NEOMALTUSIANISMO
1. Naturaleza. En sentido amplio es la deformación (depravación) voluntaria del acto conyugal humano, con el fin de impedir que el acto logre su fin natural, esto es, la fecundación. Entendido en este sentido el n. comprende dos cosas; la interrupción voluntaria del acto conyugal o el uso de preservativos que impidan la fecundación. En un sentido más estricto la palabra n. se suele emplear para indicar solamente el uso de preservativos, reservándose al término onanismo (v.) la interrupción del acto. Aquí hablamos de n. en el segundo sentido, esto es, en el sentido más estricto y preciso. Para el primer significado más genérico, v. Con trol de nacimientos. 2. Datos históricos. - Hacia 1800 el inglés Tomás Roberto Malthus (1766-1834) enseñó que el aumento de la población mundial era excesivo en proporción al aumento de los medios necesarios para su mantenimiento. Partía del presupuesto de que la población aumenta en proporción geométrica (2, 4, 8. 16, 32) y que los medios alimenticios aumentan solamente en proporción aritmética (2, 4, 6, 8, 10): de aqui la· fatal consecuencia de una superpoblación que iría acompañada de un empobrecimiento cada vez más grave de las clases sociales menos pudientes.
El único remedio a esta coyuntura era para Malthus, la limitación de los nacimientos obtenida: a) retardando la época del matrimonio (y esto hubiera permitido también al hombre crearse una posición económica segura de garantía para el mantenimiento de la famia lia); b) conteniendo voluntariamente la procreación con una castidad rígida, no sólo prematrimonial, sino igualmente después de celebrado el matrimonio, de modo que se limitara la prole a las disponibilidades económicas propias. La doctrina de Malthus (que tomó el nombre de maltusianismo) tuvo convencidos seguidores y formidables adversarios.
El método (abstinencia voluntaria), propuesto por el sabio inglés para combatir la temida superación de la población no era inmoral. Fue su secuaz Francisco Place quien propuso y enseñó que el método de la continencia podía ser sustituido con otros métodos que dejando en libertad las relaciones conyugales frustrasen su finalidad (procreación). Muy pronto a Places le siguieron otros que han propagado la necesidad de disminuir el número de nacimientos, sea por el mismo motivo que movió a Malthus, sea por otros motivos más individuales, más egoístas y menos elevados. Pero sobre todo se han desviado de la doctrina de Malthus inventando y propagando los medios para evitar la concepción, esto es, los llamados preservativos.
Han sustituido el medio natural y moralmente lícito de la abstinencia, con un medio innatural, como es el uso de los preservativos, para garantizar a los hombres los placeres de la vida sexual, sin las naturales consecuencias de esta vida, que importa sin duda cargas y sacrificios. A esta práctica se ha dado el nombre de n., ligando el nombre de Malthus a una práctica que no tiene nada que ver con la que el inglés quiso promover. Todavía hoy trabajan en este sentido la Malthusian League (Inglaterra), la Nieuw-Malthusiaansche Bond (Holanda), la In te rn a tion a l Neo~Malthusian and B trth -C o n tro l F ederation, que tiene una organización central en los Estados Unidos de América y difunde sus perversas ideas casi por todo el mundo.
3. Moralidad. - La malicia, la pecaminosidad del n. consiste en la deformación voluntaria del acto conyugal. El acto conyugal es un acto natural, fundado en la misma naturaleza y por lo mismo ordenado por Dios, creador de la naturaleza, a un fin nobilísimo. Este fin es la concepción. El hombre tiene la libertad de poner u omitir este acto, pero si lo pone, ha de cumplirlo normalmente. Deformar, corromper este acto es pecado, y si la deformación es esencial, el pecado es de suyo grave, esto es. mortal. El n. es una deformación esencial del acto natural, porque hace imposible la consecución del fin propio del acto, que es la concepción. El neo-· maltusianista en cuanto tal peca gravemente y esto no precisamente porque no quiere la concepción o la prole, sino porque quiere gozar del placer sexual sin querer la prole.
En efecto, la voluntad de no querer la prole puede llegar a ser pecaminosa, pero no siempre lo es. El pecado propio del neomaltusianista es la deformación del acto humano y por lo mismo el uso de esta deformación del acto natural, como medio para lograr un fin que es prácticamente gozar de los placeres sexuales sin engendrar la prole. Donde no hay deformación del acto, aunque el fin sea el mismo, el hombre puede pecar, pero no se trata de verdadero n. El n. es pecado mortal, porque es contra un grave precepto de la ley natural. Ningún motivo o fin puede justificarlo. La Iglesia católica ha condenado siempre el n. como una grave transgresión de la ley de Dios. Mientras que los ministros y autoridades de otras religiones no han tenido fuerza para mantener la moral natural sobre este punto., como lo prueban las líneas de conducta del protestantismo y del anglicanismo (la conferencia de Lambeth del clero anglicano ha hecho graves ‘concesiones, aunque a regañadientes), la Iglesia católica lo ha condenado repetidamente como un pecado gravísimo en innumerables documayo 1861; 19 abril 1853; 26 marzo 1897; 23 noviembre 1932; S.
Penit., 12 respuestas y decisiones del 15 noviembre 1816 al 3 junio 1916). De un modo más solemne la Enc. Casti Connubii (31 diciembre 1930), según autorizados escritores con sentencia infalible ex cathedra, declara «que cualquier uso del matrimonio en que por humana malicia el acto sea destituido de su natural virtud procreadora, va contra la ley de Dios y de la naturaleza y que los que osan cometer tales acciones se hacen reos de culpa grave».
La razón se indica en la misma encíclica: «y como el acto del matrimonio por su propia naturaleza se dirige a la generación de la prole, los que al usar de él lo hacen estudiosamente incapaz de esta consecuencia obran contra naturaleza y realizan una acción torpe e intrínsecamente deshonesta». Para la conducta del cónyuge requerido de cooperación al n., v. O nanism o. Ben.
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