CORDERO de Dios
Juan Bautista señala ante las turbas a Jesús como al Mesías esperado : «He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo » (Jn. 1, 29-36). La expresión puede ser alusiva al cordero pascual (Éx. 12, 3-28; I Cor. 5, 7 s.; cf. Jn. 19, 30 ss.); al cordero inmolado en el Templo diariamente, mañana y tarde (Éx. 29, 38-41); a la simple imagen de la inocencia y de la mansedumbre (I Pe. 1, 19). En el último himno del Siervo de Yavé se aplica al Mesías que expía los pecados de los hombres, sacrificándose por ellos, el símil del dócil cordero (Is. 53, 7). Esta última conexión es la que ofrece siempre las mayores probabilidades, aun cuando no se excluya el influjo de las otras. El último himno (Is. 52, 13-53, 12) es mencionado y aplicado a Cristo muchas veces (Mt. 8, 17; Lc. 22, 37; Act. 8, 32; I Pe. 2, 22 s.; Hebr. 9, 28); el Bautista se presenta como el heraldo de quien habla Isaías (40, 3 = Jn. 1, 23). Particularmente en el IV evangelio y en el Ap. es frecuente esta aproximación a Is. 53.
En el Ap. llámase 26 veces «cordero» al Mesías glorioso, a quien también se atribuyen las características que se refieren en el himno de Isaías: inmolado (Ap. 5, 6), adorado (5, 8; 7, 9 s.); los elegidos por obra suya (12, 11; 17, 14), y lavan sus vestidos en la sangre del cordero (7, 14), etc. [L. M.]
Bibliografía
P. Federkiewicz, Ecce Agnus Dei, en VD, 12 (1932) 41-7.83-8.117-20.156-60.168-71.
J. Enciso, El cordero de S. Juan, en Ecc. (1946) 246.