Diccionario Bíblico

Francesco Vattioni

JUDÁ

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(Hebr. Yehúdáh ). — Cuarto hijo de Jacob y de Lía (Gén. 29, 35; 49, 8). El nombre recibe el significado de ódeh «daré gloria» (Gén. 29, 35) y «tus hermanos te alabarán» (Gén. 49, 8). Judá salvó, con Rubén, a José de la muerte (Gén. 37, 22.26 s.). De la cananea Sue tiene tres hijos, Er, Onán y Sela. Al primogénito le da Tamar por esposa, y después de la muerte de Er, Judá obliga a Onán, en virtud de la ley del levirato (Dt. 25, 5-10), a asegurar una posteridad al hermano difunto; mas, habiéndolo rechazado Onán manda a Tamar volver a su casa. Tamar tiende un lazo al suegro ( extensión del levirato entre el suegro y la nuera, atestiguada por la ley jetea , art. 79; cf. RB , 34 [1925] 524-46), y le da de un parto los dos hijos Fares y Zaraj (Gén.). El primero es un antepasado de Jesucristo (Mt. 1, 3 ss.). Judá se encarga de la seguridad de Benjamín en el segundo viaje de los hijos de Jacob a Egipto (Gén. 43, 3-10). Al hallarse la copa de José en el saco de Benjamín, Judá convence y conmueve con su elocuencia (Gén. 44, 14-34).

Es enviado por Jacob a José (Gén. 46, 28), y recibe un magnífico elogio del padre moribundo (Gén. 49, 8-13): la tribu de Judá conservará la supremacía religiosa (emplazamiento del Templo en Jerusalén ) hasta la venida de 329Baquel a quien pertenece el reino y dominará sobre los pueblos (cf. Ez. 21, 32), es decir, el Mesías. De Judá procede la tribu de su nombre, que es la más numerosa: 74.000 (Núm. 1, 26 s.) y 76.500 (Núm. 26, 19. 22). Las familias principales están catalogadas en Núm. 26, 19 ss.; I Par. 2.

La tribu de Judá acampa al este del tabernáculo (Núm. 2, 3. 9), y es la primera en las marchas (Núm. 10, 14), en la ofrenda de los sacrificios (Núm. 7, 12-17), en la división de la tierra prometida (Jos. 14, 6-15; 15, 1-63). Después de la muerte de Josué la tribu de Judá es elegida para dirigir el ataque contra los cananeos (Jue. 1, 1-19) y contra la tribu de Benjamín (Jue. 20, 18); tiene que defenderse de las invasiones de los amonitas (Jue. 10, 9) y de los filisteos (Jue. 15, 9; I Sam. 17, 1). A la muerte de Josué las tribus de Judá y de Simeón están ya en el sur (Jue. 1) y se las pasa por alto en el canto de Débora (Jue. 5, 14-18).

En tal aislamiento nacen y se desarrollan los gérmenes del futuro cisma. Cuando Saúl lucha contra Amalec, Judá apresta 10.000 hombres (I Sam. 15, 14); David , perseguido por Saúl, reúne en las montañas de Judá a los descontentos que serán el nudo de su poderío político; y se granjea la simpatía de los habitantes de Judá mediante sus saqueos entre los amalecitas (I Sam. 27, 8-12); es proclamado rey en Hebrón por los hombres de Judá (II Sam. 2, 1-4), mientras las tribus del norte eligen a Isbaal .

Al cabo de siete años de reinado sobre Judá (II Sam. 5, 1-5) los ancianos de Israel van a Hebrón a reconocer a David por rey. Con la toma de Jerusalén, el traslado del arca (II Sam. 6) y la construcción del templo, los diferentes grupos del norte y del sur olvidan las rivalidades, que de vez en cuando irán reapareciendo, como en la revuelta de Absalón (II Sam. 15, 6-13; 18, 6-15) y en la de Seba, en la que resuena este grito: «¡Israel, a tus tiendas!» (II Sam. 20, 1; cf. I Re. 12, 16). Reinando Salomón, Judá tiene un estatuto especial (I Re. 4, 19 b) y se provee de altos funcionarios, en tanto que Israel queda sometido a las aportaciones en especie (I Re. 4, 7-19; 15, 7) y al trabajo forzado (I Re. 5, 27). La escisión es definitiva a la muerte de Salomón. El reino de Judá o del sur (hasta el 587 a. de J. C., cuando fue engullido por los caldeos) realiza, en torno al templo, los designios de Dios sobre el pueblo elegido. Su población es más homogénea y está más adherida a la dinastía de David. Por encima de todo, Jerusalén y su templo.

Después de la ruina del reino, el recuerdo 330Adel templo mantiene la esperanza de los cautivos, y la comunidad que vuelve del destierro se reúne en torno al santuario reconstruido. Desde el cisma hasta la promulgación de la nueva ley, Judá es el depositario de la Revelación que los más insignes profetas hebreos han transmitido antes y después del cautiverio. Los límites de la tribu de Judá (Jos. 15) son: por la frontera de Edom , desde el desierto de Sin hasta Cades; por el este el mar Muerto hasta la desembocadura del Jordán ; por el oeste el mar Mediterráneo, y por el norte una línea que va desde la desembocadura del Jordán hasta el mar.

El territorio encierra cuatro partes: 1) el Negueb, término con el que se significa el sur, compuesto de una zona montañosa y de una llanura cruzada por un espacioso lecho de torrentes, que en unos sitios es cultivable y en otros es yermo; 2) la Shefélah (etimológicamente, el país bajo), que está formada por la zona de las colinas cretáceas; 3) el desierto de Judá ( midbar Yehúdah ), nombre con el que se significa la vertiente oriental de la sierra formada por los montes de Judá desde el-Asur hasta el sur del mar Muerto; 4) la montaña de Judá ( har Yehúdah ) que comprende la zona de las alturas que dominan a Bersabé por el norte hasta los alrededores de Quiriat-Iearim. [F. V.]

Bibliografía

F. M. Abel, Géographie de la Palestine , I, París 1933, pp. 371 ss., 414 ss., 418 ss., 436 s.
II, 1938, pp. 46 ss., 83 ss. F. Spadafora, Ezechiele , 2.ª ed., Torino 1951, pp. 7, 93 ss., 346 ss.

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