Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

RELIGIÓN popular

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Conjunto religioso que abarca todas las desviaciones y corrupciones opuestas al monoteísmo y a las prescripciones mosaicas. Así como la religión legítima puede sintetizarse en el monoteísmo y en los preceptos morales (v. Alianza , Decálogo ), así también la popular puede en su culmen sintetizarse en la idolatría, con todas las desviaciones que la preparan y la acompañan, con todas las prácticas que de ella se derivan. Kortleitner (p. 17) enumera: la adivinación , la magia , el culto a divinidades extranjeras, el culto a Yavé simbolizado en el becerro de oro , las prácticas inmorales (prostitución sagrada, etc.), que 501Btenían lugar en las alturas (v.) o bāmôth , los sacrificios humanos, la supersticiosa confianza depositada en el simple culto externo y en el Templo: prácticas todas ellas condenadas por la Ley (cf. Lev. 20, 6.27; Dt. 18, 10 ss.; etc.), desviaciones religiosas reprochadas enérgicamente por los profetas (Os. 2, 3; Jer. 2, 7 y passim ; Ex. 20, 3 ss.; 23, etc.; I Re. 12, 28 ss.; 13, 34, etc.).

Jerusalén, donde estaba el Templo de Yavé, no podía caer en manos de los enemigos, no obstante las amenazas de los profetas, pues en ello estaba comprometida la existencia del mismo Yavé, dada la unión esencial que se suponía entre el culto y la religión (v. Ezequiel , Amós ). La religión popular echa raíces en el período de los Jueces y continúa desarrollándose hasta llegar a su mayor vigor en el s. VIII a. de J. C., primero en el reino de Israel (v.) y luego en el de Judá . Esto era la violación de la alianza (v.), que indujo a la destrucción de ambos reinos. Tal castigo, la consiguiente cautividad, más la ingente labor de los profetas, arrancó de cuajo estos errores de la mente de los supervivientes; y en el nuevo Israel que resurge en Jerusalén después del regreso y la restauración del Templo, no se ven ya huellas de idolatría. El período de oro del yaveísmo es el que transcurrió durante el paso de los hebreos 502Apor el desierto (con Cades por centro de referencia) bajo la dirección de Moisés (Os. 2; Jer. 2; Ez. 16, etc.). La cultura cananea, superior y refinada, empezó a ejercer sobre ellos poderoso atractivo apenas se establecieron en Canán.

Al entrar en posesión del territorio, con el nuevo género de vida que imponía su explotación, el invasor comenzó a venerar a Yavé en la forma más rica y atractiva que era propia de los cananeos. Los hebreos se incautaron de los lugares de culto e imitaron los ritos y las fiestas locales. Era inevitable que con la forma prendieran las ideas y su contenido en un lugar o en otro. La contaminación sobrevino lentamente, y casi insensiblemente se efectuó la desviación. Por ejemplo, las alturas (v.) sagradas fueron empleadas, tal como estaban, para el culto de Yavé (cf. 1 Sam. 9, 22; 10, 5; 22, 6; cf. I Re. 3, 4). La inclinación hacia el sincretismo, prácticas idolátricas, etc., comenzó a desarrollarse cuando al cesar la lucha entre hebreos y cananeos se establecieron relaciones amistosas que empezaron por el comercio y los mutuos intereses y se extendieron a las costumbres y a la religión. Eso ocurrió principalmente después de Salomón, a consecuencia de la funesta escisión de las tribus del Norte, que en breve perdieron el contacto con el Templo de Jerusalén.

Desde ese momento las alturas sagradas se convirtieron en verdaderos hogares del culto sincretista, de la religión popular con todas las aberraciones del culto cananeo. La transformación del puro yaveísmo en religión popular no se efectuaba por todas partes ni de un modo uniforme. Unas veces era rápida, otras lenta; unas pasajera e inmediatamente desterrada, otras profunda y pronto definitiva. El caso es que necesitó varios siglos para contaminar todo el país de Israel. Al terminar el período de los Jueces (después de mediado el s. XI) la hallaremos más que bosquejada; pero a su detestable perfección en el reino de Israel no debió de llegar hasta el s. VIII. Salomón contribuyó a su desarrollo con la creación de santuarios en Jerusalén para el culto de sus mujeres extranjeras (I Re. 11); pero principalmente Jeroboam en el momento de la escisión de las diez tribus septentrionales con la creación de los dos becerros en Bétel y en Dan y con todas las otras medidas que tomó para alejar a sus súbditos del Templo de Jerusalén (I Re. 12-13).

Añádase a esto la nefasta influencia de la fenicia Jezabel en el 502Breino del norte (1 Re. 16, 29-33; 18, 4.18 s.; 19, 2.14); la de su hija Atalía en el reino de Judá (II Re. 11, 1-4) y la de los impíos Ajaz (736-721), Manasés y Amón (II Re. 16, 10-20; 21). En la lucha por la pureza del yaveísmo contra la religión popular surgieron en el norte, Elías , Amós y Oseas ; en Judá, Isaías , Miqueas y Jeremías principalmente; y entre los cautivos del 597 Ezequiel (v. cada una de esas palabras). [F. S.]

Bibliografía

F. X. Kortleitner, De religione populari Israelitarum , Innsbruck 1927. L. Desnoyers, Histoire du peuple hébreu , I, París 1922, pp. 268-94, 318 ss., 345. F. Spadafora, Collettivismo e Individualismo nel Vecchio Testamento , Rovigo 1953, pp. 105 s., 231-39, 244-49.

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