Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

CONTROL DE NACIMIENTOS

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1. Noción. En sentido general es la regulación voluntaria de los nacimientos. Prescindiendo de las razones que puedan motivarla y de los métodos que puedan usarse para conseguirla, de suyo no es reprobable. No pudiéndose demostrar la obligatoriedad individual y constante de la procreación, dado que el precepto divino, contenido en el libro del Génesis (1, 28), se dirige a la comunidad y no al individuo, una abstención por parte de los cónyuges del acto conyugal, de la que se siga necesariamente la limitación de nacimientos no podrá decirse inmoral aunque sea voluntaria; más aún, podrá ser virtuosa si es inspirada por motivos de orden superior. Así tampoco podrá decirse inmoral el recurrir al acto solamente en determinados períodos agenésicos, siempre que existan motivos serios (v. Continencia periódica). Pero de ordinario cuando se habla del control de nacimientos se entiende una regulación de los mismos viciada por la intención de quien lo verifica o por los medios de que para ello se sirve. El control de nacimientos toma entonces diversos nombres según los métodos usados o los principios en que se inspira.

Así suele llamarse onanismo (v.) por aquel Onam bíblico (Gén., 38, 9), al que se atribuye el uso de un método particular de control consistente en la interrupción voluntaria y viciosa del acto. Suele llamarse maltusianismo, o mejor neomaltusianismo, por relación con las teorías de Malthus (m. 1834), quien partiendo de preocupaciones de índole económica, fundadas en una supuesta desproporción entre el aumento de la población y el aumento de los bienes de consumo, afirmó la necesidad de limitar los nacimientos, doctrina que sus discípulos divulgaron sin considerar la licitud o ilicitud de los medios usados (v. Neomaltusianismo). Suele llamarse también esterilización (v.) por los métodos usados y aun más por los motivos de índole racial y nacional que lo han inspirado. Nos referimos aquí, en general, al control ilícito de los nacimientos dejando para cada una de las palabras citadas cuanto se refiere a la ilicitud especifica de los medios usados, los precedentes históricos, la conducta del cónyuge invitado a cooperar y la doctrina de la Iglesia.

2. Actualidad del problema. - Aunque se trata de un problema que está de suyo ligado con la historia humana, tuvo sin embargo su más amplio desarrollo a partir del s. XVIII, cuando Malthus lanzó su primera alarma (v. Neomaltusianismo) sobre la insuficiencia de los medios en un próximo futuro para el mantenimiento de una sociedad que según él crecía desmesuradamente. En el campo económico los temores de Malthus no han resultado muy fundados, visto que el mundo desde hace muchos años asiste a continuas crisis económicas que dependen de un exceso de producción mal repartida y no de un exceso de población. En el campo moral las teorías de Malthus tuvieron aplicaciones deplorables por obra de un secuaz suyo, Francisco Place, el cual aceptó los principios del maestro, pero, al remedio de la continencia* sugerido por éste sustituyó la limitación de las concepciones dejando libertad absoluta en las relaciones sexuales.

De aquí la plaga social que ha invadido la civilización blanca, causando incalculables daños demográficos y morales, porque mientras que la abstinencia prolongada, al requerir una abnegación y una fuerza de voluntad no comunes, se tiene que circunscribir a muy pocos casos, el método propuesto por Place ha dado curso libre al hedonismo más egoísta. Es verdad que el fin de Place se circunscribía a períodos de indigencia económica o casos de mala salud, proponiendo que se evitara la generación cuando las condiciones financieras (y sanitarias) no consintieran una prole sana, que pudiese tener una buena educación y un bienestar completo; pero en la interpretación y actuación de las masas esta doctrina tomó de hecho una extensión muy distinta para fines puramente egoístas. Tanto es así que el sistema es preferido y no rara vez defendido y divulgado por la mujer. El feminismo, en efecto, se ha valido de este sistema para tratar de realizar la utopía de Ia igualdad de los sexos, reduciendo la femineidad y despreciando los sagrados deberes de la maternidad. 3.

Efectos deletéreos. - Los medios usados para el control de los nacimientos son sugeridos en general por una equivocada interpretación de las necesidades económicas universales, por temores exagerados de depauperación familiar, de egocéntricas pretensiones estéticas; producen resultados gravemente perjudiciales al individuo y a la sociedad y son contrarios a todo principio ético-religioso. El aborto (v.) voluntario es el método de control más criminal y antidemográfico; es el producto de la inconsciencia y de la frivolidad antimaternal de la mujer caída en el más bajo nivel de degradación. Perseguido por la ley civil, aunque no siempre por desgracia eficazmente, está penado por la ley eclesiástica con excomunión reservada al Ordinario (can. 2350, § 1), y constituye un grave peligro para la gestante y puede producirle diversos daños en su futura salud somática y neuropsíquica. Los medios mecánicos usados para impedir la concepción normal pueden dar lugar a perturbaciones neurohormónicas o a leucorreas crónicas que pueden degenerar en una esterilidad definitiva, y pueden también darse abrasiones y erosiones en las que no sería difícil la aparición de peligrosísimos neoplasmas.

El uso de ácidos antiespermáticos lleva con el tiempo a la corrosión de las paredes de los órganos; y si no consigue matar los espermatozoos los daña de tal manera que hace posible el nacimiento de criaturas deformes y defectuosas. La interrupción del acto conyugal (del cual difiere el amplexus reservatus, aunque sobre.éste hay también su reserva moral (cfr. Sagrada Congr. del Sto. Oficio, Monitum, 30 junio 1952] y de él se pueden seguir algunas de las consecuencias que aquí lamentamos), aunque aparentemente parece innocua, a la larga determina en la mujer diversos desórdenes úteroováricos, en el hombre hipertrofia prostática, en ambos perturbaciones psiconeuróticas, a veces incurables. La esterilización (v. Esterilidad) es responsable de profundas y complejas psiconeurosis que se derivan de un sentido de culpabilidad al reaparecer la nostalgia del instinto materno o paterno que jamás podrá ser satisfecho, etc. Cualquiera que sea la práctica adoptada existe siempre — junto a la ofensa a la salud física y psíquica de los cónyuges— una ofensa mayor a los principios ético-religiosos más elementales.

Más aún, esta última va creciendo por cuanto los habituados a ciertas prácticas (contraventores obstinados de las leyes de Dios y privados de confianza en la Providencia, a la que quieren sustituir con su incierto y corto juicio, controlando los nacimientos) no se recatan de hablar de sus métodos y difundirlos, dando con deplorable inconsciencia grave escándalo a quien los escucha.

4. Remedios. - Para poder cortar tan grave mal es necesario ante todo que se formen bien las conciencias cristianas, que sientan el deber de obedecer los mandamientos del Señor y teman sus justos castigos. Los gobiernos debieran procurar por un lado la emigración de las masas sobrantes hacia regiones poco pobladas aún, y por otro mejorar las condiciones de vida de las familias numerosas. Es cierto que en los primeros años de la vida los hijos cuestan dinero, sobre todo en las clases medias de la sociedad, y el nivel de vida de una familia desciende con el aumento de la prole, pero después puede elevarse hasta conseguir verdaderas fortunas. En la campaña contra las prácticas anticonceptivas el médico, conocedor de los daños somatoneuropsíquicos que de ellas suelen derivarse, podrá cooperar eficazmente instruyendo a los cónyuges. Estas instrucciones ayudan bastante más de lo que se cree a iluminar conciencias inciertas o ansiosas y a veces — haciendo palpar los daños producidos por el llamado control de nacimientos— guían nuevamente a los cónyuges por el camino recto. Riz.

Bibliografía

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