Diccionario Bíblico

Gino Bressan

GEDEÓN

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(Hebr. Gideón; cf. gádac, «cortar, derribar».) Uno de los «jueces» de Israel (h. 1100-1070 a. de J. C.), natural de Ofra, en el límite meridional de la llanura de Esdrelón, en la tribu de Manasés. Habla de él Jue. 6-8, donde el redactor fusionó por lo menos dos fuentes. Los israelitas que se habían instalado en la llanura después de la victoria de Barac (Jue. 4-5) habían adoptado los cultos cananeos (6, 10.25), y Dios los castigó haciendo que de vez en cuando, en el tiempo de la siega, se llegasen bandoleros madianitas de la Transjordania (6, 1-6). Dos hermanos de Gedeón habían muerto a manos de ellos (8, 18 s.). Durante una de tales incursiones Dios se mostró a Gedeón (6, 11-23) y le encargó que destruyese el altar idolátrico de la aldea, emplazado en terreno de su padre (6, 25 s.). Gedeón tenía miedo, pero obedeció y lo hizo por la noche, y, al ser descubierto, con dificultad logró salvarlo su padre diciendo: «Que venga Baal a defenderse» — en hebr. Jerubbaal, que se convirtió en sobrenombre de Gedeón (6, 27-32)—. Un altar dedicado a Yavé-Shálom (Paz) sustituyó al otro (6, 11-24.26).

Luego, fortalecido por el «Espíritu del Señor», Gedeón reclutó hombres entre las tribus septentrionales (6, 34 s.). La prueba del vellón le aseguró de la GENEALOGÍA de Jesús 228Aasistencia divina (6, 36-49), y con trescientos hombres que Dios le permitió retener (7, 1-8) asaltó durante la noche el campamento madianita, al que logró dispersar mediante una estratagema (7, 9-22). Se prolongó la persecución hasta más allá del Jordán y terminó con la muerte de los dos madianitas Oreb y Zeb (7, 23 ss.), pero con dificultad logró el prudente Gedeón evitar un choque con los efraímitas, celosos de la supremacía que se arrogaban (8, 1-3). En medio del entusiasmo de la victoria quisieron hacer rey a Gedeón, que lo rechazó: el rey era Dios (8, 22 ss.); mas tuvo de rey el numeroso harén (8, 30 s.) y el efod (v.) adivinatorio. Más adelante sofocó otra incursión madianita: ejecutó la venganza sangrienta en los dos jefes Zebaj y Sálmana, que habían dado muerte a sus hermanos, y en esta ocasión trató duramente a las dos ciudades galaditas Sucot y Fanuel, que no habían querido ayudarle cuando iba en la persecución (8, 4-21). Murió muy anciano en Ofra, después de haber hecho mucho bien a Israel (8, 32.35).

Contrastaba con su viva fe una naturaleza tímida y titubeante, lo que hizo que brillase más el poder divino que obraba en la humana flaqueza. Isaías habló de las victorias de Gedeón como de victorias de Dios (Is. 9, 13; 10, 26; cf. Sal. 82, 10-13). IG. B.] [G. B.]

Bibliografía

H. Cazelles, en DBs, IV, col. 1403 s. L. Desnoyers, Histoire du peuple hébreu, I, París 1922, pp. 153-71. R. Tamisier, Le livre des Juges (La Ste. Bible, ed. Pirot, 3), París 1949, pp. 198-221.

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