Diccionario de Teología Moral

Ludovico Bender, O.P. (Ben.)

PROVIDENCIA

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1. Noción. - La p. es pro piamente el orden concebido por la mente de Dios para dirigir las cosas creadas a su propio fin. Reside en el entendimiento divino, pero presupone la volición del fin. Por esta razón a ella sigue la ejecución del plan concebido en la mente de Dios, que es el gobierno de las criaturas. Plan y ejecución están íntima mente ligados entre sí y por esta razón en la práctica entendemos por p. las dos cosas juntamente. La p. divina como plan se extiende a todas las cosas, incluso a las más pequeñas, e in mediatamente. La ejecución se extiende también a todas las cosas, pero no siempre inmediatamente» porque en la ejecución de sus planes Dios hace obrar a menudo a las criaturas como causas secundarias produciendo asi el efecto querido. «

2. E x t en s i ó n de la p. d i v i n a. - La p. divina alcanza sin fallo ninguno su fin en todas las cosas y en todas las partes del plan precon cebido. Excluye por lo tanto la casualidad si entendemos con este nombre lo aue sucede fuera de la causalidad de Dios. Lo que nos otros llamamos casualidad.existe, pero también esto es causado y previsto por Dios y forma parte del plan regulador de Dios con cebido y ejecutado.

La doble verdad, esto es, que Dios dirige todas las cosas según el plan fruto de su infinita sabiduría y omnis ciencia a un fin bueno y que en la ejecución nuestra actividad tiene su puesto (incluso la Ubre; lo cual será para nosotros siempre un misterio) es el fundamento de la doctrina de que nuestra conducta recta para con la divina p. es el abandono lleno de confianza, tranquilo y sereno, pero sin descuidar la reali zación del bien que podemos hacer y que sabemos es agradable a Dios. Si procuramos hacer lo que Dios nos da a conocer por sus mandamientos y consejos, por las circunstancias de la vida e inspiraciones claras y especialmente por los mandatos de quien tiene derecho a mandarnos, todo irá bien y todo term inará bien. Hemos de ser como niños lle vados,en los brazos de un padre Infinitamente bueno ’ y tan poderoso que muev$ todo y a quien ninguna criatura puede resistirse o perturbar la, ejecución de su voluntad para.corf nosotros; voluntad gue no es otra cosa gue a m o r, benevolencia, bondad sin limites. ¿Quién temerá encontrándose en tales circunstancias?

Conviene sin embargo tener pre- Sfrife que etg tip excluye que hayamos de su frir. males (pruebas» dolores, enfermeda d es,: pobreza, etc.), como la bondad perfecta de un padre no excluye que castigue a su hijo para r asegura* 'su educación o le haga sufrir uns* operación dolorosa para evitar que quede paralítico para tóda su vida. Los sufrimientos no están excluidos en los planes de la p. sino que se ordenn a nuestro bien.

Esto basta para sufrirlos, cuando vienen y no pueden ser evitados con medios justos y lícitos, con plen serenidad y resignación; más aún, con alegría de corazón (v. Dolor). 3. La p. de D io s en e l g o b ie rn o de la s - La p.-de Dios se ña de considerar n a c io n e s. y adm irar no sólo en la relación individual del hombre para con Dios, sino también en la relación de los pueblos y de las naciones con esta mente suprema ordendora de las vicisitudes humanas. Entre los Padres de la Iglesia el que más que ningún otro ha puesto de relieve el dogma de la pues San Agustín en su De ciuitate DeL «Dos amores« escribe él (cap. XIV, 28), fundaron dos ciudades; el amor de si mismo llevado hasta el desprecio de Dios creó la ciudad de Babilonia (la ciu dad del pecado); el amor de Dios llevado hasta el desprecio de si mismo creó la ciudad de Dios. Las dos ciudades confundidas aquí abajo siempre y en todas partes, están siempre en continua discordia.» En este cuadro San Agustín esboza su plan y expone su doctrina de la acción de Dios en el mundo, de mostrando que en el cristianismo, y a pesar de los obstáculos interpuestos por el enemigo, Dios conduce una parte de la humanidad, aquella que por su amor se congrega en su ciuitas para caminar hacia sus eternos des tinos y hacia el triunfo definitivo en el cielo.

Con un golpe de genio nos dió la pri mera síntesis de una filosofía de la historia, abrazando con una sola mirada los destinos del mundo agrupados en torno de la religión del evangelio, religión única que bien com prendida se remonta a los orígenes de las cosas y conduce a la humanidad a sus últi mos fines. Esta visión grandiosa de la historia humana que explica e ilumina la acción de Dios sobre la tierra fuá recogida por otros Padres (Historia de Orosio y De g u bem atione Dei de Salviano) y por otros escritores hasta el gran Bossuet. Ben.

Bibliografía

Bibliografía

Sum. T h e o l I, q. 22
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