Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

TALIÓN (Ley del)

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La Ley de Moisés contiene la dura ley del talión, com ún a casi todas las antiguas legislaciones sem íticas: Ex. 21, 23 s s.; Lev. 24, 17-20; Dt. 19, 2 1: «Ojo por ojo, diente por diente, m ano por m ano, pie por pie, quem adura por quem adura, herida por herida, cardenal por cardenal». Más que form ularla, como lo hace Ex, el código de Hammurabí (art. 196.197.200, etc.), la aplica, y a veces de un modo ciertamente odioso, pues no respondía a la estructura social de aquel reino, ya que ta l ley es el primer paso de una sociedad primitiva y poco caracterizada, para lim itar el derecho de venganza extendida, sin límites, a todo el grupo del ofensor o del culpable, en favor del grupo fam iliar o de la tribu del ofendido o del muerto.

La ley del talión es el primer tan teo de pena individual, y este carácter peculiar, con tendencla a una aplicación más racional y humana de ella, todos la reconocen en la legislación m osaica. Es el influjo de la religión yaveísta. Dt. 24, 16 aplica tal principio a la condenación a la pena capital a un israelita que ha merecido la muerte. El caso de A m asias (797 a. de J. C.), que da muerte únicamente a los asesinos de su padre, sin extender la p ena a sus parientes, según se hacía habitualmente (II Re. 14, 6), representa la extensión del antiguo principio a casos más graves que hasta entonces se habían exceptuado, como en este caso es la muerte de un rey, excepción que se tenía en cuenta, por ej, en el antiguo código jeteo (art. 173).

La sublim idad del yaveísm o perfeccionó las costum bres y las leyes heredadas de Mesopotamia. Esta ley del talión no esta n to un principio jurídico cuanto una mentalidad que hallam os en el Antiguo Testamento, sea contra los enemigos de Israel, sea contra el mism o Israel, 572Acontra los im píos y contra los injustos (cf. Sal. 137, 9; Is. 13, 16; 14, 22, etc.; Ez. 16, 23, etcétera; Sal. 109, etc.). Incluso el piadoso Jeremías, aun cuando intercede por Ju d á im plora de Yavéla aplicación del talión contra sus enemigos para que venga sobre ellos todo cuanto m aquinaban contra él (Jer. 11, 20; 15, 15; 17, 18; 18, 21). U n indicio de su piedad está en el hecho de encom endarlo a Dios, cuando el mismo justo procura to mar venganza por sí mism o (Sal. 41, 11).

Jesús declara abolida la ley del talión en el sermón de la M ontaña, reprueba el espíritu de venganza y de represalla y establece la ley de oro de la caridad, y por medio de tres casos paradójicos, que no hay que tomar a la letra, enseña a sus discípulos a no devolver m al por m al, sino a vencer al m al con el bien (Mt. 5, 38-42; Rom. 12, 21, etc.).

Bibliografía

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