JUAN Bautista
Precursor de Jesús mediante la pública predicación de la próxima venida del reino mesiánico, acompañada de la administración de un bautismo simbólico, de donde le viene el nombre de ὁ βαπτιστής , «el bautizador» (Mt. 3, 1). Los Evangelios refieren su nacimiento acompañado de circunstancias milagrosas (Lc. 1, 5-24. 41-44. 57-79), su vida en el desierto (Lc. 1, 80), su predicación, íntimamente enlazada con los comienzos del ministerio de Jesús (Lc. 3 y paral.; Jn. 1, 3; Lc. 7, 18-35) y su muerte (Mc. 6, 14-29 y paral.). Fue hijo de Zacarías e Isabel, ambos de estirpe sacerdotal. Según anuncia el ángel Gabriel, es concedido por Dios a los dos cónyuges que ya estaban en edad avanzada. Se llamará Juan, Yehohanan, o sea «Yavé es propicio». Su misión será «en el espíritu y en el poder» (cf. I Re. 17-20), semejante a la de Elías , como estaba predicho en Mal. 3, 23 s. (cf. Lc. 1, 17), para preparar un «pueblo perfecto» a la aparición del Mesías.
Con ocasión de la «visitación» de María, madre de Jesús, a su parienta Isabel, tres meses antes del nacimiento de Juan Bautista, que tuvo lugar «en una ciudad de Judá» (en cuya identificación no están de acuerdo los doctores, pero que tal vez sea ‘Ain Kárim, un poco al oeste de Jerusalén), el que no había nacido aún acusa su presencia «saltando» de gozo en el seno materno. Según cierta tradición, desconocida de los Evangelios, «teneris sub annis» (Himno Ut queant ) comenzó a habitar «en los desiertos» (Lc. 1, 80) — en realidad la cronología de este hecho es incierta —, llevando la austera vida de nazareo en el vestido y en la alimentación (langostas y miel silvestre, aún hoy en uso entre los beduinos). En el año 15.º del imperio de Tiberio (27-28 de J. C.) comenzó su misión (328ALc. 3), en la que invitaba a preparar los caminos del Señor (de Is. 40, 3 ss.), a la «conversión» ( μετάνοια , cambio de las disposiciones del alma, νοῦς ) y a la espera de uno más fuerte que él.
El mismo Jesús quiso participar del bautismo de Juan: la grandiosa manifestación trinitaria de aquella circunstancia fue como una solemne investidura de Jesús para su próxima misión mesiánica, que entonces precisamente conoció de un modo oficial Juan Bautista. Desde aquel momento Juan fue de día en día desapareciendo de la escena (cf. Jn. 3, 22) según iba consolidándose el «más fuerte», a quien se deciden a seguir algunos que antes habían sido «discípulos» del Precursor: Andrés , Simón, Juan, Felipe, Natanael.
Pero el espíritu de Elías no cesó de animar la encendida palabra del Bautista, que reprochó públicamente la incestuosa y adúltera unión de Herodes Antipas con su sobrina y cuñada Herodías. Habiendo sido encarcelado por eso, fue recluido en Maqueronte, en la vertiente oriental del mar Muerto. Estando aquí solicitó todavía de Jesús una pública declaración de su verdadera naturaleza, para confirmación de sus discípulos; y Jesús lo hizo, añadiendo un grandioso elogio de su Precursor (Lc. 7, 18-23). El gran Precursor de Cristo dio su vida por su misión. En el curso de un banquete que se celebraba en la corte de Maqueronte, la hija de Herodías, que con sus bailes había excitado el entusiasmo de Herodes, dictada por la madre pidió y obtuvo la cabeza del Bautista. En el plan del desarrollo histórico del Mesianismo, la personalidad de Juan Bautista es de las más excepcionales: es el último profeta y el primer apóstol.
Precede al Mesías y da 328Btestimonio de él (cf. la importancia de este concepto en el prólogo del IV Evangelio), disponiendo al pueblo para que le dispensara favorable acogida. Llega el Mesías, y él se oculta y se extingue con la aureola de mártir iluminada con la palabra de elogio que poco antes había proferido Jesús: «El mayor entre los nacidos de mujer» (Mt. 11, 12). [G. Rin.]
Bibliografía
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Fernández y Fernández, El heraldo del gran Rey , en CB (1946), n.º 31. Íd., El Bautista ante el Sanedrín , en CB (1947), n.º 43. J. Enciso, Conocimiento mesiánico del Bautista , en Ecc. (1945), n.º 215.