio, era considerado como verdadero alimento de que se nutría la divinidad. Aquí, como en otras cuestiones afines, es conveniente no aferrarse a las analogías externas, que no dicen nada.

La ofrenda del pan, por ejemplo, se encuentra por todas partes, pues es el medio más necesario y más común para el sustento; pero hay que tener presente la idea que se tiene sobre la divinidad y el concepto religioso que inspira e informa toda ceremonia externa. En el Antiguo Testamento, el ofrecimiento del pan es una oblación de propiciación y de acción de gracias a Yavé , el Ser Supremo, el de absoluta trascendencia, que no puede ser representado por imagen alguna, y de cuya inefable presencia el arca invisible y vacía no es más que una figura.

Bibliografía

A. Clamer, Lévitique ( la Sce. Bible , ed. Pirot, 2), París 1940, p. 177. A. Médebielle, Rois (ibid., 3), 1949, p. 434. A. Vaccari, La S. Bibbia , II, Firenze 1947, p. 219 s.
VIII, 1950, pp. 64 s. 144.

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