Diccionario Bíblico

Benjamin Nespon Wambacq

JUECES

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Este libro toma nombre de los héroes que Dios suscitó para librar de sus enemigos al pueblo, primero infiel y luego arrepentido. No es probable que el título de «juez» se lo atribuyeran a sí los mismos libertadores, ya que en realidad nunca se aplica a ninguno de ellos en el libro de los Jueces. Lo más frecuente es que se diga que tal o cual gobernó (safat = juzgar) al pueblo durante X años (3, 10; 10, 2.3, etc.), pero que hubiera sido su «juez» (= sofet) sólo se dice en la introducción (2, 16.18.19). Andando los tiempos, el 344Btítulo pasó a estar en uso entre los israelitas, como se ve en Rut 1, 1; I Sam. 8, 1-2; II Sam. 7, 11; II Re. 23, 22, etc. De los hechos narrados se desprende que fueron así considerados los que en determinados tiempos reivindicaron la libertad del pueblo y restablecieron el derecho (cf. M. A. Van den Oudenrijn, De Rechters van Israel , en Studia Catholica , 5 (1928-29) 369-377; O. Grether, Die Bezeichnung «Richter» für die charismatischen Helden der vorstaatlichen Zeit , en Zat W. , 57 (1939), 110-121). Pero el título no es exclusivamente israelita.

Efectivamente, conócense también los jueces entre los cartagineses (Titus Livius, Hist. 28, 37; etc.), y antes ya entre los fenicios; cf. Fl. Josefo ( Contra Apionem 1, 21), que escribe cómo entre los tirios en el siglo VI a. de J. C. los jueces (δικασταί) sucedían a los reyes. Por eso es posible que con este título designase al jefe de la nación también en la tierra de Canán. Pero la identidad del título no supone la identidad de oficio entre los otros pueblos e Israel. Aníbal dispuso que entre los cartagineses los jueces no estuviesen más de un año en su oficio (Titus Livius, Hist. 33, 46), y entre los tirios parece ser que el cargo era vitalicio (Fl. Josefo, Contra Apionem 1, 21). Entre los otros pueblos era un cargo político, mientras que entre los israelitas era carismático, que Dios en su libre voluntad encomendaba a alguno para libertar al pueblo, o a alguna de las tribus, de la dominación extranjera. Y cuando sucedió que el juez, constituido con carácter carismático, después de alcanzada la liberación seguía, en el cargo durante el resto de su vida, eso era debido a que Dios no había suscitado aún quien pudiera sustituirlo.

Al juez no sólo le incumbía la liberación del pueblo, sino también mostrar el camino de vida a seguir (Jue. 2, 16-17). Por eso tal cargo pudo muchas veces compaginarse con el profético, como lo prueba el caso de Débora (Jue. 4, 4), y el de Samuel (I Sam. 3, 20; 7, 15). Compendio. Al cuerpo del libro precede un cuadro sintético de las condiciones religiosas y políticas del tiempo de los jueces (1, 1-3, 6): después de la muerte de Josué , cada una de las tribus comienza, a costa de muchas guerras, a entrar en posesión del propio lote, que no es suficiente para dar cabida a todos los habitantes (c. 1). Se da incluso el caso de la conquista fraccionaria: o sea que Israel no cumple las condiciones de la alianza, por cuanto no destruye los altares de la región ocupada y estipula concordatos con los indígenas (2, 1-5). A la muerte de Josué y de sus coetáneos, se aleja de Yavé y adora a dioses extraños. Como 345Aconsecuencia sobrevienen calamidades. Dios envía sus jueces, pero mueren éstos y el pueblo vuelve a apartarse del recto camino. Mas Dios no extermina a aquellos pueblos para probar la fidelidad de Israel, el cual al ponerse en contacto con ellos aprende el arte de la guerra (2, 6-3, 6).

La parte central del libro (3, 6-16) expone las vicisitudes por que pasaron los diferentes jueces, con las cuales se prueba la tesis asentada en la introducción: que al arrepentimiento sigue la liberación, lo mismo que al pecado la pena. Todo esto va en seis narraciones bastante extensas, interrumpidas por otras más breves. 1. Otoniel derrota a Cusán, rey de Aram. Sigue un período de paz de cuarenta años (3, 7-11). 2. ’Ehúd ( Aod ), ambidextro, clavó un puñal a Eglón , rey de los moabitas. Paz de ochenta años (3, 12-30). Breve paréntesis sobre Samgar, que derrotó a seiscientos filisteos (3, 31). 3. Barac y Débora, profetisa, se levantan contra Sísara, general del ejército del rey Jabín de Jasor. Habiéndose dado la batalla junto al torrente Cisón, Sísara es derrotado, y en la huida es muerto por Jael , mujer de Jeber, en cuya casa se había refugiado. Cántico de Débora. Paz de cuarenta años (4-5). 4. Gedeón derrota con trescientos hombres a los madianitas, a cuyos generales, Oreb y Zeb, da muerte, y pasando el Jordán aplasta a Zebaj y Salmana. Venganza sobre los habitantes de Sucot y Fanuel que se habían negado a prestarle ayuda.

Con el botín hace un Efod (v.): 6-8. Inclúyese la historia de Abimelec , que, después de haber muerto a sus hermanos, usurpa el gobierno de Siquem. Pero tres años más tarde se rebelan los siquemitas; Abimelec sofoca la rebelión, pero muere durante el ataque a la torre de Tebes (9). Siguen brevísimas noticias sobre Tola, que gobierna a Israel durante veintitrés años, y sobre Jair , que gobierna durante veintidós (10, 1-5).

5. Historia de Jefté , precedida de la historia inicial en la introducción (10, 6-16): peca el pueblo, y por ello es entregado en mano de los enemigos, amonitas y filisteos , que son los nuevos enemigos con quienes tendrán que luchar Sansón, Samuel, Saúl y David . Jefté (v.) libra al pueblo de los amonitas y sacrifica a su hija. Reprime a los soberbios efraimitas (10, 17-12, 7). Breves noticias sobre Ibsán, Elón y Abdón (12, 8-15).

6. Historia de Sansón (Shimšón), que libra al pueblo de los filisteos (13-16). Dos apéndices (17-21): a) Mîkajehû o Mica 345Bse construye un ídolo y encarga a un levita que le sirva de sacerdote.

Los danitas, que andaban en busca de nuevas residencias, llevan consigo el ídolo y el sacerdote, y al llegar a Laís-Dan se entregan a la idolatría (17-18); b) para vengar el crimen de los habitantes de Gueba de Benjamín, todas las tribus declaran la guerra a la de Benjamín y la aniquilan casi completamente. Para restaurarla se dieron a los supervivientes vírgenes de Jabes Galad, pero como éstas no eran suficientes, los benjaminitas raptaron otras vírgenes de las que formaban coreas en Silo (19-21). Ambas narraciones se cierran así: «En aquellos días no había rey en Israel» (18, 1. 31; 21, 25).

La suma de las fechas que nos ofrece el libro de los Jueces da el resultado de 410 años, número que difícilmente puede compaginarse con la cronología (v.) de Israel deducida de los otros libros. Suele admitirse que Helí (I Sam. 1-4) murió hacia el 1050 a. de J. C. Si sumamos los 410 de Jue., comprendiendo en ellos el período en que Helí fué juez, los años pasados en la ocupación de la tierra de Canán bajo la guía de Josué y los del viaje por el desierto, llegamos al s.

XVI para el cómputo del tiempo en que salieron los israelitas de Egipto, mientras que el éxodo ocurrió hacia el 1450. Por lo tanto deben disminuirse los años de Jue. Adviértase que ninguno de los jueces gobernó a todo Israel, sino unos a una tribu, otros a otra, lo cual hace posible que al menos algunos de ellos pudieran ser contemporáneos (cf. Jue. 10, 7, donde se dice que los israelitas sometidos a los hijos de Amón fueron liberados por Jefté, y los sometidos a los filisteos lo fueron por Sansón). Algunos números son fijos (Tola’ = 23; Ia’ir = 22; Jefté = 6...; éste es probablemente un número exacto, mientras 40 y 80 son números indeterminados: una, dos generaciones). Todo cuanto se relata en Jue., en el cuadro de la genealogía bíblica, tal como la conocemos por otras fuentes, abarca un período de unos 200 años, cuando menos. La verdad que el autor hace resaltar en los acontecimientos relatados se desarrolla en cuatro tiempos: A) Culpa : «Los israelitas hicieron lo que desagrada al Señor» (2, 11; 3, 7. 12; 4, 1; 6, 1; 10, 6; 13, 1).

B) Pena : «El Señor se enojó contra Israel (2, 14; 3, 8; 10, 7) y los entregó en manos de bandoleros que los saquearon» (2, 14; 3, 8; 4, 2; 6, 1; 10, 7); «así los israelitas estuvieron sujetos X años» (3, 8. 14; 4, 3; 6, 1; 10, 8; 13, 1). D) Liberación : esta fórmula no es tan uniforme: «El Señor suscitó jueces (2, 6), el salvador (3, 9. 346A15). Éste juzgó a Israel (3, 10); «el enemigo» fué humillado por disposición de Yavé de Israel (3, 10); la tierra estuvo en paz durante tantos años» (3, 11. 30). Así, pues, aparece clara la intención del autor de demostrar, a través de la historia, la actuación de la alianza (v.) del Sinaí con sus vicisitudes: fidelidad y protección por parte de Yavé cuando Israel cumple fielmente los estatutos del pacto ; castigos por la violación de tales estatutos; castigos medicinales, expresión de la divina justicia y de la misericordia a un mismo tiempo. Como la historia de Jue. abarca unos dos siglos, el autor tuvo que recurrir a fuentes para su exposición. La escuela welhauseniana intentó extender también a nuestro libro la manía de las cuatro fuentes por ella inventada para el Pentateuco (v.). Tentativa de decenios, ya descartada.

Schulz (pp. 4-12) sostiene que el libro consta de una sola fuente, acrecentada con añadiduras sucesivas. En cambio Cazelles (col. 1408-1414) admite dos redacciones. Pero son endebles los argumentos aducidos para semejantes reconstrucciones, basados en una crítica que no tiene en cuenta nada de lo que se ha precisado acerca de la alianza del Sinaí. No es preciso (e incluso es erróneo) crear una segunda redacción y remitirla al período profético, sólo porque en las partes de Jue. atribuidas a ella se identifique la infidelidad al Señor con la inobservancia de sus mandamientos, y porque dicha infidelidad sea presentada bajo el símil de la prostitución (2, 17; 8; 27. 33), concepto que hallaremos en Oseas y en los otros profetas. Mas tal concepto está ya implícitamente en el mismo Decálogo (v.), esencia de la alianza («Yo soy un Dios celoso...»), con el precepto fundamental del monoteísmo y demás preceptos morales. Es, pues, inútil recurrir al autor deuteronomista. Y tal vez se recurre a él con excesiva facilidad (Spadafora, Collettivismo e Individualismo nel V. T. , Rovigo 1953).

En confirmación del valor histórico del libro están los textos (Jue., 2, 6; 3, 3) que suponen que el reino de los jeteos no ha llegado aún a aquella decadencia que se realizó al comienzo del s. X (cf. I. M. Abel, Géographie de la Palestine , I, París 1933, p. 241 s.); 1, 21 supone el tiempo que precede al séptimo año del reino de David (II Sam. 5, 1-10). [N. B. W.]

Bibliografía

A. Schulz, Das Buch der Richter und das Buch Ruth , Bonn 1926. J. Garstang, Joshua-Judges , London 1937. R. Tamisier, Le livre des Juges ( La Ste Bible , ed. Pirot, 3), París 1949. H. Cazelles, Juges , en DBs. , IV, col. 1394-1414.

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